jueves, 30 de noviembre de 2006

Llena es de gracia, María Zarazúa


Estuve la otra mañana en su casa para ver el libro de fotografía sobre una ciudad (no muy divergente de estos cielos). Aunque vivamos en el mismo barrio, en realidad ¡un pueblo!, llevábamos meses sin encontrarnos, pero desde la otra mañana nos tropezamos en todas las esquinas.

En un comentario de estos mismos cielos escribí: "¿Cómo crear la gracia en un matadero?". María lo sabe. No se engaña, ni nos engaña, con respecto a lo que es la vida en el mundo. Pero debe tener esperanza en que ciertas personas puedan hacer algo por contrarrestarlo (siempre la sé rodeada de personas así, trabajando con ellas). Y encuentra ese pequeño punto. No debo desvelar nada, pero en la primera foto de ese libro, con una esquinita de cielo que se ve gracias a un recorte de un enorme muro grisáceo, en el que sin embargo, cuando había andamio, alguien escribió en enormes y hermosas letras azul celeste "REVOLUCIÓN" (en la lengua del país), que seguiría siendo sin embargo una foto dura (una realidad dura), aparecen las ramas superiores de un pequeño árbol, como japonés, que no sabemos qué hace allí, pero da una oportunidad. Ella es ese arbolito. Y los encuentra, los árboles o las miradas, muchas veces: y en ese momento la cámara aparece en sus manos.

O ved esta americana de trabajo, ese azul obrero junto al verde campesino, que alguien ha limpiado cuidadosamente y ha puesto a secar en ese cierre pobre de lo que sin duda es un jardín pobre de Lisboa. Pero hay dignidad en ese jardín "no recalificado" que alguien ha cerrado con pobres materiales; hay belleza y dignidad en la limpieza y el orgullo de esa chaqueta. Es otra de las cosas, de la gracia, de María: la dignidad que da a lo pequeño y débil, que a su lado se crece (lo he visto muchas veces).

No quiero multiplicar esta entrada con todas las ideas conexas que se me ocurren y que tendrán que aparecer alguna vez en estos cielos: su hermana que Lisboa nos robó para unas restauraciones y se quedó, lisboeta perdida ya; de mi primer y enloquecido viaje a Lisboa con "L" y con "l" gracias al actor que está arriba con alas, de...

No. Esta es la primera entrada de María, que me ha dado permiso para colgar esa foto. Lo que quiero decir es que cuando estás un buen rato con ella te vas sintiendo de otra manera y viendo todo de otro modo. Luego, cuando se va, te queda la nostalgia de una ausencia. Ese hueco, grande, que te deja es la medida verdadera de todo lo que vale.

Y finalmente, quiero decir que leyendo en el metro a John Berger, en Fotocopias, traducido por Pilar Vázquez, subrayé la frase que escribe sobre un personaje: "Sabía la diferencia exacta entre reconocimiento y gratitud, y entre gratitud y deleite". Pensé al momento en si los que nos leemos en estos blogs iremos viendo esas diferencias y si sabremos hacer los recorridos exactos y propicios para ir llegando (ir llegando).
Después, pensé que ese recorrido yo ya lo he hecho con respecto a María: del reconocerla de mi tribu cuando era ella tan, tan, joven, de la gratitud que sentí cuando vi lo que me aportaba y cómo me ayudó, entusiasta y generosa, a jugar a ser yo Yeman Okip (y apuntarme así a la pequeña historia de haberle organizado su primera exposición); de ahora que sé lo que me espera ver de ella, de hablar con ella de vez en cuando sobre lo que voy a ver: deleite. Y pensé la suerte que tengo. Y decidí poner hoy esa foto que me dejó usar, para que vayáis haciendo boca, y decirlo: decir la suerte que tengo de ser su amigo.

5 comentarios:

NáN dijo...

Y claro, si hacéis doble clic en la foto se os abre algo más grande, en otra ventana, y se parece un poquitín más (pero no del todo todavía) a la foto que ella me envió.

Que no pueda subir fotos claras como hacéis muchos de vosotros, me molesta. Pero no me extraña.

Lara dijo...

¿Que no puedes subir fotos claras?
(Quiero decir que no entiendo.)

La foto es muy buena, sorpresiva, extraña, pero cálida. Y cotidiana. Que parece un decorado repensado y al mismo tiempo un desdén de la calle, así como primoroso.

Qué bueno que María te dé para que tú nos des y así sucesivamente con todas las manos llenas de caramelos nos vayamos alejando hacia un punto donde estén todos los sitios ocupados y tengamos que sentarnos en el suelo, en primera fila, con la espalda recta... como los niños y los que saben hacer zen.

Y Lisboa.

NáN dijo...

Aquí, Lara, como si fuera Isob (o se me hubiera contagiado su elegancia) solo me queda decirte gracias.

Anónimo dijo...

I need a camera to my eye
To my eye, reminding
Which lies I have been hiding
which echoes belong
I've counted out days
to see how far
I've driven in the dark
with echoes in my heart

Phone my family, tell them I'm lost
on the sidewalk
and, no, it's not OK

I smashed a camera
I wanna know why
To my eye deciding
which lies i have been hiding
Which echoes belong
I'm counting on
a heart I know by heart
to walk me through this war
Memories distort

Phone my family, tell them I'm lost
on the sidewalk
and, no, it's not OK

I've counted out
and no one knows how far
I've driven in the dark
with echoes in my heart

Phone my family, tell them I'm lost
Yeah, I'm lost
and, no, it's not OK

WILCO

NáN dijo...

¡Qué momentos tan intensos!
Andaba por aquí y aparece el comentario. Voy lanzado al mail y tus dos mensajes con las propuestas. La respuesta es

Sí, sí, sí

Los regalos,

¡Qué barbara!
Ya sabes que uno para mí eres tú, de dónde vienes y todo lo que por ti veremos y oiremos. (Ya me he acostumbrado a verte en los rastros, luces, espejos... y objetos, que dejas como pista de ahí estuve, estaba, estoy para ti).

Y las noticias. Qué rápido y fácil, ¿verdad? Marzo y junio. Se me va a hacer largo el tiempo (mejor).

Si hasta compartimos frutero, resulta. Que nos da noticias ahora que él lo sabe. Gran tipo, Jesús.

Lo grande y lo no grande, lo pequeño y no pequeño. Persigue lo que tocas.

Del mail al blog, no dando crédito.

No veo claro el texto de la canción y tú ahora. Pero por si acaso, ahí va la mía:

Allez, venez, Milord! Vous asseoir à ma table; Il fait si froid, dehors, Ici c'est confortable.
Edith Piaf