
Cómo es posible haber vivido sin saber que era necesario esto.
Cada uno, con su voz como única arma, estaba derrotando a aquel enemigo tan armado.
Las 3 frases, sacadas de la película María querida, que os recomiendo tanto, resumen muy bien algo que he dicho muchas veces. Lo que me ha sorprendido es que hacía mucho que no decía nada de María Zambrano, pero el otro día la mencioné, sentidamente, y me encuentro con que me regalan textos de la filósofa de los gatos (no olvidéis esto de los gatos), la poesía y la amistad amorosa. Otro acto de la magia que por todas partes me rodea y confunde. ¿Quién y dónde puso en marcha ese nombre? ¿Precisamente ahora? Con los canales de Rayuela funcionando enloquecidamente y los papeles de la Maga, de Oliveira y sus amigos repartidos y cambiados entre todos, como si nos quitáramos y pusiéramos camisetas unos de otros. Camisetas que dicen "Adios" por delante y "Hola" por detrás, y "Nos queremos" en todos los tiempos verbales, pero bordado tan pequeño que parece un desgarrón (¿parece?).
Os dejo un Centimétro de ayer, porque de estos pequeños poemas, robados a mis colaboradores que me acompañan en los vagones del metro, apenas pongo nada y porque me voy hasta la noche del domingo. Como una manera de daros las buenas noches y los buenos días, que no sé ni si siquiera ésta del jueves podré entrar a leeros. Si no os comento es que no estoy.
Ahora que late y pulsa todavía
Como ese niño que en Ciudad Jardín,
no me excusaré por los nombres del lugar de veraneo,
solo, por lo avanzado del mes,
vibrante aún de agosto el aire,
(aunque era agosto todo el mes, como es vida mientras vives),
oía la chicharra
y recordaba días inminentes en los que no saldría,
salvo en algunos claros de las lluvias de septiembre.
Las que anunciaban la casa en la ciudad,
los meses largos.
Como ese niño que,
por poco tiempo bajo el sol,
frunce el ceño y mira el pino,
toma una piedra y se la lanza a un perro
para no llorar y descubrirse
(no sabe todavía sorberse las emociones).
Como aquel niño,
contemplo los meses cortos que se acercan,
me entristece el bosque en retirada,
del que amo cada árbol, rama y grito.
Pero ya no tiro piedras.
Bastante herida está la vida.
3 comentarios:
Aprovechando que no estás.
(yo todavía tiro piedras de vez en cuando, en el campo si estoy solo, o sobre mi propio tejado cuando hace falta para espantar a las sucias palomas que te hacen la vida imposible comiéndose las plantas y las semillas, cagándose sulfúricas en los suelos recién límpios, etc.)
Con respecto a María Zambrano, Ay, amigonán, ahí m´as dao. Habría que urbanizar las playas siberianas con el cemento de algún texto de Zambrano. Yo dejo aquí unas líneas de ella (como una vela blanca y alargada):
"Claridad que ilumina los abismos últimos, llama que nunca se volvió sobre sí sino para consumir el leve cuerpo; por eso ardió lenta, sin arrebato. Luz alada que desde las sombras asoma, claridad nacida del abismo como pálido verdor de la primavera, entre la verde pelusa una flor azulada, una roja, amoratada amapola que los hombres no pueden rozar..."
.. todavía podemos herir la vida un poquito más... yo creo que aguanta. Un abrazo.
Hay que seguir tirando piedras mientras el alma aguante. A ser posible NO contra nuestro propio tejado; a ser inevitable, seguiremos haciéndolo sobre nuestro propio tejado. Yo tiro piedras al océano, en un intento de ver cómo, hasta lo más pesado, se puede volver leve y saltar por encima de las olas.
Debo confesar que no conozco lo suficiente a María Zambrano, pero que me pondré a ello
¡Ay, amigos Robel y Carmen! Pon tú, el primero, la primera piedra de esa cimentación.
E hiramos la vida (la verdad es que la mía esta ya patidifusa, pero si tú crees que aguanta, forcémosla).
Y tú, prima, querida prima, lee conmigo y con L a Zambrano (de la peli, te paso copia).
De lo demás, te paso el latido que haga falta. Pero envíame la ola que me prometiste.
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