La Poeta y El Amigo pasean por una sierra de Madrid. Es después de comer. Un paseo tranquilo. Están armonizados. ¿Veis? La misma inclinación del cuerpo, una posición casi idéntica de los pies. Ha sido, está siendo, un día hermoso. Las Tres Reinas juntas. Manuela, encantadora, que ha contribuido a la perfección. Todos y cada uno hemos hecho lo exacto y lo preciso para estar “felizmente a gusto”: el sonido del bosque ha funcionado.
Si todos los días fueran así, cabría sospechar: haría falta que algún escritor o escritora desentrañara la falsedad que se oculta. Pero no hay tantos días así: podemos dejarlo como está porque detrás del bien_estar solamente hay amigos que quieren, ese día de domingo en ese sitio de hechizo, estar bien. A lo mejor algún signo, algo, de ese día tiene significados. Pero no lo parece: La Poeta y El Amigo caminan y hablan, creo, suavemente. No da la impresión física, la armonía del movimiento de los cuerpos lo indica, de que traten nada excesivamente profundo: no hacía falta. Delante hay corazones muy queridos (esto hay que decirlo). Detrás también (esto no haría falta, porque alguien debe hacer la foto). Poco después estaremos en un huertillo o repisa con un enorme castaño, desde donde en olas de masas de tierra el paisaje va bajando hasta lo que debe ser Madrid. Y más al sur, estará el sur (supongo), presente en la conversación.
Nada más. Con el café en la hierba, después de comer, Manuela citó la película Esplendor en la yerba. No sabíamos de quién es el poema final, y sigo sin saberlo, pero el poema lo encontré y es perfecto para el momento. Porque no todos los días son así:
«Aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la yerba, del aroma de las flores, no nos aflijamos, porque su belleza persiste en el recuerdo».
Si todos los días fueran así, cabría sospechar: haría falta que algún escritor o escritora desentrañara la falsedad que se oculta. Pero no hay tantos días así: podemos dejarlo como está porque detrás del bien_estar solamente hay amigos que quieren, ese día de domingo en ese sitio de hechizo, estar bien. A lo mejor algún signo, algo, de ese día tiene significados. Pero no lo parece: La Poeta y El Amigo caminan y hablan, creo, suavemente. No da la impresión física, la armonía del movimiento de los cuerpos lo indica, de que traten nada excesivamente profundo: no hacía falta. Delante hay corazones muy queridos (esto hay que decirlo). Detrás también (esto no haría falta, porque alguien debe hacer la foto). Poco después estaremos en un huertillo o repisa con un enorme castaño, desde donde en olas de masas de tierra el paisaje va bajando hasta lo que debe ser Madrid. Y más al sur, estará el sur (supongo), presente en la conversación.
Nada más. Con el café en la hierba, después de comer, Manuela citó la película Esplendor en la yerba. No sabíamos de quién es el poema final, y sigo sin saberlo, pero el poema lo encontré y es perfecto para el momento. Porque no todos los días son así:
«Aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la yerba, del aroma de las flores, no nos aflijamos, porque su belleza persiste en el recuerdo».
¡feliz cumpleaños, poeta!
12 comentarios:
Gracias, compañero.
Ode Intimations of Immortality from Recollections of Early Chilhood
(...)
"What though the radiance with was once so
bright
Be now for ever taken from my sight,
Though nothing can bring back the hour
Of splendour in the grass, of glory in the flower;
We will grieve not, rather find
Strengh in what remains behind"
(...)
y termina así:
"he Clouds that gather round the setting sun
Do take a sober colouring from an eye
That hath kept watch o'er man's mortality;
Another race hath been, and other palms are won.
Thanks to the human heart by which we live,
Thanks to its tenderness, its joys, and fears,
To me the meanest flower that blows can give
Thoughts that do often lie too deep for tears."
William Wordsworth
Se os ve genial a todos, incluso a los que no se os ve.
Un abrazo
un gran gracias, por el descubrimiento que me haces (como casi siempre).
Y sí, genial estuvimos, como el día. Los vistos y los no vistos.
¿Puedo caminar con vosotros? El sol da en mi nuca tanto en este momento que me parece estar dentro de la foto, observando mi sombra oblicua junto a las vuestras, los pequeños guijarros golpeando la puntera del calzado, justo justo después del desayuno en el jardín.
Me voy a pasear por Madrid en este lunes primaveral (ya con el café y las yerbas puestos) por vuestra culpa. Gracias.
Las letras rojas!!!
¡Cuánta paz en la foto y en lo que cuentas!
¡Qué sabias y qué bellas las palabras que imagino rodando entre vosotros bajo un sol de domingo!
Un día, Robel, caminaremos todos. Seremos una sombra oblicua, una risa llena de café y besos, unas manos que acarician el silencio, unos pasos en todos los caminos. Cuando queráis, cuando podáis, desde el sur siempre a vuestros pies.
PRIMO, eres muy muy grande. Te quiero para siempre
Besines, prima, en este querernos compartido.
Y gracias a todos, por la compañía allí y aquí.
Ahora, al fin, comprendo el entero significado de la palabra "lujo".
Un lujo, Nán.
Querido Microalgo, he querido devolverte el cumplido en tu sitio, donde hay razones más sobradas para hacerlo, pero aunque es excelente por quienes escribís, no lo es por su faclidad para abrirse.
Así que desde aquí te doy las gracias y lo otro, ¡ya está dicho! Ha sido un enorme placer conocerte.
Aquello parecía una reunión mítica, tipo la de la tortilla de Suresnes, o la del 27 de la foto.
Sinceramente, mejor que cualquiera de esas.
Una cálida heteregeneidad: su gazpacho campero con tropezones que refresca esta primavera que viene.
Gracias a todos/as por ese día.
Miguelito, tú sí que te estás saliendo por todos los lados, dejando aquí y allá cosas como ésta. ¿No ves que estás "haciendo generación"? Je, jé.
Lo de cambiarte unos días por mí, ¡vaya idea de árabe de corazón loco!
Pero joder qué cumplido. Se agradece.
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