He visto muchas manipulaciones, por todos los lados, en mi vida. Pero lo de estos días y la ultraderecha española (sus dirigentes y un núcleo duro dejaron atrás la derecha hace tiempo) alcanza cotas muy altas, como la creación, desde la nada, de una asocación de ecuatorianos, que no existía hace tres días, para sacar titulares de división.
He recordado periodos históricos de manipulaciones tan brutales, con consecuencias terribles.
He tenido miedo de lo que puede ser este país si no es diluida en una racionalidad esa extremosidad, insistente, grotesca, chusca, en la que se adivina la violencia del señorito que tanto ha cubierto este país, bien pertrechada de dinero y medios de comunicación. O si por su no desaparición no queda otro remedio que terminar por oponerles, buscando el equilibrio, la extremosidad contraria.
He tenido la esperanza de ver hace un rato en un telediario a mi poeta, Luis Garcia Montero, sonriente en una escalinata junto a tantos y tantos de los que me gustan, con los que hablo mis mejores conversaciones de lector a autor, o de espectador a actor, a realizador, a director. Con su sonrisa de poeta, de hombre, de uno de los mejores, nos recordaba dónde hay que estar este sábado 13 de enero de 2007 a las 6 de la tarde. Esa presencia me ha hecho escribir esto.
Y he recordado de él, como resumen de todos los que he visto que estaban llamándome, no ese primer verso de En pie de paz, "No detiene la muerte su larga enredadera". He pensado en quien duerme ahora, que son las 4:30 de la madrugada, cerca de mí, que me ha dado aliento tantas veces con su mirada y su silencio. ¡Pero también en tantas y tantos otros! (No sois ajenos a esto mis nuevos amigos y amigas de las pantallas planas y las palabras cercanas, a muchos de los cuáles ni conozco ni posiblemente conoceré físicamente nunca). He recordado otro poema, pequeño, de este poeta, grande:
DESORDENADAMENTE
Tus ojos
que están llenos de selvas y son un manifiesto,
desordenadamente
me hacen aventurero
y revolucionario.
Por eso esta tarde a las seis no tendré vida privada, sino colectiva, y diré NO a quien he de decírselo, pero diré también un SÍ grande a todo lo que se lo he de decir.
Porque, de vez en cuando, decir que te quiero y decir lo que quiero importa.
Vida privada, hay mucha. La hubo este anochecer, en La Tetería, cuando estuve una hora con Leire hablando del tiempo que nos pasa, de esa desazón de su paso, de esa pena difusa (ese motor inmenso de mi vida últimamente) de pensar que dejaré de ser consciente de la hermosura de este mundo.
Había vida privada cuando me desperté sin sueño, escuchaba la V de Mahler leía a Claudio Magris en Microcosmos divagando sobre las fronteras: “Las fronteras exigen a veces sacrificios de sangre ... Tal vez el único modo para neutralizar el poder letal de las fronteras es sentirse siempre de la otra parte y ponerse siempre del lado de la otra parte”.
Porque como dice en su blog un joven al que conozco, que no es muy partidario de los socialistas pero le aterran los casi-ultraderechistas de las fotos de las Azores: “Esto es como el chiste. Si hay que elegir entre Susto y Muerte, elijo Susto”.
Por eso por vuestros ojos, tan llenos de selvas y de manifiestos, este sábado a las seis de la tarde estaré en la plaza de Colón, en pie de paz, pero listo si hace falta para la guerra. Se lo debo, entre otros, a mi hijo, que no me pidió que le hiciese nacer precisamente aquí.
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7 comentarios:
No detiene la muerte su larga enredadera
Ángeles sobre Berlín
que descienden por la escalera de incendio
esperando a que pase
un segundo por sus bocas
y les llene el aire del valor suficiente
para gritar que tienen miedo
que son valientes
por eso les asustan los disparos
de quienes no conocen
la vida más allá de los márgenes
inhóspitos e inmorales
de la sangre derramada
de los ojos entreabiertos
de las mentiras que me cuentan
de las que no me creo
de sus quejas patéticas y enfermizas
de sus guantes blancos
y las almas si llegan a poseer alguna
negras como sus dientes
aquellos ángeles que sobrevuelan Berlín
y se levantan de sus sombras
para administrar la vida como enredaderas
que trepan por los ombligos
con sillones de cuero
La paz es un camino delicado. Una convalecencia perpetua entre profesionales del conflicto bien situados a los dos lados. Pero cuando el encaje de muchos corazones tapa las calles, la desilusión se deshace y se nota, por un ratito, la fuerza.
La amistad a lo lejos es posible. Y esa es otra buena noticia. Y esta es duradera, porque de corazón a corazón no hay mercaderes de por medio.
Gracias por tu poema, Carmen, tan oportuno en el tiempo, tan exacto en las palabras, en nombre de los ángeles que se reúnen en las bibliotecas y se cuentan lo aprendido en los aleros de los tejados.
"...
en constante desacuerdo
con el mundo, me enfrento al sincretismo,
a toda ambigüedad y a la tibieza."
Julio Martínez Mesanza
"...
cada uno es responsable de su parte
y nadie es responsable del estrago."
Julio Martínez Mesanza
Julio Martínez Mesanza, desde ya, un hermano.
¡Gracias, Wes!
Visita fugaz desde los montes.
Siguen ustedes, todos, poniéndome los pelos de punta.
Y la historia, solita, se carcome.
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