Francisco Casavella y las masas
La librería La Independiente había propuesto un homenaje-lectura al autor del Watusi, llevaba dos semanas anunciado en FB en la web de la librería, en un cartel y, aunque sabíamos que ese viernes todo el mundo estaba en Sol, no lo quisimos retrasar. Compramos un altarcito mexicano en el que pusimos un dibujo caricatura de Francisco, pusimos debajo velas encendidas, dejamos sobre una mesa vasos de plástico, una botella de JW y otra de vino. Íbamos a leer 4 y no llegaba nadie. Decidimos hacerlo (lo que se promete se cumple) e irnos después a Sol. En el último momento, llegó un oyente (amigo, pero oyente). Haciendo las necesarias libaciones antes y después de cada lectura, realizamos el acto: apagamos las luces de la librería, menos las de un ala, desde donde el lector leería en pie, empezamos.
A los pocos minutos, estábamos en la gloria. El estilo de Casavella (las historias no son lo que se cuenta, sino cómo se cuenta: el estilo) nos dejó arrobados y, al terminar, estábamos arrobados y los cuatro lectores nos prometimos releer esas mil páginas este verano: Marina, Javier, David y yo. El oyente, dijo que le habían entrado ganas.
Fuera de la librería, fumando un cigarrito de despedida, porque cada uno iba a Sol por su cuenta, conté lo que me había pasado esa mañana. Era algo negativo contra el fundador de la generación Nocilla, por lo que supuse que podría haber bronca ya que el librero es un gran seguidor de ese grupo. Todos me decía que lo mío era un relato; yo les contestaba que no, que era algo que me había pasado, exactamente como me había pasado. Lo pongo abajo y que cada uno piense lo que quiera.
¿El relato o la vida?
Fernández Mallo y la patata
Necesito tomar el sol. Por indicación médica. Al mediodía suelo ir a una terracita, en sol y sombra, a leer un libro y tomar un vermú. Por primera vez en muchos años, toda la piel que sobresales de la camiseta la tengo de color tostado.
Pero hay un momento especial. En la cocina tengo un ventanal muy grande, que da a un patio de corrala, y a lo largo de toda esa zona una barra de madera pintada de negro. Sentado ante la barra, más o menos a medio día, el sol entra de lleno y puedo tomarlo sin camiseta. Nunca he negado que soy un poco maniático. Necesito que la cocina esté absolutamente limpia, con todo fregado. Cumplidas las condiciones, con un pequeño cenicero sobre la tabla, enciendo un cigarrillo y leo a pleno sol.
Ayer, sin embargo, me encontré con una dificultad (¿había mencionado ya que soy un poco maniático?). Me habían traído varias cosas del Súper, que había colocado en su sitio. Entre ellas, una bolsa de patatas. En la anterior, quedaba una de tamaño mediano, un poco avejentada. Si la ponía en la bolsa nueva, podría ir cogiendo otras y esta acabaría pudriéndose: todos sabemos que una patata podrida apesta. Decidí dejarla sobre la tabla, para que no se me olvidara usarla ese mediodía: me sienta muy mal desperdiciar comida, incluso una pobre patata mediana que todavía se puede salvar.
Me había llevado para leer un número algo atrasado de la revista Quimera y me decidí por el primer capítulo de la nueva novela de Fernández Mallo, el Gran Nocillero. El primer capítulo de una novela te dice mucho: por ejemplo, si quieres leer el resto. Por eso los escritores suelen crear el interés en ese capítulo.
Leía, fumaba, me llenaba de sol (que incluso picaba un poco) y echaba miradas de pocos amigos a la patata, con sus arruguitas, que estaba donde debía estar el vacío. La novela contaba la historia de un tío que se despierta antes de hora, baja a la planta baja y encuentra un dibujo que le parece como de un OVNI y luego, una foto de lo mismo en la cocina, pero descubre que en realidad es una rebanada de pan, con esos agujeros que tienen a veces las rebanadas de pan.
Ante el interés que me producía lo que leía, empecé a echar muchas miradas a la patata. Me caía bien. Leía tres líneas y cogía la patata en la mano. Sus arruguillas me resultaban mucho más interesantes que lo que me contaba Agustín. Poco después, la revista estaba a un lado y examinaba complacido la patata, mucho más interesante que la novela.
Qué bien explicada, la desburbujación
Hubo un tiempo, cuando se formaba la burbuja que al explotar nos ha dejado en bragas, trataba de explicar esto y todos me abucheaban (como a un personaje del cómic animado). Ha llegado la hora de que todos lo vamos entendiendo. Y además, con unas buenas risas.
A disfrutar
13 comentarios:
El video ya lo tenía y me encantó, me parece que te lo mandé, o quizá fue a Sue.
Y en cuanto a lo otro, totalmente de acuerdo contigo.
Me pasó lo mismo mientras leía esa novela pero creo que yo en vez de una patata me hice amiga del gotero , o fue del bote de Vicks Vaporub que estaba encima de la mesilla de noche.
Pero se supone que los iconos de las nuevas tendencias suelen ser así , nada fácil de leer y desde luego no escritos para promover el disfrute.
Besos.
Ah se me olvidaba; San Fco. Casavella son palabras mayores, sí.
i love nano
Muy buena crónica, querido Nán. También el vídeo me parece estupendo (acabo de hacer un mailing entre conocidos y familiares para que lo disfruten...)
En cuanto a lo que nos cuentas de la patata y el solecito, qué decirte. A mí las patatas me suelen caer bien. Será porque se arrugan y hasta parece que envejezcan. Que sepas que tanto sol no puede ser bueno... (Dicho esto con mucha envidia).
Bromas aparte, me alegra verte tan a gusto, y tan lector. Y tan a tus anchas.
Un besote!
PS: I love too.
vaya estampita... !
Oh, qué gran entrada.
La patata, llena de misterios reales.
¿El de Mallo era El Aleph II?
El Watusi no lo leí, finalmente, así que este verano, ya sin estudios por medio, lo leeré con vos.
Un abrazo, NáN, morenote.
Jua, juá, REYES: lo del frasco de Vics Vaporub supera con creces a mi pobre y vieja patata. Y no creo que las nuevas tendencias "tengan que ser" productos de mercado superficiales. No todo lo nuevo es bueno por ser nuevo.
El vídeo, desde luego, explica fácilmente cosas que cuando algunos las decíamos en el año 2000 nos abucheaban. Y es la realidad. Me alegra que también tú hayas concedido la Santidad, sin ni siquiera pasar por la Beatitud, a Casavella.
Un abrazo
All we need is love, LARA... y algo más de mala leche con los que nos meten en tantos problemas.
También yo, lo sabes. Abrazo, muy pronto de verdad
GEMMA queridísima, qué bien que te haya dado a conocer el vídeo y ayudes a que circule. Las patatas, tienes razón, envejecen de una forma muy hermosa.
(del sol ya me iré retirando, pero de momento he de compensar más de diez años buscando siempre la sombra).
Gran beso
Ji, ji, jí, AROA. ¿Cómo no me va a dar un ataque de alegría cuando te encuentro por el barrio?
Un abrazo
Seguro que ni me reconoces, PORTOROSA, de lo morenote que estoy por las afueras de la camiseta. Si me pusiera unas pulseras, anillos y collares de oro, seguro que pensabas que soy una señora rica que viene de pasar unos días en Marbella.
Pues no recuerdo si era ese el libro (y he rebuscado un rato, sin encontrar la revista). Desde luego, era el primer capítulo de uno recién editado.
No te lo vas a creer, lo que significa tener vacaciones de estudiante.
Un abrazote.
Tomada nota de la novela.
Y de la patata.
Chau, MORENAZO.
Ya lo dije en petit comité, pero lo comparto aquí. Lo mejor de la lectura fue comprobar hasta dónde llega la magia, la sorpresa, la grandeza de la buena literatura. Cuatro personas de edades, procedencias, gustos y estilos literarios diferentes encontramos "nuestro" fragmento dentro de la novela de Casavella. Cada uno leyó un fragmento que, me pareció, le definía de alguna manera. Y fue precioso.
Un beso
Tome nota de la novela, MICROALGO, para no perder el tiempo ni en leer el título.
La patata, ¡ay!, me la comí frita en rodajas finas con cebolla y pimientos verdes troceados (junto a un tomate fresco que era gloria bendita).
Y el abrazo físico, ¿para cuándo?
Haces muy bien en compartirlo, ETDN. La literatura leída en voz alta tiene una magia especial; pero como los 4 lectores habíamos leído la novela, y seleccionado nuestra parte, fue espléndido ver cómo cada parte se unía al lector y, sin embargo, había una totalidad en el libro que nos atraía a todos.
Un abrazote
Sí, Reyes, me lo enviaste a mi. Muy bueno.
En cuanto a tu relato nocillero NáN(¿es con mayúscula?) diré que una vez en una casa rural a la que suelo ir de vez en cuando con C (del que nunca hablo por los blogs pero existe y resiste, me resiste), un lugar bastante acogedor con una dueña algo pija pero agradable, aunque en realidad yo/nosotros vamos porque su hijo (el de la dueña) es un chef estupendo y cocina de miedo y a mi como sabéis me encanta comer (aunque no se me note). Bueno, también vamos porque cuando nieva es un lugar mágico.
Pues bien, en esta casa que en realidad es un hotel rural en un pueblito de la sierra pobre de Madrid encontré, en nuestra habitación de aquel fin de semana (en todas tienen libros) un libro de estos del Nocilla o Nocillero. Lo intenté, de verdad, pero no me gustó nada. Así que hasta ahí puedo leer. Yo es que para el estilo soy bastante cabezota, y si no me gusta el estilo no sigo. El cómo se cuenta que mencionas es lo que me puede.
Leo el relato del taller, que se me pegan las sábanas!
Un abrazo.
Bueno, SUE, pues ya somos dos los que no estamos por la nocilla.
Es estupendo tener un C y un hotelito así donde perderse de vez en cuando.
Que duermas bien.
Besos
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