viernes, 6 de mayo de 2011

48 horas forzando mis límites

A veces uso la etiqueta “día río”, para hablar de mí un poco más directamente de lo que lo hago cuando escribo sobre lo otro (aunque no hay manera de escribir del “mi” sin que lo otro/los otros ocupen el centro). Este día ha sido de 48 horas.


Empezando por el cuarto y mitad, tuvimos una cena (el miércoles), en la que conocí en presencia a dos blogas. Fue muy agradable, pero apenas pudimos pasar de un ligero conocimiento: una de mis “coqueterías” de señor mayor es fingir que no estoy bastante sordo y, aunque me senté en la silla de la izquierda para dejar en alerta mi oído menos malo, una mesa de ocho me aleja de los que están en el extremo. “Centradito” es mi posición natural, pero ocuparla habría destrozado ese punto coqueto (que, lo que son las cosas, no me importa destrozarlo por escrito).

También estaba Moli. Para mí, es una persona “asterisco”. Los asteriscos son unos signos ortográficos que me dan mucha confianza. Me encantan los libros con muchos asteriscos que remiten al pie de página y te dan las informaciones vitales que quedan fuera del tema principal. Muchas veces he dicho de un libro que lo que de verdad he aprendido de él eran las notas a las que refieren los asteriscos. Moli es la confianza permanente.

Y estaban Di y su compañero. Nos conocimos por la mañana y pasamos tres horas hablando sin parar. Son personas-signo de interrogación de apertura. En un escrito, ese signo abre una duda; como referencia a personas (en mi peculiar código ortográfico-psicológico) significa la apertura a las personas que siempre te plantean puertas a lo desconocido. Di y su compañero anuncian el interés constante. Terminada la cena, nos fuimos los tres a beber un poco más. Hasta que nos echaron.

El jueves, no muchas horas después, un café y una ducha me dejaron como si el día anterior hubiera estado sentado en un sillón. Les llamé para pasar la mañana con ellos y con unos amigos muy interesantes. Volví a casa a comer con mi hijo, que ha vuelto a España y tiene miles de cosas que contarme. Una buena siesta habría necesaria, pero mi sobrina ahijada, a la que estoy muy unido, estaba entrando en depresión. Su compañero tiene una enfermedad degenerativa grave y la situación es ya dura. Realiza un trabajo que ahora ya no puede hacer con la brillantez de antes, simplemente hace lo que puede, y se ocupa de dos hijos de 5 y de 8. Tenía que hablar y hablamos y bebimos, pero la tuve que dejar, porque a las 8 mi gran amiga Elena inauguraba su primera exposición, así que más metro, más andar, más llegar como si estuviera con el cuerpo descansado y la mente fresca. Cuando volví a casa no me dolía solo la espalda, sino las piernas, los brazos y hasta el bigote: cené dos plátanos y tres yogures y solo fui capaz de dejar la bandeja en la cocina, incapaz de agacharme para tirar las pieles a la basura. Leí la introducción y el prólogo de un librito que compré por la mañana en Cuesta Moyano (unas conversaciones con Bacon) y me quedé dormido con el libro sobre la cama (en algún momento debí apagar la luz).

Para las 48 horas, tenía que llegar hoy hasta las 11 a.m. Me levanté pronto, con el café leí que Bildu se presenta a las elecciones y me alegré de estar en un Estado de Derecho (las formas son importantes). Tenía cita con la reumatóloga que me va a tratar: por fin la especialidad necesaria y, como premio, mujer. Profesionalmente, siempre prefiero a las mujeres. Posiblemente me tengan que poner un poco de cemento bajo la vértebra. No apetece mucho, pero sea. Y me voy a curar, me dice, y a dejar de romperme huesos, pero el tratamiento son dos años y todos los días tendré que meterme yo mismo un pico (como hacen los diabéticos). Si tiene que ser, que sea. Y seguro que cuando lo haya echo dos días, será tan fácil como cepillarse los dientes. Pero salí de la consulta con aprensión, quizá porque las 46 horas anteriores había traspasado todas mis posibilidades.

En el pequeño autobús que me trajo hasta casa, iba releyendo un librito de Chantal Maillard del que quiero poner algo en mi otro blog. Y subrayé por segunda vez algo que había subrayado ya en la primera lectura:



«Dejar que la realidad transcurra ante ti. Aquietarte. Desde la quietud, observar el movimiento».

Decididamente, me voy a aquietar.

36 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por un rato de esas 48 horas, yo te pongo las chutas que quieras, hasta la última si es necesario. A estas alturas no hay nada que me espante, tengo miedo, pero de ese otro miedo del que no se habla nunca, de ese miedo a lo conocido, el peor de todos.

molinos dijo...

No me digas estas cosas que los machotes no sabemos que decir...

Aquietate que tenemos planes pendientes.

Abrazos viriles.

Jesús Miramón dijo...

Joder, Nán. Eres cojonudo.







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(Cuánto me hubiera gustado estar en esa cena. Algún día estaré, seguro)

AROAMD dijo...

Lo que es cojonudo es el autobusito

Pero yo tb quiero cenas

Mira, justo ahora te acabas de ir de casa y puede que te veamos en medio ratejo.... Ja! Mas cerca de nan no vive nadie... Procuro dar envidia...

Xavie dijo...

Nano, debes de estar cansado, sí, porque se te han colado un par de faltas. :-P

Ánimo. Ya sabes donde tienes una silla para venir a leer siempre que quieras.

Un abrazote,
J.

Sue dijo...

Pues ha estado muy bien este relato y me ha encantado lo de tu coquetería (lo que no sé es qué vamos a hacer cuando nos conozcamos porque, insisto, a mi no me gusta ni gritar ni hablar en tono alto. Vale, que a lo mejor no estás tan sordo. Mejor)
Y tu hijo vive fuera de España, así cualquiera es feliz, bueno, vale, a lo mejor exagero. Aquí también se puede ser feliz, pero mejor fuera del cubo (esto es por la canción de Calle 13 "La vuelta al mundo").

Espero que ese tratamiento sea el definitivo para dejarte hecho un super héroe sin dolores. Todo lo demás se puede arreglar, pero el dolor físico es un verdadero rollazo.
¡Ánimo!

Yo, para animarme, me voy a preparar una rica cena temprana (ensalada de aguacate, gambas y mango, algo de lechuga morada y nueces) y voy a ver una peli de Michelle Pfeiffer, que es tan guapa que distrae mucho del guión y hoy no me apetece pensar.

Un abrazo flojito (para que no duela).

Anniehall dijo...

Revelar los achaques por escrito es toda una coquetería.

Espero que vaya muy bien el tratamiento. Como en todas estas cosas la fe (con minúscula) es ya el primer paso.

NáN dijo...

Querida anónimo: la vida es corta. Dejemos de tener miedo. Llámame siempre que lo tengas, que yo te lo quitaré.

Después de escribir la entrada bajé a la farmacia con la receta y el farmacéutico, que es amigo, se quedó acojonao. Resulta que esa inyección, que me tengo que poner diariamente durante 730 días, vale 400 euros, y a mí me corresponde pagar el 40% (o sea, 160 euros diarios; es decir 116.000 euros). Me he pasado la mañana removiendo Roma con Santiago, pasando por mi ambulatorio, donde desconocían ese medicamento, hablando con Inspección (donde la Presidenta de la Comunidad que volverá a ser elegida ha recortado tanto los gastos de Sanidad que impide que se pueda atender lo que solicita una especialista), para que en un caso así me resultara gratuita, pero no es posible.

Ya dije que quiero que los profesionales que me atienden sean mujeres. He vuelto a su consulta y me ha pedido 1.000 perdones. Ella creía que en mi situación (despedido y a menos de 24 meses de la jubilación), el tratamiento tendría un coste 0 para mí. Así que me ha recetado el muy barato tratamiento de la osteoporosis femenina. Y ha añadido que si me volvía a romper un hueso, acudiera a ella y no al traumatólogo. Dada mi edad joven (para esta enfermedad), si seguía el tratamiento y dejaba de ser un vampiro huyendo del sol, lo más probable es que me curaría. Y ha añadido que, en caso de haber tenido otra rotura, al día siguiente de haberme jubilado (coste 0% de los medicamentos) fuera a su consulta y me lo volvería a recetar. Y que si Inspección decía algo ya se encargaría ella de hablar con ellos.

Me siento orgulloso de esa funcionaria. Y me siento contento de someterme a la "normalidad" en Europa. En mi vida he tenido muchos privilegios y quiero que eso se termine.

Pero no puedo entender que una farmacéutica pueda ofrecer, para una enfermedad común, tratamientos de 292.000 euros en dos años. Estoy seguro de que tiene rebajas de impuestos por procesos de I+D y otros muchos chollos (las grandes empresas que se horrorizan de que se dé 400 euros a los que han terminado el paro, son insaciables pidiendo rebajas fiscales al Estado y aportaciones adicionales de este. Y por suerte no somos africanos, donde un tratamiento de 2.000 dólares significaría la muerte. Eso es lo que me cabrea. Lo que me hostiliza, como diría Moli, hasta el infinito. Porque todos somos responsables de lo que pasa.

Besos mil

NáN dijo...

Ya he echado toda la bilis social en el comentario anterior, así que ni te preocupes, MOLINOS. Todos esos planes, más otros que no iremos inventando para que nuestra vida sea mejor, los cumpliremos.

Abrazos de amigotes.

¡Ay, JESÚS! Vengo de una cena de esas (en la que yo no ceno prque hago una sola comida al día), en la que teníe enfrente a Aroa. Estaba alucinada de cómo eres. Así que tendrás que pasar por Madrid, con tu pareja, antes o después.

Somos varios los que te esperamos.

Abrazote.

Jua, juá. Es cierto que estaba en casa de Aroa y David (y Valentín, el perro litearato), porque estaban allí Lara, a punto de parir, y su chico, y que les dejé porque iba al Ateneo, donde hacían un homenaje a mi tío José Luis. También es cierto que llamé a mi hermana para que asistiera. También es cierto que, desde que no trabajo, llego tarde a tarde, o pronto, a todos los sitios, porque no presto atención a las horas y los días... y el homenaje a mi tío era el voernes ¡13! Y luego la casualidad, disfrazada de un encuentro en Fuencarral con MAría a Rayas, hizo que terminara semicenando con Aroa y compañías. Así que nos hemos vuelto a ver en medio ratejo. Y es que vivimos tan cerca que podemos ir de una casa a otra en zapatillas de felpa.

NáN dijo...

Querido XAVIE, sabes bien (y a Portorosa le saca de quicio) que no reviso lo que leo y siempre cometo faltas y meto erratas. Pena que no sepa jugar al ajedrez, para practicarlo contigo, en ese sillón, en tu librería.

La cena, SUE, me parece excelente. Y si cuando nos veamos el grupo no es superior a 4, puedo oír perfectamente. Por el dolor, no te preocupes. Con un opiáceo y un whisky (más una educación basada en las pelis de John Wayne) es absolutamente indiferente.

¡Y a ver cuando nos vemos una vez, leche, que ya toca!

Abrazote

¡Ay, ANNIE, me has pillado en falta! Seguro que el nuevo tratamiento me va a ir muy bien. Fue un placer conocerte. La siguiente vez, espero que tengamos la ocasión de hablar más.

Otro abrazote.

LA ZARZAMORA dijo...

Y sí, se nos fue Luis, y ya le echamos de menos, pero nos dijo que regresaba pronto.
Y tus días me agotan hasta a mí, tras haber leído el trajín que te llevas, así que es normal que te duelan todas las vértebras más de lo normal.
Cuídate mucho.
Besos, Nán.

Josep Vilaplana dijo...

Te intuyo, Nán, una persona paréntisis; esas que abren espacios en los que poder sentarnos para disfrutar de todo lo que no sirve y es absolutamente imprescindible.

Acepto tu propuesta: aquietémonos con la lucidez y la alegría de la amistad (creo que estuve en esa cena).

Salud suficiente y un abrazo.

Di Vagando rocks dijo...

Querido NaN, a mí me gustan los puntos suspensivos, dan un aura de misterio y abren un mundo de posibilidades tras la frase. Si los metes entre paréntesis, como sugiere Josep, es como el todo está permitido, puedes ahí meter lo que quieras. Así que ese signo serías para mí.

Una vez escribí sobre tí sin conocerte in situ (por encargo de Mo)... estas horas por Madrid lo han confirmado, corregido y ampliado. Gracias por tu generosidad, tu manera de escuchar, tu optimismo infeccioso, tu positividad con todos.

Que sea la primera de muchas más.

di

PS: Y qué éxito la camiseta de Jim Jarmusch!

Gemma dijo...

Sabia decisión: lo de aquietarse.
Lo de pincharse por un tiempo ya verás cómo es algo provisional. Son fases.
Seguro que te dejan como nuevo.
Un abrazo gordo

Araceli Esteves dijo...

Hace días que pienso en lo curioso de este universo paralelo que se ha creado en el plano virtual. Con qué facilidad pueden generarse corrientes de simpatía que hacen sentir cercano, casi como de la familia, a alguien al que ni siquiera has mirado ni una sola vez a los ojos. Es lo que me pasa contigo, NáN, desde hace tiempo.
Brindo por ello.

Elvira dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Elvira dijo...

¡Qué agitación! Todos los planes valían la pena, eso sí. Pero mejor aquietarse un poco. Y lo que me ha dejado alucinada: "cené dos plátanos y tres yogures". Yo me muero, jaja!

Un abrazo

Elvira dijo...

Borro uno porque me ha salido repetido.

Dol dijo...

A mí tampoco me importa echarme tierra por escrito qué curioso .
....
En cuanto a ti...mucho ánimo, todo irá bien , y un abrazo para tu sobrina y su marido .
No pienses.
Aquiétate .
Y cuando lo consigas dime cómo c.... se hace.
Nosotros vendremos a chutarnos aquí.
Besos.

NáN dijo...

Besos, ZARZAMORA. Es difícil encontrar las palabras para agradecerte que Luis haya encontrado en ti una amiga. Creo que prontito volverá a estar por ahí. A ver cuándo voy yo y nos conocemos.

JOSEP, te agradezco que me consideres un paréntesis: donde cabe lo menos necesario y, por ello, más importante. Todo el comentario, que es perfecto, te lo agradezco. Me encantó la exactitud de "salud suficiente".

Un abrazo

También los puntos suspensivos abren y obligan al otro a imaginar, DI. El link me ha recordado aquel post: ¡eres grande! Conoceros a ti y al Peda es una respuesta a esos momentos de desánimo que tienen muchos y se preguntan que qué hacen con un blog.

Lo de la camiseta, ¡era de esperar!

Un abrazo a los dos.


Lo de los pinchazos, GEMMA, pinchó cuando en la farmacia me dijeron que cada inyección diaria costaba 400 € y que me correspondía pagar 160. ¡Qué burrada de tratamiento! Así que tomaré las medicinas de la osteoporosis femenina y, cuidándome, me voy a curar estupendamente.

Y me aquieto, me aquieto. Es mi estado natural. ¡Ya falta menos para el día D!

Espero que nos veamos pronto (no te quedará otra que presentarlo en Madrid). Y hasta entonces:

Un gran abrazo.

¿Verdad que pasa eso, ARACELI? La escritura tiene una profundidad especial. Por eso cuando nos encontramos, a los 5 minutos hablamos como con un amigo de muchos tiempo.

Brindo para que me pase eso pronto contigo.

Un abrazo

Por suerte, no siempre se acumulan tantas cosas ineludibles, ELVIRA: los días pacíficos y solitarios (con nuestros libros y libretas) son fundamentales.

Bueno, hago una sola comida al día, normalmente de ensaladas, legumbres o verduras (muy pocas veces pescadoo carne). Copiosa: me pongo un plato y suelo rellenarlo. Así que así son mis cenas: esa noche llegué a los 3 yogures porque notaba que necesitaba energía.

En realidad, fuera de Occidente es el modo de comer (los que pueden comer).

Un abrazo

Ese tema, REYES mía. Lo he pensado también varias veces. Creo que se merece un post tuyo: ¿por qué somos más sinceros en lo que escribimos? Quizá porque hablamos de cosas nuestras y nadie tiene obligación de leerlas; porque en una conversación física, esas "coqueterías" son más lógicas; o porque no sé qué otra razón. Pero es cierto.

Te mantendré informada de los avances del aquietamiento... aunque mucho me temo que el hecho de no tener que trabajar va a ser una gran ayuda.

Un abrazo y a ver si cuando pueda viajar cojo un AVE y me reúno con las sevillanas.

(El recital de tu amiga en Madrid, lo leí cuando ya había pasado. Pero el sitio lo conozco. Me citó ahí Miguel B para pasarme su segundo libro).

Un gran abrazón

Isabel dijo...

Pues tú no le has hecho mucho caso a la cita.
Hijo qué estrés, si es lo que yo digo, que el tiempo libre da mucho trabajo.

NáN dijo...

Ja, já, ISABEL. Ten en cuenta que la cita la leí cuando volvía a casa, pasadas las 48 horas. La consideré como un aviso de los cielos.

Pero tienes razón: la disponibilidad para todo puede ponernos en situaciones difíciles.

Un abrazo

andandos dijo...

Me parece que estás siguiendo las pautas que te pusiste en tu entrada "Encuentros en la cuarta fase", pero cuídate.

Saludos

Freia dijo...

¡Ay, Nàn, esos fantásticos derroteros liberados! Resultan placenteros aunque cansados a veces.
Me parece una soberana putada que el tratamiento no sea gratuito; más si es crónico. El femenino clásico da fantásticos resultados
Tengo ganas de reanudar conversaciones ante un café, un cóctel o un agua de cebada.

Un abrazo suave y acementado

Portarosa dijo...

¡Eh, que no me saca de quicio! Me asombran, solo.

Envidia, yo también. Y cuando vaya Jesús yo me acerco, que quede claro.

Bueno, NáN, aunque no cuentas solo cosas buenas, suena todo en calma.

Me apetece verte. A ver cuándo.
Un abrazo.

Elvira dijo...

No es que me parezca mucha ni poca cena, sino que sería una bomba para mi estómago. :-)

Microalgo dijo...

Anda que no aprovecha el tiempo ni ná, Maese Nán.

Carpe diem... et noctem.

el chico de la consuelo dijo...

ahora que no me escucha nadie ...se me come la envidia de no haber compartido una tarde por Madrid con vosotros.
Abrazos y mejorate.

PS_: Aporto ideas ¿y si vass a una farmacia militar? Eso si que es un tema de nota!!! mi querida españa!!!

giovanni dijo...

Me conmoviste.

Ayer le pregunté a mi amigo J si él estuviera contento con el envejecer (en holandés el envejecer, "ouder worden", tiene una connotación negativa y positiva en el sentido de saber más o entender mejor, lo que por supuesto también se puede discutir) y él me dijo que no. Hablábamos de las inconveniencias que en mi caso son pocas o casi nulas y las que tengo ya tengo tantos años que no las relaciono con el envejecer, y mi amigo deploraba que no podía andar como antes por un problema de su pie. La otra vez hablábamos del cáncer que había tenido y de que está curado. No reímos que estábamos hablando de malores (malheurs).

Mi amigo J me dijo que tal vez el compositor de una música que ningún de mis amigos podía detectar es Alessandro Scarlatti - ve mi última entrada.

Espero que encontrarás la quietud y pienso que ya la encontraste, pero no está malo volver a pensar en ella (también es femenina).

Un abrazo

giovanni dijo...

NoS reímos...

No sé si la palabra 'malores', malheurs en francés, es castellano...

NáN dijo...

Exacto, JOSÉ LUIS. Seguir esos pasos en la amistad; pero el cuerpo da para lo que da, así que después, hay que "aquietarse".

Un abrazo

Libero moderato tras un Andante furioso, esa es la estructura, FREIA, ¿a que sí?

Me encantó tu Schoenberg. Un placer. Tenemos en Madrid la época de las "terracitas". Casi siempre a tu disposición.

Un beso

El viaje a Vicedo, PORTOROSA, sigue en pie, y más que nunca, en cuanto pueda viajar. Estoy aprendiendo a copiar los comentarios (largos) y copiarlos en Word, para encontrar las erratas. Todas las que ves son la consecuencia de ir más rápido con la mente que con los dedos (además, escribo solo con los dedos corazón).

Un abrazo grande

Ah, ELVIRA, no había entendido el sentido.

Besos

Sería una descortesía, MICROALGO, que para una vez que me pagan por lo que hice, y no por lo que hago, perdiera lo que hago en chorradas e indignidades. Y ya sabe usted que descortés no soy.

Grandes abrazos en los que cabe hasta el Pay-Pay

ECDC, estoy seguro de que las oportunidades de reírnos cara a cara van a ser cada vez mayores. Ya me comprometí a una zaragozada en cuanto me sea posible viajar. Pero Madrid tiene ese algo de céntrico, ese de-tó, incluidos los barecitos tiernos de toda la vida, que la convierten en una ciudad atractiva.

Un abrazo a ti y a tu compinche

La quietud predominante la dejo para la quinta fase, GIOVANNI. Ahora, el equilibrio entre quietud (mayoritaria) e inquietud (minoritaria), es lo que busco.

No se puede estar "descontento" con los ciclos naturales. Lo único que cabe es "aprovechar el que toca". Me gustó mucho el vídeo de la Torre de Cremona y la música (pero por mí mismo no habría sabido quién era el compositor).

"Malores" no existe en español, lo más parecido es el adjetivo "malhadado", que significa infeliz, desgraciado o desventurado (aplicado a personas o a cosas). Pero no existe como sustantivo, con el sentido de "desgracias".E

Un abrazo

Zayi Hernández dijo...

No te aquietes Nán y te cuento por qué: Cuando uno se aquieta, se aburre y cuando te aburres, comienzas a pensar en esas cosas que no querías pensar. Hay que vivir cada día como si fuese el último y hacer de esas 48 horas el preámbulo de las 48 de mañana...Hay que vivir mi Nán a plenitud y ya la reumatóloga hará lo que tenga que hacer, si duele, más droga y punto.
Hace tiempo que vivo con una cosa encima que tiene muchos asteriscos y grandes interrogantes. Hay días en los que estoy bien y días en los que no puedo moverme mucho. Cuando estoy mal, abuso de las drogas que me han recetado para el dolor y me agarro una cogorza de calmantes a lo bestia...entonces vivo feliz y despreocupada. Cuando no me duele, hago todo lo que prometí hacer cuando dejara de dolerme. ya tendremos tiempo para aquietarnos, ahora no.
Un besito.

NáN dijo...

Mi querida ZAYI, la mejor escritora caribeña del amor de los viejos (todavía, incomprensiblemente, sin descubrir), ¡puff!, no sabía que estuvieras en esa situación de tantos asteriscos e interrogantes.

Solo me tranquiliza que tengas la droga (aquí, menos yanquizados, lo llamamos medicina) que te quita el dolor.

Aunque me intranquilizo por ti, no lo hagas por mí, que le tengo pillada la medida al asunto. Además, alternar el bullicio con la quietud es bueno (para mí), porque es en la "quietud" donde leo y escribo a placer.

Un enorme abrazo curativo

Noite de luNa dijo...

La frase de Maillar me la pusieron como dedicatoria en un libro en 2009 y poco a poco me fui dando cuenta que aquietarse, nada tiene que ver con quedarse quieto.

¡hijopordios! Toma un poquito el sol para los huesos.

NáN dijo...

Tienes razón, AQUI MQ. Uno puede estar quieto y bullendo de ansiedad; o moverse "quietamente". Es el corazón el que marca el ritmo pausado con el que nos relacionamos con lo que nos rodea.

En cuanto a lo segundo, te hago saber que me he hecho unas gafas de sol graduadas que me permiten ir por la acera del sol sin bizquear y sentarme en una terraza solisombreada una o dos horas, a tomar el vermú del jubilado o rentista mientras leo un libro. Los huesos están que ni se lo creen, de toda la vitamina D que les llega.

Un abrazo

Noite de luNa dijo...

Me alegro mucho.

Un beso