El valle de los tres caseríos
Peledrina, Otero y Lobo nacieron el mismo día en tres caseríos cercanos, en un pequeño valle que casi lindaba con el pueblo. Peledrina era morena y tenía una tez blanquísima que no oscurecía aunque se pasara el día entero en la calle; Otero era rubia y el aire le ponía la tez tan morena que sus cabellos parecían de paja agostada; Lobo, pelirroja, tenía unos ojos tan azules que mordían. De ahí el mote por el que fue conocida, olvidado para siempre su nombre real.
Nacieron las tres la misma noche, cada una en uno de los caseríos, de familias venidas de lugares muy lejanos. De algún modo, estas gentes tienen códigos y callejones de información, creados hace tantos siglos que no sabríamos encontrarlos: las tres familias se enteraron de que en un pueblo del norte de España, donde es difícil saber si los valles forman las montañas o es al contrario, ofrecían casa, tierras y un poco de dinero para comenzar a trabajarlas a toda familia que tuviera o fuera a tener al menos un hijo que ocupara con el tiempo una plaza escolar, para no cerrar la escuela. De diferentes países eslavos fueron aceptadas estas tres familias, a las que se les concedió un pequeño valle que tenía tres caseríos abandonados. Y llegaron allí, las tres madres con una barriga de 8 meses que era promesa de futuro. Los tres padres, con manos como herramientas poderosas. Los cuatro abuelos de cada familia: los seis viejos con manos de trabajo; las seis viejas con pañoleta de colores en la cabeza y cara y cuerpo de no quedarse ociosas.
Y las tres niñas, a poco que empezaron a gatear se buscaban y reunían. Y crecieron hablando español, nadie sabe por qué, porque los abuelos se entendían en lenguas raras y los padres eran torpes para nuestra lengua. Tenían 4 años Peledrina, Otero y Lobo, y uno de escolarización, cuando acompañaban a sus padres para hacer de intérpretes. Siempre iban juntas, sin dejarse acompañar por nadie. En bicicleta desde que, al cumplir los ocho años, el Ayuntamiento les regaló una a cada una por ser las mejores estudiantes. Revoltosas, algo salvajes y deliciosamente guapas, sobre todo desde que con diez años empezaron a parecer mujercitas. Los viejos babeaban mirándolas y los jóvenes del pueblo, que no podían ni acercarse a ellas, se volvieron sonámbulos y se levantaban de la cama para recorrer, sollozantes, el pasillo de su casa. El pueblo les perdonaba todo, incluso que a veces robaran en las tiendas, sin necesidad de hacerlo, porque cuando había algún moribundo acudían a contarle historias, quitándose la palabra de la boca unas a otras. Y se lo comían a besos. A veces se curaban; el resto de las veces, morían felices y tranquilos.
***
La noche de San Juan, en las que las tres niñas celebraban cumplir 13 años y el pueblo su fiesta patronal. Había aparcado junto a la plaza una furgoneta vieja con restos de cárteles de un grupo musical. Pero solo actuaba un músico, por unos pocos billetes pagados por el Ayuntamiento. De edad indeterminada, piel muy oscura y aspecto de gitano o de egipcio, montó un micrófono con un amplificador y tocó varias canciones con distintos instrumentos, acompañado por cintas que reproducían la música. Finalmente, muy delgado, con botines de piel de cocodrilo, unos vaqueros que parecían pantalones pitillo y una camiseta negra, ofreció números de baile moderno en los que parecía que fuera a descoyuntarse..Cuando se fue, nadie vio que en las afueras del pueblo le esperaban las tres cumpleañeras y se detuvo para recogerlas. Nadie supo más de él, pero a la mañana siguiente, Peledrina tenía un saxo tenor, Otero un saxo soprano y Lobo un clarinete. Solo les había enseñado a soplar cada instrumento. También les dejó un radiocassette con decenas de cintas de jazz.
Dos meses después, en las vacaciones de verano, tras haber pasado la mitad del tiempo de vacaciones oyendo esas cintas y la otra mitad practicando con el instrumento, ya daba gusto oírlas. Y era evidente que estaban embarazadas. La barriga les fue creciendo y la música más todavía. Había quienes se acercaban al valle para oírlas, sin miedo a que las seis abuelas los tiraran de allí a pedradas, como de costumbre, porque las abuelas estaban en el patio común, escuchando los conciertos.
A finales de marzo tuvo cada una un hijo varón. Todos preveían una piel oscura, pero resultó que Peledrina tuvo un niño muy rubio cuya piel se tostaba fácilmente con el sol; Otero tuvo un niño pelirrojo de ojos azules que meses después ya daba miedo mirarlos; y el niño de Lobo era de cabello oscuro y tez muy blanca. A la hora de dormir los niños, cada una se ponía, con la ventana abierta, a tocar una canción que conjuntaba con las de las otras dos y sonaba la nana más tierna y apaciguadora.
Años después, Peledrina, Otero y Lobo enseñaron a sus hijos a tocar música. Cuando ya estaban tan entregados que no echaban en falta otra cosa, se despidieron de ellos, de sus padres y de sus abuelos, que todavía vivían, y se fueron a conocer el mundo. Una vez al año, por San Juan, volvían en un coche negro y elegante a pasar dos semanas con los hijos. Al despedirse, algo les cuchicheaban al oído que hacía que a estos, que vivían allí tranquilos y felices, se les fuera encendiendo un fuego en la mirada.
14 comentarios:
Que es muy largo. Que si lo puede resumir.
Sirwood.
Por Dios, Sirwood, claro que sí. La versión resumida podría ser esta: "Seis viejas de no se sabe dónde se vienen a vivir, con casa gratis, a una población rural del norte de España. Las seis llevan pañoletas de colores en el pelo y apedrean a quien se atreva a penetrar en su territorio".
Y esa es, en realidad, la historia (el resto es relleno), que tiene su significado, como las pelis en los tiempos de los cineclubs: mira a ver a quién metes en tu casa, que luego, a lo peor, no lo puedes echar. Casi, subliminalmente, es un alegato contra la natalidad irresponsable.
Me alegro de volver a ver comentarios suyos, siempre tan productivos (esta mañana ya vi uno donde Portorosa).
Precioso. Con un halo de realismo mágico.
Beatriz
Me ha gustado mucho. Igual que a Beatriz, me ha parecido con tintes de realismo mágico. Y me encanta Gabriel García Márquez, así que calcula...
pero escribir poesía es como pasarte el tiempo talando un abedul con una cuchilla de afeitar
La imagen es muy ingeniosa pero para mí, que fui poeta una vez, escribir poesía no tiene absolutamente nada que ver con esa idea. Ni talar un abedul con una cuchilla de afeitar ni vaciar el mar con una cucharilla ni nada parecido a propósitos e instrumentos, la poesía no es eso.
Ah, y un poema, si es bueno, no se puede resumir...
Tiene coña, el Maese Sirwood...
A mí me encanta que los ojos muerdan; que al oir voces o pasos algo se les encienda en la mirada.
Me gustó tu relato. Tiene profundidad y a la vez sencillez. De ninguna manera resumible.
Me hiciste recordar los veranos en la Casona de mi abuela, y cuando llegaban para las verbenas los chicos de la capital con sus guitarras y sus bártulos para robarles los corazones a las niñas del pueblo.
Más de una quedó preñada, vaya que sí, pero no eran tan libres como las tres gitanillas de tu cuento.
Besos, Nán.
El músico que describes es levemente siniestro, y además de dejar embarazadas a las 3 niñas, también les dejó el gusto por la música. Conozco, al menos, a un músico como el que describes, y es real casi en todos sus aspectos. Me ha gustado el relato, Nán.
Saludos
BEATRIZ y DRA ANCHOA, os respondo a las dos juntas, porque las dos habláis de realismo mágico:
¡Qué más quisiera yo!, pero gracias
Y besos
JESÚS, disiento. Eres poeta. Todo tu blog y la perspectiva de lo que escribes está basado en una visión poética de la vida. Otra cosa es que, de momento, no escribas lo que formalmente se entiende por "poemas".
Evidentemente, la imagen de escribir poesía es muy personal. Un día, paseando, hilo cuatro versos, entro en un bar y los anoto, durante semanas (o meses) vuelvo a ellos, que pasan a ser 30, o 40, después 15 y, al final de mucho tiempo, a lo mejor vuelven a ser 4 versos, totalmente fieles al sentido original, pero en el que posiblemente no coincide ni una sola palabra. De ahí que, en mi caso, la imagen de la tarea imposible de talar un abedul con un cuchilla, me parece real.
Y desde luego, no se puede resumir por que no hay nada que resumir.
Un abrazo. Espero que estés algo mejor.
El Maese, MICROALGO, es un "cráneo previlegiao", le mando de ocultillas su blog.
¿No están durando años los típicos 4 meses en los que no se quiere ir a ver a nadie?
Un abrazo
Eso, querida NIKÉ, algunos humanos lo han recibido de los dioses.
Besos
Lo del "resumen", PATITO, es una bromo de Sirwood. Seguro que se levantó de una siesta, dijo qué largo, luego lo leo, y escribió eso. Y después, lo leyó.
Me haces feliz al hablar de la "sencillez", porque es uno de mis objetivos principales, cuando la historia lo permite.
Más besos
"para robarles los corazones a las niñas del pueblo". Cómo me gusta esa frase, ZARZAMORA. Gracias por decirme que mi texto te lleva a "evocar".
Un gran abrazo.
Es estupendo lo que dices, JOSÉ LUIS. Escribo un relato del género "fantástico", otros lo leen como tal... pero tú conoces a un músico real que coincide con el "mío".Me pregunto si a veces creemos que "pensamos" las historias cuando en realidad "recordamos sueños de otros".
Un abrazo
Y besos
JESÚS, disiento. Eres poeta. Todo tu blog y la perspectiva de lo que escribes está basado en una visión poética de la vida. Otra cosa es que, de momento, no escribas lo que formalmente se entiende por "poemas".
Evidentemente, la imagen de escribir poesía es muy personal. Un día, paseando, hilo cuatro versos, entro en un bar y los anoto, durante semanas (o meses) vuelvo a ellos, que pasan a ser 30, o 40, después 15 y, al final de mucho tiempo, a lo mejor vuelven a ser 4 versos, totalmente fieles al sentido original, pero en el que posiblemente no coincide ni una sola palabra. De ahí que, en mi caso, la imagen de la tarea imposible de talar un abedul con un cuchilla, me parece real.
Y desde luego, no se puede resumir por que no hay nada que resumir.
Un abrazo. Espero que estés algo mejor.
El Maese, MICROALGO, es un "cráneo previlegiao", le mando de ocultillas su blog.
¿No están durando años los típicos 4 meses en los que no se quiere ir a ver a nadie?
Un abrazo
¿Un alegato contra la natalidad irresponsable?
Pues si no lo dices no lo entiendo así, me había quedado, de hecho, un poco misterioso. O fantástico, como he oído por allí.
Sobre todo por eso de que tienen tres hijos diferentes pero al mismo tiempo y ¿del mismo hombre?
Lo de quedarse preñada en aquellos tiempos en los que faltaba información ocurría en las mejores familias. En la mía ocurrió y en este caso lo peor no fue quedarse embarazada sino tener que contraer matrimonio con el pedazo de sinvergÜenza en cuestión al que luego, además, le tienes que pagar los vicios (porque no curra) y soportar por tu hijo y el "qué dirán".
Pero en fin, esa es otra historia y no sé si me toca a mi contarla.
Besos.
Ah, SUE, eso era la respuesta en broma a la broma de Sirwood, el mayor "enredador" que anda por la red.
Ahora lo vemos de otra forma: como País hemos cambiado mucho: y ese horror que cuentas ahora son excepciones, cuando en otro tiempo era la regla. Una regla despiadada que sellaba para siempre la infelicidad de mujer-madre-a-destiempo.
Creo que sí. Que te toca contarla a ti. Buscar el enfoque. Estas cosas abstractas deben conocerse en lo concreto.
Un fuerte abrazo.
No me preguntes la razón, Nán, pero me has hecho recordar a las brujas de Eastwick. Un relato mágico y musical. Muy lindo, muy de soñadores como yo.
Un besito.
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