domingo, 27 de junio de 2010

Qué hastío de estío: Mis lecturas de Elizabeth Costello

"—¿Y tú quieres curar a la humanidad de eso?
—John, no sé lo que quiero hacer. Lo único que no quiero hacer es quedarme callada."
Elizabeth Costello
J.M Coetze
Traducción de Javier Calvo



He puesto esa foto porque comparto genes con el señor de la foto. Éticamente, le tengo que agradecer que quedara hecho polvo después de la matanza y, aunque vivió en África grandes períodos de su vida, no volviera a matar a un animal. Estéticamente, me tranquiliza que no se hubiera plantado allí con un Salakoff. También he puesto la foto porque tiene mucha relación con el libro.

He leído todo lo que he podido del maestro J.M. Coetze y, en su momento, leí Elizabeth Costello. No era el momento apropiado. Aunque no me considero muy inteligente, hay momentos en los que la mente se me fractaliza, dispara ideas parecidas e inconexas y me vuelvo tonto de remate. Me aburrí leyéndolo, no conectaba unos capítulos con otros y perdí el tiempo. Intuía que era su obra maestra, la que todo gran escritor deja para ser analizada desde todos los puntos, pero aún así no la entendí.

La he vuelto a leer hace muy poco (la terminé hoy). Es espléndida, la obra maestra que esperaba... pero seguía sin entender el motivo. La anciana Elizabeth, escritora de éxito en otros tiempos, da una serie de conferencias, más vieja cada vez, en las que en lugar de hablar tenuemente de su obra, habla de su pensamiento, racional y bien estructurado. Cosecha una frialdad tras otra. Este tema ya lo trató en Desgracia, una novela cuyo título es un muy grave error de traducción, porque “disgrace” significa “vergüenza”, “deshonra”. Me refiero al tema de los ultraprogres (ultrafeministas, ultragays, untrasocialdemócratas, ultranacionalistas periféricos disfrazados de progres en otros tiempos...) que hunden a quien no tiene un pensamiento políticamente correcto. Ya no hace falta que te critique la derechona eclesiástica. En cualquier momento puedes ser antisemita, homófobo, racista... aunque por supuesto no lo seas: basta con decir algo que no se ajuste al cliché del establishment cultural. Nadie como Coetze ha buceado en esto.

Habla, y mucho, de la banalidad del mal. Es uno de los centros del libro y cuando lo lees ya estás convencido. El amable vecino que nos invita a un te con pastas, si el miedo al diferente le acogotara, podría mirar para otra parte cuando masacraran a los diferentes.

La vejez. Antes de seguir, quiero dejar constancia que vivo estos años como los mejores de mi vida; aunque, consciente de que todo pasa tan rápido, es inevitable sentir cierto desasosiego al saber que la siguiente etapa será ya la del inicio de las incapacitaciones. Elizabeth habla de la vejez de una manera aterradora. En un momento de la novela, se da cuenta de que sus ideas, absolutamente racionales, ya no las considera tan firmes y seguras; me estremecí. Cuando tenía 20 años pensaba que ser viejo era tener canas o quedarte calvo, y tener arrugas; pero que por dentro sentirías la misma fuerza y el mismo calor. Ahora sé que ese calor apagado se irá convirtiendo en frío, pero, otro error, confiaba en que la claridad de mis ideas sería una fuerza permanente a la que sujetarme. Después de leer el libro dudo... y temo.

Habla de la escritura, del significado de esta para el escritor. Nadie que escriba debe ignorar esta parte: le ayudará a ocupar el necesario espacio de humildad.

Pero a pesar de eso no encontraba el intríngulis: lo que la hace obra maestra, en el sentido que sabemos que lo es El Quijote, Ulysses, etc., gracias a que nos lo han explicado. Hoy he leído los dos últimos capítulos y ya lo sé. Pero necesito leerlo una tercera vez, interpretándolo todo por lo leído hoy. Me concedo unos meses para hacerlo: sería muy duro revivir tan pronto ese proceso de soledad creciente.

No se debería leer cumplidos los 60 años. En mi primera lectura no los había cumplido, pero la malogré; y ahora tengo que pagar las consecuencias. No me importará pagar por ello cuantas veces haga falta, con relecturas periódicas hasta que me diga que ya lo entiendo todo.

De ninguna novela de Coetze se sale indemne. Es su grandeza.

10 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

Hola, Nán, leí Desgracia, que me dejó impactado, en estado de shock admirativo, y luego Esperando a los bárbaros y Hombre lento, que me gustaron mucho aunque no me impresionaron tanto como Desgracia. Coetzee me parece un escritor magnífico, y después de leer lo que has escrito pienso salir corriendo a obtener Elizabeth Costello (aunque tenga que releerla a lo largo de los años: éste es el mejor regalo que puede hacernos un libro).

NáN dijo...

Hubo una época en la que mis escritores favoritos empezaron a escribir novelas de viejos. Coetze, Roth y Auster.

Era un palo. Aunque por otra parte me había a costumbrado a leer todos los relatos de Kjell Askildsen, llenos de viejos nórdicos y solos.

Pero esta, amigo Jesús, es otra cosa. Obra Maestra. Y cuando ya estás sepultado por la inteligencia, la valentía y la duda... llega un final que te llena de éxtasis. No lo cuento para no estropearlo.

Ya ves, hasta se ha quedado una sillita libre de las 3 que había acado.

Un abrazote

Isabel dijo...

He leído rápido, tengo que apagar, pero me quedo con la frase del final: "no se sale indemne", pero es que ni siquiera de su libro "Juventud", donde relata la suya.

NáN dijo...

¡Bieeen! Ya henos ocupado las tres sillitas. Creo que es así, ISABEL, porque no solo es un gran escritor (nunca piensas "este párrafo sobra"), sino también porque tuvo que ver demasiadas cosas en Suráfrica y fue uno de los primeros en captar que esa facilonería del establisment cultural era (es) una gran trampa.

Todo eso le llevó a tener un pensamiento claro, duro, sobre la vida.

Sue dijo...

Cuantísimo sabes de libros, qué gusto leerte. Qué envidia. Qué todo.
Voy a leer algo de Elizabeth Costello, sin duda.
¿Cuál me recomiendas para empezar?

NáN dijo...

¡Qué va, Sue! Lo que pasa es que hay cosas que me apasionan (conservo intacta esa capacidad) y es fácil hablar de lo emocionante.

No lo expliqué muy bien, Elisabeth Costello es el título del libro, escrito por Coetze. Aunque ella misma es una novelista (ficticia) y hasta se habla de su libro más famoso. Atención, que no suele gustar a la primera... lo que en un escritor excepcional es bueno. Significa que ha conseguido salirse del camino que se espera de él.

Me alegra que te hayas unido a la tertulia. ¡He tenido que sacar otra silla!

Sue dijo...

Jolin, qué ignorante soy.
Pero Coetze si me sonaba (lo juro).

:)

NáN dijo...

:-)
Con una promesa me bastaba para lo segundo.

Lo primero, ni jurándolo ante Babelia.

VERONICA LEONETTI dijo...

Pues ve sacando otra sillita para mi, no? :)
A mi particularmente, no me gusta ningún libro que me deje indiferente. O por lo menos no lo vuelvo a leer.

NáN dijo...

Ya había una sillita con tu nombre, VERÓNICA. Desafortunadamente, demasiados libros los terminas y te das cuenta de que solo has pasado el rato. O sea, que has perdido el tiempo; que es una de las cosas que más rabia da perder.