A punto
La mosca ha despegado de la cortina, beige translúcida durante el día, y ha volado erráticamente por la habitación, posándose en el barrote inferior de la cama. No sé cómo ha entrado aquí, en un ambiente ligeramente fresco por el aire acondicionado y supuestamente estanco, pero está y es una distracción. La miro, veo todo lo que hace y no pienso en otras cosas. Es interesante seguir la trayectoria de una vida, porque tengo entendido que viven muy poco. Contemplo su inquietud, cómo pasa de un lugar a otro, cambiando inexplicablemente la dirección durante el vuelo. De un lugar inútil a otro igual de inútil. Como donde está ahora, sobre el barrote pintado de un verde feo de la parte inferior de la cama. ¿Cómo lo verá, como un prado donde puede encontrar comida? Quizá no se da cuenta de que es una pintura química que tapa óxido y mierda de muchos años. Mi hijo entra en la habitación, la ve sobre el verde y la ahuyenta. Le llamo, acerca la oreja a mi boca y le hablo.
—Déjala tranquila, me distrae.
—Una mosca que se te cague en el vendaje no parece muy sensato.
Le sonrío.
Me sonríe y se sienta en el sillón.
Saca una revista, lee y subraya.
Lo miro y me da una sensación de pena. Es absurdo, porque dentro de horas o de muy pocos días no existiré y no habrá sensaciones ni sentimientos. La pena anticipada de lo que no será es descabellada. Lo mismo con otras personas a las que quiero, con los paseos por la calle, el silencio en mi sillón, la lectura. A ellos les pasa lo mismo. Es curioso, quizá sea por la morfina, pero el oído se me ha agudizado y escucho lo que susurran en el pasillo. Sienten pena. Absurdamente, porque creer que todos los recuerdos que tienen, que esa identidad mía que cada uno de ellos se ha fabricado, guardan relación con este cuerpo que agoniza, en lugar de ser una interiorización de escenas pasadas para siempre, carece de fundamento. En breve, se enfrentarán a los recuerdos y entonces la pena, apartada ya de este cuerpo en la cama de una habitación del hospital, tendrá sentido. Ellos se llevan la peor parte.
Pero no me gusta esta complicación; que después de tantos años, toda emoción siga siendo compleja y contradictoria, que siga sin saber cómo manejarla. Poco he aprendido. Voy a desaparecer y no debería importarme ni mi pena ni la de ellos. Seguimos siendo mamíferos unidos unos a otros irrazonablemente. ¡Fuera estos pensamientos! Busco la mosca, pero no está o no puedo encontrarla. En todo caso, aquí, en el silencio de la noche, interrumpido pocas veces por algún timbre o quejido, por una carrera breve hasta una habitación, estoy bien.
Estoy bien y tranquilo. No sé si las moscas duermen. Una vida tan larga y no sé si las moscas duermen. Eliges y descartas, eso es lo que haces a lo largo del tiempo, que ahora me parece corto. Descarté la vida de las moscas.
El ajetreo que se produce desde que vienen a por ti, en mi caso por la cabeza abierta, es insufrible. Creo que no sería necesario tanto alboroto alrededor, que deberían ser rápidos y eficaces, pero al mismo tiempo suaves. El que cae en sus manos ya tiene suficiente angustia y la única sensación positiva que recibe de ahí es saber que parecen interesados en cuidarte. Desde la ambulancia, pasando por el box, el principio del quirófano y la mayor parte de la UCI, demasiados estímulos renuevan cada instante el malestar. Al principio de la UCI no, porque te encuentras en un estado de belleza interior, hasta que la anestesia desaparece, la sonda del estómago por la que sale un líquido espeso y marronáceo se atasca y sientes vómitos, o la del pis la empiezas a notar y pides más calmantes; pero no te los dan.
Cuando me subieron a una habitación para dejarme morir en lugar de enviarme a casa, menos por cortesía y más por los aparatos necesarios para mantenerme con vida, descansé. Aunque el día fuera ruidoso, no lo eran tanto como en la UCI, y la noche resultaba bastante tranquila; prácticamente solo había monjas. Pensaba en el pasado, que conducía ahora a la nada. Todo se me presentaba desprovisto de la cualidad por la que me había entusiasmado, hecho y sentido solo por el placer que daba hacerlo y sentirlo. Estaba así cuando entró el cura del hospital a venderme un futuro. Se nos debe notar en la cara, el pensamiento de que no existe un sentido, y es cuado vienen a carroñear. Cerré una mano, vuelta hacia mí, y levanté un dedo. Mi hijo se abalanzó sobre él y lo sacó a empujones. Casi siempre está conmigo, señal de que no va a ser algo largo y no necesita crear una estructura de acompañamiento. Hace unos días, con ochenta años cumplidos hace mucho, seguía entusiasmándome por muchas cosas de la vida. Ahora pienso en la mosca y no creo que ningún episodio haya tenido mayor ni menor interés. Todo es cuestión de dónde pones la mirada.
20 comentarios:
Entonces, querido Nano,pondré la mirada en la mosca.Justo anoche leía en le "Escritura" de M.Duras la importanci que tuvo para ella presenciar la muerte de una mosca.
Un beso fuerte, desde la vejez sentida.
Las moscas siempre son la misma, como los episodios de transición en una vida. Si hablas de ellos se convierten en especiales.
Sigue concentrado en esa mosca. Es un buen síntoma. Baja la temperatura de los termómetros, casi no respires cuando te tomen la tensión, engaña a las máquinas.
Los médicos no tienen imaginación y, por ello, solo confían en las cifras. Di que te encuentras mucho mejor aunque te duela decirlo.
Cuando la mosca se pose en la ventana huye a través de ella. Conseguirás volver a casa.
Todo es cuestión de dónde pones la mirada, y tú, como siempre, la pones muy bien. ;-)
Me encantó, sobre todo, cuando dices esto de que "En breve, se enfrentarán a los recuerdos y entonces la pena, apartada ya de este cuerpo en la cama de una habitación del hospital, tendrá sentido". Tienes el don de la exactitud, ¿lo sabías?
Tener que relacionarse con unos recuerdos abocados al desgaste y la distorsión, con la ausencia de ese cuerpo, ésa es la verdadera pena...
Besos, abrazos y más besos
PS: A mí la mosca me ha recordado un relato magnífico de Horacio Quiroga, capaz de describir ese tránsito como nadie.
Un relato brillante, nan. Le sobrevuela una especie de manto de serenidad que apaga incluso esos ruidos molestos de los hospitales y aísla. En realidad, en esa habitación no hay ni un hijo ni una mosca, sino un hombre en trance de hacer cuentas sobre cierta vaciedad en la vida, un hombre que, en mi opinión, se ha despedido ya. Te felicito, es un texto realmente bello y bien escrito. Un abrazo.
Me parece perfecto y no es fácil meterse en la piel del señor de 80 y, a la vez, de lo que sentirá la familia con la precisión con que lo has hecho.
Y para colmo la mosca, la metáfora, me parece a mí, de la levedad de la vida.
Te confieso que te he leído porque eras tú. El piropo más unánime que me dijeron cuando era chica es que me distraía con el vuelo de una mosca y, comprenderás, que si es verdad lo que dicen que volvemos a la infancia...
Enhorabuena maestro.
Me ha gustado mucho, NáN.
Aunque me ha parecido triste, muy triste.
Un abrazo.
También me ha parecido muy triste,
demasiado.
Esa introspección de ese hombre
al borde del fin, sólo pensando
en lo mal que se lo pasarán los
demás, que ellos llevarán la peor
parte en esto de su muerte, que
a él, ya no le importa, sólo la
espera con su mirada absorta en
esa mosca...
Maravilloso relato, mi querido
Nano. Eres genial.
Te mando un beso
BB
Aplaudo; no, mejor me contengo, para permitir escuchar el siseo de la mosca, de la vida que aún contiene esa mirada y ese latido que alimentan la lucidez.
Una sonrisa, por decir algo
Casualmente, no hace ni un mes que he tenido que estar al lado de alguien en situación terminal hasta su partida definitiva. En los pocos momentos de lucidez su mirada era de comprensión y paz. A mí, por eso, no me parece un relato triste.
Vivimos intentando fabricar bellos recuerdos. Pero en momentos como los que narras, lo inmediato, es la única realidad para uno, y, es uno, el que pasa a ser solo un recuerdo.
Tú lo has definido con detalles de orfebre.
Enhorabuena, amigo. Un abrazo fuerte.
Detallito de puntuación sin importancia. Creo que es más correcto “¿Cómo lo verá?: ¿Como un prado donde puede encontrar comida?...”
Este texto me recuerda algo vivido, Nano.
Es excelente, y no sabría añadirle ninguna palabra más. Lo he leído varias veces, y te mando un mail...
Besos
Una vida tan larga y no sé si las moscas duermen.
Un relato así y no sé qué decir. Que me siento cerca de ti, que comparto esa mirada tuya a las cosas importantes de la vida. Que me gusta. Y nada más.
Lo he leído dos veces y no porque no lo hubiese entendido a la primera sino por mero gusto. Te escribo con sólo dos horas de profundo sueño...¿ el resto? me lo he tirado de la sala a la habitación doblandome de dolor... He vivído a nivel personal cada trozo del texto, me ha recordado algunas cosas que viví...Creo que los que alguna vez hemos sido "despojos de hospital" entendemos esto...lo de la sonda me trajo mal sabor...Eres muy bueno Nan!
Besitos.
No me es tan fácil contestar a los comentarios sobre un relato como lo es cuando pongo algo no tan cercano a mí. Pero los comentarios se acumulan, me voy 4 días de Madrid y tengo que hacerlo (con cierta inquietud, lo reconozco).
IZASKUN, querida, el sentido se lo damos nosotros y si, de momento es el vuelo de una mosca, es tan hermoso como cualquier cosa. Los 5 sentidos son un regalo que no podemos desaprovechar.
Te agradezco en nombre del protagonista, ESE, tu estrategia escapista, sólida tras el papel maché como todas las tuyas. Se lo comentaré, si hay tiempo de volverlo a ver, pero me parece que estaba a gusto y tranquilo.
GEMMA, no conozco ese relato de Quiroga, pero lo que dices del don de la exactitud me hace mucha ilusión. Lo persigo al menos. Y tanto me concentro en eso que luego se me escapan palabras repetidas, errores de principiante. Más adelante, con tiempo, las arreglaré. Te tengo como ejemplo en ese "cuidadosismo" que me falta.
ISABEL ROMANA, gracias por tu visita, siempre es un placer, y por lo que dices de bueno sobre el relato. Pero creo que incluso cuando creemos que estamos más solos, los sentidos nos están aportanto líneas de acción paralelas a las que debemos prestar atención una atnción lateral. Como le dije a Izaskun, los sentidos son un regalo.
ISABEL, es bueno que te pasara eso. Porque además, de niños, lo que hacemos tiene un nivel profundo de concentración, aunque cambiemos de objeto (y concentración) rápidamente. Es una pena que perdamos esa capacidad... pero como insinúas, a cierta edad tenemos el premio de recuperarla.
¡Gracias por la enhorabuena, pero tacha lo de "maestro"! Tengo mucho tiempo para intentar conseguir que sea cierto.
Me alegro de que te gustara, PORTORROSA, pero de verdad que no es triste. al menos para el protagonista.
BB, tenemos que prepararnos para que no sea triste, de verdad. Las muertes de los otros sí lo son y de eso ya sabemos mucho. Te agradezco lo de genial. Pero... ¿lo rebajamos a "verdadero"?
Besos a todos, de verdad que os doy las gracias y que me resulta difícil responder a tantas cosas buenas que me decís.
Aplaudir y sonreír, ILIAMEHOY. ¿Cómo no me va a gustar esa reacción con un relato mío? Sobre todo que sonrías. Encantado de tu visita y un abrazo.
Siento, MANOLOTEL, que hace tan poco hayas pasado por esa situación y que haya podido recordártela cuando menos falta hacía. Entiendo que se debió a eso que no pusieras nada en el blog.
Pero me gusta, claro, lo que dices de la precisión. (Pensaré y consultaré lo de la puntuación; aunque todas las semanas descubro que hay algo que hacía mal, no creas que doy mi brazo a torcer a la primera mención, je, jé). Un gran abrazo en tu regreso.
Recibido el mail, EVA, que tanto encaja con mi relato desde otra perspectiva. Tantas gracias a ti, Y besos.
Pues eso, BÁRBARA, lo que dice tan bien Manu Chao: "Me gusta Malasaña y me gustas tú". Por cierto, en mi comentario final del post anterior (siempre lo escribo pensando si alguien lo leerá) explico las razones de tu aprobado en el Parvulario y de que pases de curso.
Jo, ZAYI, no era un relato apropiado para estos momentos. Lo siento. Y también siento que por haber andado mal de tiempo últimamente, he leído tus relatos y quería haberlos comentado, pero no lo hice. No es una excusa de un cambio de cromos en el que no creo. Es que lo pensé varias veces. Beso y que el dolor haya pasado.
Si no recuerdo mal, el original contenía algún pequeño episodio más (la monja diciendo que hay que sufrir alegremente and so on)...
Ya me produjo desasosiego cuando lo leí, recién salido del taller. Y ahora otra vez.
Ayer acompañé a mi madre y a una amiga suya a una agencia de viajes, porque se querían apuntar a uno del IMSERSO. Había unas cuantas personas mayores allí esperando, sentadas, su turno (todos a lo mismo) cuando entró una mujer (más o menos) joven y protestó de la cantidad de gente que había para esos viajes de mayores.
- No te preocupes -le espetó mi madre, alto y claro, en su correcto castellano que más de cuarenta años en Cádiz no han podido modificar mucho-. Tampoco te queda mucho para verte aquí sentada.
A lo que la amiga de mi madre respondió que quizás no llegara, porque con ese escote lo más probable es que se muriera antes de una pulmonía. Chanza que fue coreada con risas por los demás jubilados... más le habría valido callarse a la moza.
En fin. Cuidadín con ellos. Los jubnilados no están, ni mucho menos, indefensos, por mucho que nos los traten de pintar así.
Mi buen Nano:
Es que no tengo tiempo para nada. Acabo de entrar por primera vez en tu blog, desde hace no sé cuántos días.
Mañana prometo una visita relajada y tranquila para disfrutar el texto.
¡Ah!, también te debo un correo.
Un beso grande.
Redondo, Nán. Me gustan los cambios, tiene mucha más fuerza.
Y gracias a ti, por escribir y compartir.
besote
No recuerdas mal, MICROALGO, publiqué una versión 2 ayudado por las críticas y sugerencias. E incluso luego cambié lo que había, sin avisar, por lo que lo que se ve ahora es V 2.1.
Por tu historia se ve que los jubilados de ahora no son como los de antes, cuando la edad media de los varones era de 67 años. ¡Qué chollo para la Seguridad Social! Cotizas hasta los 65 y, en promedio, dejas de cobrar pensión a los 67. Un negocio limpio.
No me debes nada, FREIA, y además has pagado antes de que conteste. En todo caso, la promesa de que te vas a cuidar bien y mucho.
Ya sabes, ETDN, que te debo gran parte de la mejora.
Besos a los tres.
Recuerdos que nunca se alejan de los pliegues de las faldas.
No me ha gustado la mosca.
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