domingo, 3 de febrero de 2008

La Historia de H (de Hembra y de Humillación)

Los que escribimos y nos leemos por aquí imagino que, por lo general, andamos ya muy lejos de que se produzcan entre nosotros los comportamientos que dieron lugar al feminismo y su lucha. A veces veo en “ese mi alrededor” conflictos que me parece tienen más relación con los normales desajustes entre personas: los veo tanto en las parejas heterosexuales como entre las formadas por dos hombres o por dos mujeres.

Suele pasar, acabamos relacionándonos en círculos en los que todos, incluso con diferencias abismales en algunas cosas, son “de los nuestros”. Si a “una de las nuestras” le hubieran hecho algo así, se habría armado... ¿o no? ¿a lo mejor ocultamos entre nosotros que, en el mundo exterior al círculo, cosas así nos siguen sucediendo?

El caso probado es que salimos un poquito, nada más que un poquito, de esos círculos, y seguimos encontrando realidades turbadoras. Llevo toda la semana afectado por la historia que me contó el lunes mi compañera de desayuno. Es una historia real, que cuento con la autorización de mi amiga, pero ocultando datos que puedan identificar a quien la vivió, y hasta cambiando alguno del escenario por el mismo motivo. Pero sé que la excepción somos, en todo caso, nosotros: esta historia no se habría producido sin el acuerdo de muchos y muchas ante quienes sucedió.

La Historia de H


Mi amiga participa en un grupo de mujeres y la semana pasada una de ellas contó que tiene treinta y muy pocos años. Divorciada con un hijo del que se hace cargo. Decía que la habían educado para hacer la vida agradable a quienes la rodeaban, pero eso no le sirvió. No hablaron de eso y siguió contando su caso.

«Hace dos años trabajaba ya como administrativa, desde hacía tiempo, en una muy importante empresa española. Mi jefe me dijo que alguien tenía que hacer una auditoría de todo lo que se hace en el Departamento (muchas decenas de personas), procesos exactos, timing, aciertos y errores, pérdidas y ganancias... todo. Que había pensado en mí por la minuciosidad de mi trabajo.
Me sentí valorada por primera vez. Durante un año, el tiempo que me habían concedido, escudriñé todos los recovecos del departamento y convertí los datos en informes y resúmenes, relacionando después unos con otros. Trabajaba 10 horas al día y fui a trabajar la mayoría de los sábados: cada vez más conforme la necesidad de relacionar avanzaba.
Cuando solo quedaba un mes, pedí ayuda para el trabajo de impresión, cómo hacer los gráficos, etc. Inmediatamente mi jefe llamó a Fulanito Fulánez, experto en autoedición. Fulanito presumía, yendo de aquí para allá y diciendo en voz alta: “Esto lo hacemos con un gráfico de tarta, no te preocupes que yo me encargo”; y cosas así.

El día de la presentación del grueso informe ante todo el Departamento y algunos jefes superiores, mi Jefe empezó el acto de explicación del informe, que iba a hacer él, diciendo: “No podría estar aquí sin el excelente trabajo que durante tanto tiempo ha hecho un excelente profesional, Fulanito Fulánez”. Me quedé insensible en mi silla. Nadie me miró ni me dijo nada ni siquiera cundo terminó el acto y recogimos los ejemplares del informe, muy bien editados y firmados por Fulanito.

Me fui a casa y estuve llorando hasta la mañana siguiente. Fui al médico y me dio una baja por depresión que duró un año. He vuelto a trabajar de administrativa. Hay cosas que no soporto, que hace que me pique la piel y tenga que ir al baño a llorar, como cuando me pide el jefe que le saque entradas para un espectáculo para su mujer y las amigas de esta; o cuando se acerca, apoya el antebrazo en mi hombro y dice “¡Qué guapas están hoy mis niñas”. La semana pasada me dio las llaves de su coche y me dijo que eso no se lo pediría a cualquiera: que lo limpiara un poco por dentro y lo llevara un sitio, me dio la tarjeta, para pasarlo por el tren de limpieza; tenía que ir a no sé que sitio y estaba obligado por el puesto a no causar mala impresión (o sea, motivo de trabajo). Cogí las llaves, no dije nada, lloré en el baño e hice lo que mandó. Pero no puedo más, ahora que hablo con vosotras creo que tengo fuerzas para ir a Recursos humanos a denunciarlo. Si no, volveré a la baja...»

Dice mi amiga que ya no contó más; que se echó a llorar mucho rato delante de todas. Las decenas de personas del Departamento sabían quién había hecho el trabajo de auditoría. Pero nadie dijo nada, porque la “otra” realidad se sobreimpone y borra las huellas.

13 comentarios:

ese dijo...

Este caso denota el clásico funcionamiento machista que se sigue dando, especialmente, en grandes empresas, pero es absolutamente habitual excluyendo también el denominador sexista.

Los trepas existen en todas y cada una de las manifestaciones, no sólo laborales sino, sociales. Y los compañeros incompetentes que no saben hacer su cometido, callan cobardemente este tipo de casos, e incluso los ocultan adrede son la mayoría.

No es un descubrimiento: vivimos en una sociedad repleta de inútiles.

Es una característica implícita en el ser humano. Si no fuera así, evolucionaríamos demasiado deprisa y estropearíamos el equilibrio natural.

Freia dijo...

Yo creo que aunque el comportamiento del jefe sea claramente machista por otras manifestaciones , el robo de su trabajo se habría producido exactamente igual si fuera un hombre. Como dice ese, yo creo que se trata de un claro caso de trepa, eso sí, con la aquiescencia y el que calla otorga, del resto del departamento.
Nán, también pienso que nos asombraríamos de lo que "realmente" se produce en nuestros círculos y que nos quedaríamos de piedra ante más de un comportamiento en la intimidad de reputados progres feministas. No es oro todo lo que reluce.

NáN dijo...

Ese y Freia, me cuesta contradeciros porque ocupáis la posición que normalmente ocupo e incluso, cuando lo hago como lo estoy haciendo ahora, sé que me sitúo en una perspectiva incómoda.

Todos somos Dinamarca (los daneses tienen libertad de quejarse de esto a Shakespeare) y algo huele a podrido ya sabéis dónde.

Pero aunque todo el tufo salga del mismo hedor, hay encastillamiento con víctimas elegidas y, cuando me lo encuentro tan de sopetón y causando tanto dolor, me turba, como dije.

Habría sido de los que en la larga historia de segregación de los USA habría intentado explicar que todo formaba parte de un sistema de explotación de los muchos por los pocos. Y no me habría equivocado; pero cualquier segregado me podría haber dicho que, además, él tenía que viajar en la parte peor del autobús.

Y esa es la cuestión de este post: que sigue habiendo quien sigue cebándose con ese tipo de víctimas elegidas. Cuando puede, claro.

No creo que ese robo del trabajo ajeno, que veo producirse constantemente (yo lo practico constantemente, en la dirección contraria, para que firmen y luego me dejen tranquilo con mi trabajo en esas ocho horas innombrales), se hubiera producido así si H hubiera sido de "Hombre". Al menos habría habido solidaridades en voz baja; algunas.

Además, la última parte de la historia, sobre todo el "qué guapas están hoy mis niñas", marca a hierro el ganado.

Todo tufo viene del hedor del que viene, pero en esta ocasión he hecho de catador, o "gourmet", de la denominación de origen, que creo existe.

Al menos muestro mi apoyo total (y con alborozo) al último párrafo de Ese, tan marca de la casa; y al penúltimo de Freia, cuando se refiere a los que "presumen" de feministas.

June Fernández dijo...

Sería injusto responsabilizar a esas mujeres de todo, exigirles que denuncien con todo lo que eso supone. Bastante carga tienen con lo traumático del abuso como para añadirle una carga más. La clave es que el resto no callemos, que toda persona discriminada sienta un mínimo respaldo, un cobijo. Y que quien sienta tentaciones de cometer cualquier abuso (laboral, acoso, malos tratos o lo que sea...) no sienta la complicidad del silencio de la sociedad.

Acabo volver de ver la película Caramel y me tiene pensativa. Ya leerás en mi blog porqué lo digo. Por un lado, creo que el espejismo de la igualdad es muy peligroso porque nos adormila. Siglos de machismo explícito han dejado un poso incluso en los círculos más progresistas, como dice Freia. Y precisamente por más sutiles cuesta más combatirlos. Y también comparto contigo la necesidad de salir de nuestra burbuja y ver que las discriminaciones explícitas también persisten.

Flavia Company dijo...

Es cierto, Nán, olvidamos nuestro entorno y, a veces, acabamos pensando que "todos son de los nuestros".
Estremece escuchar historias como la que cuentas. Se dan a cientos y a miles, y peores aún.
Estoy de acuerdo contigo en que nada habría sido lo mismo si H hubiese sido un hombre. No hay más que recurrir a las estadísticas. En este país, por idéntido trabajo en idéntico cargo, las mujeres cobran hasta un 30% menos. Están menos valoradas. Y más puteadas, porque además... "qué guapas están hoy mis niñas". En esa frase, en efecto, está la clave del asunto. Es terrible. Y muy deprimente. Por eso hay que seguir, hay que seguir, sin tregua, y no regodearse en los poquísimos logros sino apoyarse en los muchísimos fracasos para que al fin sean éxitos.
La igualdad de derechos es una quimera. Minorías o grupos sin poder lo demuestran a diario.

carmen moreno dijo...

Verás, Primo, yo siempre ando metida en proyectos feministas, ahora uno en Radio Vallekas.
Tú sabes que doy talleres en pueblos para mujeres sin estudios, pues en uno de esos talleres, una de mis alumnas, de misa diaria, negaba los malos tratos. UNA MUJER DECÍA QUE ESO ERAN MENTIRAS DE MUJERES.
Yo te podría contar muchos casos, todos los que quieras, porque los que trabajamos con eso, conocemos demasiados. El último una chica que fue maltratada, humillada y amenazada de muerte por su novio desde los 16 hasta los 21. ¿Quién crees que tuvo que escapar del pueblo?
El mundo sigue siendo muy, muy machista. A mí no me avergüenza admitir que soy feminista convencida, es decir, reclamo una igualdad real entre hombres y mujeres.
Toma ya, qué sermón acabo de soltar. Lo siento.

NáN dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
NáN dijo...

(eliminé el comentario anterior para hacer unos cambios pequeños: básicamente era como éste).

Siempre me he acusado a mí mismo, Prima, de no participar lo suficiente del mundo; de haber tejido a mi alrededor una red que me protege, pero también me asfixia. Por eso historias como la de H me pillan desprevenido: indicadoras de que son algo frecuente. Veo que a ti no te pasa lo mismo. Y veo ahí una riquísima sustancia que se filtra en tus relatos y les da un valor superior: la realidad permeando lo desbocado.

En lo de "apoyarme en mis muchísimos fracasos", Flavia, sí que soy un experto: "cuando todo está perdido, no hay nada que perder". Me encantó tu frase. Y el sentido general de tu comentario: hay que seguir sin tregua, en todos los frentes que podamos; trazando las líneas que unen unos con otros.

Yo no puedo ser feminista, porque soy "sistémico", de consenso (el único grupo con el que colaboro, Gobalizate.org, aunque se manifieste sobre todo en lo ecológico es sistémico). El poder se subdivide para poder, nos divide. Y me preocupa que los que se preocupan de las jodiendas parciales pierdan de vista la fuente general. Pero me parece requetebién que existan grupos de todo tipo haciendo frente a todo tipo de diferenciaciones contra nosotros. Solamente que, para vencer, tendríamos que tener en cuenta lo relacionados que estamos: estar dispuestos a secundar lo que hacen los otros.

En realidad en todo lo dicho creo que coincido contigo, June. Añades además en la entrada de tu blog sobre la película "Caramel", mucho más: una interiorización que es como una costra que no es posible quitarse. Desde luego yo me refería a un machismo más zafio: el de los derechos y deberes. Ese es el que hay que combatir prioritariamente. Por cierto, recomiendo a todos una lectura de la entrada de June: está a un clic de su enlace en la columna de blogs preferidos de la derecha de la página.

Esto va para largo: it's a long and winding road.

Anónimo dijo...

¿Cuál es el blog de June?

NáN dijo...

puntos suspensivos de June

Lara dijo...

En una de las empresas para las que trabajo acaban de hacer dos despidos bastante improcedentes (no sé si en calidad legal pero seguramente sí en calidad humana, en plan: te jodes y punto de un día para otro), los dos a mujeres: una, una extranjera al parecer muy arriesgada; otra, una tía fantástica a la que echaré de menos. No sé si tiene algo que ver, pero al parecer, la pasada semana hubo una gran reunión de todos los "empresarinos", se reunieron en un gran hotel durante varios días. Hay un nuevo superjefazo que controlará los más y los menos de todos los corazones allí renunidos. Dicen, porque yo evidentemente no lo vi, ya que no soy ni siquiera un número en la empresa, que las jóvenes promesas carne de ascenso, chicas, revoloteaban alrededor de él con las manos temblorosas de sudor y copas de balón (mucho hielo y limón exprimido). Por encima de todo, abundan las sonrisas.

carmen moreno dijo...

Niña Lara, ¿ves? Esa es una expresión puramente machista (si te he entendido bien). Claro, LAS MUJERES revoloteaban alrededor de él, esperando que se las pasara por los ascensos.
Eso es lo que nos pierde. El día que alguien diga: "el Sr. X, estaba dispuesto a comerle tó a cambio del sillón de vicepresidente", las cosas habrán cambiado.

NáN dijo...

¡Me has quitado la palabra de la boca!

Es el Sistema. Sin duda estarán dispuestos; como lo están ahora a aceptar sus chistes, ideas políticas, estupideces alcohólicas...

Será bueno que el Sistema de la Desigualdad deje de basarse, al menos, en la diferenciación hombre-mujer.

Aquí entraríamos en un debate sobre poder y sexo (la erótica del poder), alejándonos de la "imposición zafia" del machismo. Sería otro debate, pero por mí, si os interesa, no hay problema. La entrega al poder_oso/poder_osa es solo una manifestación más de nuestro miedo e inseguridad. Para no quedar tan mal ante nosotros mismos, revestimos de "belleza o interés" a quien nos puede.