domingo, 9 de diciembre de 2007

Sebald y su librito sobre Walser


Lila Berger, creo que ya lo he dicho en otro sitio, me ha ido traspasando algunas de sus filias literarias centroeuropeas. En el caso de Robert Walser, que ya había leído “asistemáticamente”, como dice Sebald que es casi la única forma de leerlo, me “redescubrió” el interés. Siempre tardo en dejarme convencer, aunque luego, quedo encantado y pillado, haciendo míos sus gustos. Con Sebald, quizá por el libro sobre campos de concentración, he tardado todavía más, pero este librito en el que escribe sobre Walser era un puente que resultaba difícil no cruzar. Está muy bien editado en un librillo de bolsillo por Siruela y magníficamente traducido por Miguel Sáenz, uno de los grandes traductores del alemán. Vila Matas creo que bebió en exceso de este librito para una de sus novelas.

He preferido dejar que sea lea la voz de Sebald, no mutilar mucho las citas y poner menos: me limitaré a algunos de los largos subrayados que he hecho, porque creo que explican muy bien al autor de los “microgramas” felizmente descubiertos y “descifrados” parcialmente. Tenemos, por suerte, Walser para rato. Pudo ser uno más de los grandes escritores desconocidos, pero la suerte que no tuvo en su vida propia la tuvo en algunos que lo conocieron y dieron a conocer su obra. Y con respecto a Sebald, esto me ha bastado para ir atreviéndome con él.

Mi compañeros de taller reconocerán aquí las citas de ese “Homenaje a W” que hace un personaje tan cercano a mí que ya ha aparecido en dos de los tres relatos que llevamos. La entrada será larga: espero que encontréis tiempo para leerla, por Sebald y por Walser, no por mí, a la segunda, tercera o cuarta vez. Los epígrafes en negrita son cosas mías que uso para ordenarme lo que leo; siento no poner más pero la longitud se escapa ya de lo razonable. Los textos entre comillas angulares están extraídos directamente del texto de Sebald.


Sobre la no biografía
«Las huellas que Robert Walser dejó en su vida fueron tan leves que casi se han disipado. Al menos desde su regreso a Suiza en la primavera de 1913, y en realidad, claramente, desde el principio, solo estuvo unido al mundo de la forma más fugaz. En ninguna parte pudo establecerse, nunca tuvo la más mínima posesión. No tuvo casa jamás, ni una vivienda duradera, ni un solo mueble ... De lo que necesita un escritor para ejercer su oficio no tenía casi nada que pudiera llamar propio. Libros no poseía, según creo; ni siquiera los que él mismo había escrito. Los que leía eran casi siempre prestados ... Y al igual que toda su vida vivió sin posesiones materiales, también permaneció apartado de los hombres.»

«Que Robert Walser no pertenezca hoy a los escritores olvidados se lo debemos, en primer lugar, al hecho de que Carl Selig lo acogiera en su casa. Sin los relatos de Selig sobre los paseos de Walser, sin sus preparativos biográficos, sin las antologías por él publicadas y la seguridad, gracias a sus esfuerzos, de un legado compuesto de millones de letras ilegibles, la rehabilitación de Walser no se habría producido.»

Su escritura
«En opinión de Elías Canetti, la singularidad e Walser consistía en que, al escribir, negaba siempre su miedo en lo más íntimo, excluía constantemente una parte de sí mismo. En esa ausencia se basaba lo peculiarmente inquietante que había en él ... Es tan poco lo que nos cuenta ... que se podría hablar de una pobreza crónica de experiencias ... Lo único seguro es que escribe continuamente con un esfuerzo cada vez mayor; también cuando disminuye la demanda de sus textos sigue escribiendo día tras día, hasta el límite del dolor y no pocas veces, creo, un trecho más allá. Cuando no puede más, lo vemos en Waldau, donde trabaja un poco en jardinería o juega contra sí mismo una partida de billar y, finalmente, en Herisau, limpiando legumbres en la cocina, clasificando basura en vuelta en papel de aluminio o leyendo ... rígidamente de pie en un rincón. Las escenas que nos han llegado de la vida de Walser son tan lejanas que no puede hablarse de una historia o de una biografía; más bien, me parece, de una leyenda.»


No interpretación
«Cómo se puede comprender a un autor que estaba tan acosado por las sombras y que, con independencia de ello, esparció por todas partes la luz más amable, un autor que escribía humoradas de pura desesperación, que casi siempre escribió lo mismo y nunca se repitió, para quien sus propios pensamientos, aguzados en minucias, eran incomprensibles, que estaba por completo con los pies en el suelo y se perdía incondicionalmente en el aire, cuya prosa tenía la cualidad de disolverse al ser leída,»


Anonimato y fugacidad
«En Walser, una cosa sustituye siempre con rapidez a otra. Sus escenas solo duran un parpadeo, y también a las figuras humanas de sus obras se les concede la vida más breve. Cientos de ellas pueblan los textos solo de ... En el momento de su aparición son de una maravillosa presencia, pero cuando se las quiere mirar han desaparecido.»

«Sin duda a algo parecido se refería Nabokov al decir de los seres que circulan por los libros de Nikolái Gógol que se trata de un linaje de locos pacíficos que por nada del mundo dejan de dar vueltas a sus ruedecitas. La comparación con Gógol no es en modo alguno rebuscada. Los dos perdieron poco a poco la capacidad de dirigir su atención al centro de los acontecimientos de la novela y se dejaron captar, en cambio, de una forma casi compulsiva, por las criaturas extrañamente irreales que aparecían en la periferia de su campo de visión, sobre cuya vida anterior y ulterior nunca sabremos lo más mínimo.»

12 comentarios:

Recaredo Veredas dijo...

Buen post. Compraré el libro. Sebald fue un autor extraño, un híbrido entre la distancia británica y la abstracción alemana. Saludos.

Gemma dijo...

¿A que no sabes qué libro he empezado a leer hoy mismo? ;-)
Der Räuber, de RW.

(En alemán, claro. A ver si puedo...)

NáN dijo...

Te agradezco de verdad el comentario y la descripción que haces de Sebald, Recaredo. He pasado por tu sitio y al menos uno de tus libros, el teórico, me haré con él y lo leeré. Posiblemente tu página y ese libro interesen a muchos de los que pasan por aquí.

Mega, hace tres días pedí ese libro, en castallano, claro. Pero es normal porque era uno de los esenciales de Walser, no lo había leído y me acababa de leer el libro de Sebal sobre él, que dedica a ese libro prácticamente todo el final. Pero que tú lo empezaras el día que yo ponía este post entra ya en la "cadena de casualidades". Eso me encanta. ¡Qué envidia que lo puedas leer en alemán.

Anónimo dijo...

¡Qué satisfacción, Nán! Ver que no queda ningún resquicio de tu desconfianza hacia Sebald. Es una buena ocasión para reflexionar con qué frecuencia confundimos los gustos con los prejuicios. El recelo que tenías hacia Sebald al asociarlo simplemente con Auschwitz es algo parecido a lo que me ha pasado hace unos días. Por falta de interés y saturación de lugares comunes relacionados con nazis, guerra y campos de concentración, tenía totalmente descartado leer Las benévolas, de Jonathan Liftell. El asombro al saber que la traducción era de Mª Teresa Gallego me hizo comprarlo y está resultando un placer, además de una caja de sorpresas. Pero eso es ya tema para otro comentario...

Anónimo dijo...

Hola, Nán!!

Ya estoy de vuelta (y dando una vuelta por la blogsfera o por el blogscírculo, según lo vea Usted en dos o más dimensiones).

Me resultaba desconocido este autor... no está mal ir a las fuentes. De Vila Matas sólo he leído "Suicidios Ejemplares". ¿He tenido la casualidad de? Porque la temática parece muy similar: "Intenten, si pueden, detener a un hombre que viaja con su suicidio en el ojal".

Insisto: queda tanto por leer...

NáN dijo...

Lila, te cedo una entrada para que nos hables de Las benévolas.

Microalgo, ¡bienvenido! Ya nos contarás tus vacaciones. El libro al que me refería es Doctor Pasavento.

Anónimo dijo...

Ah. Pues no lo he leído. Habrá que hacerse con él (cuando cobre, que estoy en números coloraos).

´´ dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
carmen moreno dijo...

Y que por leerte acabe siendo todo lo contrario de Sebald. Lo digo porque, claro, lo has contado tan re-bien que no queda más remedio que leerlo. No hacemos carrera de nosotros mismos, por dios...

Peter dijo...

No me llamaba este autor... creo que voy a tener que erplantearme mis lecturas.. por fin tengo muchas cosas que leer.

garcias como siempre por tus conejos, nan

NáN dijo...

Vamos por preescolar, Prima, aunque ya no cabemos en los banquitos, de lo que hemos crecido. No hacemos carrera, no. Ni falta que nos hace.

Pero a todos os advierto que el desestructurado y aparentemente incomprensible Walser es un venenillo que se mete dentro y pide más. Sacar, como dice Peter (o se equivoca al escribir, que no estoy muy seguro), cada vez más conejos de este ridículo y apasionante artilugio al que llamamos Literatura.

Anónimo dijo...

NáN, llegó a mis manos El Paseo. Ya te cuento.