domingo, 16 de septiembre de 2007

Postales de verano IX

La vida es agridulce y el verano forma parte de la vida. Esta historia de final triste, de rabia, fue al principio de mucha esperanza. Mi vecinita estaba estudiando periodismo, no me preguntéis hace cuantos años, porque el tiempo se me encoge y se me dilata, ahora es toda una periodista, y tuvo durante mucho tiempo un novio muy guapo, como ella, nervioso, creativo. Había empezado a ser yonqui, pero se mantenía a distancia mientras estaba con ella. Con ella. En una ocasión en que la estudiante de periodismo se fue con su madre unos días a Barcelona entró en la casa de ellas, con su llave, y se llevó algunas cosas de valor que cambió por nada, en uno de esos pisos que abundan en las ciudades.
Fui testigo de que había entrado y apoyé la denuncia en comisaría. La primera y única vez que he denunciado a nadie. Luego le apoyamos ante el juez, que permitió que no fuera la cosa a más si entraba en un proyecto de rehabilitación. Volvió a quedarse fuera de la droga y recibió el apoyo y el cariño que merecía de su novia, la madre de esta, de L, de mí y de todo el entorno. Una gran fiesta que hicimos L y yo por los 25 años de estar juntos, y a la que por supuesto fue invitado, había vuelto a compartir la vida con nosotros, le impulsó a volver a pintar para regalarnos de estos dos cuadros el de abajo: ventanas que dan luz y acogen, menos las de un piso, más mensajes escritos. El que está colgado arriba se lo compré en una exposición (le compré 3 en exposiciones sucesivas): es una parodia del primero, como si aquella sensación de ser acogido se estuviera desfigurando (en realidad ya no contaba lo que hiciéramos o dejáramos de hacer).


Mi joven amiga y él se separaron, y pasó por todo tipo de periodos: trabajos normales y meses de perderse por el poblado de La Rosilla. Solo muy de vez en cuándo sabíamos de él (malas noticias, mejora, peores noticias...). Este mes de agosto, mi vecina periodista nos contó que la había llamado la madre de Manolo. Pensaba que no tener noticias era una buena noticia, porque cuando las tenía no eran felices, pero cuando fue al médico de la seguridad este le reprochó que no le hubiera avisado del fallecimiento del hijo. Había muerto de frío una noche de enero en una calle de Madrid. La Policía, que para otras cosas había acudido puntual a la casa de la madre, no tiene obligación de informar de estas cosas. Los agentes que pudieron hacerlo debieron pensar que total era un puto yonqui y que para qué iban a molestarse cuando no era reglamentario. Así es el reglamento. Por eso la madre se enteró cómo y cuándo he dicho. Le tomaron las huellas e hicieron lo que tenían que hacer: darle de baja en la Seguridad Social y en todo servicio al que tuviera derecho como vivo. Pero no avisaron y lo enterraron en un nicho con un número, como manda la normativa. Han tenido la amabilidad de proporcionarle a la madre la ubicación y el número del nicho. Todo tan reglamentario.

Antes de irse de viaje, L hizo las fotos de sus cuadros, de las que he elegido estas. Me pidió que contara la historia de Manolo y que junto a este cuadro de campos de colores en el que hay una pequeña rasgadura tras la que se ve el cielo pusiera una frase, que me dejó escrita en una hoja junto al ordenador la madrugada en que se fue. La pongo debajo del cuadro.


Se parecía a Gary Cooper. Siempre abría ventanas. Pero se le cerró la puerta.
L.





13 comentarios:

Anónimo dijo...

la última frase
un escalofrío que despega el alma de la piel
de la materia
de esto que somos
y nos damos cuenta
de lo frágil
del antes
del después
de la nada
que dejamos
y el vacío
que nos resta

Beatriz Russo dijo...

Puf, Nán, qué historia tan horrible, pero qué bello vuestro gesto de contarlo. Son tantas estas historias lapidadas en nichos anónimos.
La nota del final es hermosamente lúcida y me ha dejado sin piel por un momento. Creo que pueden vérseme las terminaciones nerviosas y me ha entrado frío.

Anónimo dijo...

En una función de teatro se decía una vez: "un hijo no debería morir antes que su padre" me parecía tan hermoso escuchar eso cada día-durante muchos días-hace ya algunos años; luego descubrí que ese autor(X) no era el que había construido esa frase pues al poco tiempo la escuche en el cine en boca de un personaje del "El señor de los anillos"(no recuerdo qué parte)entonces pensé que el autor original era Tolkien,lo hablé con el autor A y me dijo que de T. nada que él lo había sacado de un libro de proverbios orientales. De cualquier forma siempre me ha sobrecogido ese pensamiento y al leer lo de Manolo(creo recordar a Manolo aquella noche vuestra) me he puesto en la piel de la madre, en aquel consultorio,recibiendo un veneno en gotas de noticia, iniciando su muerte antes de contar al médico lo que realmente le dolía aquella mañana. L. hace ese hermoso epitafio con el dolor de ese veneno, y yo al leer esta entrada recupero aquella frase que me obsesionaba y la amplío y digo que toda madre debería escuchar que su hijo ha muerto con el tiempo suficiente para el abrazo del frío-en este caso el frío es real-, devastador. No puedo dejar de pensar en ello, al menos esta noche y voy corriendo a subirle la sábana a mi hija que duerme viva y caliente pero este privilegio no me hace sentir mejor porque veo a Manolo helado/muerto en el nicho anónimo y a su madre alimentando una esperanza de regreso.
Buenas noches Manolo, buenas noches madre de Manolo. Gracias Nán, L.
Siempr E.

saiz dijo...

Vengo a tu blog para agradecer tus comentarios y me encuentro con esta historia tan triste. Por razones profesionales he conocido vivencias similares, relacionadas con la drogadicción y sus efectos. Preguntas ineludibles: ¿Por qué se llega a la droga? ¿Es escapando de algo? ¿Es para dimitir de la realidad? Habría que preguntar a los toxicómanos, pues seguro que tienen un porqué, aunque tal vez no sean conscientes de él. En cuanto a la muerte, sólo se me ocurre pensar que nadie se va del todo, porque del universo no se puede salir. Así que todos los muertos del mundo siguen aquí, sólo que de otra forma y en distinto estado: como mineral, como lluvia, como aire, como... Así que si uno ha amado es muy probable que, antes o después, llegue a transformarse -como decía Cernuda- en las mismas cosas que amó.

Anónimo dijo...

Puñetera droga. Da vértigo pensar que una molécula que metes en tu sagre te puede acabar haciendo eso.

Qué miedo me da, por otra parte. Y nadie estamos libres de ello.

Gracias por recontar esta historia que ya te oí de viva voz, Nán. Por el trabajo de mi padre he oído, desde niño, historias similares. Y de lo que deduzco, el jaco es de lo peor para desengancharse. Como tú contabas, parece que lo que buscan es la sensación de la primera vez.

Repito: qué pena y qué miedo.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

De piedra.

Flavia Company dijo...

Entonces... ¿la historia es cierta? No sé si lo importante en este caso es que sea real, pero no he podido evitar que se me apareciera de pronto en la cabeza esa pregunta, pues de repente he deseado saber si esos cuadros en efecto los pintó él y los dejó aquí para que comprendamos por qué se fue.

NáN dijo...

Tu pregunta, Flavia, exige responder: es cierta, Manolo vivió y le pasaron las cosas que cuento. Sus cuadros, tres de ellos, los podéis ver reproducidos.

Y ya que estoy, ese poema, Beatriz, es como el homenaje que no tuvo. AL le encantará lo que has dicho.
Gael, tú le conocías, claro, y has interiorizado el entendimiento de uno (el peor ahora) de los puntos que claman en mi entrada. Hay otros, como sabes.
Isidro, es un tema sin fondo este, innumerable. Pero yo cuento, como siempre claro, lo que me ha sido cercano. No sé si a la madre le valdría eso. Nada ha valido en los casos que he conocido.
Micro, a la pena hy el miedo, le sumo el desasosiego y la rabia, en esta ocasión.
Y Pablo, sí.

Scout Finch dijo...

Increíble que puedan enterrar a alguien sin siquiera averiguar si tenía familia. Por desgracia, seguramente no será la primera vez que ocurre.

Un beso.

carmen moreno dijo...

Ufff...

La historia sobrecoge, Primo. Gary Cooper que estás en los cielos...

manolotel dijo...

Es una pedrada en la conciencia que pone delante de los ojos una realidad que generalmente les pasa a otros y para la que nadie se prepara de antemano.

Indagar las causas nos llevaría a sistematizar la esencia misma del comportamiento humano. Somos consumidores y todo lo que está a la venta encuentra compradores, incluso la muerte.

Luego está el poder de la química sobre la voluntad.

...Y la vida y sus tentáculos mortales y su prisa...

Un abrazo.

Reb dijo...

Es como si por un momento hubiera muerto de frío...

NáN dijo...

Por el beso de Scout.
Por el Ufff! de Carmen.
Por el abrazo de Manolotel.
Por el sentimiento de Reb.

Gracias. Esto es un recuerdo. La sociedad de todos los tiempos incluía el acto de recuerdo entre las necesidades vitales. Las cosas que no sirven para nada son muchas veces las que más sirven.

Para terminar, quiero resaltar el coraje, a lo largo de muchos años, de mi entonces jovencísima vecina. Que la historia terminara mal no resta nada de valor al hecho de que ella la convirtiera en una historia de esperanza.