jueves, 30 de junio de 2011

Taller sobre dos historias que se cruzan

En el despacho, el precocísimo eyaculador de su jefe entró, descargó y salió mientras ella se apoyaba en una mesa. Lucía se limpió con pañuelos de papel, la corriente densa primero y luego la parte final, acuosa, que, más veloz por su superficialidad, alcanzaba ya la mitad de los muslos. Lanzó los pañuelos a la papelera.

–Mujer, no lo eches ahí.

–Guárdalos tú en la caja fuerte –respondió.

Al salir, con la puerta semiabierta dijo para ser oída:

–Haré lo que pueda, Don Ramón, pero sin ayuda será difícil tenerlo terminado para la fecha que me ha dicho.

Se fue directa a la mesa y se sentó a trabajar, sintiéndose sucia; porque en la oficina todavía estaba Berta, la jefa del departamento. Prefería no limpiarse bien para no darle la seguridad de que la estaba sustituyendo. No le importaba sentirse sucia un rato; no le importaba que le metieran la polla un momento; sí le importaba acompañar a Don Ramón, muy de vez en cuando, en viajes de trabajo, vivir y comer en establecimientos lujosos y disfrutar de él haciendo guarrerías con las pastillas que él traía, porque fuera de la oficina era otro; no le importaba la oficina; no le importaba su novio, que confundía hacer el amor con una complicada, larga y aburrida gimnasia. Lo cierto es que nunca se había corrido, ni calentado, por la penetración de un hombre. Quizá por eso le daba tan poca importancia: no pasaba de ser una molestia, no más que cuando en un cóctel la sujetaban por el codo para que no pudiera abandonar una horrible conversación. Todo el mundo pensaría que se dejaba utilizar por los hombres, confundiendo la indiferencia con el interés.

***

Irina trabajaba en períodos de varios meses en los bares de tarde y noche de Madrid, cuando se había quedado sin dinero, y con lo ahorrado dejaba de trabajar otros meses para dedicarse a lo único que le interesaba: escribir poemas mínimos en el tratamiento de los objetos, pero largos en la extensión, que cuando tenía ocasión recitaba en bares, de memoria, mirándose las puntas de los pies. Necesitaba muy poco para vivir y ocupaba gratis un apartamento minúsculo que le había cedido su tía Berta. Irina, quizá por la ausencia de otros sentimientos hacia las personas, se sentía muy unida a toda su familia. De lejos, si estaba detenida, cualquiera la tomaría por un joven delgado, pero cualquier movimiento revelaba que era una mujer. Solo había tenido dos pequeñas historias de amor, que no le habían interesado, y apenas tenía amigas o amigos, que la sacaban de la concentración que consideraba necesaria para su obra. De cuerpo tan tenue, era solo ojos, donde el que mirara atención podía encontrar un torbellino de movimiento y vida.

No puso reparo alguno cuando tía Berta le pidió que la acompañara al tanatorio, porque se había muerto la madre de Don Ramón, su jefe. Se puso una ropa deportiva elástica, de color negro, y las gafas de montura roja. Apoyó a su tía, acompañándola en la entrada y los primeros saludos; abandonándola cuando ya se había introducido en un grupo. Salió a fumarse un cigarrillo. Allí fuera solo estaba Lucía, fumando, que inició un conversación con ella. Irina comentó que su tía había dicho que Ramón, el jefe, era una buena persona.

–Pues mira, a mí me parece un perfecto cerdo, como la mayoría de los hombres.

Fumaron dos o tres cigarrillos, casi sin hablar, pero las dos se sentían a gusto en esa mezcla de silencio y compañía; mirarse la una a la otra les producía a ambas una sensación agradable.

En ese momento salieron los dos compañeros que la habían llevado en coche y que ya se iban. Se despidieron saludándose con la mano. Poco después, se dieron cuenta de que ni se habían preguntado el nombre.

22 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

Me ha gustado muchísimo, Nán. Gracias y un abrazo.

Lara dijo...

Y a mí.
Qué breves y acertadas descripciones.
La apreciación del codo-cóctel, buenísima.
Y pocas veces te he visto contando escenas del primer tipo.
¡Muy bueno!

Patito dijo...

Que bien escrito. ¡felicitaciones!

QuiaSint dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
QuiaSint dijo...

Cebollas rellenas.


6 Cebollas grandes, frescas y sanas
2 Zanahoria medianas, ralladas
3 Panecillos pequeños, descortezados y remojados en leche
3 Cucharadas de queso rallado
2 Huevos
2 Ajo picados finamente
1/2 Taza de perejil picado finamente
Sal
Pimienta
Aceite 3 cucharadas.


Para decorar:
Pimientos Morrones o del Piquillo cortados en tiritas
Perejil , discrecional.


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Precalentar el horno a temperatura media/alta.

Pelar las cebollas y partirlas por la mitad. Sacar juntas las capas del centro tratando que no se rompan, dejando las tres capas externas, que se reservan.

Picar los centros y juntarlos en un bol con un poco de zanahoria rallada. En una sartén con un poco de aceite, rehogar esta mezcla a fuego medio/alto durante unos 7 minutos, revolviendo de vez en cuando. Sazonar.

Colocar la mezcla cocinada en un bol y mezclar con el resto de los ingredientes, revolviendo con la cuchara.
Rellenar las cebollas vaciadas con la mezcla y distribuirlas en una fuente para horno untada con aceite. Decorar con las tiritas de morrón.
Bajar la temperatura del horno. A fuego bajo, mantener hasta que se doren, como unos 20 minutos (esto dependerá del horno).
Retirar y decorar con hojas de perejil.

Sue dijo...

He leído la primera parte, la primera historia, la de Lucía y los clínex. Qué buena!
La leeré de nuevo y me voy a por la siguiente.
(es que estoy en el cadalso).

Besos.

Microalgo dijo...

Sabroso comentario el de QuiaSint...

Me voy al Bremen a leerlo de nuevo allí.

Isabel dijo...

Muy bueno, NáN, las dos historias y sus descripciones, como los ojos de Irina.
Lo que más me ha gustado es cómo dejas entrever la posible relación futura entre Irina y Lucía.

Y por si no saben cocinar, ya le han suministrado una receta, jeje...

Zayi Hernández dijo...

Lucía debe ser el ídolo de muchas mujeres...que bueno resultaría poder sacar el corazón de la cama y obrar con la simplicidad de los autómatas...
Un besito, Nán.

Sue dijo...

Encontrar un espacio de tiempo agradable, aunque dure unos minutos, es lo mejor de este mundo. A veces el mayor de los desconocidos puede producir en uno la sensación más placentera. Y basta con un cruce de miradas o una conversación sobre marcas de cerveza o asuntos varios.

Me he quedado con ganas de más NáN, por lo que espero que Irina y Lucía aparezcan por aquí en alguna ocasión.

Un abrazo.

NáN dijo...

Ah, JESÚS, gracias por disfrutarlo.

Bueno, LARA, eran exigencias del guión, que decían las folklóricas cuando se pusieron a enseñar las tetas. Te agradezca de verdad tus apreciaciones.

¡¡Gracias, PATITO!!

Ya te tengo dicho, QUIA SINT, que no quiero recetas con queso, al que soy alérgico desde que nací. En el último año, añado las almejas y los berberechos con su caparazón.

Sé que te lo pongo difícil, pero puede haber recetas buenísimas sin esos ingredientes.

(me gusta que te guste, SUE.) Te mereces un lugar mejor.

Pícaro MICOALGO, usted disfruta de casi todas las recetas del mundo. Es un abusón. En el Bremen le leo.

Si llega a producirse esa relación, ISABEL, cebollas rellenas puede ser un plato excelente.

La verdad, ZAYI, es que nos joden de tantas maneras que no sé por qué precisamente esas han de ser las peores.

Ojalá sea así, SUE: creo que las dos tienen muchas y excelentes capacidades de resistentes.

Un abrazo grande y enorme a todos.

andandos dijo...

A mí también me ha gustado mucho. Suerte para pronto, Nán.

Un abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Para no perderme por las innecesarias ramas: me gusta leer lo que escribes, Nán.

Por lo demás, en estos tiempos de mentiras y resquebrajos, no cabe duda de que andamos todos y todas con la caja de kleenex bajo el brazo.

Un abrazo enorme, Nán.

Gemma dijo...

Qué contraste entre ambas historias, Nano. La primera es triste y aséptica, vulgar (lo que cuentas y hasta la forma en que lo cuentas). La segunda, cargada de sentido y posibilidades. Olé!

Gemma dijo...

PS: Narrativamente hablando, prefiero la contención de la segunda.

Noite de luNa dijo...

Nán ¿Cómo ha ido el chupinazo personal?
Deseo te encuentres muy bien

Besos

LA ZARZAMORA dijo...

La indiferencia es el mejor arma y aliada en estos casos...
Espero que todo fuera bien Nán y que ya estés casi, casi en forma para el parvulario de verano ;-)
Besos.

NáN dijo...

Gracias, JOSÉ LUIS. El "pronto" ya pasó. Y aunque con molestias no previstas, espero con paciencia que pasen y no me suceda como a Jesús.

Un abrazo

Gracias, JOSEP, y perdón por lo que he tardado en contestar. Tienes tanta razón con lo de los pañuelos, hay tantos motivos para su uso (el del relato, el de las lágrimas, el de los mocos que tanto aumentan con la contaminación...) que supongo que serán un gran negocio, a costa de la deforestación, imagino.
Un abrazo grande.

Gracias, GEMMA. Sobre todo por la apreciación, que no crítica. No suelo entrar en esos campos del realismo, pero sé que la vida a veces es así. Y que las dos chicas están igual de solas.

Un abrazón

Por suerte, AQUÍ, el morlaco del encierro era "astifino" y no produjo mayores males. Ya solo falta que termine este mes, Lola vuelva del viaje y nos vayamos un par de semanas a la montaña, que con las lluvias últimas, tan a tiempo, deben estar de un verde fantástico. (Aunque según noticias de un vecino, nos dejaron si cerezas).

Un buen abrazo

Es una coraza, ZARZAMORA. Y una verdadera pena que tantas personas tengan que usarla. Todavía no he pasado por los blogs, supongo que estarás ya en el mar o a punto de irte.

Un abrazo de los buenos.

Araceli Esteves dijo...

Es muy triste tu relato, Nán, porque resulta muy familiar. El encuentro final entre dos soledades dulcifica esa tristeza.

NáN dijo...

Sí es triste, ARACELI, porque nos parece realista.

Me resulta interesante que como lectora veas la dulcificación por ese encuentro. Has hecho que me dé cuenta de que dejé un final muy abierto. Y que cada lector decide.

Un gran abrazo

mariona dijo...

Oh, Nan, qué brutal.
Tan concreto, y tan exacto.
Un beso grande, cuídate muchísimo.

NáN dijo...

¡¡¡MARIONA!!! Muchas gracias y muchos más besos.