Para ir a la finca del valle, primero hay que llegar en autobús hasta un pueblo. Tomando una salida de él, de tierra, enseguida se ve una montaña que forma una “n” con las patas abiertas. A una quinta parte del trayecto, cuando el pueblo ha quedado ya bien atrás y mirando a izquierda y derecha ves que estás en una línea imaginaria entre los extremos de los dos lados de la montaña, el final de la ene abierta, empieza la finca y una pendiente no muy fuerte que lleva hasta la casa, digamos que un poco más arriba de las 3/5 partes del valle. La tierra sabe que está encerrada ya entre montañas, que le darán el agua de sus laderas cuando llueva, y se siente privilegiada y superior. Cuanto más se sube, más silencio hay y todo, plantas y animales, es más diverso y está más vivo.
Para llegar hasta allí, conocí tres modos. El Tomasín, un antiguo Ford T, cuando había señoras que transportar y alguien que lo condujera. Si se cumplían esas condiciones, hasta que tuve 7 años tenía que hacer el viaje así, humillado y oliendo a gasolina, a una velocidad de vértigo de al menos 30 kilómetros por hora que nos dejaba en la casa en algo menos de media hora. Para un niño de ciudad, esa no es forma de viajar en el campo. Necesita ir respirando los cambios. El segundo modo era que el mediero bajara con un carro de paseo y la mula. No estaba mal, porque me sentaba delante con él, olía el sudor de la mula, veía los cambios poco a poco y me impregnaba de ellos. El tercero, el de los hombres, era el bueno. Caminando hora y media, o algo menos si yo no me dedicaba a zigzaguear, retrasándolos a todos. Cuando estábamos cerca, el perro que cuidaba la casa aullaba de alegría. Sabía que se acercaba diversión y comida extra. Con los años, me olía a mí y mis ganas de verlo.
El grupo lo formábamos la madrina, mi tía soltera y mi madre, los hijos de la madrina con la novia o el novio, mis hermanos y amigos de ellos. Para mí, adultos, a los que no encontraba diferencia entre los que tenían 25 años y los que tenían más 50. Luego estaba mi hermana, cinco años mayor que yo, con un pavo insufrible, situada en una tierra intermedia, de nadie, el mismo territorio de nubes de algodón de azúcar en el que estaba siempre por mucho que viajara; y finalmente yo, totalmente solo menos por el perro; yo pertenecía a la tierra misma y al perro.
Mi padre no vino nunca. Ahora que hace ya 50 años que ha muerto y que por fin nos hemos hecho amigos, creo que algún día debería escribir sobre él. Empleado, de pensamiento de izquierdas, se enamoró de esa chica que en su casa tenía dos pistas de tenis, fue amado por ella y exigió a su futuro suegro que no se entrometiera porque iban a vivir con lo que él ganaba. Fue así, según sé, mucho tiempo, hasta que perdió la guerra, tuvo que disfrazarse de mono de botella de Anís del Mono, sin beberlo ni comerlo, para vivir y dar de comer a su familia, y perdió, como tantos perdedores, el empuje. Se dedicó a mejorar su posición y la de los suyos, también la mía cuando nací. Los hombres pretendemos dar cosas a la mujer y nos olvidamos de darnos nosotros mismos, que es lo que ellas quieren; me refiero a las mujeres que aman de verdad y no a las que quieren una posición social. Y cuando no somos capaces de dar cosas, y seguimos siendo incapaces de darnos a nosotros mismos, nos hundimos en una vergüenza interior. Así que mi padre se quedaba a trabajar, de lo que entonces se llamaba de Rodríguez con todas sus consecuencias. Imagino que se iría de burdeles. No tengo ningún dato en el que basarme. Pero supongo que sería así. Era un hombre de acción. Supongo que sí, que algún día tendré que escribir sobre él.
Recorría los restos de los platos de la comida de la cena buscando restos para el perro. Una tarde, después de comer, la novia de un hijo de madrina, mientras le daba de comer, empezó una charla sobre lo inconveniente de dar de comer a un perro que cuando nos fuéramos no le darían tanto. “Sí, pero... es que tiene hambre”, le dije, dejándola con la palabra en la boca y yendo a por más comida. No creo que haya mayor humillación para un adulto que el que un niño te dé la razón, sí pero..., y luego actúe como si le importara un huevo lo que le estabas diciendo. Y es que me importaba un huevo.
En lo que decían los adultos, tenía tres categorías con una estrategia muy bien trazada. Órdenes de la categoría primera eran: “no te retrases a la hora de comer”. Hay que cumplirlo, porque ellos sí van a estar a la hora de comer. En la misma categoría estaban “no te subas a la mesa” y “baja del aparador”. Como todos los niños, meterme debajo de la mesa o subirme encima era como buscar el refugio total o subirme a los árboles para ver llegar al enemigo. Había que bajarse de la mesa, porque el adulto estaba allí y no aceptaría una mirada lejana por respuesta. En el caso del aparador, eras consciente de que habías traspasado un límite y que si bajabas enseguida ya era malo, pero si te retrasabas sería peor.
En las órdenes de segunda categoría estaban el “no te metas en la balsa de riego”. Por supuesto, como los adultos no estaban allí, no había que cumplirla; solo procurar que no se enteraran.
En la categoría tercera, o inferior, estaban las moralinas largas, enrevesadas y poco inteligibles, como la que me estaba metiendo aquella adulta. La estrategia de éxito consistía en dar a entender claramente la postura del por mí como si te pierdes en el bosque. Si podías ofender y no era una autoridad cercana y frecuente, mejor que mejor. Les quitabas las ganas de adoctrinar.
La orden de “no te retrases a la hora de la comida” la incumplí una vez, a lo grande. Era la comida de las bodas de plata de mis padres, con muchos familiares invitados. Mi madre cometió el error de vestirme de un modo repugnante y exigirme que paseara pero no jugara. En realidad el error fue hacerlo demasiado pronto. Me encontré con un amigo y su padre, que se iban a pasar el día en un pueblo. Me invitaron y dije que sí (no se debe ofender tanto a un niño), me dijo que se lo preguntara a mis padres, di la vuelta a dos manzanas y volví con el permiso. Regresamos a las 8 de la tarde. Nadie había comido, mi padre y la Guardia Civil buscaban mi cadáver. Y si me encontraban vivo, mi padre tenía sus planes de acabar conmigo. Aprendí la lección y pasé el resto del verano viviendo como un gato que sabe que molesta en la casa y que es mejor que nadie note su presencia. Me convertí en el rey del escabullimiento.
Pero no es este el primer terror. Solo nos acercamos.
(continuará)
34 comentarios:
Buena manera de escribir.
Un saludo.
Es un gusto leerte, pero no parece que avancemos hacia los terrores...
MIL VIOLETAS, muchas gracias por tu comentario.
¡Anda, NIÑO DESGRACIAÍTO, pues tienes razón! No lo parece, no. A ver si va a resultar que soy una nueva Sherezade, que alarga las historias para alejar la muerte.
Este folletín va a terminar siendo aterrorizador para mí.
Eso de alargar la historia está muy bien, y yo difruto leyéndolas, pero, claro, eso de los tres episodios de terror y luego casa uno dividido en un número de partes indefinidas crea una expectación de inmediatez que no se corresponde.
Pero alargue sus relatos, señor NáN, alárguelos para disfrute de sus seguidores.
Yo también aprendi a escabullirme, pero por otras razones...
La imagen que tengo de mi padre es quizás la misma, tú reflejas un orgullo de hombre a ese hombre valiente que asumió la vida como le fue pasando...a veces en ello hay más valentía que en la misma lucha. Yo al mío lo quise muchísimo y a medida que pasa el tiempo y conozco a todo lo que tuvo que ceder por amor...me siento más y más orgullosa de él... Hay mujeres que ni se imaginan lo que un hombre está dando a diario por ellas...hay mujeres que sólo ven hasta donde le alcanza la nariz.
Mi padre era un gran hombre, el tuyo también...era de izquierdas? motivo suficiente para estar orgulloso, los de izquierdas sólo mataban para que no los mataran y no he conocido al primero de los que luchó a favor de los de izquierda que no haya sido una gran persona.
Un beso.
Nán..con el cariño viril que sabes que te profeso y con voz cazallera te digo que ha sido muy emocionante..pero lo que más miedo me está dando es que veo que llego a cumplir 40 sin haber leído ni un episodio de esos de terror tuyos....
Lo de los 3 níveles de órdenes ha sido genial. Mi princeza C. tiene exactamente la actitud descrita en el nivel 3: " por mi como si te pierdes en el bosque"...NO pienso presentártela..El tio Nano sería una influencia nefasta en ella..o quizás sería al revés...
En fin..qué miedo..
En realidad no hay que seguir esperando, leer es ya tenerte entre los dedos NáN y tener todas tus historias, porque ¿realmente hay un final para las cosas? Yo creo que ni la muerte acaba con muchas de ellas.
Mi padre (me apunto al coment de Zayi) no tiene ideología clara y que yo sepa nunca la tuvo. Fue demasiado pobre y alegre para eso. Quiero decir que fue un hombre muy poco sesudo, a bien con el mundo (a pesar de que vivió muy malos tiempos y no tuvo padres ni cariño alguno de niño) que trabajó y trabajó desde los 17 hasta los 65 años. Sin descanso y con una sonrisa. Y queriendo mucho, mucho a mi madre. Y a sus hijos.
La verdad es que es un hombre admirable, aunque él y yo no siempre nos hayamos llevado bien.
En fin, que por mi no te des prisa, porque disfruto mucho esperando...
SUE (claro).
En ello estoy, ND, en ello estoy. Está sucediéndome algo increíble: ha abierto una parte de mi cabeza y anoche,al irme a dormir, recordé los nombres de todos, del mediero, de su mujer, de su hijo, nombres de hace algo máas de 50 años. También las caras, los rincones.
No puedo apresurarme y perderme esto. Por supuesto, soñé con el valle y la casa.
Un abrazo.
Querida ZAYI, quiso a mi madre hasta el punto de soportar por ella la humillación de la posguerra, pero luego, sin dejar de quererla, creo que pensó que debía darle una vida mejor. No sé, sinceramente, eso no me parece bien. Él era de izquierdas y mi madre la hija de un General de Divisón, que muy de izquierdas no debía ser. Sé que no mató a nadie en la guerra. Pero no creas que los de izquierdas no mataron y abusaron. Cabrones los hay en todas partes. Los dos bandos lo hicieron, creo que en el de izquierdas menos. Era una guerra cruel. Lo que me subleva es que, terminada la guerra, cuando ya no había motivos para matar, se matara (aquí hay que decir asesinara) mucho más que en la propia guerra los dos bandos juntos.
Me alegro de haberte recordado a ese padre, hay que seguir haciéndolo cuando ya no están, porque los llevamos dentro todos los días. Un gran abrazo.
MOLINOS, conocida también con el nombre de Mujer Cazallera de Poca Fe, ¡pero si te queda una pila de años! Fíjate que me jubilaré antes de que tu cantes las cuarenta en arameo.
De lo de C., me alegro por ella tanto como lo siento por ti: empate técnico. Será mejor que no me presentes a C. como Titonán, no vayamos a empeorar alguno de los dos.
¿Sabes que mi madre, mi propia madre, me dijo una vez? "Eres un buen chico, pero una mala influencia para tus amigos", "Vuélvete a leer la historia, Mamá, que no has pillado bien los personajes", le contesté, indignado.
¡Que suenen esos palmetazos en las espaldas de las chupas de cuero!
Anónima SUE, tu primer párrafo es de enmarcar. Me alegro también que el párrafo de mi padre te haya hecho pensar en el tuyo. Ese es el sentido de la escritura, como me ha enseñado Amos Oz en la autobiografía que estoy leyendo por consejo de Molinos. No hay que preguntarse por el espacio entre quien escribe y lo que ha escrito, sino entre el que lee y se ha escrito. Una escuela de vida, ese libro.
Abrazos largos.
mássssssssssss
(estoy esperando los terrores, previsiblemente aterrorizada)
besos
K
Nano, me ha emocionado, como a todos, el párrafo de tu padre: "50 anios después os habéis hecho amigos". Interesante lo que cuentas de "los perdedores". Yo tenía un abuelo que fue de los que perdió, y creo q nunca se sacó esa amargura. AL final de su vida se quedó ciego, y siempre estaba escuchando la radio (spr al día de todo) y hablando de la guerra.
Mi padre, su hijo, fue de esa generación q tan bien describe la Matute en el inmenso "Los hijos muertos" (hay un divague por ahí), aquellos q como decía Marsé, "les interesaba tener una gabardina y un coche", q perdideron el interés en la política a cambio de "sacar adelante una familia" y esas mandangas.
Mi abuelo se murió y tengo la duda de si le quedó claro que, por lo menos, tenía una nieta roja.
Me encanta como escribes, además de lo q escribes.
Me gusta esa precisión de las 3/5 partes del valle, porque te veo medir y medir y llegar a la conclusión de que debe ser 3/5 y no 3/4 y me pregunto cómo lo hayas medido, pero no necesitas explicármelo, hay cosas más importantes en la vida que esa pregunta. Me pregunto también si fuera posible incluir una tal estimación o aproximación de 3/5 en un texto literario. Mi respuesta es afirmativa: creo que La Literatura no tiene límites, o sea lo tiene, pero no necesariamente este (de los 3/5).
Andando a 30 kms/hora durante 30 minutos da una distancia de 15 kms para llegar a la casa de la finca. No entiendo por qué no te gustó el primer medio de transporte: el Tomasín. Me parece una gran aventura viajar a esa edad (hasta los 7 años) en un antiguo Ford T. Entiendo que preferiste viajar con el segundo medio de transporte, el mediero con su mula, por ser un chico que prefiere la velocidad lenta, para mirar con calma a lo que le rodea. Pero llegando al tercer medio de transporte, los pies, me parece que caminando los 15 kms en una hora y media no es precisamente un ritmo lento.
Ah, las órdenes de los adultos... Me gusta que divides o dividiste (ya a esa edad?) las órdenes en tres categorías y no en dos o cuatro. Tres es un número mágico y forma muy parte de la vida de un español o española. Fíjate en el compás típico de la música folclor o del flamenco. Un amigo me dijo una vez que en un estadio de fútbol los holandeses escandan siempre en dos (A-jax, A-jax) mientras el español y la española lo hace en tres. Pero, ahora en serio, me encantan esas órdenes y el no cumplir por ti y quisiera leer más sobre ellas, sobre todo tu no cumplir.
Qué linda palabra: escabullimiento.
No está en WordReference. Ahí está solamente "escalamiento"
1. m. der. Agravante de la culpa penal por haberse cometido el delito penetrando ocultamente y causando daños:
al robo con escalamiento, el fiscal añadió nocturnidad y alevosía.
Un abrazo
PS: lo encontré!!
escabullirse
1. prnl. Irse o escaparse de entre las manos una cosa:
se me escabulló la pastilla de jabón.
2. Irse, ausentarse disimuladamente:
en cuanto pudimos, nos escabullimos de la reunión.
3. Evitar una dificultad o una obligación con sutileza:
hoy te toca fregar, así que no te escabullas.
♦ Irreg. Se conj. como mullir.
Un abrazo
Pues tendré que comentar aquí. Vaya cara de pillo!
Querida KIKA, habrá mucho más, porque se me ha abierto una caja y todo me va quedando a la vista. (Te confieso que, dada la violencia con la que los recuerdos, verdaderos o falsos, vuelven, me da un poco de "miedillo" llegar al motivo del asunto).
Abrazote
DI VAGANDO, que compartamos emociones es ya lo más de lo más. Pero seamos comprensivos, los tiempos eran muy duros. Del 39 al 45 decenas o centenares (qué más da) de miles de restos de personas fueron ocultadas en tierra no señalada, todos seguían viviendo mal cuando en Europa se empezaba a sobrevivir; no solo la muerte, sino la humillación y el hambre eran posibles.
El deseo de una gabardina (hay que joderse), de no morir, de no recibir palizas porque sí, de no pasar hambre con los tuyos, es muy comprensible. No todos podían aguantar el miedo y hasta en la propia casa, después de la cena, para decir ciertas cosas se bajaba la voz.
Espero que tu abuelo lo supiera, te lo digo con emoción.
Otro gran abrazo.
Los Zutánez, GIOVANNI, siempre fuimos buenos para las matemáticas. Pero esas medidas pasan por la fantasía de un niño, al que le agobiaba ir embutido en el coche con las "señoras", oliendo gasolina. Escribí "algo menos de media hora" y no siempre se debía ir a 30 km/h. Esa velocidad la recuerdo porque el primo segundo o tercero que conducía alardeba de ello cuando la alcanzaba (pendiente arriba, recuerda).
Por lo que se tardaba andando, creo que unos 6 kilómetros sería una distancia mucho más correcta. El regreso, cuesta abajo, era vertiginoso.
Lo de la división de las órdenes lo tenía clarísimo (no sé desde qué edad). Mi supervivencia iba en ello. Y lo que dices de espíritus nacionales bisílabos y trisílabos, ¡me parece fascinante! Ahora que me has hecho pensar en ello, me doy cuenta de que suelo categorizar en tríos.
Y "escabullimiento" me encanta y, además, está en el DRAE.
Me alegro mucho de que me acompañes en este viaje, ojalá te lleve a vivir no el mío, sino a revivir el tuyo.
Un abrazo
Jejé, ND, aquí sí puedes comentar. Además, con pleno derecho, porque lees y sigues la historia. ¿Pillo?, se hacía lo que se podía.
Un abrazo
Ohhhh..que mono...
Esta vez en lugar de abrazos viriles te pellizco el moflete..que es una cosa que da muchísima rabia.
Ni falta que hace llegar a los terrores, lo que si es de agradecer, y mucho, es ese avanzar palabra a palabra con la zanahoria/terror oscilando ante mi/nuestros rendidos hocicos.
"Yo pertencía a la tierra misma y al perro...": gracias por rememorar lo tuyo y a la vez lo nuestro.
Un abrazo Nán.
jeje, me disculpo por los recuerdos que te ha despertado la lectura del libro.
Vale, MOLINOS, pero solo por esta vez. Si pongo otra foto, ni de coña te dejo. Aunque eran mucho peor los besuqueos de una tía mayor con bigote y los labios pintados.
Ni pienses que te voy a responder cariñosamente al mofletazo.
Un abrazo, JOSEP, que se abran tus recuerdos.
Jejé, JOSÉ MIGUEL. Pues ahora que lo dices, tu libro fue el origen de este feliz desparrame.
Un abrazo
Pues ya que no puedo arriba, comento aquí... :-D
Que me está gustando mucho, ya te lo dije, que creo que cuando escribes así, eres más tú mismo que en otros textos.
Un abrazo,
X.
Mira que eras pillo, Nano.
Me encanta este feliz desparrame, como tu lo llamas.
Estoy ansiosa por leer más!
Ja, me llamaron y tuve que abandonar.
Te decía que me gusta la foto, pero después de leerte. Yo creo que puedes hacer ya novela, esto tiene enjundia, y tú vas retrasando bien, dándole tiempo al tiempo.
Venga, sigue y procura darnos miedo.
Me ha recordado mucho el tono del relato que escribiste sobre los niños que metían una pedrada a la vieja y acababan apalizando al débil.
Me encanta recuperar a través de tus relatos un mundo infantil que ha desaparecido: mucho más libre que el de ahora, aunque parezca paradójico. Ante la disciplina y la escasez de recursos, juguetes y no hablemos de tecnología, no quedaba sino la imaginación.
¿ Has cerrado comentarios?
Gallina, ja.
Si me lo estoy pasando en grande, XAVIE, pero, jejé, precisamente voy al taller para aprender a no parecer yo mismo; lo mismo me equivoco al intentarlo.
A ver si en un mes puedo sacar en el blog la inauguración de tu librería de Independientes y que todos los que pasen por aquí sepan dónde pueden pedir un libro de una editorial independiente desde cualquier sitio de España.
Un abrazo
Ja já, VERÓNICA, había que serlo. No creas, también yo tengo ganas de ir escribiéndolo para leerlo.
Un abrazo
Un folletín de blog, ISABEL, de eso no pasa. Pero me está sorprendiendo mi "gestión de tiempos", que dicen los políticos. Si no fuera porque, en contra de lo que se dice, trabajan hasta las tantas y prefiero hacer mis horas y olvidarme, pues a lo mejor tenía futuro en la política local (o de barrio).
Un abrazo
Y yo estoy de acuerdo con los dos párrafos, FLEISCHMAN. Ese relato de la pedrada es uno de los que más me ha gustado de los que he escrito.
Y en lo segundo también. La libertad de la que gozábamos era fantástica, dentro de las más estrictas normas de conducta, por ejemplo el respeto a los mayores. Y tener lo que se llama tener, era muy poco lo que teníamos. Pero ¿hacía falta cuando desde los 5 años podías andar tranquilamente por la ciudad? Y cuando se tienen 5, al año siguiente son 6, y 7 al otro, cuando ya se te ocurren muchas cosas que hacer.
Un abrazo, y que sepas que me he reído mucho con la errata del anuncio de Facebook.
Cada día escribes mejor, NáN. De verdad. Me voy a leer la entrada anterior.
Un abrazo
Vaya, LUNA, mientras escribía el comentario, pusiste el tuyo y cerré sin leerlo. ¡Claro que soy un gallina!
Pues muchas gracias, ELVIRA, la verdad es que leer esas cosas me da corte.
Un buen abrazo a las dos.
Pues no voy a privarme de decir algo.
Si no lo digo reviento.
¿ A quien ataban, al de la izquierda o al de la derecha?
Besos
Según, se mire, LUNA. al que lleva pantalones lo tenían bien atado durante el curso. De 9 a 6 con hora y media para ir a comer, de lunes a sábado, y el domingo misa obligatoria en el colegio. (más deberes todos los días).
Al otro lo ataban por la noche cuando había gente de visita en la casa, por si alguien salía, porque era un poco mordedor y en la oscuridad no se fiaban de él.
Poquitas veces. Con García Márquez, tal vez, y poco más.
Estoy por hacer un copipaste y leerlo todo junto, al final.
¿Y qué quiere? La paciencia nunca fue una de mis virtudes.
Y sí, no pierda ripio. Si se le llegó el nombre del mediero (qué carajo será un mediero), anótelo. Si al final lo pone tod oen negro sobre blanco con todos los detalles, que sepa que al menos cuatro ejemplares corren de mi cuenta.
Y sí: nos lo leemos entero. No le quepa duda. Por responder acá y no en el siguiente.
¡Pero hombre de Dios, MICROALGO, si esto no tiene enjundia para cortar un árbol y gastar papel!
Además, es gratis y no quiero que se gaste lo dineros ahora que tanto ha de viajar.
Te cuento lo del mediero, que es muy interesante. A lo mejor solo funcionaba por la parte de Levante.
Resulta que hay un señor que tiene una gran finca que usa como recreo. En este caso, el conocido notario Zutánez. Él pone la tierra y busca un campesino de confianza. El campesino ya tiene casa, y sin gastarse un duro, el dueño de la finca ya tiene quien le cuide la casa. Y hacen un contrato de medieros.
Todos los gastos menos el de infraestructuras, que van por cuenta del dueño si le parece interesante, van a medias, y lo mismo todas las ganancias.
Por ejemplo, el mediero contrata una cuadrilla de 30 hombres para recoger el esparto del monte durante una semana, les paga y lo anota enel libro. Luego vende el esparto y lo anota en el libro. También anota en el libro lo que se ha gastado en darles de comer (que ha cocinado gratis su mujer). Al final del año, todo lo que sale en números azules se lo reparten a medias.
El dueño no tiene que preocuparse de nada, ya se ocupará el otro de cultivar o recoger cosas rentables. Incluso, cuando va a la finca, el mediero y su familia lo atienden, ¡gratis!
El mediero tiene derecho a una tierra buena y cercana para su huerto, a un corral de gallinas, conejos y lo que se tercie (eso es suyo y él compra las primeras parejas). Puede vivir ahí y de lo que se saque en la finca. Y si es listo, ganar un buen dinero al año.
Bueno para las dos partes.
Hola, Nán. Últimamente llego tarde a todos los sitios o no llego. Me ha gustado lo de tu padre. ¿No te han dicho, la gente, que cada vez te vas pareciendo más a él? O mejor ¿no lo notas tú, aunque no te
lo diga nadie? A mí ya me está pasando, murió hace 17 años, pero me voy descubriendo a mí mismo cosas que eran, creía, solo suyas. Debe ser la reconciliación de la que hablas también.
Las mujeres: te doy toda la razón, porque la tienes. Nos quieren a nosotros, no que les demos cosas. Y cada vez será más así, porque son, económicamente, independientes.
Soy algo más joven que tú, mis viajes eran de coche de línea con mil paradas y transbordos para recorrer pocos kilómetros, y mucha radio entretanto. Este relato (no he leído los siguientes todavía) saca muy buena pinta. Lo paso muy bien leyéndote.
Un abrazo
Querido JOSÉ LUIS, también yo soy de pasos pausados. Creo que se acaba llegando donde se quiere llegar y no hay prisa.
Curiosamente, al que me he ido pareciendo como dos gotas de agua es a mi hermano mayor, el que murió, que fue quien hizo de padre. Era alcalde de su ciudad, de izquierda, y no perdió ninguna de las elecciones. Ya muerto, estaba en yo en la barra de una cafetería y el señor que estaba a mi lado, me miró y dio un respingo. Perdone, me dijo, he tenido una visión de pesadilla, no tiene nada que ver con usted.
Esto lo considero un divertimento, así que si te ha divertido, ¡genial!
Un abrazo
Yo también lo paso muy bien leyéndote. Y como Josep, me quedo con esa confesión indirecta que sueltas así como quien no quiere la cosa: "yo pertenecía a la tierra misma y al perro." Los niños pertenecen a la naturaleza en igual grado que los animales, qué duda cabe. Besos
(Sí que te pareces a tu hermano mayor.)
¡Sí, sí, GEMMA! Quizá esté mal que yo lo diga, pero esa frase me parece acertada. Nuestros antepasados lo sabían mucho mejor, lo de que los niños son "otra tribu" y había que poner limitaciones, pero sin reconvertirlos en unos seres razonantes, que no lo son. Son seres razonables, capaces de entender los límites que no deberían traspasar, las zonas en la que no pueden ser ellos mismos, y que si los traspasan hay consecuencias.
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