sábado, 23 de octubre de 2010

Mis tres episodios de terror: 3ª parte de la 1ª parte del folletín

(continuación)

Cuando ya había amanecido y la luz del sol entraba por la ventana, todo en la habitación volvió a su inocencia e inmovilidad. Durmió tres o cuatro horas y se levantó en plenitud. Como todos los niños, dominaba imperfectamente el hilo de la causalidad y podía pasar con un corte seco del horror a la emoción de un día de verano. Bajó descalzo al baño de la planta baja a hacer pis, canturreando la canción ritual de por las mañanitas cuando me levanto tengo la pilila más tiesa que un canto, llenó de agua fría la jofaina para lavarse la cara, echó el agua al wáter, enjuagó con más agua la jofaina, volvió a desaguarla, subió corriendo a cambiar el pijama por la ropa del día anterior, menos los calzoncillos, que su madre le había dejado unos limpios en una silla, y volvió a bajar a la carrera a desayunar un tazón de achicoria con leche y tortas de masa fritas. Salió fuera de la casa, soltó al perro y se sentó en el borde de la acera que rodeaba la casa. Ya no tenía nada que hacer.

Estaba solo. Los demás eran adultos; otro mundo, otro lenguaje. Carecían del amor por la aventura, que solía durar unos segundos, por lo que había que estar atento para no perdérsela. Era un pliegue que se hacía y se deshacía cuando una mano tocaba un mantel; un hueco en el esfuerzo de vivir las horas. Si no estabas alerta, se cerraba antes de que hubieras llegado. La aventura se daba en un punto ciego en la vigilancia de los mayores.

No es que no los quisiera. Si en el colegio alguien se metía con él, había una pelea deportiva. Pero si se metían con alguien de su familia, la pelea era a sangre. Tampoco es que no agradeciera lo que hacían por él: desayuno, comida y cena, ropa y una cama; cine los domingos. A su manera, había ido entendiendo el mundo. Eso de ahí es un árbol, se llama palmera, le dijo su padre una vez. En otra ocasión, supongo que le diría eso es un árbol, un pino. Y que él señalaría con el dedo y preguntaría, ese árbol, ¿cómo se llama? Almacenaba y clasificaba datos; y los de ese tipo eran fáciles. También establecía débiles relaciones; más difíciles, por lo que les prestaba más atención. Había visto bien el bocadillo de los niños que no llevaban bocadillo y miraban el de otros; así que agradecía la comida que le daban. A veces, no sabía por qué, también a él le preparaban un bocadillo para el recreo. Pero esos 40 minutos en el patio, con una portería a cada lado, los más de 400 alumnos de primaria jugando siete partidos de fútbol, uno por cada clase de sesenta, con 30 jugadores por equipo, siete porteros en cada portería, siete balones y los más de 400 vestidos con la misma bata de rayas verticales azules y blancas. No era el momento de comer, así que lo dejaba para la clase de después, agachándose para dar un bocado, hasta que el final casi la mitad iba a la cartera. Comía poco. Además, le gustaba pasar hambre a propósito; se sentía alerta.

Agradecía lo que le daban. También le gustaba que le quisieran, sin que llegaran a atosigarle. Pero no tenía nada que hacer con ellos cuando se sentaban a hablar. En los veranos, al bañarse o en la orilla de mar, los adultos volvían a ser niños y entonces sí; o de excursión por el monte. Estaba acostumbrado a sentarse y meterse dentro de sí mismo, a no ser que contaran historias, pero eso lo hacían después de cenar. En casa había que procurar no montar escándalos, aunque a veces se volvía un poco loco y los montaba. Le decían que se bajara a la plaza a jugar. Era como un muelle que aprietas con los dedos y sueltas el dedo de arriba y hace toiiiing y se queda un rato abriéndose y cerrándose, del placer que le da estar suelto. La inmovilidad de dentro y el vértigo de fuera.

*****

Se fue a pasear, con la condición de que hubiera vuelto a la hora de comer, y se llevó al perro. Este hacía lo mismo que él cuando caminaba con los hombres: corría hacia un lado y volvía, hacia el otro y volvía. Los dos eran felices. A su modo, se entendía mejor con él que con los adultos. Le hablaba y parecía escucharle, hasta que algo le llamaba la atención y salía corriendo y moviendo el rabo sin oír el final de lo que le estaba diciendo. Su alma gemela. Bajaban al fondo de las barrancas, exploraban los lechos de ríos que nunca existieron y subían por el otro lado, en dirección a una ladera de montaña a la que nunca llegaban. Caminar solos por el campo solo no tiene más objetivo que el descubrimiento, cada minuto has llegado, porque no hay un sitio al que llegar.

Horas después, fatigado de tanta excitación, y porque apenas había dormido, se tumbó boca arriba en una zona en la que no hubiera piedras de las que pudieran salir alacranes, ni matorrales cercanos de los que pudieran salir serpientes que mordieran al perro cuando le defendiera. Con el calor del sol se fue quedando dormido. Al poco rato, le despertó el perro poniendo delicadamente la cabeza sobre su pecho. Le pasó un brazo por encima y pensó que nunca en su vida había vivido una mañana así, tan plena. Que volvería la noche, seis noches más le quedaban por pasar en la biblioteca de la torre. Pensó que sería estupendo quedarse dormidos y morirse los dos juntos, bajo el calor del sol. Dormidos para siempre.

(continuará)

28 comentarios:

Isabel dijo...

Tiene cosas muy buenas esta parte o "hueco en el esfuerzo por vivir las horas"
Nos estás dando "el bocadillo" de los que no llevamos bocadillo en una forma pausada y bien novelada, y nos dejas haciendo "toiiing", pasando hambre para que nos mantengamos alerta.

NáN dijo...

¿A que nos lo estamos pasando todos bien, ISABEL?

Se me han soltado unos cuantos muelles herrumbrosos del cerebro y estoy haciendo "toiiing-toiiing" todo el rato.


Qué gran abrazo que te envío

molinos dijo...

"Caminar solos por el campo solo no tiene más objetivo que el descubrimiento, cada minuto has llegado, porque no hay un sitio al que llegar."

Esto me ha encantado...pero a este paso veo que voy a terminar llorando y sin pasar nada de zuzto. Ni siquiera has dejado la posibilidad de que saliera un alacrán o una serpiente...

Abrazos viriles

Anónimo dijo...

Esa canción matutina, fíjate, la cantaba cada mañana un ex mío y siempre pensé que se la había inventado él. ¡Jajaja! Me ha hecho gracia volver a escucharla.
(A veces cantaba otra que decía algo así como "tengo el pito lleno de amor"... en fin)
Me ha encantado esa concepción de la aventura como eso que "solía durar unos segundos, por lo que había que estar atento para no perdérsela".

Lo del bocadillo tomado a trozos y a escondidas en clase no lo entiendo. Quiero decir, que yo siempre prefería comer y luego jugar (o lo que se terciara). Aún hoy. Primero, sobre todo si hay hambre, comer.

No me importa esperar si la espera es agradable, pero claro, el título dice algo así como "episodios de terror" y aunque no me gustan los cuentos de terror... ¿dónde está el terror?


SUE.

Microalgo dijo...

Ya llegará el terror, ya.

Siempre llega el terror, el hijoputa.

Por cierto. Le dije que lo cortaría y pegaría para leerlo todo junto. ¿Recuerda?

Pues no. La paciencia no es una de mis virtudes, etcétera.

NáN dijo...

Pero MOLINOS, si ya he hablado de la biblioteca de la torre. Nos vamos a asustar bien pronto.

Abrazo viril, pues.


Ja, já, SUE, es un una cancioncilla popular de los tiempos de la tarara. La otra no la conocía, ¿ves?

Primero la emoción, y después la alimentación. Esa es mi norma.

Ya viene, el terror. Pero claro, con tanto esperarlo, luego no os va a asustar.

Abrazo sin hacernos daño.

Compartimos vicio, pues, MICROALGO.

Un abrazón.

Luna dijo...

Me pasa como a Microalgo.
Me tienes en un ¡ay ! ¿Qué vendrá después?

Memoria de elefante ¡hijopordios!

Besos

NáN dijo...

Ja, já, LUNA, sé lo que vendrá, pero hasta que esté escrito, rechazando unas cosas y centrándome en otras, también yo tengo esa curiosidad.

Te puedo asegurar que de esa etapa tengo recuerdos en los que hasta puedo describir el azul del cielo de una tarde. En cambio, lo más reciente lo meto en el saco del olvido.

Un abrazote

Portarosa dijo...

¿Pensaste de verdad eso? Me parece increíble.

Me está gustando mucho, está muy bien. Acabo de ponerme al día, y me quedo con lo de que los hombres se empeñan en dar cosas a las mujeres en lugar de darse ellos mismos.

Un abrazo.

Portarosa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
NáN dijo...

Pues sí, PORTOROSA. En otros post anteriores, ya definí la infancia como la "fase épica". Rechazando las cantinelas de los adultos (la versión fundacional de los ridículos "Teo se peina", "Teo se lava los dientes"...), la épica auténtica me venía de los cines de los domingos. Seguro que en el fondo de ese pensamiento estaba la frase de un jefe indio que se va a enfrentar con arcos y flechas al 7º de caballería y dice: "hoy es un buen día para morir".

Y si no es seguro, es probable.

Uno de los sentidos de este divertimento es rescatar el pensamiento infantil de ese período. Es decir, sean cuales sean las peripecias propias, recobrar la conciencia de que cuando tu hijo se sube en un triciclo de madera comprado en el rastro, se pone un gorro de baño de su madre y unas gafas de bucear en piscina, "no está jugando a ser motorista", "es un motorista".

Aunque luego se presente como un niño encantador y razonable (solemos entender por "razonable" que se avengan a nuestras razones), acaba de ser un motorista en peligrosos caminos. Y eso está ahí, en la parte de atrás de su cabeza, cuando minutos después discutimos que se tome el colacao.

Comentarios como el tuyo permiten que profundicemos en las cosas. No tengo que ser necesariamente yo el que acompañe la profundización, sino que cualquiera puede ser interpelado por cualquiera.

Definitivamente sí. Consideré aquella mañana como la de mayor plenitud de mi vida y serenamente sentí que morir ahí, en la cumbre, sería glorioso.

Un abrazo, compañero.

Stalker dijo...

Conmovedora belleza la del niño y el perro, echados bajo el sol,

queremos saber más, leer y sentir más,

abrazo fuerte

Zayi Hernández dijo...

Hermoso. Hay algunas partes de tu historia que me han recordado fragmentos de mi niñez...muy emotivo.
Un besito, Nán.

NáN dijo...

No podía haber pareja mejor, STALKER, más compenetrada.

Otro abrazo para ti (ya he visto que hay más Chantal en tu casa).


Qué bien que leas y regreses a lo tuyo, ZAYI. Ese es el modo bueno de leer.

Un beso

giovanni dijo...

Muy bello, la poesía del perro y el chico.

Seguiré con interés y cariño nuevas aventuras de ellos.

Un abrazo

giovanni dijo...

Qué cara simpática tiene tu madre!

Microalgo dijo...

Los comentarios en el post posterior están inhabilitados, así que planto la cita en éste:

Casi todas las fotos que miramos, especialmente si nuestra cara está en ellas, son fotos de fantasmas (Antonio Muñoz Molina: Las apariencias).

molinos dijo...

¡¡Me encanta Sebald!! Ya hablaremos de él.

Te pareces a tu madre muchísimo.

NáN dijo...

Agradezco tu interés, GIOVANNI. La que yo conocí, era de sonrisa triste. Por eso, cuando me enviaron esta foto hace tres días, me encantó encontrar su sonrisa juvenil abierta.

Un abrazo

Sí, MICROALGO, las secciones de huecograbado no admiten comentarios; solo las de texto. Yo iría un poco más allá de Muñoz Molina: en las fotos que de alguna manera contienen nuestra cara, confrontamos el fantasma de dentro con la inmovilidad de fuera.

Un abrazo.

Otro de los grandes, MOLINOS; y tenemos la suerte de que haya tantos. Me alegra lo que me dices: todos los que nos rodeaban decían que era clavado en la forma de ser, pero no en lo físico.

Abrazos viriles.

Elvira dijo...

Sigo leyéndote con gusto, NáN. Y me gusta la foto de tu madre tan años 20. Un abrazo

Stalker dijo...

En efecto, Nán, hay más Ch en mi casa:

puedes pasar con cuchillo y tenedor y servirte. Ch es para comer y adentrar

Gemma dijo...

Yo tampoco llevaba bocadillo. :-)
Beso

andandos dijo...

Hola, Nán. Me gusta mucho lo que has escrito, y cómo lo has escrito, creo que con sentimiento y emoción, sin sentimentalismo, y, para contarlo así lo has tenido que revivir con detalle. Me parece notar que tú te lo pasas muy bien escribiéndolo, igual que yo leyéndote. Quiero resaltar la importancia del perro, y tu habilidad para pasar las horas muertas, para no pasarlas en balde, quiero decir.

Un abrazo

Se me ha olvidado lo del terror

NáN dijo...

Perdonadme el retraso, pero he tenido mucho lío.


A veces, ELVIRA, ofrecer una lectura placentera y que se reciba así es lo mejor. Gracias por tu retroalimentación.

Y un beso.

Esta mañana, STALKER, me di un atracón. Lo bueno es que sobra mucho para alimentarme unos días.

Un abrazo

Pero hay que aclarar, GEMMA, si eras de las niñas que no podían perder tiempo en comer si había poco para jugar o si envidiabas los bocadillos de los demás.
Por supuesto, no es necesario aclararlo en público.

Un gran abrazo

Está muy bien lo que dices, JOSÉ LUIS, de que sentimiento y emoción no tienen necesariamente que convertirse en sentimentalismo. La vida es como es, tiene de todo, y lloriquear no sirve de nada.

Me alegro de que se te haya olvidado el terror, je, jé, porque temas más urgentes me harán aplazar la última parte de la 1ª parte.

Un abrazo

Gemma dijo...

Yo tenía siempre hambre, ergo solía envidiar los bocadillos de los demás; preferentemente los de mis amigos, por aquello de que los tenía más cerca...

Anónimo dijo...

Reconozco que hace tiempo que me perdí, quiero decir que las cuestiones sociales me interesan (incluso arrimo el hombro de vez en cuando aunque llegue a casa, muerta, pensando que no sirve para mucho), pero no el resto. Sea lo que sea. No voy a decir que este es casi el relato de terror que esperaba, porque me matas, pero cuando los herederos de grandes ideas políticas se ponen a darle al limón, me aterrorizan. No digo que tú, NáN, me aterrorices, pareces inofensivo e inteligente, pero sí me aterroriza todo ese atávico ideario al que no pertenezco. Ni por familia ni por voluntad.

A veces me gusta imaginar cómo hubiera sido yo si mi familia hubiera sido una de esas familias con fuerte ideario político, una familia luchadora que pasa hambre, pero fiel a sus principios y a los suyos, una familia bien con patio de limoneros y una idea transparente de dónde viene y hacia donde va. Imagino también que mi padre, vestido con su chaqueta de pana o su uniforme de policía (pasaba de uno a otro como quien cuenta canicas) me instruye desde mi mayoría de edad para que vote a éste o cual partido y me cuenta las batallas de su abuelo, o del mío, por esos caminos pedregosos de la guerra, la posguerra y la transición. Un abuelo campesino, militar, magistrado, literato, mecánico de bicicletas o sacerdote, alguien crudo, pero adorable para quien su partido lo es casi, casi todo.

Conocí a un tipo una vez que me contó que a él, su padre, le dio la papeleta que tenía que meter en la urna el primer día que fue a votar, al cumplir los dieciocho. A los 40 prácticamente seguía dejando que su padre le metiera la papeleta. No sabía porqué votaba a aquel partido, solo sabía que siempre había sido así y así debía ser. Te juro, NáN, que casi le envidié. Pensé: ¿por qué yo no tengo las ideas tan claras? ¿por qué mi padre no me orientó en esto? ¿por qué no eligió mi papeleta por mi?

Cuando era algo más joven (tampoco mucho más porque creo que siempre fui una niña con un corazón antiguo, viejo) creo que sí tuve una ideología, o la intuí. Supongo que mi idea de la justicia y de lo que debería ser el mundo para todos (no solo para mi) me hizo desviarme hacia un lado de la balanza, casi diría que hasta sin querer, pero queriendo. Queriendo porque no hay muchas opciones cuando vas a votar, opciones que se vayan a hacer efectivas quiero decir, porque la lista de candidatos llega hasta el cielo. (Yo soy uno, ¿quién me vota a mi?)
Pero ahora ya no hay candidatos efectivos porque todo es una sarta de mentiras. Todo. Y lo que mola creérselas, ¿eh?

De todas formas, seguiré leyendo tus post sobre tus idearios por cultura general, pero que no te moleste que no comente siempre. Es solo falta de apetito político. No más.

SUE.

NáN dijo...

Mmmm, GEMMA, qué duro lo de envidiar bocadillos ajenos.

SUE, te comento en su sitio.

VERONICA LEONETTI dijo...

Una historia de felicidad total. Que fácil era ser feliz y olvidarse de lo malo cuando eras niño/a.
Esperando pues al terror me quedo :)