sábado, 3 de julio de 2010

Qué hastío de estío: Bandidaje somos todos

Sabemos que unas cosas llevan a las otras. Aceptamos, con los años, la parte de caos que incluye no la vida, que vemos como un todo y una idea, sino eso que transcurre entre el despertar y dormirnos. Si le sumamos los sueños, y saltamos como monos titis de la rama de un día a la de otro, algo lejano, entonces ya tenemos la vida. El caso es que pretendía una tertulia sobre los bandos, grupos, subgrupos y subalianzas con los que tenemos que convivir. Hacerlo además con el desenfado de lo veraniego, pero la costumbre de añadir una foto en esta serie me llevó a recordar las fotos escaneadas que estoy recibiendo de mis primos, que forman una historia visual de la rama materna y, horror de los horrores, hunden las raíces de la familia en el pasado más allá de lo que conocía. Por tanto, más allá de lo soportable. Puesta la foto, y mirada bien, ha brotado una parte de mi historia personal, bastante relacionada con el tema. Así que cuento la historia, la mía, como podéis contar la vuestra en los comentarios. Las historias personales son parte importante en las tertulias vecinales a la fresca. Después, recordé una canción de mis adoradas Vainica Doble, cuya letra habla del tema. Ya solo falta un poco de cine de verano, pensé, y recordé unos minutos de una película del cine de Godard. Ya se sabe, excusatio non petita...



No sabía que existiera esta foto, sin duda en la que aparezco más pequeño. No le presté atención cuando la recibí, pero al verla detenidamente ahora han surgido historias y explicaciones que me apetece compartir. Todas relacionadas con la Educación para el Bandidismo que recibí. Las clases de esta asignatura, aunque conduzcan a lo mismo, son en cada caso muy diferentes y personalizadas. Ya he contado alguna vez que no fui demasiado bienvenido a este mundo, porque pensaban que iba a traer muerte. Luego, sí, viendo que no la había traído, fui compensado, pero las compensaciones llegan tarde; como la venganza, se sirven frías. También he contado que hice una terapia regresiva emocional. Iba a Donosti una vez al mes, me tumbaba en un diván, el terapeuta me tapaba con una mantita y durante dos horas revivía todo lo que sentí. Aprendí a hacer las paces con tirios y troyanos: ha sido estupendo, pero no creáis que fue fácil. Cuento todo esto para que se sepa que sé de lo que hablo cuando hablo de este tema.

La foto está hecha en la casa de mi abuelo materno, en Madrid. En la foto completa, en un sofá estamos todos los primos que habíamos nacido y éramos capaces de mantenernos sentados; desde la mayor, a la izquierda, al más enano (o sea yo), a la derecha. Mi abuelo materno era un hombre acomodado y tenía máquina de fotos. Siempre le he agradecido que no pusiera obstáculos a que su hija se casara con mi padre, no lo era. Y no tenía cámara de fotos, claro. Pero de los 4 hermanos, soy el único para el que no se contrató un fotógrafo para que me sacara con el traje de cristianar. Que cada uno saque sus consecuencias.

Emocionalmente, antes incluso del nacimiento, viví aquel frío, y me lo expliqué a mí mismo, imagino que con imágenes y sensaciones, como que había dos bandos: por un lado yo, y por el otro todos los demás. Tuve claramente la idea de que si quería sobrevivir, y bien que quería, tenía que espabilar. Para espabilar, es necesario un reconocimiento detallado del escenario donde se van a producir las batallas. Tardé en hablar, pero me fijaba mucho en todo. Volved a la foto: lo que había aprendido buceando, ¡la fijación está ahí!

Esas piernas gordas son un regalo del señor Marshall (o un robo de los regalos del señor Marshall a los niños de la Europa democrática). Mi padre trabajaba en las oficinas del puerto y mi madre, enferma, no me podía amamantar. Creo que la escena, cuyos detalles me estoy inventando, pudo ser más o menos así: hizo escala en el puerto un barco americano, para descargar mercancías y seguir su rumbo. Los de Aduanas sabían que el barco llevaba, digamos que a Marsella, toneladas de leche en polvo, regalo del gobierno estadounidense. Los obreros del puerto, expertos en bajarse lo que no estaba en la lista, opinaron que no sería difícil bajarse unas cajas para que comiera el hijo de Pepe. Debieron llenar la casa con ellas y, como era gratis, y la época era de hambre, posiblemente me embitían un biberón a poco que abriera la boca. Crecí, me fortalecí, seguí fijándome mucho; y mantuve mi guerra.

Demos un salto de tres años desde la foto y os cuento mi aprendizaje del bandidismo social. Me había acostumbrado a dos tipos de vida: en casa, por mi madre, era silencioso y me movía como un gato. La tensión mantenida es como un resorte, que se disparaba en el exterior, donde actuaba como un bárbaro. Había aceptado condiciones. Pero con tres años y medio, y un agravamiento de mi madre, no podía estar en casa todo el día. En mi ciudad había una escuela de recogida de niños con problemas, en un primer piso del centro. La llevaban dos hermanas que se repartían el trabajo de los niños que necesitaban ese sucedáneo de lo que ahora son las habituales escuelas infantiles. En un aula a la derecha, con balcón, los menores hasta cumplir 7 años. En otra aula al fondo, sin ventana, la de los niños de 7, 8 y 9 años, que preparaban el examen de Ingreso para hacer el bachillerato elemental, y que para un niño de menos de 4 eran gigantescos. En medio, un pasillo largo, algunas puertas cerradas, y el baño. La tierra de nadie donde se libraban las luchas y los golpes. Ahora, los niños, van a clases especiales, por ejemplo de judo y karate, que los padres pagan. En aquella escuela, aprender a atacar y defenderte en la tierra de nadie era gratis; como se dice de los coches, venía de serie.

Tanto me gustaba aquello, a pesar de que los mayores pegaban fuerte, que se cuenta, aunque de eso solo tengo un recuerdo borroso, que me despertaba pronto, cogía el cabás y me sentaba en pijama en el sofá de la sala con el cabás sobre la piernas, deseoso de que alguien se levantara, me lavara y vistiera, me diera de desayunar y me llevara al parque temático más fabuloso que he conocido nunca.

Mi padre consiguió que, a finales de noviembre, me aceptaran en el colegio de curas, aunque no tenía la edad reglamentaria. Contaba en mi favor que mientras los que iban a ser mis compañeros repetían lo de la m con la a ma, yo sabía ya leer, escribía algo, y me las apañaba con algunas de las reglas aritméticas: demasiadas horas en el aula del balcón oyendo cuentos y practicando esas habilidades. En el nuevo colegio conocí el bandidaje institucional. Me hicieron saber que también en primero de elemental se practicaba la división en dos bandos (tropas, las llamaban): la de los romanos y la de los cartagineses. Hasta para la organización mafiosa se tenía un gran respeto por las humanidades, en ese colegio. O elegía pronto o me pegarían todos. Con lenguaje de hoy, podría decir que eran unos pringaos que no sabían con quién estaban hablando. Apenas llevaban dos meses separados de las faldas de sus mamás, mientras que yo venía de un campamento de instrucción de comandos de las fuerzas especiales. Antes de terminar la primera semana era el jefe de la banda (tropa) de los cartagineses, ejerciendo con tal creatividad mi jefatura que terminé por tener problemas, cuando tres años después íbamos dejando de ser de goma. Me tuve que hacer “bueno” como nueva táctica de supervivencia. Pero esa es otra historia. Dar y recibir era el juego. Al crecer, los golpes empezaban a doler de verdad, así que cambiamos los ataques físicos por otros más sutiles. Pero no he hecho otra cosa que encontrarme en bandos sin comerlo ni beberlo.

Padres y madres que creéis que vuestros hijos no piensan así, caed del burro. Cierto que lo he contado con un lenguaje articulado, pero esas son las estructuras de pensamiento infantiles, quizá en mi caso exacerbadas por las condiciones que imponía la enfermedad de mi madre; aunque siempre hay algo, así que no creo que haya mucha diferencia. Si no me creéis, pasaos por Donosti y conoceréis cómo fuisteis.




Esta canción nos describe perfectamente. Quizá el mundo sea más o menos así, pero España lo es al 100%. Me contaba un masón que las logias liberales europeas tenían una estructura basada en un centro que era el Gran Oriente, situado en la capital, con centros adscritos en el país. Así funcionó en toda Europa, menos en España. El Gran Oriente de España se convirtió en una bulla, empezaron a subdividirse, como hacen las células, y tuvimos el Gran Oriente de Pérez, el de Martínez, el de Gómez...

O pensad, si no, en el ambiente en el trabajo. Uno llega a una empresa dispuesto a hacer su trabajo y no meterse en líos. Sonríe y saluda a todo el mundo y todos le devuelven el saludo y la sonrisa. Por cualquier razón, repite tres días mesa en el comedor con las mismas personas y ya está perdido. Al día siguiente, alguien le devuelve el saludo con cara seria. No lo sabe, pero existían bandos y sin darse cuenta se ha metido en uno, heredando por ciencia infusa trifulcas que se habían producido años antes de incorporarse a la empresa. Ya no puede hacer nada salvo, quizás, entender mejor cómo es cada uno y abandonar a los compañeros de la primera mesa, que dejarán de saludarle, para que el serio se vuelva efusivo con uno.

¿No tenéis experiencias muy parecidas? No es posible, o es muy difícil, no ser un bandido. Aquí podéis contarlas.
Y para terminar, saco una sábana a la acera y, como si fuera un cine de verano, proyecto 4 minutos de una película de Godard, Bande apart. Me acordé de ella porque el título parece concordar con el tema de la tertulia, aunque el argumento es otra cosa, aquí son una banda de delincuentes. Pero es tan fresca, tan deliciosa, que seguro que os quitará el mal sabor de boca de los recuerdos que mi entrada os ha traído.




¡Viva Godard!

34 comentarios:

Librería de Mujeres Canarias dijo...

"Más allá de lo que conocía. Por lo tanto más allá de lo soportable" Godard, la foto de niño mirando, Vainica Doble.... Tengo que venir más despacio, profesor NàN, y cuando reuna dinero tendré que ir a Donosti porque, desde aquí y ahora, algo presiento...
Bonita charla a la fresca.
A los dos muchos besos...

NáN dijo...

Querida y temprana IZASKUN, teniendo en cuenta que el último de mis abuelos se murió cuando yo no había cumplido tres años, encontrarme las fotos de estos, de mi madre y mis tíos en su juventud, ¡de mis bisabuelos!, extiende la familia más de lo que hubiera deseado.

Pero ojo, que este año es tertulia a la fresca, no parvulario, así que me quitas lo de "profesor". Como ella no suele entrar por aquí, le paso tu beso.

Y otro grande para ti.

Freia dijo...

Por fin me he sentado con toda la calma del mundo a disfrutar de su "hastío estival" y saco mi silla a la puerta aunque sea de día.
Me gusta su lucha por la vida, seguramente desde que era una cabeza con flagelo y ese empeño por vivir, por estar, por ser, por fijarse, por existir y por llegar a jefe de los cartagineses curtido por las mil batallas de un balcón, seguramente sin geranios como los de mi abuela, pero casi con total seguridad muy cercanos a aquellos en los que yo también miraba y veía a través de ellos la calle.
Cuando nací no fuí más buscada ni más querida que Vd. por mi madre pero sí por mi padre, aunque le costó muchos años reconocerlo (ya sabe, eran tiempos difíciles para que la mayor parte de los padres pudieran derraman ternura fácilmente).
En mi caso, los dos bandos se ponían siempre de acuerdo para decidir que yo era la más gorda, la más gafotas, la más torpe (cosa por otra parte absolutamente cierta). Era a la última que escogían cuando echaban pies para elegir bandos cuando se jugaba al balón prisionero, al pídola, al látigo... Me pasaba la vida en el rinchi o despedida furiosamente del látigo contra un árbol al grito de "Verbena, verbena la casa se te quema"...
Acabé decidiendo que se estaba mejor en casa y sola, resguárdandome del Mal, leyendo y leyendo compulsivamente. Crecí sola y sin hablar.
Pero de mayor me volví escandalosamente competitiva. Tenía que demostrar a todo el mundo que lo que me faltaba de belleza externa me sobraba de inteligencia y dotes de mando y así me fue. Me convertí en lider pero me gané el peor enemigo: yo misma y alguna amiga muy querida.
Por fortuna, alguien que me quería bien tuvo la valentía de decírme de qué pie cojeaba a los 21 años y aprendí bien la lección. Arrinconé la competitividad y la lucha en bandos e intenté con mi mejor voluntad el diálogo y demostrar que no todo tiene que ser blanco o negro. Me pasé, me he pasado la vida entre psiquiatras aunque acudo a los de Madrid que a Donosti me gusta ir a disfrutarla y a escucharla y a ver a amigos y a tomar pintxos. Y hoy por hoy conservo pocos amigos pero reconfortantes, de diferentes ideologías políticas, religiosas, musicales. Me llevo bien con casi todos los novios, maridos o amantes que he tenido porque siempre pensé que era posible por mucho que la tradición se empeñase en lo contrario. Por salvar lo que de bueno hubo. En algún caso no ha sido posible. Como tampoco ha sido posible en algún caso la reconciliación con una amiga y bien que lo he intentado y lo sigo intentando.
No creo especialmente en los bandos aunque sea el pan nuestro de cada día y cuando una pareja de amigos rompe procuro no alinearme ni de un lado ni de otro. Y, nuevamente en contra de la opinión generalizada, es perfectamente posible porque no todos te exigen tomar partido.
Y conforme envejezco me gusta todavía menos ese empeño del bandidaje. Me supera, no lo entiendo. Me tengo por conciliadora hasta que la mala leche ajena desata la mía propia y todo se estropea y arrolla, que no soy una santa ni quiero ir de ello.
Y que ya vale. Que me parece a mí que estas tertulias pueden llegar a convertirse en una terapia de grupo.
Por tanto, coloco mi silla al lado de la suya, me fijo en esa sábana del cine Rex tan añorado como ese hermoso trozo del Godard más limpio y espero a que los demás nos cuenten su bandidaje.
Un beso muy fuerte

Isabel dijo...

Por favor, sí, Ud. ¿no es el que organiza esta tertulia?
¿Me puede indicar dónde está el divan?
Verá, es que yo no he ido nunca a una regresión de esas, ¿qué quién soy? claro, es que Ud. sólo me conoce por mi nombre, soy Jimena, sí hombre la de los nardos, borrachita vengo de su perfume, y reventá, a todas las señoras les da por hacer obras y pintar en estas fechas y aquí está haciendo 40 grados a la sombra. Que digo yo, si me puede dejar echarme un ratito, y que la que me inventó le cuente lo que quiera.

Buenas, esto parece una terapia de grupo, de lo que me alegro, si de algo sirven las tertulias es para conocernos mejor, ya sea con nuestras propias historias o con las opiniones sobre temas vertidas en confianza.
El problema es que a mí no me gusta hablar de mí, sobre todo, si lo que tengo que contar es que fui una niña querida; eso suena pasteloso, lo interesante es lo tuyo, NáN, o lo tuyo, Freia, como los personajes en la ficción, los malos o los que han sufrido por algo, siempre tienen más registros y se disfrutan en la intriga.
Pero bueno, ahora que me habéis hecho volver a la infancia, sí tenía un problema, que da lugar al conflicto.
La casa en que nací y viví hasta los cinco años estaba a un lado de la vía del tren y para cruzar al barrio y jugar con los niños había que estar pendiente de que no pasara nigúno. Ni que decir tiene que estaba prohibido y eso para una niña que lo que quiere es jugar con niños era para llorar y patalear, porque no era yo, eso sí, fácil de convencer y un buen día le dije a mi padre que me cambiaran por otro niño del otro lado de la vía.
Ya veís, el tren marcó mis juegos. Ya en otra casa lo exterioricé y eliminé en mis juegos de la hora
de la siesta. (http://elcosturerodeisabel.blogspot.com/2008/09/42-la-siesta.html)
porque a mí, como ahora, nunca me ha gustado dormirla, ya se acorta bastante nuestra vida con las noches, así que alarguémosla con las tertulias de Nano.

Sue dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sue dijo...

He leído rápido porque tenía ganas de sentarme frente a la sábana a ver los 4 minutos de peli que nos has regalado. Qué grande! (y solo he visto este fragmento).No la conocía.

Tus letras son muy emotivas. Yo a veces, cuando miro fotos mías de pequeñita, me siento rara. Y es que, si lo piensas, una foto es un instante robado, es un instante que perdura en el tiempo convirtiéndose en algo atemporal y hasta un poco surrealista o falso, porque uno ya no es ese de la foto y ... bueno es como ... no sé, como retorcido.
Pero lindo, en ocasiones. A mi me gusta mucho mirar una en la que debo tener unos 6 añitos y estoy sonriendo como si fuera feliz. Imagino que lo sería. Me encanta esa foto.

En cuanto a "sobrevivir" en la niñez y adolescencia, bueno, supongo que todos tenemos un poco de supervivientes. A mi no me gustaban las peleas, sin embargo, me metí en más de las que hubiera querido. Casi siempre por torpeza propia o defender a alguien.
En cualquier caso, tampoco fueron muchas, yo era más de encerrarme a leer y escribir, o de curar animalitos.

Es curioso lo que cuentas de tu nacimiento porque yo también vine al mundo por casualidad (un descuido, vaya), de hecho mi madre estuvo a punto de abortar. Acababa de parir a mi hermana cuando se enteró de que estaba embarazada de mi y lo pasó tan mal en el parto que se pensó lo del aborto muy seriamente.

Qué rica tertulia para un domingo de verano. Gracias NáN.
Me voy a tomar una horchata mientras llega el próximo comentarista.

NáN dijo...

Aviso a tertulianos:

Que nadie se sienta en la necesidad de contar sus cosas porque otros, como el bocazas del sillero, las cuente. Esto es como la vida real, en donde los conversadores hablan de aquello que quieren hablar. El que quiera comentar, lo puede hacer sobre el fondo, la foto, canción, película... ¡o sobre lo que le dé la gana y no esté en el post!

Lo segundo, es que no tiene por qué ser una relación tertulial conmigo solo. El espacio está abierto para que todo el que quiera se refiera al que quiera. ¡No haber comentado!

(Ahora tengo que salir, esta noche o mañana os contesto).

Luna dijo...

Me alegro que lo digas. Mis padres eran estupendos. El problema era yo. Era malísima.

Mala no, traviesa.

Crecí entre cinco chicos y eso tiene un precio. Era la más bruta de todos, con diferencia.

No me gustaban las muñecas. Tenía una pistola, un arco y seis flechas con chupones de goma.

“Arreglé” dos y les puse de esas plumas de palillero que le cogí a mi padre. Eran mis armas secretas, aunque nunca tuve que usarlas.

Si alguien se reía de algún niño o niña con gafas o con cualquier problema, aparecía con las flechas “te pones de rodilla y le pides perdón o te clavo la flecha en el culo” y luego lograba que se hicieran amigos.

Debo reconocer que todo el mundo me quería mucho.

Lo peor de aquellos tiempos me sucedió con niñas mayores que yo. Me acorralaban y querían darme dinero para que les dijera como eran los niños por dentro.
Eso me asustaba, no entendía lo que querían decir.

Se lo dije a mi hermano, dos años y medio mayor que yo y él lo solucionó.

Cuando dejaron de acorralarme, le pregunté a mi hermano como lo había logrado, me dijo que era pequeña para saberlo.

Fin

NáN dijo...

Me dejas impresionado, FREIA, por la soltura y sinceridad con que cuentas la historia. Para empezar por el final, lo que escribí fue una crítica de los bandos: también yo los soporto cada vez menos (¿serán los años?). Pero es una realidad y, como todas las realidades, un tema de reflexión interesante.

Te alineas, quieras o no, con mi grupo. Una infancia emotivamente difícil. También como yo, aunque yo lo hacía a lo chicote de aquellos tiempos (sin televisión, música, juegos), que nos daba por darnos mamporros. Considerada "fuera del estándar de la galanía", encontraste en la soledad tu fuerza. Es increíble la fuerza de los niños: perfectamente capaces de hacer lo que tienen que hacer para que llegue el momento de decir "aquí estoy yo". Claro que hablamos desde una perspectiva privilegiada porque, aunque a destiempo, recibimos el apoyo emocional necesario.

A lo mejor, o a lo peor, descubrimos que quedaba un dolor en una base profunda, un campo de minas, que sin querer, de mayores, hacemos explotar una. Y por eso los de ese bando conocemos los psiquiatras.

El caso es que sabiendo lo que sé, si volviera a nacer y me dieran a elegir, diría: "lo que la suerte me traiga". Porque ha merecido la pena conocer lo que he conocido. Ah, y eres como Lola: que lucha por rehacer lo roto. Yo no: soy de los que si se acabó se terminó.

Un gran abrazo, Freieta.



No, no, no y no, ISABEL: todo es interesante. Si no, no me gustaría leer y escribir. Cada vida es un fogonazo; y conocerla un privilegio. Si queremos des-bandarnos, derribemos los muros que nos encasillan.

Tu historia de que pediste que te cambiaran por otra del otro lado es ¡genial! Más que eso: refuerza mi tesis de la autonomía y fortaleza de los niños. Lo que más querías era jugar y eso era lo más importante: que pasaras a tener otros padres era secundario en esos momentos de deseo. ¡Sano egoísmo! (creo que nos estamos cargando un poco la visión que tenemos de la infancia, lo que también es muy sano).

He ido a leer la entrada cuya dirección nos pones: es de una gran ternura y añoranza; me ha dejado un gustito de contento.

Otro abrazo fuerte para ti.

NáN dijo...

Es maravillosa la película, SUE, hay un momento en que están los tres aburridos, en el bar. El guapo propone que guarden silencio un minuto, que eso es muy difícil, y la cámara se les queda mirando. Antes de que termine, el guapo no puede más y propone que batan el récord de tiempo de visita del Louvre: se van los 3 y lo recorren corriendo, "viéndolo" en pocos minutos. Esa escena me enseñó sobre el arte más que muchos documentales.

Es difícl reconocerse en las fotos, ¿verdad? Parece que miremos a otros. Me pasa lo mismo con los escritos: de pronto aparece un folio en un cajón, lo leo y no lo recuerdo. Es más, no me creo que lo hubiera escrito yo. Pero en esta que he puesto reencontré la mirada atenta que sabía debía tener.

Es curioso que las chicas reaccionéis encerrándoos a leer y escribir (y curar animalitos). Tenéis una vida interior mucho más rica y eso es un gran hallazgo para quien os encuentra. En realidad, quitando la "posesión" y sus amigos los "celos", no estamos lejos del período del matriarcado, cuando las mujeres se ocupaban de todo en el pueblo, tenían la sabiduría, y los hombres desaparecían en el exterior para irse de caza durante largas temporadas.

Un gran abrazo.

LUNA, aportas una experiencia que faltaba para redondear el tema. Tuviste una infancia en la que te sentiste totalmente adaptada. No necesitaste sobrevivir. Incluso pudiste, o la necesidad te llevó a ello, llevar una vida de chicote: si tenías que enfrentarte a tus numerosos hermanos, ¿qué tiene de raro que usaras esos métodos en el exterior? Lógicamente, en una niña era más sorprendente, por lo que tu poder físico crecía a los ojos de los demás.

Quizá eso explique tu tendencia a huir de los caminos oscuros y a vivir en los luminosos: tu perfecta adaptación sin problemas emocionales arrastrados desde la infancia. No es una vida mejor ni peor. Es diferente a las que hemos contado. Y me da la impesión que los psiquiatras van a hacer poco negocio contigo. ¡Te pierdes las pastillitas de colores, que lo sepas!

Un fuerte abrazo.

Gemma dijo...

¿Dónde hay que apuntarse para hacerse cartaginés? ;-)
Un beso gordo

NáN dijo...

Mooola, ¿eh, Gemma? Seguro que en los Jesuitas, de educación más profunda, los grupos contendientes eran los Presocráticos y los Platónicos.

Tienes permiso para poner una coma entre "beso" y "gordo" (pero de momento, solo tú).

giovanni dijo...

Bueno, jefe, me gustó tu historia y me pregunto por qué una dedicatoria será demasiado privado después de haber leído todos esos detalles sobre tu personalidad de guerrero (y mafioso además!).

Y lo curioso es que mi amigo cineasta estrenará en su sala de cine modesta (construida por él con sus propias manos anexo a su casa) dentro de poco... BANDE À PART de Jean-Luc Godard. Son de esas coincidencias que me gustan.

Dice mi amigo cineasta en su invitación: 'Alice in Wonderland a través de los ojos de Franz Kafka': con esa descripción Jean-Luc Godard lanzó en 1964 su séptima película en cinco años. Basado ligeramente sobre (en) el thriller americano Fool's Gold cuenta la historia de dos hombres jóvenes y una mujer joven (Anna Karina) que quieren asaltar una casa grande y huir después a un país donde siempre brilla el sol. El plot es para Godard sólo un alibi (argumento) para meditar sobre un pasado que se apaga (desaparece) lentamente y nunca volverá.

Un abrazo

Elvira dijo...

Me ha gustado mucho leerte, NáN.

Yo crecí como la hija pequeña en una familia donde ser hombre era más "importante" que ser mujer, y ser mayor mucho más que ser pequeño. Pero yo no me callaba, jaja!

Un beso

PD: Vengo del blog de Isabel: pues claro que eres un lector-escritor atractivo, ¿lo dudabas? :-)

La de la ventana dijo...

Yo fui hija única durante mucho tiempo, tanto que cuando llegó mi hermano por accidente ya me había acostumbrado a jugar sola, incluso a la oca o al parchís... Pero bueno, con el tiempo, la diferencia se difuminó y ahora me alegro de tenerle.

Mi infancia fue relativamente buena, no tanto mi adolescencia: estaba deseando que pasara. Y pasó, claro está. Y ni por todo el oro del mundo volvería a aquellos años.

Luna dijo...

Quería decirle a Freia que lo siento mucho.Ese tipo de cosas hacen un daño terrible en los niños y no se supera o se supera muy tarde y mal.
Lo penoso de todo eso es que sigue pasando.
hay niños que siguen acorralados por otros niños por las mismas causas que expones.
Nunca fui de bandos, ni lo soy ahora.
Tampoco fui ni soy competitiva.

Antes y ahora me enfado por las mismas cosas, la injusticia. hay miles de cosas que dejamos de hacer por quedar bien delante de muchos y dejar tirado a una o uno.

Tienes razón,Nán. Conmmigo todos irían a la ruina.

Sue dijo...

Bueno, yo también he ido "de caza" je,je. Creo que todos somos mitad y mitad.

Me ha encantado Godard así que voy a ver si visiono la peli un día de estos.

NáN dijo...

Bueno, GIOVANNI, ya sabes, los "mafiosos" podemos contar historias para desviar la atención... ¡Pero jamás damos un nombre!

Y ahora, ya en serio, es una agradable casualidad. Pero lo que me fascina es que haya gente dispuesta a hacer una sala de cine, supongo que pequeña y modesta, con sus propias manos. Que traiga del recuerdo películas como esta y que haga una descripción tan hermosa y certera. Estoy seguro de que disfrutarás la historia de esos delincuntes que solo pretenden dar un golpe para irse el resto de su vida a donde siempre brilla el sol. Para mí, n aquellos tiempos, Godard fue un maestro de mi educación emocional.
Un abrazo

Gracias por tu placer al leerme, ELVIRA. Lo dudaba y lo sigo dudando, ¡y mucho!

Así que tú también eres "la pequeña". De ahí me viene el nombre de el Nano. Desde que empecé a entender las palabras, nunca oí que me llamaran de otra manera. Da un poco de irresponsabilidad, ¿no?, estar en una casa en la que todos son independientes y solo tú necesitas ayuda para todo.
Un abrazo con luces de Clara Gangutia.

Pues una buena infancia cuenta mucho, TERESA, pero las adolescencias son bombas hormonales unidas a una visión totalmente errónea de la vida. Aún así, a pesar de lo insoportable de estar despierto en mitad de la noche y oír la sirena de un barco que zarpa, angustiándote porque querrías levantarte corriendo y subir a él, creo que mi edad dorada fue entre los 15 y los 25. Los mayores dolores de la incomprensión, pero también los mayores placeres. Y sin embargo, no cambiaría mi edad de ahora por nada: si algo se acerca a la "felicidad", es envejecer.
Un abrazo fuerte de amigo

Si pasas por aquí otra vez, FREIA, tienes una intervención de LUNA, que te está dedicada.
Está muy bien, Luna, que te siga cabreando las injusticias personales que ves. Lo curioso, ya que psicoanalizamos tanto, es que suelen proceder de quienes fueron niños mimados e hiperprotegidos (hablo en general).
Besos de colores

No lo dudes, SUE. No sé si te las "apañas" con Internet. Yo no lo he hecho nunca (si viviera en un pueblo sin duda lo haría), porque en Madrid, por ejemplo, hay dos videoclubs llamados Ficciones, uno por Tirso de Molina y el otro en Malasaña, que tienen casi todo el cine "de autor".

Así que también has salido "de caza". Me alegra saber que 50.000 años no han pasado en balde. Pero lo de mitad y mitad... ni lo sueñes. La sustancialidad de las mujeres y la insustancialidad de los hombres siguen siendo irredimibles (de nuevo hablo en general).
Un beso

molinos dijo...

Ayer empecé a leer esta entrada pero no me dió tiempo, se acabó mi jornada de ocio laboral. Ahora la he leído despacio y con calma.

Siempre hay bandos. El que no quiera verlo es idiota. Sobre lo que creemos de nuestros hijos...yo sé perfectamente de qué bando será cada una. Una sufrirá y la otra será una superviviente.

La peli me ha encantado...me han entrado ganas de dejarme el pelo largo y hacerme coleta....

Flavia Company dijo...

De que tú eres un gran narrador, no cabe duda. De que he leído con fruición lo que nos cuentas, tampoco. Y esa foto, Nán. Esa foto me ha dejado un carozo de durazno en el alma. Gracias por tantas emociones.

NáN dijo...

Y a mí me encanta, MOLINOS, la claridad con que lo ves todo, sin aspavientos. En el fondo, parece como que tengas una gran confianza en la vida y en la resistencia de las personas, en que no hay necesidad que sepamos qué es lo mejor en cada vida y su experiencia.

Yo me enamoraba de todas las mujeres de las pelis de Godard. Quizá por eso nunca me ha atraído el modelo de "tía buena". (En estos momentos, a 15 cm del ordenador, a la izquierda, miro un espléndido dibujo a lápiz de la escena en el baño de Belmondo y Jean Seberg. ¡Ay, la Seberg! La foto la puedes ver buscando en Google Imágenes "a bout de souffle". Me aparece en la primera fila de la primera página, la tercera).
Un abrazote

Mi querida Flavia, siempre apareces en el momento preciso para darme ánimo y seguridad. (Y para sentirme acmpañado). Y ahora lo necesitaba. ¿Qué tal se escribe en la selva tucumana? Sigo esperando enero para leer la traducción al español del último.

Besos a ti, a quien te acompañe y a todo bicho que te rodee.

Jota dijo...

Tienes razón en que esta sociedad nos obliga a elegir entre bandos, y quien intenta sobrevolar estas decisiones forzosas acaba excluido como un germen social o abatido a pedradas antes de que pueda ascender demasiado alto. Un asco, vamos.

Portarosa dijo...

Me han gustado mucho tu historia y la de Freia.
Ayer pensaba yo, precisamente, en las chicas solitarias, poco populares (en el sentido high-school americano), y en cómo muchas conservan el romanticismo y la ilusión, y no se envenenan, gracias a su vida interior (todo esto, muy resumido).
Freia, lo cuentas muy bien. Me alegro de que enderezases todo aquello.

Me encanta la foto, NáN. ¡No has cambiado nada!

Los bandos y la elección son reales, ya lo creo. Pero también creo que se puede intentar otra visión; y que si uno de mayor consigue ponerse por encima de muchas de esas bipolaridades (uy), ¿por qué no enseñarlo, en la medida de lo posible?

Me refiero a los hijos, claro; aunque me tenga que repetir el consejo que me repites, NáN: rebajar ansiedades y act naturally.

Besos y abrazos.

Portarosa dijo...

Que, fiándonos de ellos, confiando en ellos, y aceptando el curso normal de los acontecimientos, se les puede mostrar otra forma de mirar, de estar.

Eso creo.

(¡¿Es cierto eso que leo de que NáN no se considera un comentarista atractivo?! ¡Qué disparate!)

NáN dijo...

Toda la razón, JOTA, de eso va el tema: de la imposibilidad imposible de saltarse esta costumbre social. He echado un vistazo a tu heteronísimo blog y me ha gustado, me verás por allí.

PORTOROSA 1, tienes razón en lo de Freia, una gran historia contada estupendamente.

En cuanto a lo de que estoy igual, hombreeee, ahora, aunque blancurrio, tengo muchísimo más pelo.

En lo de los hijos, pues sí, está bien decirles cosas, pero importa mucho más lo que te vean. De todas maneras, si ven que es necesario, se agruparán.

PORTOROSA 2, es mucho cierto lo que hombre blanco decir. Pero hay una edad en la que pasarán de ti. ¿Te acuerdas lo que te conté? Cuando Hijo volvió a casa del Instituto un día (me estoy refiriendo al Hijo que Lola consideraba El Principito, tan razonable el pobre, y no se había dado cuenta de los siniestros cambios que llevaban produciéndose unos años) y gritó ¡Qué hay de zampa!, Lola perdió el color y me dijo: ocúpate de él unos años y luego me lo devuelves.

No está escrito, pero pasa así.

(Yo lo consideré un regalo del cielo y nos lo pasamos muy bien esos años. Terminado el período de cuarentena, ya se había cimentado la costumbre de que era mucho mejor que me cuidara él a mí a que lo cuidara yo a él).

Isabel Barceló Chico dijo...

Cuando he llegado a tu foto, NaN, me ha parecido que estabas mirando un ángel. Con atención y curiosidad, como miran los niños, pero sin expresar admiración. Luego, al seguir leyendo, ya no he tenido tan clara esa primera impresión, aunque tampoco he sido capaz de interpretarla de otra manera. Siempre he envidiado a las personas que dicen haber tenido una infancia feliz. La mía no lo fue, desde luego, y la viví con vergüenza, creyendo - ya ves cuánta ignorancia - que era la única niña en el mundo cuyos padres no se querían. Temía siempre que me preguntaran por ellos, o por lo que hacíamos en casa, o a dónde íbamos o cómo nos divertíamos todos juntos. La infelicidad vista como una culpa, como una lacra. Así me acostumbré a no hablar nunca de ellos ni de mí. Y sigo sin hacerlo, no creas. Es que ahora, con la sillita en la puerta y viéndote mirar a ese ángel (porque de nuevo estoy convencida de que era un ángel lo que veías) me han dado ganas de decirte (y de decirme) que éramos muchos los desdichados y que no lo éramos por nuestra propia culpa. La experiencia de tantos años de sufrimiento al menos me enseñó una cosa: a no hacer sentirse culpables a otros y a reconocer a cada cual lo suyo, hasta donde soy capaz de discernir. La infancia es una etapa terrible, no tiene mucho de ese paraíso que a veces nos presentan. Pero en ella nos forjamos, aunque sea a martillazos y, como muy bien dices, nos ha permitido conocer cosas que otros no conocen (por ejemplo, los abismos). Un abrazo.

AROAMD dijo...

los ojos son los mismos

(esa foto, fiuu)

pero te has convertido en un bandido distinto al modelo que esperaron

NáN dijo...

Me impresiona tu historia, ISABEL R. Y que la cuentes, que este post haya causado tanta sinceridad (y utilidad). Estoy absolutamente de acuerdo en que lo de la “infancia feliz” tiene mucho de mito en bastantes casos. También en esa fuerza que dices. Qué horror ser capaz de percibir que tus padres no se quieren como tú, de niña, pensabas que debía ser quererse. En aquella época, la estructura machista de las relaciones relegaba a la mujer a una posición secundaria que “amarse” debía ser difícil (es difícil pensar en el amor entre los que no son iguales como personas). Pero aguantar eso pensando que es algo que no les pasa a los demás, y sentir culpa, debe ser muy doloroso. El final me ha dejado tocado. Hay que escribir muy bien para decirlo así: “me han dado ganas de decirte (y de decirme) que éramos muchos los desdichados y que no lo éramos por nuestra propia culpa. La experiencia de tantos años de sufrimiento al menos me enseñó una cosa: a no hacer sentirse culpables a otros y a reconocer a cada cual lo suyo, hasta donde soy capaz de discernir. La infancia es una etapa terrible, no tiene mucho de ese paraíso que a veces nos presentan. Pero en ella nos forjamos, aunque sea a martillazos y, como muy bien dices, nos ha permitido conocer cosas que otros no conocen (por ejemplo, los abismos)."


Yo te mando un abrazo de las grandes, grandes.

NáN dijo...

Ay, AROÍLLA, que te metiste por enmedio cuando contestaba a Isabel y no te vi. Mira que si te piso un pie sin querer.

Es que no eliges las bandas. Ellas te eligen a ti.

Besos de más que buena vecindad

Gemma dijo...

Vine a dejarle un besín al gordo. ;-PP

NáN dijo...

¡Yuhu! Esta es mi Gemma. Ya me ocuparé de poner tu sillita donde corra más la brisa.

Isabel dijo...

No sé por qué siempre elijo entrar en la tertulia a la hora de más calor y tengo que decir que aún no me han instalado el aire, así que parece que estoy en la sauna, pero no importa porque estoy disfrutando en esta tertulia tan íntima y tan interesante.
Estoy aprendiendo mucho de todos/as y os lo agradezco y a ti, Nano, más aún.
Besos.

NáN dijo...

Querida ISABEL: soy el primer sorprendido de la calidad y calidez de los comentarios. No esperaba que la tertulia fuera a ser tan verdadera. Me he dado cuenta de que nos conocemos mucho más allá de lo que pensamos y de que nos tratamos con la familiaridad de verdaderos amigos. Incluso a pesar de que esto quede abierto a posibles ojos lejanos.

Un abrazo en el calor... que tampoco es para tanto para los que no tenemos que hacer trabajos físicos bajo el sol.

VERONICA LEONETTI dijo...

Yo me hice bandida solita y de pequeña era difícil bajarme de un árbol. Así que, además de bandida era un poco chimpancé.
Mejor nunca dejar de ser bandido/a. Que en el fondo es muy divertido y útil.