viernes, 30 de abril de 2010

Flavianas: Aposiopesis

[Hace un tiempo medio, me llamó Flavia Company para que acudiera a una cena en un italiano que compartía con otras tres escritoras. Hacía poco que, ¡por fin!, había leído su libro Trastornos literarios, que había encontrado en una librería de segunda mano de Lekeitio. Una de las escritoras presentes, dijo que la primera parte, la que da nombre al libro, podría servir al mejor taller literario que podía hacerse. Ahora que de momento me he distanciado del mío, he pedido permiso a Flavia, que como buena amiga me lo ha dado, para intentar ingeniármelas en un Taller personal con los mismos objetivos que los de su libro, pero sin poner el relato que ella puso en el libro. Al final, pongo, copiado exactamente de su libro, el DIAGNÓSTICO de la figura literaria en la que se basa el relato. Al ser un Taller, aunque unicelular, vuelvo a tener el escudo defensivo del “no es más que un ejercicio”.]




Qué buenos son todos

De qué ese aburrimiento por mí mismo, o de cuándo o, mejor, de cuántas veces. Sin que la vida general haya dejado de aburrirme, todo lo contrario; es lo único que conozco para matar el aburrimiento, aunque solo consiga adormecerlo. Qué les voy a contar a ustedes, que no sepan; salvo a los que me conocen, que son los que de verdad no saben. Agravada esta sensación por una situación de insomnio técnico que no tiene origen, pero me impide dormir más de dos o tres horas. Más tiempo para aburrirme, que evito leyendo casi la noche entera, de cualquier género: literaturas, ciencia, técnica, biografías, artes: todo lo que puede encuadernarse en un libro, que es otra manera de decir todo. El caso es que vivo, aliviado, la vida de los demás, armado por una ingente cantidad de datos con los que llevar la conversación, cuando decae en los que tengo enfrente, y por un interés genuino por la vida de los otros, que los otros aprecian más de lo que vale, agradecidos de que me entusiasme su pobre e insulsa vida. Aunque solo son botes salvavidas en el océano vasto de mi aburrimiento. Como comprenderán los posibles lectores de esta crónica anónima, desconozco qué factores desencadenaron esa cartografía mental inútil, tan detestable. Los desconozco porque, claro está, nunca me he preocupado de investigarlos. Habrá motivos, por supuesto, pero la palabra genérica, “causas”, me sirve tan bien como las especificaciones que podrían ponerse bajo ese epígrafe.

—¿Sales a las seis de la tarde a dar un paseo y vuelves a las 3 de la madrugada apestando a borracho?
—Bueno, es que...
—¡¿Es que qué?! ¿El señor ha tenido tiempo de montar una mentira? ¿Todavía le da la cabeza para eso?
—No, si yo...
—Tú lo que eres es un borracho de mierda que tiras a la basura tu vida y con ella la mía. Tomas una copa y ya estás perdido en tu ronda patibularia. Pero que sepas que ya estoy harta. ¡Que lo sepas! —exclamó mi mujer, arrojando una manta sobre el bendito sofá donde, apaciblemente, iba a no dormir.

Me convenía esa historia de mi yo contada desde fuera. No era tan terrible como la verdad: que había quedado a las siete con mi amada. Me resisto a llamarla amante porque eso requiere una relación sexual que, la verdad, no me entusiasma. Pero vaya si nos amamos. Ella está loquita por mi sabiduría, cuando en realidad es una acumulación inorgánica de datos, y por los dos libros de poemas que me editaron ya ni me acuerdo cuándo. Yo me dejo querer, me apasiono con su vida y le dejo que invente la mía, mucho más favorable que la real, pronunciando un “Bueno, la verdad...”, que ella rellena de maravillas, confundiendo el hecho de que hace años que lo más que he escrito es la lista de la compra, con la versión almibarada de que estoy poseído por un malditismo romántico y un pudor ante el Mundo.

Prefiero mil veces esa historia que el distanciamiento que siento hacia cualquier palabra escrita. Incluso las merecidas broncas de mi jefe se estructuran a mi favor cuando, ante el desorden y confusión mi trabajo, respondo con un “Lo cierto es que...”, dejando la frase colgada para que la rellene con barbaridades asumibles, en lugar de la realidad: mi trabajo me importa una mierda y siempre estoy distraído, viéndole los muslos a Pilar, o cómo afila los lápices Eugenio, el de la mesa minimalista. Todos son muy buenos conmigo, convirtiendo el desinterés letal en unas culpas veniales que esperan que, como consecuencia de sus diagnósticos piadosos, quiera y sepa corregir.

DIAGNÓSTICO: Interrupción brusca del discurso con un silencio porque se sobreentiende lo que se quería decir, por discreción, por prudencia, por desviarse del tema, etcétera.

18 comentarios:

Isabel dijo...

El protagonista de tu texto me ha recordado al escribiente del cuento de Herman Melville, Bartleby.
Me ha parecido como la explicación del porqué de esa actitud de reserva o desconfianza, que no aposiopesis como la tuya, en esa frase repetida por él: "preferiría no hacerlo". Tu texto como la explicación de su pasado.

Aunque a tu personaje no haya dejado de aburrirle la vida del todo como a Bartleby, en el que habita una profunda negación del mundo, sí veo una intención en Melville en dejar que nos inventemos el porqué de esa actitud de su personaje.
Y yo la he encontrado en tu texto.

Claro que esto es sólo mi interpretación, sin ninguna pretensión, jeje.

Dol dijo...

Sin palabras .
Me quito el sombrero , arrojo cenizas sobre mi cabeza calva y me quedo así hasta el fin de los tiempos.
Tu calidad literaria me paraliza.
...
POR QUÉ NO MONTAMOS UNA EDITORIAL EN PAPEL ?????????ENTRE TODOS???
Hay algunas cosas que la masa no debería perderse .
...
Y por cierto , menuda palabreja , Isabel.

Aposiopsis ??
Aposiopesis?

NáN dijo...

Ah, ISABEL, te aseguro que lo pensé varias veces mientras lo escribía. Pero aparte del hecho de que nunca podría haberlo escrito de no haber leído Bartleby, esto lo digo con toda seguridad, nada más lo puede relacionar con el que sin duda para mí es el mejor relato largo del mundo.

¡REYES!, con fans como tú, ¿quién necesita amigos? No te preocupes que, cuando piense que es el momento, presumiré en este blog de los numerosos rechazos editoriales.

Lo de la Editorial de papel me resulta gracioso, porque he pensado en una editorial como los avoncitos que hacíamos para tirárselos en el recreo a la niña de las trenzas... ¡pero en Editorial! Lo que por cierto es un recuerdo falso, porque en mis tiempos las niñas y los niños íbamos a colegios diferentes.

Un beso a las dos de vuestro aposiopético amigo

(Espero que os unáis a la campaña que explico arriba, en la columna de la derecha).

Isabel dijo...

Reyes, yo la tuve que buscar en el diccionario, me la sabía por puntos suspensivos, pero no así.
Y es que los Trastornos literarios van de eso, si pinchas en la lista de libros de la página de Flavia está la explicación.

¡Mira que si a estar alturas nos aprendemos estos palabros! jajaja...

Dol dijo...

Claro claro Nán , me uniré a la campaña pero tú tienes que votar lo que he puesto en mi blog, es de vital importancia para mi ahuecado existencialismo .



Isabel, jaja , gracias , tenía su explicación .
Igual nos da por hablar siempre así, incluso con el casero o con la familia.

Besos a los 2.

Gemma dijo...

Qué te voy a esconder a ti, que no sospeches ya; a ti y a los que no me conocen, que son los que de verdad saben.

(Licencia que me tomo porque me gustó mucho ese pensamiento, y quería dar unas vueltas a su alrededor).

Un beso fuerte y grande

NáN dijo...

ISABEL y REYES, habéis formando un tandem explicativo estupendo (ya voté, Reyes), que servirá mucho para los que os lean. Añado que la referencia al libro que se encuentra en el blog de Flavia es de una profesora, que basa su crítica en la bondad del libro para la comprensión de nuestra lengua.

Deja sin tocar la bondad literaria del texto, que es mucha.

GEMMA, siempre he pensado que un texto debe tener al menos una frase que sirva. No como una joya que adorna, sino como un pensamiento que da sentido al total. Que hayas encontrado la tuya, me satisface; que hayas jugado tan bien con ella, haciéndola tuya, me llena de alegría.

Anónimo dijo...

No se lo va creer, NáN. Ayer estuve tomando café con un señor que se llama ... Dioscórides. Primera vez en mi vida.


Sirwood

VERONICA LEONETTI dijo...

A mi me parece increíble y mágico como los escritores se interesan y toman la vida de los demás (aburridas o no)a veces hasta sin que estos se den cuenta, y la convierten, solo con sus palabras, en algo trascendente y que permanece en el tiempo.

NáN dijo...

¿Qué médico enloquecido, SIRWOOD, instituyó la tradición de llamar así al primogénito? Solo espero que al segundo no lo bautizaran como Pedanio.
Juegue a la Primitiva, hombre, está usted en racha.

Lo que demuestra eso, VERÓNICA, es que toda vida es interesante, "la mar de interesante", como decían las traducciones de los libros de Guillermo. El problema que tenemos al vivirla son los tiempos muertos, que quedan fuera de la narración. Siempre he prestado atención a las historias de los otros y he sentido fascinación. La empatía, en cambio, no es necesaria.

Fuerte abrazo a ambos.

saiz dijo...

Aunque lo había oído, no sabía a ciencia cierta qué es la "aposiopesis", de modo que lo he buscado en el diccionario y resulta ser una "figura que consiste en dejar incompleta una frase o no acabar de aclarar una especie, dando, sin embargo, a entender el sentido de lo que no se dice, y a veces más de lo que se calla".

Bueno, está bien que todas las cosas tengan nombre.

Pasa también con otra figura literaria, el zeugma, que es "construcción que consiste en que cuando una palabra que tiene conexión con dos o más miembros del período está expresa en uno de ellos, ha de sobrentenderse en los demás".

Ya digo: saber estas cosas no sirve para nada, pero está bien que incluso lo innombrable tenga una palabra para designarlo.

A mí lo que me ha sugerido el relato es esa actitud de dejarse llevar, de abandonarse a la inercia, de renuncia a las riendas de la vida y dejar, por el contrario, que sea ella, la existencia, la que le lleve a uno (como el jinete que renuncia a conducir el caballo y prefiere que éste le conduzca a su albedrío, o cuando en una playa nos tumbamos en una colchoneta y dejamos que el mar nos lleve a donde se le antoje).

El razonamiento oculto, si lo hay, podría ser: "¿qué más da dónde me lleve, si de todas formas ya estoy completamente perdido?".

Pero bueno, ¿quién no se ha dejado alguna vez llevar?, ¿quién no ha dimitido temporalmente -por apatía, por cansancio, por...- de sus propias riendas?

Puede ser peligrosa esta actitud (como en el ejemplo de la colchoneta), pero nadie negará que hay en ella un fondo de dulzura.

Microalgo dijo...

Uaaaa.

Esto me va a quitar un poco el mono provocado por la ausencia de sus relatos en el Bremen, Maese Nán.

Agradecido.

Anónimo dijo...

La cosa se apaña:

EUROPA PRESS/ 04-05-2010

Las importaciones de tequila aumentaron más de un 33% en los cuatro primeros meses de 2010, hasta superar los 944.100 litros, y España se consolida como tercer comprador mundial de la bebida tradicional mexicana con cerca del 1,5% de la demanda global, sólo superado por Estados Unidos (60%) y Alemania (3,6%).
Según datos del Consejo Regulador del Tequila recogidos por Europa Press, España fue donde más aumentó la demanda de este producto en el primer cuatrimestre del año de entre los principales países consumidores, y se acerca así a los registros máximos alcanzados en el mismo periodo de 2008, donde el mercado español compró a México 1,27 millones de litros de tequila.


Sirwood

Zayi Hernández dijo...

Me gustan los personajes que son cosncientes de sus errores y aún así los llevan con dignidad. Excelente!
Un besito.

Freia dijo...

Permítame don Nano, que venga a acurrucarme a la sombra de su texto en flor.
Un abrazo grande pero suavecito.

Isabel Barceló Chico dijo...

Me gusta la capacidad de tu personaje para no mentirse a sí mismo... ¿o sí se miente? Sí, creo que también se miente cuando se niega al sexo con una jovencita que está loca por él, según dice... Un texto muy bien elaborado. Besotes.

NáN dijo...

Ah, SAIZ, la dulzura de dejarse llevar. No me propondría esa vida para mí, pero no juzgo a mis personajes; procuro, a veces, no escribir acerca de mí y acepto a todos como un botánico acepta a las plantas. Claro que ahí, en lo de no escribo sobre mí, se puede deslizar un malentendido, porque en realidad hay un previo: no juzgar a las personas.

En cuanto a las figuras del lenguaje en que se va a basar esta serie o taller de uno, es interesante conocerlas, a pesar del nombre griego que parece decirnos que es algo complicadísimo, cuando en realidad es algo sencillo: herramientas que debemos conocer para usarlas en el momento apropiado.

MICROALGO, no se salva de leerme cada dos o tres semanas. Y viceversa. Creo que eso está muy bien requetebién.

Me alegra, SIRWOOD, que me ponga al día de este brote verde de la situación. No es lo mismo un parado que un cuate que se ha tomado sus tequilitas y se adormece apoyando la espalda en un muro. Esperemos que en un futuro pronto, se desarrolle la importación de los sombreros mexicanos, que echados hacia adelante tapan la cara y mejoran la tranquilidad del quieto.

NáN dijo...

Totalmente de acuerdo, ZAYI, pero añado el detalle de que más que consciente de sus errores, es consciente del error de la vida en general. El solo es una molécula de ese Error, pero lo lleva, como dices, con una gran dignidad, sin quejarse. Es más, creo que esos antihéroes son los personajes que más me han interesado en la literatura; y existen desde los griegos. Beso.

Acurrúquese todo lo que quiera, FREIA, nada como las palabras para encontrar nuestro sitio. Y abrace, no se olvide de abrazar que es muy sano.
Beso.


No sé, ISABEL, más que mentira es miedo. Todo el relato muestra una desconfianza absoluta hacia sí mismo: por eso prefiere la narración de su vida que hacen los demás.
Dicho esto, lo he repensado tras tu comentario y digo casi lo contrario de lo que acabo de decir: por miedo a sí mismo, miente para que parezca que está a salvo. Su punto fuerte es que en lugar de alejarse de los demás, opta por alejarse de sí mismo. No es un "descubrimiento" de este relato: la vida está llena de personajes así.
Un abrazo