
Soy idiota
Coger un tren a las 7:40 en Atocha es algo que por fuerza haces destemplado, dispuesto a cometer errores. Empezar el libro de Lara con furia y haber leído más de la mitad a las dos horas era un error. Un estilo así no se lo merece (me imaginé a Lara cantándome un tema de Kiko Veneno pero cambiando una palabra: “Tú me estás leyendo a mí / m’estás leyendo a mí,/ un 20% menos / no me lo niegues”). Así que me fui a la cafetería y pedí uno de esos bocadillos que te lo ponen calientes y cortados por la mitad, y piensas “esto no me lo como ni loco”, pero pides una botellita de Rioja y vaya si te lo comes. Ya templado y dueño de lo que hacía, recordé a Lara en la Cueva leyendo sus relatos, despaciosamente, a medias masticando a medias suspirando las palabras, frase a frase.
Dediqué el resto de viaje de ida y el de vuelta a leerlo como ella lo lee, desatándose entonces la emoción de la buena literatura. En beneficio de los que pasan por tu blog pero no te han oído leer, Lara, ¿no sería posible que pusieras un vídeo en el que te oigan leer tus relatos como lo haces? Uno chiquitín, como Primer día sin reloj.
Lara Moreno no lo es (idiota)
Hay una voz. Entera y verdadera. Las influencias se combinaron como en una de las grandes partidas de ajedrez, añadió lo sacado de sí misma, metió su vida entera (que es como decir la vida de todos los que de alguna manera la rozan) y salió un estilo propio y un tema necesario. Y esa voz no tiene parecido: es una estructura nueva. Puede gustar o no (eso es otra cosa). Pero ahí está, haciendo creíble lo inverosímil. Después notas que lo inverosímil son gente de carne y hueso que corren muchos riesgos con su vida fuera del círculo. Gentes que suelen acabar el día muy de noche, pero también cruzan, indecisos, la luz del día. Gente de verdad. Una generación real (una parte pequeña de esa generación que los engloba a todos, los que nos cuenta Lara y los que no, por la edad). Y están ahí, contados magníficamente por Lara. No es un ejercicio de estilo inútil. Es un esfuerzo para que gente tan ajena, como yo, que apenas puedo acercarme a ellos, diga ¡eso es, así son, entiendo!
Dice Pablo Gutiérrez en una buena contracubierta: «Los personajes de Cuatro veces fuego tienen la firme idea de ordenar sus vidas, y la vida tiene la firme idea de impedirlo». Muy bien dicho, Pablo, porque es así. Eso me permite dar un salto a las gentes que me rodearon a mí, con la única diferencia de que entonces era eso más la lucha política, que ya no existe. Esa gente vive realmente, la conocí en mi tiempo y doy fe, aunque parezca que no existen, y Lara Moreno los ha succionado y nos lo devuelve con una escritura en la que los planos se entrelazan tan delicadamente que lo único que piden para que se produzca el milagro del placer y el conocimiento es que se lea despacio, frase a frase: porque habla de la vida que sucede (y duele) sin más descripción e historia que las absolutamente necesarias.
De entre los cuatros grupos de cinco relatos cada uno, confieso la emoción casi lacrimosa de ese relato de perseguidores que es Durante horas. O el aplastamiento que me produjo esa maravilla literaria que es Efectos secundarios. Pero no voy a decir nada más. Total, los vais a leer todos antes o después y cada uno encontrará los suyos.
(Yo) soy idiota
Vuelvo a la estación a las cinco y pico de la tarde, con media hora de tiempo, para regresar esa misma noche a Madrid. Vi en el andén frío grupos de tres asientos. Uno de ellos tenía dos llenos de caca de paloma, y el de la izquierda limpio. Me senté y saqué el libro. Siempre llevo las gafas un poco caídas (innecesariamente porque son progresivas). De pronto, una cagada de paloma se me metió entre el cristal y el ojo. Miré hacia arriba y con el ojo que me quedaba vi una viga llena de palomas. ¿Cómo no se me ocurrió que el asiento izquierdo estaba limpio porque era continuamente ocupado por gente hosca, como yo, que prefieren sentarse solos? Cuando salí de limpiarme, otro solitario había ocupado ya el asiento que nunca se manchaba, esperando, sin saberlo, su ración de caca.
Me acordé entonces de que dicen eso trae suerte. Inmediatamente decidí traspasársela al libro de Lara, porque de verdad la merece.
Coger un tren a las 7:40 en Atocha es algo que por fuerza haces destemplado, dispuesto a cometer errores. Empezar el libro de Lara con furia y haber leído más de la mitad a las dos horas era un error. Un estilo así no se lo merece (me imaginé a Lara cantándome un tema de Kiko Veneno pero cambiando una palabra: “Tú me estás leyendo a mí / m’estás leyendo a mí,/ un 20% menos / no me lo niegues”). Así que me fui a la cafetería y pedí uno de esos bocadillos que te lo ponen calientes y cortados por la mitad, y piensas “esto no me lo como ni loco”, pero pides una botellita de Rioja y vaya si te lo comes. Ya templado y dueño de lo que hacía, recordé a Lara en la Cueva leyendo sus relatos, despaciosamente, a medias masticando a medias suspirando las palabras, frase a frase.
Dediqué el resto de viaje de ida y el de vuelta a leerlo como ella lo lee, desatándose entonces la emoción de la buena literatura. En beneficio de los que pasan por tu blog pero no te han oído leer, Lara, ¿no sería posible que pusieras un vídeo en el que te oigan leer tus relatos como lo haces? Uno chiquitín, como Primer día sin reloj.
Lara Moreno no lo es (idiota)
Hay una voz. Entera y verdadera. Las influencias se combinaron como en una de las grandes partidas de ajedrez, añadió lo sacado de sí misma, metió su vida entera (que es como decir la vida de todos los que de alguna manera la rozan) y salió un estilo propio y un tema necesario. Y esa voz no tiene parecido: es una estructura nueva. Puede gustar o no (eso es otra cosa). Pero ahí está, haciendo creíble lo inverosímil. Después notas que lo inverosímil son gente de carne y hueso que corren muchos riesgos con su vida fuera del círculo. Gentes que suelen acabar el día muy de noche, pero también cruzan, indecisos, la luz del día. Gente de verdad. Una generación real (una parte pequeña de esa generación que los engloba a todos, los que nos cuenta Lara y los que no, por la edad). Y están ahí, contados magníficamente por Lara. No es un ejercicio de estilo inútil. Es un esfuerzo para que gente tan ajena, como yo, que apenas puedo acercarme a ellos, diga ¡eso es, así son, entiendo!
Dice Pablo Gutiérrez en una buena contracubierta: «Los personajes de Cuatro veces fuego tienen la firme idea de ordenar sus vidas, y la vida tiene la firme idea de impedirlo». Muy bien dicho, Pablo, porque es así. Eso me permite dar un salto a las gentes que me rodearon a mí, con la única diferencia de que entonces era eso más la lucha política, que ya no existe. Esa gente vive realmente, la conocí en mi tiempo y doy fe, aunque parezca que no existen, y Lara Moreno los ha succionado y nos lo devuelve con una escritura en la que los planos se entrelazan tan delicadamente que lo único que piden para que se produzca el milagro del placer y el conocimiento es que se lea despacio, frase a frase: porque habla de la vida que sucede (y duele) sin más descripción e historia que las absolutamente necesarias.
De entre los cuatros grupos de cinco relatos cada uno, confieso la emoción casi lacrimosa de ese relato de perseguidores que es Durante horas. O el aplastamiento que me produjo esa maravilla literaria que es Efectos secundarios. Pero no voy a decir nada más. Total, los vais a leer todos antes o después y cada uno encontrará los suyos.
(Yo) soy idiota
Vuelvo a la estación a las cinco y pico de la tarde, con media hora de tiempo, para regresar esa misma noche a Madrid. Vi en el andén frío grupos de tres asientos. Uno de ellos tenía dos llenos de caca de paloma, y el de la izquierda limpio. Me senté y saqué el libro. Siempre llevo las gafas un poco caídas (innecesariamente porque son progresivas). De pronto, una cagada de paloma se me metió entre el cristal y el ojo. Miré hacia arriba y con el ojo que me quedaba vi una viga llena de palomas. ¿Cómo no se me ocurrió que el asiento izquierdo estaba limpio porque era continuamente ocupado por gente hosca, como yo, que prefieren sentarse solos? Cuando salí de limpiarme, otro solitario había ocupado ya el asiento que nunca se manchaba, esperando, sin saberlo, su ración de caca.
Me acordé entonces de que dicen eso trae suerte. Inmediatamente decidí traspasársela al libro de Lara, porque de verdad la merece.
12 comentarios:
¡Y qué bien nos hablas del libro, Nano! Por lo pronto, yo me guardo este texto tuyo porque, en cuanto pueda, voy a leerlo siguiendo la hoja de ruta exacta de tus preferencias.
Besos
A lo mejor las tuyas son otras, de eso no puedo estar seguro. Sí del valor del libro. Estoy convencido de que serás una lectora excelente de estos relatos, que requieren del esfuerzo de una escritura nueva y potente.
Pero si quieres empezar por esos dos que me noquearon, en lugar del por el bloque de Pequeñas criaturas, me encantará que me cuentes tu experiencia.
Besos siempre a ti.
Pues aunque seas idiota, lo cuentas tan requetebien que dan ganas de leerlo. :b
Me llegó un amigo el otro día y me dio un cacho de abrazo. Me dijo que teníamos una amiga común (que desconocíamos que era común), y que ella le había dicho, con un punto de emoción no del todo exento de sana envidia: "Pues ojalá algún día hablara alguien de mí como Microalgo habla de ti".
Yo no escribo, de modo que no aspiro a tanto. Pero ojalá algún día Nano opine de mí como habla de Lara y de lo que ella escribe.
Y lo de las palomas no da suerte, Nán. Lo siento. Es solo una putada ornitológica. En ciencia decimos que "no hay ningún experimento fallido. Como poco, puede servir de mal ejemplo".
Estoy deseando hincarle el diente al libro de Lara. A ver cómo y cuándo me hago con él. Ya se lo he encargado, así que a ver si Carmen Moreno Strogoff es capaz de cumplir la enceguecida misión de traerme el paquete en uno de sus vaivenes norte-sur.
Besotes y rebesotes.
nán, pues después de leerte, ya sé que uno de los libros que compraré para mí y para regalar en estas fiestas será Cuatro veces fuego.
:)
winsta
Bárbara, quizá yo lo diga bien, pero quien cuenta como los diablos es ella. Con esa escritura rara que tiene.
Microalgo, ¡a ti te voy a decir lo que ando diciendo de ti!, je, jé. Dile a la Strogoffa que se apresure en sus vaivenes. De todos modos, Tropo tiene distribución nacional (creo).
Winsta, en caso de que tengas problemas para encontrarlo, escríbeles a info@tropoeditores.com para que te digan en qué librerías de tu ciudad reciben sus libros. No te defraudará... ¡pero acuérdate de leerlo muy lentito!
Besos a los tres.
(ay)
vas a ser tu idiota... de eso nada de nada...
porque yo también me lo leí de tirón
y cómo no?
lo demás ya lo has dicho´tú
No es un libro, es un Universo con su propio lenguaje. No es fácil de entrar pero si lo consigues, también es dificil salir.
Creo que habla de amor.
Tuve el placer de conocer a Lara en Sevilla y luego he disfrutado varias semanas con sus andanadas literarias. Pura poesía, seguramente, extraida de su Pais de las Maravillas, donde las cosas no parecen lo que dicen.
Ahora, cuando me quedo mirando al mar, comprendo por fin que sí, que es posible llevarselo en la boca, dibujarlo con letras de agua, a-mar-lo y derr-a-mar-lo a mares de belleza.
Hermosa glosa amigo Nán. Nada de idiota. Es fácil enamorarse.
Un abrazo.
Todo menos idiota, querido Nán... Está claro que el libro está a la altura de lo que cuentas pero... qué bien lo que cuentas, leche! Beso grande, nos vemos ¡hoy!
Lara, (uff)
Vale, Aroa, te dejo compartir conmigo la idiotez. (no sabes lo que alivia vivir como idiota, sin responsabilidad).
Manolotel, tu comentario vale un Perú. Lo de que "No es fácil de entrar pero si lo consigues, también es dificil salir" es de una exactitud que ha hecho que me lo apropie (lo dije más de una vez en la postpresentación, citándote siempre). (Y es fácil, claro que sí).
Muchas gracias por la parte que me toca, Mariona. Y sí, ya nos vimos y fue estupendo, ¿verdad?
Terminé la lectura. Lo he paseado por Estocolmo, Berlín y Barcelona. Y en las tres ciudades, me parecieron sus relatos igual de estupendos.
Un estilo que tiene mucho del surrealismo poético y de la evocación exacta de Lorca, con cuyos versos, no en vano, abre la primera parte.
El mérito de Lara: ser lorquiana, con lo difícil que debe de ser eso, sin dejar de ser ella.
Besos y felicidades
Publicar un comentario