Pueden ser más o menos ricos; hacerte disfrutar más o menos mientras los comes; ser más sabrosos o más insípidos; calientes o fríos. Pero a la media hora te has olvidado de que lo comiste. Me comí... perdón, leí uno, Tokio Blues, con cierto interés por algo que diré al final. Estaba obligado a repetir y, con un poco más de esfuerzo, he terminado Al sur de la frontera, al oeste del sol.
Siguiendo con la comparación gastronómica, no hay peligro de que te pase como con un relato de Harold Brodkey, por poner un ejemplo de peso pesado. No te quedas luego sentado con un habano y una copa de coñac, notando cómo el gusto de las diversas especias, de las carnes con diversos grados de maceración, de las pequeñas cantidades de diversas verduras, regresa en su conjunto, separándose luego los ingredientes uno a uno, combinándose en diversos grupos. Metiéndose en los sueños y las pesadillas. Ni siquiera en una ensoñación han vuelto a aparecer estos dos libros.
Pero no quiero ser duro ni ponerme “estupendo”: no tengo absolutamente nada en contra de lo que se llama “literatura entretenida”. Nada con respecto a los demás: conozco a personas que respeto mucho que las leen. Nada con respecto a mí mismo: siempre que me “entretengan”, como hacen muchas novelas del género “negro”, pero en este caso una lo ha conseguido ligeramente (Tokio) y la otra (Al sur) nada.
A lo mejor tengo que leer más (espero que tarde en producirse), pero estas dos tienen sus parecidos. Ambas cuentan la historia de un amor por una chica rara que comienza en la preadolescencia, se produce una separación, el chico tiene otras relaciones (que cuenta pormenorizadamente) y se produce un reencuentro que es el meollo de la historia. En ambas el narrador se declara muy aficionado a leer y a escuchar música. (¡Anda, como yo!, dicen sus lectores creándose una falsa unión narrador-lector). Ambas están llenas de sexo practicado con jovencitas. Las más de las veces con jovencitas que para no perder su virginidad, pero satisfacer al amito, toman su pene entre los dedos y luego con su boca para dejarlo tranquilo. ¿A quién no va atraer esa imagen? Por ejemplo a mí: un par de ocasiones entre los dos libros, exigidas por el guión, incluso hasta tres ocasiones, habrían sido más que suficientes. Porque además en ninguno de los casos hay una reciprocidad, lo que resulta bastante cargante: solo los hombres tienen necesidades a satisfacer. ¿Cómo nadie comenta ese hecho de las relaciones sexuales practicadas para la satisfacción de una sola de las dos partes? Incluso aunque el origen de incluirlas sea el realismo con el que se describe el machismo nipón, tanta frecuencia, y con tanto detalle, me parece regodeo para atraer lectores. Por ejemplo, para conocer el machismo de esa sociedad, me resultó infinitamente más interesante Estupor y temblores de Amelie Nothomb.
Un guiño del autor por libro
Qué duda cabe de que Murakami es un tipo inteligente: hasta parece que en cada libro se permite hacer un guiño al lector, diciéndole lo que pasa. En Tokio me tenía subyugado por el tipo de narración. Esa forma de llevarme de aquí para allá, como en esa fuente inagotable que es Las mil y una noches. Pues bien, permite que el narrador te indique que es eso precisamente lo que contiene, cuando se refiere a cómo Naoko, la chica “rara” de esta novela, que apenas hablaba, se lanza una noche a contarle su historia:
“De pronto, empezó a llamarme la atención algo en su manera de hablar. Algo extraño, poco natural, forzado. Cada uno de los episodios era, en sí mismo, creíble y lógico, pero me sorprendió la manera de ligarlos. En un momento determinado, la historia A derivaba hacia la historia B, que ya estaba contenida en la historia A; poco después, pasaba de la historia B a la historia C, implícita en la anterior, y así de manera indefinida, sin un final previsible”. [p. 55 de la edición de bolsillo].
¡El autor ha tenido la audacia de señalar por medio del narrador la estructura de la forma de contar la historia en el libro! Esta forma ha sido, prácticamente, lo único que me ha interesado de verdad en los dos libros. Aquello que me gustaría “robarle”. Que lo haya explicitado es de agradecer.
En el otro, el de Al sur, he encontrado exactamente lo mismo, pero mucho peor porque la estructura es más bien, hasta la mitad del libro, como un catálogo de las relaciones afectivas intermedias. Tokio es del 87 y Al sur del 92. De haber sido al revés, podríamos entender que de una novela mediocre se le ocurriera hacer un bis mejorado. Pero de esta manera, me parece un petardo de mercadeo.
¿Y el guiño al lector de este libro? Lo encontramos en la página 128 de la edición de bolsillo:
“-¿Y por qué no lees novelas modernas?
-Tal vez sea porque no me gusta que me defrauden [responde el narrador-Murakami]. cuando leo un libro malo, tengo la sensación de haber malgastado el tiempo. Y eso me decepciona. Antes no me sucedía. Disponía de mucho tiempo”.
Al menos hay que reconocerle al autor que le echa narices. (Voy a ver si encuentro algo de digestión más pesada).
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17 comentarios:
Fíjate, Primo, a mí me interesa mucho la literatura japonesa (ahora estoy con Natsuo Kirino), pero Tokio Blues aún no la he leído, así que le echaré un ojo a la de la Nothomb.
Tomo nota. Gracias.
(esto me suena, creo que ya lo había dicho antes, jeje)
Un saludito!!
La próxima vez que vengas a Madrid, Prima, te llevaré a una pequeña librería oriental exquisita que está medio escondida en Lavapiés.
Hazte con esa novela de Nothomb, exactamente con esa, si estás leyendo a japoneses. Estará en cualquier biblioteca, es corta, como todas las de ella, y te dará una visión cercana de la sociedad machista japonesa, que ella vivió de primera mano.
Toma nota, estom, para lo bueno y para lo no tan bueno. Luego no digas que no te había avisado.
A veces se agradece una lectura fácil, que no facilona, como Murakami. También me pasa con Paul Auster. Peudo decir que he leído variso de ambos y de cada uno he etenido una opinión, pero me gustan com lectura fácil y amena, que no entretenida. Siempre les sacas algo porque te dan esa sensación: no son tontos.
nán, de Murakami he leído Tòquio Blues y Kafka a la platja, pienso como tú que son libros entretenidos, de una sola lectura.
En Kafka a la platja el guiño va dedicado a Edipo.
De Tòquio anoté:
"…Llegia molt més que jo, però per sistema no tocava cap llibre d'un autor que no hagués mort feia més de trenta anys. Deia que eren l'única mena de llibres en què podia confiar.
-No és que no em refiï de la literatura contemporània. L'únic és que no vull perdre un temps valuós llegint coses que no hagin rebut el baptisme del temps. La vida és curta.
-¿Quins escriptors t'agraden?--li vaig preguntar.
-Balzac, Dante, Joseph Conrad, Dickens --em va respondre a l'instant."
Difiero de Murakami, me gusta picotear en las novedades. Así descubrí a Nothomb, a Barbery o a Menéndez Salmón. Y puedo asegurar que no fue un tiempo perdido.
Todavía no he leído a Murakami. Me he hecho con sus libros, pero sigo encontrando cosas que se le adelantan, qué se le va a hacer.
Por lo que se refiere a Nothomb: no hay que perderse, sobre todo, sus tres primeras novelas, publicadas en España por Circe.
Terreno personal: Estuve con ella en el Liceo Francés de Barcelona, hace algunos años, presentando una novela suya, y Amélie es verdaderamente encantadora.
Luego fuimos a cenar, y comprobé que comía como los demás: no pidió nada podrido o pasado... cuentan esas cosas extrañas respecto a su alimentación, pero no, no, al menos en público no.
Conversó sin prisa, durante horas. Hablamos en francés y en inglés. Fue divertido.
Otro detalle: es generosa. Le regalé un libro mío que había aparecido en francés. Me dio las gracias. Pero eso no fue todo: al cabo de dos días, desde Santiago, adonde había ido a seguir con la promoción de su novela, me escribió una carta con su opinión sobre el libro. Me pareció un gesto admirable. Los escritores no suelen marcarse detalles así.
El libro de ella que prefiero: Las Catilinarias.
Entiendo querido amigo que para eso está la variedad, igual que en la comida, no siempre te apetecen exquisiteces ¿no?
Un sandwich mixto, es un sandwich mixto, siempre se puede hacer delicioso, para aquellos momentos que te apetezca.
A mi Murakami me gusta, aunque en los últimos tiempos sufro de un atracón.
Tokio me encantó, mi favorito quizás por ser el primero. Es verdad que es repetitivo, como algunos grupos de música ;-)
Cuándo te desintoxiques prueba con Kafka o con el pájaro, aunque sólo el día que te apetezca un Sandwich.
Muchos besos
Me cachis en la mar salá. El lunes por la mañana, en el desayuno, al hablarle yo de esto, Lila me sacó el tema de Auster, que para ella es tan poco interesante como Murakami. Traté de convencerla que hay diferencias muy importantes: 3 ó 4 novelas de Auster realmente interesantes. Y después una repetición insufrible que ha hecho que ya no le lea.
Recé al cielo que no me escucha para que nadie sacara a Auster en el tema de Murakami... y es lo primero que encuentro. Así que según Lila, ninguno vale; según yo, Murakami no vale y Auster sí; según tú, Magapola, valen los dos. ¡Hemos cubierto todas las posibilidades!
Me acojo a lo que ya escribí para decir que no he descubierto ningún rasgo de interés en M., salvo la estructura de Tokio.
Winsta, el extracto que has elegido es exactamente el anterior al que puse yo como guiño. Lo interpreto como un guiño del listo Murakami con el que nos está diciendo que la obra que ha escrito y el lector está leyendo es decepcionante. Vamos, que él no la leería. ¡Estoy totalmente de acuerdo con él! Sus propuestas de lectura son estupendas, no así su libro. ¡Vaya casualidad que en 250 páginas hayas elegido un párrafo que continúa con el mío!
Flavia, lo que cuentas tú es para morirse de envidia. Te refieres solo a Nothob (por mí estás exonerada de leer a murakami), ¡pero vaya experiencia, haber pasado una noche entera con ella! Y que te escribiera con su opinión sobre tu libro. A mí sus nouvelles siempre me interesan. Y he pasado de todo lo que se cuenta. Prefiero que un autor mercadee con su vida personal, pero escriba en serio, a que lo haga con sus libros, llenándolos de trucos, y vaya después de gente seria. (Desconozco las 3 de Circe que dices, pero las buscaré).
Sonia, hablo de comida cuando en realidad solo como 9 ó 10 cosas y muy poco, pero es para entendernos. En literatura sí que soy un glotón comilón. No me atrevo a calificarme de gourmet. No tengo nada en contra, ya lo dije, de las novelas entretenidas. Pero es que Tokio sí lo fue y Al sur me aburrió de la primera línea a la última.
A lo mejor he leído dos muy parecidas, así que dejaré pasar un tiempo y leeré otra... pero como el narrador sea alguien que lee mucho y nos cuente sus relaciones sexuales con jovencitas... lo tacharé de mi lista para siempre. En unas vacaciones de playa me llevaré el Kafka.
¡Muchas gracias a las 4!
A mí, Primo, Auster me aburre. No así la Nothomb que me parece la leche. No he conseguido pillarle el punto a Auster y los libros que he leído no los recomiendo jamás. A lo de la librería oriental me apunto con los ojitos cerrados.
Acabo de terminar Out, de Natsuo Kirino. Te lo describo con una palabra: sobrecogedor. Ese se lo tengo que regalar a L. En Japón ganó el Gran Premio de Escritores de Misterio.
LIBRERÍA ASÍATICA, ALLÁ VOY!!!
sobrecogimientos. Eso es lo que nos falta, Prima. Cada vez nos sobrecogemos menos y nos preocupamos más por la tos, el colesterol y el porcentaje de litio en sangre dividido por el aburrimiento.
(espero que no sea gore, porque la niña es muy remilgada para eso: si lo es, me lo leo yo).
Besos, Prima, mójate los pies en el océano por mí.
Hola Nàn:
He entrado varias veces en este post y la primera impresión que tengo, impepinablemente, es la de:
¡¡¡ H A M B R E !!!
Lo del sandwich es soportable (no les tengo mucha afición), pero la comparación de un relato de Harold Brodkey con el recuerdo del placer que puede llegar a producir la degustación y el paladeo de un estofado de carne, con café, copa y puro es sencillamente genial, pero un tanto martirizante a estas horas.
Por lo demás, debo confesar mi total ignorancia por lo que a Murakami se refiere, así que tu crónica-crítica me va a servir de mucho.
Yo tampoco estoy ya como para perder mucho tiempo leyendo cosas que no te satisfacen mínimamente y que conste, que como a ti, me encanta un cierto tipo de literatura que me ayude a pasar los calores o las rachas de cansancio mental, pero con un mínimo ¿no?
Mira que llegas a ser malo... Me ha encantado el guiño al lector.
Un abrazo fuerte, fuerte,
Fíjate, Freia, que no soy nada comilón, posiblemente es mi mayor defecto, porque envidio cómo los amigos se reúnen y disfrutan frente a una comida, mientras yo me quedo casi solamente a las palabras, sintiéndome lejos. Pero me pareció una comparación entendible y, además, creo que es lo que me pasa a mí con los libros.
Siento haberte producido hambre, pero seguro que a cambio disfrutaste más de la siguiente comida. Murakami, por lo que te conozco, puedes dejarlo para una siesta en casa ajena cuando buscas un libro y te lo encuentras por ahí; o para un viaje en tren (Tokio mejor que Al sur, este ni en una siesta ni en un tren).
Que casualidad, Nano, acabo de leer la novela de Nothomb en francés (comprada en mi último viaje). Si tienes curiosidad, te la paso. Saludos
¡Hola, Denis! No me importaría nada que en nuestra próxima cita me la pasaras. La estoy leyendo en traducciones, pero un original me refrescaría un poco.
Un abrazo.
Pues a mí, Nán, me ha pasado como a ti, pero con la salvedad de que comencé con Murakami con mucha fuerza. Fue con Tokio Blues, después continué con Kafka en la orilla y ahora con Pájaro que da cuerda al mundo. Si te digo la verdad, me gustó el descubrimiento, pero ahora en la distancia no soy capaz de terminar el del pájaro, me he quedado a la mitad y he colado a Clarice Lispector. Imagínate. En cuanto a Auster, me encantó al principio y ahora apenas me interesa. Lo leí todo compulsivamente, salvo los tres últimos libros. No sé de qué dependerá, supongo que se trata del momento en que se leen las cosas. Ahora ya no me apetece seguir a ninguno de los dos, aunque sigo recomendando los libros que me interesaron de ambos al incio. De todas formas, seguiré dándoles una oportunidad por aquello de la melancolía de las primeras lecturas.
Un abrazo.
Buenass.
Por las mismas fechas que aparecía este post estaba yo leyendo el Tokio Blues de Murakami. No sé si sería por leerlo en la playa -con continuos despistes- o por la banalidad de la novela, la verdad es que el mundo de Toru, Midori, Naoko y compañía me la refanfifla.
El único personaje que despertaba mi curiosidad era Reiko.
Se lee fácil pero vamos que no es para tanto.
Cogí el libro con ganas y me decepcionó.
En una palabra (Haruki Murakami) = sobrevalorado.
Saludos cordiales.
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