sábado, 19 de julio de 2008

sin que sea un precedente

No hice este blog para subir cosas de creación propia, salvo algunos poemas de vez en cuando. Me produce una sensación de desvalimiento. Pero he hablado tantas veces del Taller, y Winsta pidió que subiera un relato, que voy a poner uno. Es el penúltimo, el del miércoles 2 de julio. El tema era "El erotismo" y fue una noche divertida y hasta algo más que cálida: 14 personas que conoces bien leyendo el suyo en una cueva con humedad tropical y sin tener muy trazada la frontera entre lo erótico y lo pornográfico. Podría decir que es un ejercicio de taller, con unos objetivos personales claros para mí: sería cierto. Pero eso no encubre el hecho de que si hubiera sabido hacerlo mejor, lo habría hecho. En fin. Por una sola vez, y como es verano y ya hay menos gente, ahí va el mío.




Lucy in the Sky with Diamonds
A Winsta


Ni me acuerdo de su nombre. Pero sí de que tenía una piel muy blanca, algunas pecas, cabellos de judía, pechos grandes y caderas anchas. No entraba en ninguna de mis categorías de la atracción: primero, las andróginas; segundo, los putoncillos, que eran quienes más me excitaban para una relación rápida; tercero, lo que podría llamarse "rarezas" y me cautivaban por algo especial, porque me sentía con ellas como con un amigo (con derecho, a veces, a alivios sexuales). Por cómo hablaban, por aquello de lo que hablaban, por cómo vivían. Porque me abrían mundos y en aquel tiempo, exprovinciano reciente, el mundo, su bullicio y su barullo era lo que más hambre me daba.

Por ejemplo, tuve relaciones con una enana que se sabía al dedillo toda la filosofía francesa de aquellos tiempos; cuando para mí, después de Sartre no había nada. Mi juego preferido, al que ella se sumaba por complacerme, era entrar en un bar. Se pegaba a la barra, para que solamente asomara su cabecita y el camarero nada más viera un flequillo sobre media frente. "Una copa de Garvey", pedía yo. Ella callaba hasta la pregunta de rigor: "¿Y tú, nena, qué tomas?". "Otra copa de lo mismo", contestaba con una de las voces más graves que he oído. Aquello era mejor que el sexo. Aquello y sentarnos luego en una mesa fumando y bebiendo mientras tuviéramos dinero.

Pero las chicas de piel blanca, sencillas y dulces, administrativas que se sentían tranquilas con la vida, no me atraían especialmente. Por eso, Amparo —la voy a llamar así porque era valenciana— era la auténtica rareza. Apenas la veía; tenía novio. Pero los martes y los viernes venía a casa al mediodía. Comíamos algo comprado en un bar, nos desnudábamos y follábamos suavemente. Los dedos y la lengua, que su novio no usaba, eran lo que la hacía venir cada martes y cada viernes. Blandamente, me aburría cada vez más, lamiendo aquella seda de piel. Al terminar, fumábamos un par de cigarrillos, mirando al techo, mientras me hablaba de su vida. Ese día, al terminar, se duchó, como hacía siempre; la acompañé hasta la puerta, nos besamos y se fue a su jornada de tarde.
Me sentía como cuando vas a la playa, te metes 50 metros y nadas en paralelo a la orilla de una punta a otra varias veces. Al salir, agotado y con todas las toxinas expulsadas, te sientes magnífico, tumbado sobre la toalla, dejando que los músculos se relajen al sol. Pero cuando lo has hecho varios días, si no hay otro interés especial te aburres, así que al día siguiente no te levantas de la cama. Te haces una paja, te llevas un café a la cama y te pones a fumar y leer, durmiéndote a ratos, hasta que puede más el hambre.

Pensé que la natación en el mar de Amparo se había terminado.

En lugar de quedarme tranquilo, bajé a tomar un café con coñac y llamé por teléfono a Edu el Bolas. Lo llamaban así porque se atrevía hacer cosas que ninguno hacía, salvo que estuvieras con él. Hacía ya casi dos meses que de vez en cuando quedábamos solos, sin el grupo, para pasear por Valencia y hablar. Era poeta, estudiante de Filología, aunque apenas iba a la Facultad, gran conocedor de la literatura y los movimientos estadounidenses políticos y artísticos contemporáneos. Y estaba enamorado de mí, convencido de que mi reconocimiento era cuestión de tiempo. A veces nos dábamos piquitos en sitios especiales, como dentro de una iglesia delante de una beata, pero me negaba a verme con él a solas en lugares más comprometidos; como mi casa.
En cuanto le llamé aceptó quedar conmigo a las 12 en el bar de alterne al que iba por las noches, cuando todo había cerrado. A tomar café a precio de estudiante. Gratis total desde que la Madame me vio un día descargando un camión. Había unas chicas muy agradables con las que hablaba cuando no había clientes durante los 10 ó 15 minutos que tardaba en tomar uno o dos cafés. Esa noche, cuando llegó Eduardo, tomamos dos copas cada uno. Venía con una bolsa militar en la que traía el álbum Seargent Pepper’s. También una botella de coñac bueno, que le había birlado a su padre, hachís y un pañuelo rojo con el que cubrió la lámpara. Estábamos nerviosos, los dos. Bebíamos y hablábamos de cosas intrascendentes. Los Beatles sonaban. Cuando di la primera calada, de un porro muy suave, escuché "Look for the girl with the sun in her eyes and she's gone". La historia de mi vida, le dije, pero no que me parecía escapar de ella por sus ojos. Nunca, hasta entonces, los había visto así; me había sentido atraído por él de esa manera. Reíamos, nos mecíamos como si bailáramos. Nos fuimos quitando la camiseta el uno al otro. Me sentía como si por primera vez jugara, sin responsabilidades: no había que convencer, maniobrar, limitar territorios o franquearlos. Nos dejábamos llevar por la risa y la impaciencia: éramos iguales. Reconocíamos en el cuerpo del otro el deseo del nuestro.

Sentados, ya desnudos, en la cama, fumamos un porro muy fuerte y volvió a poner la cara A. Boca arriba, me sentía como plomo hundiéndome sobre el colchón, como si algo tirara de mí desde el centro de la Tierra. Hablar era difícil: nos salían unos sonidos lentos que el otro oía distorsionados. Cuando volvieron a cantar lo de la chica con el sol en los ojos que ha desaparecido, puso suavemente una mano en mi muslo. Sentí un crujido, una explosión eléctrica que me quemaba y atravesaba. No sé cuánto permanecimos así, porque el tiempo era tan difícil de controlar como el sonido. La mano empezó a subir muy despacio y yo, con un gran esfuerzo, le puse una mía en el pecho. Nadie me había acariciado de esa manera, me había conocido de ese modo. Tocaba donde yo me habría tocado de haber tenido una mano independiente. Entonces me besó, con una lengua dulce que tenía una voluntad muy superior a las que yo había besado. Una lengua con voluntad propia y una lentitud exasperante. Todo mientras deslizaba los dedos por mi pene hasta que, notando los movimientos automáticos de este, empezó a hacerlo con más fuerza. Acercando la boca a mi oreja me dijo No soy una chica, no tienes que esperar por mí, córrete cuando te apetezca. Y fue exactamente entonces cuando me apeteció.

Después le conduje a él. Más torpe, pero el tiempo que llevaba deseándome ayudó. Fumamos tabaco, cogidos de la mano. ¿Ves como sí?, dijo. Contigo es distinto, contesté, pero no soporto a tu grupo de gente, tienes que darme más tiempo. Me contestó que no lo había, que todo el tiempo del mundo no me libraría por sí solo de mis prejuicios. Se abrazó a mí y empezó a llorar. Poco después, con el frotamiento del abrazo y sus pequeñas convulsiones, acabamos corriéndonos el uno sobre el otro. Nos fuimos quedando dormidos, por el hachís y la tristeza. Tuve la sensación de que había algo en mí que funcionaba mal, y por eso desaparecía siempre la chica con el sol en los ojos.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias, nán.

Me ha gustado mucho leerlo.
El cuento tiene ese toque de ternura que está en casi todo lo que escribes.
Es una historia de la que podrían salir más historias, una novela.
Al llegar al final una se queda con ganas de saber más de la enana, de Amparo, de Edu y del protagonista.
Escribes muy bien, es raro que aún no hayas publicado.
Y es una pena que no dejes en el blog escritos tuyos más a menudo.

No conocía la canción Lucy in the Sky with Diamonds, así que me fui a Youtube. Aquí dejo el enlace por si hay alguien que tampoco la conoce: http://www.youtube.com/watch?v=A7F2X3rSSCU

Y, nán, gracias de nuevo.
Besos.

Bárbara dijo...

A mí también me ha gustado. Sí. Y qué divertido eso de juntaros cada semana para contar mentiras (tralará)... Benditas mentiras, con más verdad a veces que muchas vidas.
Saludos de la terreta.

carmen moreno dijo...

Ottia, post largo. Habrá que leerlo con detenimiento. Feliz semana, así a bote pronto.

NáN dijo...

Muchas gracias, Winsta, por tu apoyo. Dejé de escribir más o menos con 20 años, me dediqué después a unos textos onanistas, dedicados a mí mismo, ininteligibles e intransitivos, de usar y tirar. Luego llegaron los blogs, de los que me declaro adicto como Mega. Escribir en el mío y leer y escribir en otros cubre todas mis expectativas y felicidad. Pero mira tú por donde, al divulgar en ellos lo que escribía me cambió la forma de escribir. Después, en el taller de Lara y Reb, he empezado a aprender. No digo que no halagara mi vanidad tener un libro con mi nombre, porque sí la halagaría, pero solo eso.

Me alucina que muchos (no eres la primera que lo dice, aunque hasta ahora había sido en privado) no conozcáis ese álbum de los Beatles. Luego me doy cuenta de que es lo normal. Para muchos fue algo importante, pero de eso hace... Aunque solo sea por eso, el relato ha merecido la pena.

Bárbara, solo cada dos semanas... ¡que ya es una barbaridad tener un relato que no de vergüenza leer en público! PEro sí, "tralalá" es una forma espléndida de decir "literatura". De cruzar la frontera tan ricamente. Para algunos son mentiras, otros sospechan que son verdades. Al principio de los blogs puse un poema y cuando L volvió de uno de sus viajes se metió en el ordenador, lo leyó y me preguntó: "¡¿Tienes una amante?!". "Es literatura, cariño", le contesté. Desde entonces he usado esa muletilla en muchas ocasiones, a ambos lados de la línea.
A la terreta hace ya dos años que no voy. Tengo todavía un hermano mayor al que quiero ver, así que me acercaré un par de días en septiembre u octubre.

Sí señora, un post de los que los ves y dices que ya volveré luego. ¡Te doy una semana! Besos, Prima.

Bárbara dijo...

Pues sí, yo también digo que siempre que escribo hago ficción, incluso cuando hago la declaración de la renta (sobre todo cuando hago la declaración de la renta). Si pasas por Valencia y quieres, podemos tomarnos un café y ponernos caras, siempre con permiso de L. O incluso con L.
Que dure mucho ese idilio con la literatura...

Gemma dijo...

Bueno, Nán, a mí también me ha gustado el relato. Lo más curioso es que, tras leerlo, he tenido la sensación extraña de conocer parte de la historia, como si te conociera desde hace tiempo, o como si nos lo hubiera contado otro narrador Nán, en otro momento... ¿Tal vez el verano pasado?
Un abrazo

NáN dijo...

Bárbara, sería estupendo que nos pusiéramos cara, pero sería terrible que después de treinta y tantos años nos tuviéramos que pedir permiso L y yo para estas cosas. Nosotros somos más de bula general.

Lo que pasa es que soy de poco salir de Madrid. Nunca me gustó viajar. En los primeros años L me llamaba Traveler por el personaje de la segunda parte de Rayuela, que hablaba del mundo "y a sus cuarenta años seguía adherido a su calle Cachimayo" de Buenos Aires. ¿No será más probable que hagas alguna vez un viaje a Madrid? Como escribí al principio, sería estupendo.

Jó, Mega, cuando antes de ducharme me he tomado un café y abrí un rato el ordenador me quedé de piedra al leer lo que dices. Sé que es el único relato que he subido a los Ángeles, pero aún así, como aunque soy un descreído de todo pasan cosas mágicas, he husmeado en los post del verano pasado.

Es posible que alguna vez comentara algo de Edu. Pero ¿seguro? que el relato, escrito hace un mes, no lo tenía el verano pasado.

Entonces, ese "dejá vu", ¿de dónde sale? A lo mejor he copiado un relato de otro que olvidé; o me he copiado a mí mismo, habiéndome olvidado. En todo caso, la "familiaridad" con la que lo has leído tiene algo de agradablemente inquietante.

carmen moreno dijo...

Leído, Primo. No necesitaba tanto tiempo, ¿ves? Tu cuento me ha llevado a Dos Pasos, aunque no te lo creas o a la Nin, con su mirada llena de flujo a Henry y a June. Ese deseo oscurantista que emanaba la luz desde el interior de la Prima Montse (J.Marsé), incluso mis madrugadas de hace años en Madrid, en un hostal de Fuencarral que aún sigue y que nos llenaba de esperanzas.
Magnífico relato. Ah, no, no, que si te lo digo así no me crees, espera que lo vuelvo a intentar.

Primo, no está mal, sí, vaya, bueno, he leído cosas mejores, pero bueno (jeje).

Єѕтnoм dijo...

Una forma de redactar tan perfecta que transmites cada uno de los sentimientos de una manera sublime.
Gracias por este comienzo de día.
(calentito, calentito)
Caricias.

NáN dijo...

Je, jé. Prima: mucho mejor así. ¡Dónde va a parar!

estnoM, ¿qué decirte sin ruborizarme? Que me encanta que te haya gustado. (Y que gracias).

AROAMD dijo...

Me encantó entonces y ahora al releer. Aunque con tu voz en la cueva gana, lo digo para dar envidia (ji)...

y la Nin, que Lara compró hace poquito en una librería de segunda mano, aquel desencadenante en el taller de su diario... y ahora yo que leo bajo el sol y a trocitos su diario amoroso... aquí, dice Carmen.

Supongo que es medio evitable que una primera persona escrita por alguien que conoces, haga sospechar cosas. Levante la duda. La ficción está llena, de todas formas del narrador... tiene su forma de mirar las cosas, por muy distinto que sea de uno, nos tiene ahí, entre las líneas, en el ritmo.

Gemma dijo...

Aroa, "envidia (ji)" dais pero que muuuucha, para que conste.

Besos generales

Gemma dijo...

Aroa, "envidia (ji)" dais pero que muuuuuuumucha, para que conste...

Nán, pues yo estoy segura de haber leído algo tuyo sobre Edu. Lo extraño e inquietante es que me acuerde con lo desmemoriada que soy, jiji.
En cuanto a los Beatles, no te alarmes: servidora te puede cantar la cancioncilla de marras cuando gustes.

Besos generales

carmen moreno dijo...

Psch, Aroa, cómo se puede ser tan mala y darnos tantísima envidia? Se le está pegando del Muchacho. Si es que...

Mega, yo también recuerdo haber leído algo sobre Edu, pero creo que fue hace menos de un año. Sí, sí, tiene que hacer menos porque hace un año yo estaba en Madrid (buaaaaaaaaaaa... de echar de menos) y leía poco los blogs al no tener internet.

Primo, has triunfado y mucho mejor que la Nin porque a ella casi nadie la quería.

NáN dijo...

je, jé, Prima, la Nin estaba más que servida.

Di que sí, Aroa, motivos para la envidia. Somos una especie de cuerpo raro que aprovechamos cualquier motivo para volver a vernos entre taller y taller. Anoche mismo, que la chica del pelo rojo contaba cuentos en un bar, allí que estábamos todos los disponibles... aunque algunos, je, jé, nos dismos un rulito mientras la cosa empezaba y cuando volvimos ya no se podía entrar de la gente que había. (no cito nombres de los rulantes para no comprometer).

Prima y Mega, tenéis razón: de Edu he escrito algo en algún post, ¡pero seguro que no contaba o inventaba las cosas que cuento o invento en el relato!

Un placer recibiros por aquí. De ti, Prima, espero que puedas pasarte por el taller varias veces.

Mega, si hicieras un viaje a Madrid, serías invitada de honor. Por cierto, como soy bastante torpe para estas cosas, después de buscar en librerías la revista Narrativas he descubierto que estaba al alcance de un clic. Este fin de semana largo te leeré.

Besos

María a rayas dijo...

Nán a mi me encantó en la cueva...(ya te lo dije..me llegó mucho) y después leído con más tranquilidad en el tren de cercanías camino al trabajo lo saboree de nuevo. (quise comentarlo pero como soy una vaga ahí que lo deje...grrrr...)

gracias por la visitilla de ayer (aunque chico...no hay manera...siempre te quedas en la escalera...)

y por cierto Lucy in the sky...es una de mis favoritas de los Beatles...a mi también me sorprende que no se conozca esta canción!!!(pero si es preciosa..)

beso!!

Lara dijo...

Como decíamos ayer antes de ir a la escalera: la ficción no existe. Pero qué bien la inventas, Nano. No hay pretensiones ahí, en esa tristeza de los personajes y en esa canción tan LSD y en el llanto flojito.
Para los que te leemos en papel, es un gustazo leerte aquí lo del papel (la voz te la oiré el miércoles de nuevo, por fin). Y para los que no te leen en el papel, Nano, déjate caer de vez en cuando, aunque no sea verano (los éxodos siempre son relativos).

Gemma dijo...

Eso, eso. Tú hazle caso a Larita.

;-D

NáN dijo...

¡Vaya lo que me encuentro aquí después del trabajo, dos copas y 14 horas de sueños tan enredados que no me quería despertar!

María, probablemente lo que me dijiste en la cueva me hizo pensar que no estaba mal y por eso, vanidoso, y porque los últimos son siempre los preferidos, cuando tuve que elegir uno, elegí este. (También para dar la envidia que decía Aroa, cuando todos imaginaran lo que debió ser ese taller).

Lo de la escalera no es casualidad. Siempre llego tarde a estos sitios, para no estar en una barra aglomerada, y vuestro éxito es tremendo. Procuraré espabilar la próxima.

Lo de la canción maravillosa, me tranquiliza que siga siendo conocida en todas las generaciones.

Lara, fue un gustazo ese rulo pre-sesión de María hablando de literatura y vida. Nos oiremos las voces. Eso es grande, porque ese taller será siempre el tuyo y el de Reb. Ojalá que te baje la presión de trabajo y puedas a veces ser algo más que una presencia ausente.

Mega, sin tu comentario podría hacer como que no me había enterado de lo último que decía Lara. Que sepas que eres muy mala. (pero yo sigo haciendo como que no me he enterado, ja, já).