Mi relación con él fue al principio difícil. Yo era un “enragé” más dispuesto a quemar el mundo que a participar en grupos “literario-burgueses”, por lo que nunca asistí a las tertulias a las que me quería llevar: para mí la lectura era algo que practicaba casi vergonzantemente, a escondidas; un vicio burgués. Creo que debió llegar a pensar que su sobrino era un tonto de remate. También creo que tenía toda la razón.
Más tarde, yo con más años y sabiendo ya que el mundo gira una vez cada 24 horas pase lo que pase, y él en periodo de declive, sí que nos vimos y conversamos más, en el pequeño apartamento de la plaza Santa Bárbara con las paredes ocultas por libros, en el que se refugió sus últimos años.
Allí me contó una anécdota que no he visto que nadie haya referido. Cuando en la guerra, después de que casi lo fusilan por rojo (en mi familia no fusilaron a nadie, porque siempre había un rojo o un facha que acudía a liberar al familiar apresado), terminó de camillero, se fue al frente con la novela Contrapunto de Huxley en inglés, del que no sabía nada, con un diccionario y una gramática inglesa. Al terminar la guerra, podía leer y escribir en lengua inglesa.
De las tres jornadas que le dedica el Ateneo, posiblemente solo podré ir a la de hoy. Pero pongo el cartel y el programa, más el texto que acompaña a la presentación de los actos, por si a alguien le interesa. Añado una de las fotos que han puesto los del Ateneo en la información.

lunes 19, a las 20.00 horas
José Luis Abellán
Dionisio Cañas
Miguel García-Posada
Alejandro Sanz
martes 20, a las 20.00 horas
Miguel Losada
M.ª Antonia Ortega
Carolyn Richmond
Ricardo Zamorano
miércoles 21, a las 20.00 horas
José R. Andérica
Susana Cavallo
Angelina Gatell
José Luis Mora
JOSÉ LUIS CANO DESDE LA AMISTAD
El Ateneo de Madrid celebra del 19 al 21 de mayo de 2008 las jornadas «José Luis Cano Desde la Amistad» en las que doce amigos del poeta y crítico se reunirán con el propósito de recordar desde el afecto y la admiración a quien dedicó su vida a la poesía y la literatura.
A las 20.00 horas de los días señalados compartirán sus experiencias —que vivieron junto a Cano— prestigiosas figuras de la cultura española como José Luis Abellán, presidente del Ateneo de Madrid; Dioniso Cañas, poeta; Miguel García‐Posada, crítico literario y escritor; Alejandro Sanz, secretario segundo del Ateneo de Madrid, discípulo de José Luis Cano y coordinador del evento; Miguel Losada, filólogo y poeta; M.ª Antonia Ortega, poeta; Carolyn Richmond, catedrática y especialista en literatura española; Ricardo Zamorano, pintor; José R. Andérica; Susana Cavallo, catedrática de español, directora del Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas de Loyola University Chicago y especialista en la poesía hispánica del siglo XX; Angelina Gatell, poeta, y José Luis Mora, pensador, orador y escritor.
José Luis Cano sirvió con ejemplar y generoso compromiso a la poesía y a la literatura durante toda su vida; a través, principalmente, de dos de las aventuras editoriales —de la segunda mitad del siglo XX— más importantes y decisivas para el conocimiento de muchos de nuestros más grandes poetas y escritores: la Colección Adonais de poesía y la revista bibliográfica de ciencias y letras Ínsula. Su prolija labor como crítico eclipsó quizá su obra como poeta, iniciada con la publicación en 1932, en la revista valenciana Murta, de dos breves composiciones —«Abandono» y «Como un sueño»—, que ya su amigo Vicente Aleixandre —lo conoció en Málaga en 1929— se había encargado de enviar a sus directores, Ramón Descalzo y Pla i Beltrán. Su primer artículo apareció publicado en la revista Sur en 1935 bajo el título de «Surrealismo y lucha de clases».
José Luis Cano definió a la generación del 27 como la generación de la amistad y a él, de alguna forma, se le ha considerado como el hermano menor de ésta, por la
estrecha y profunda relación que mantuvo con muchos de sus miembros, como bien lo demuestran, entre otras cosas, los cientos de cartas que recibió de ellos y que, como en el caso de Emilio Prados y Vicente Aleixandre, han visto su publicación de forma más o menos completa. Estos textos constituyen una prueba inequívoca y hermosa de la importancia que nuestro poeta tuvo en sus vidas, de los que dolorosamente permanecieron aquí y de los que tuvieron que exiliarse fuera de España.
José Luis Cano nació en Algeciras el 28 de diciembre de 1911, pero es en Málaga, a la que se traslada con su familia en 1924 —el padre había sido destinado como Gobernador Militar—, donde descubre la poesía gracias a Emilio Prados, que, por aquel entonces, dirigía junto a Manuel Altolaguirre la revista Litoral. La figura de Prados —doce años mayor que él— fue decisiva en la formación humana, estética y poética de José Luis, como mentor literario y como amigo. Prados —a quien conoce en 1928 gracias a Darío Carmona— le regala los primeros libros de poesía que ven la luz en la imprenta Sur: Lorca, Aleixandre, Cernuda, Juan Ramón, Antonio Machado, Rubén Darío, etc.; y mantiene charlas casi diarias con él, en las que le habla de su amistad con Lorca, de san Juan de la Cruz —su poeta preferido—, del amor, de la belleza, de la muerte, de su elevado concepto de la poesía, de la literatura, de todo aquello en lo que se asienta la vida y que marcarán notablemente su personalidad. En este sentido, el profesor José Carlos Mainer acierta cuando dice que Cano concebía la literatura «como la más alta expresión de la vida humana y como el lugar casi físico donde podían encontrarse los cómplices de su fe en ell».1 Quienes han tenido la inmensa fortuna de compartir su amistad, coinciden en esta rotunda apreciación sobre su personalidad. José Luis vivió vocacionalmente entregado a la palabra, a la poesía, como único elemento de salvación. En una breve nota biográfica manuscrita de junio de 1943 —que conservo— confiesa:
Desde 1931 vivo en Madrid. A pesar de que me gusta poco estudiar, tengo la carrera de Derecho y la de Filosofía y Letras. Hoy soy casi feliz, porque puedo seguir la máxima juanramoniana «amor y poesía cada día». Si algún día pierdo ambos, me iré de pescador a cualquier playa de mi tierra. [...] Trabajo bastante, en cosas que me gustan, y en otras que no me gustan nada. Dirijo la colección poética Adonais, y colaboro en las revistas de poesía Corcel2 y Garcilaso. Soy becario del Consejo Superior de Investigaciones, y empleado —mal empleado, naturalmente— en una gran empresa.3 He publicado un solo libro de versos Sonetos de la bahía. Tengo otro inédito, Voz de la muerte —1939‐1940—, y otros dos en preparación , a los que no les he puesto todavía título. Mi sueño es irme a vivir al litoral andaluz. Vivir allí el amor y la poesía».
1 “José Luis Cano en su Ínsula, Almoraima, n.º 22, Algeciras:Cádiz, octubre 1999, p. 37.
2 Revista valenciana (1942) dirigida por Ricardo Blasco y en la que colaboró con el seudónimo de Adrián Dale. Entre sus animadores estaban José Luis Hidalgo, José Hierro, Jorge Campos, Vicente Gaos, etc.
3 En septiembre de 1939 realizó las oposiciones a oficial administrativo de la CAMPSA, donde obtuvo el puesto de bibliotecario, del que se jubilaría voluntariamente en 1972.
No cabe duda de que Prados influyó en el destino literario del joven poeta, que le imbuyó de su misma fe en la literatura, como años después recordaría emocionado en su libro breve de memorias Los cuadernos de Adrián Dale.
José Luis Cano permanecería como director de Ínsula hasta 1987, en que los directivos de Espasa Calpe decidieron sustituirle —si eso era posible— por Víctor García de la Concha, nombrándole, de forma falsamente honorífica, presidente del Consejo Editorial. Enrique Canito se vio forzado a firmar el contrato de cesión de Ínsula en 1983 por serios problemas personales. Moriría diez años después, tristemente olvidado —como paradójicamente acostumbran en este país a morir la mayoría de escritores, artistas e intelectuales que nos han dejado algún legado importante.
Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras, se radicó en Madrid donde dirigió por más de veinte años la Colección Adonais . Fue secretario y crítico de la revista Ínsula, autor de diversas antologías y biógrafo de García Lorca y Antonio Machado. Ensayista y autor de varios libros de crítica literaria, dedicó mucha parte de su tiempo a defender la calidad de la poesía del 27, convirtiéndose además en un gran impulsor de la lírica andaluza. Fue traductor de poesía francesa e inglesa, conferenciante en universidades europeas y colaborador habitual de revistas hispanoamericanas. Como poeta dejó una obra llena de delicadeza y profundidad. Sus libros significativos son «Sonetos de la bahía» en 1942, «Voz de la muerte» en 1945, «Las alas perseguidas» en 1946, «Otoño en Málaga y otros poemas» en 1955, «Luz de tiempo» en 1962 y «Poesía» en 1964. Falleció en 1999.
Todos los que tuvieron la fortuna de conocer en algún periodo de nuestra vida a José Luis coincidirían definiéndolo como un poeta verdadero que compartió generosamente, con amor y necesidad, todo cuanto tuvo, y que luchó no sólo por preservar la dignidad de los poetas y de la poesía, sino de los hombres que, en su lectura, la habitan sin tiempo. Queda con su ausencia un enorme vacío, el eco de su maravillosa y ejemplar aventura humana y literaria.
Nada sabes. Contempla, pues, y vive
esta belleza sola, puro sueño en el tiempo,
lento olvido lejano de un dios que así perdura.
José Luis Cano
14 comentarios:
¡Qué sorpresa, Nán! ¡Y menudo tío!
Ojalá estas jornadas sean un éxito.
Un abrazo
En algún periodo de nuestra vida también hemos tenido algunos, la fortuna de conocerte a ti. Lo generoso va en la sangre parece ser...
Cuando se celebran estos acontecimientos es cuando más detesto estar fuera de España...
Un abrazo muy fuerte, Nán
Recuerdo que hace ya algunos años me tuve que encerrar en la Biblioteca Nacional con una amiga para investigar sobre Cano. Se hacían unas jornadas en El Puerto de Santa María. Me sorprendió muy gratamente.
Hay que ver lo que es la sangre (que diría Miguel Servet). Lenisio Dimas, Rímini, Usted...
En fin.
Amor y poesía cada día. Vaya.
Confieso avergonzado que era un absoluto desconocido para mí. De Altolaguirre supe no hace mucho por un documental que pusieron en Canal Sur (impecablemente hecho, por cierto), y me quedé igual de sorprendido de no haber oído hablar nunca de él con anterioridad.
Está bien honrar a los muertos y que lo sepan sus vivos. Un abrazo enorme, Nán. Ya lo vamos echando demasiado de menos. Tendré que hacer algo al respecto.
qué gusto hablar con admiración y amor de gente cercana
y que otros podamos leerlo
No conocía yo a este señor. Si se vino a Madrid en el 31, tendrá cosas interesantes en su obra literaria. Y si el acto lo organiza el Ateneo, más aún.
Veo que siguen con la lucha Fuentetajiana. Qué tiempo que no me pasaba por este sitio.
Y la sanidad con Doña Espe... ¡¡si va muy bien!! de qué se queja... La sanidad privada funciona a la perfección en España. Tan solo se precisa... algo de dinero.
Y sobre los checkpoints, hay una peli documental (no recuerdo el nombre, pero por fuera decía: La película que Bush no quiere que veas) que trata esta misma temática.
Pensándolo, es probable que hoy me acerque al Ateneo. No me pilla del todo mal. Me pasaría a saludarte, pero no creo que se me haga tu rostro familiar entre tanta gente...
Comienzas hablando de la generosidad de tu tío, tú también lo eres. Y mucho.
He leído algo (poco) de José Luis Cano (ignoraba que fuera tu tío), dejé su magnífico artículo: CERNUDA Y LA PUBLICACIÓN DE “PERFIL DEL AIRE”
en Las Playas de Siberia hace un tiempo.
Me alegra que se le haga justicia, por él y por ti, porque esto te causa una gran alegría.
¡Felicidades!
¡Qué historión!
Flipo con la saga. Dios los junta y ellos se crían.
Un abrazo, compañero (Ya hay ganas de verte por la grisura de este cubil de esclavos, para que nos alegres o nos atemperes un poquico.)
Pincha en el enlace de Apostillas literarias, de Magda Díaz Morales, y verás, jeje.
Indicación: lee, sobre todo, la segunda carta de Octavio Paz a Tomás Segovia, la fechada en Nueva Delhi (pero qué pequeño es el mundo), hacia la mitad...
Besos (y más casualidades)
qué maravilla!
Queridos, hace tiempo que debería haber ido contestando. Solamente pude asistir el lunes (lo siento Caperucita Loca, de haber leído antes tu comentario te habría dicho que el miércoles no iba), porque los compromisos de la amistad me lo impidieron. A propósito de su valoración de la amistación, contó uno de los ponentes que estando con él comiendo en casa de una poeta, se desvaneció y lo llevaron a Urgencias. Era la tarde de la tertulia de Ínsula. Cuando despertó en una camilla, en el pasillo, le dijo a la enfermera: "Señorita, tiene unos ojos bellísimos que pasaría mucho tiempo mirándolos, pero quíteme estas agujas que me esperan mis amigos y no puedo faltar". (Estuvo ingresado una semana).
Pero el lunes fue estupendo, por cómo situó el poeta y catedrático en Nueva York Dionisio Cañas la importancia que tenía para América la llegada mensual de Ínsula, pero sobre todo por la profundidad de García Posada, al contar que recién salido José Luis de la cárcel se propuso el objetivo de crear el eslabón moral y estético que uniera la tradición liberal del XIX que había tenido su último nudo en la Generación del 27, cortado brutalmente por el fascismo, con un posible futuro: añadió que había cumplido su objetivo, aunque no se le hubiera estudiado de ese modo. También dijo, lo que me sorprendió, que aunque poeta truncado por otras tareas, su poesía la consideró siempre exquisita.
La presencia de todos vosotros aquí es importante (cuando hago posts tan largos siempre pienso que nadie va a leerlos).
En cuanto a la casualidad de las "apostillas", Mega, nos recorren de parte a parte a casi todos.
No hay casualidades, sino proyectos compartidos que hace falta tiempo y paciencia para que resulten visibles.
(Yo me estoy dando un festín con vuestros corazones).
Leo esto y es como si te escuchara contármelo en una silla metálica cayéndose ya en el dos de mayo, el viento corriendo, y la tarde tan jovencita
eres un placer
Lara: ¡glubs!
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