domingo, 20 de abril de 2008

Ahora sí creo en los fantasmas

Habréis visto que me prodigo poco últimamente, aquí en los Ángeles pero también en vuestros sitios. Un médico podría decir que mis sinapsis cerebrales se han juntado con algunos apsis de mala reputación, pero yo creo, simplemente, que estoy hecho un vago. Ahora a todo se le da un nombre asignificante. Patrañas.

Desde hace unos días, hay una frase de Jacques Derrida que me ronda. Estoy leyendo, con muy poca sistematización, el número que la revista Archipiélago dedicó a Derrida. Hay un artículo, titulado Ahora sí, créame, creo en los fantasmas, en el que Antonio Tudela Sancho escribe sobre el filósofo y el cine. De alguna manera interior, lo relaciono con la entrada de Roth. Esta relación es una sensación, porque no veo nexo lógico. Como no encuentro esa relación, pero me parece importante, lo pongo aquí, más bien como una manera de descargarme.

Su exalumna Amy Ziering Kofman decidió hacer una película sobre él, que se llamó Derrida. Hecho como cine independiente, sin dinero y rodando de vez en cuando, el rodaje se extendió en pequeños periodos a lo largo de 8 años, tras los que se acumularon 90 horas de filmación. De ellas hizo un montaje final, que le mostró a Derrida. Este le dijo que tenían que hacer una última toma para cerrar la película. En ella dice estas palabras:

Así que esto es lo que ustedes llaman cinema verité. Es todo falso. Yo no soy así.

12 comentarios:

Gemma dijo...

¿Quién se equivoca o distorsiona: el film o el propio autor?

Por otro lado, a mí me parece hasta cierto punto normal que, transcurridos 8 años, el Derrida producto de esta deconstrucción grabada no sea el mismo que el Derrida de 8 años atrás... O que el Derrida diacrónico no coincida con el sincrónico...

Ni tampoco el mismo con respecto al ser en que cree que se ha convertido...

¿El cazador cazado?
Un abrazo

NáN dijo...

Ja, já, Mega. Le has dado muy bien la vuelta al calcetín.

El problema que presenta Derrida, si es que existe problema, es que existe el que cuenta y existe lo contado, y el que cuenta no se "reconoce" en lo contado.

No es una cuestión de tiempo, porque no todo se había rodado 8 años atrás, hay que suponer que algunos cortes serían de meses escasos. Eso afectaría a otra cuestión, a la que tú también te refieres: a pesar de la fuerza con que sostenemos nuestro "yo", dejamos de reconocerlo en cuanto pasa un tiempo.

Además, es de suponer que, como filósofo que no está hablando de avatares biográficos, tendrá en enganche mayor con todo lo que ha ido diciendo en el pasado.

El problema, que nos afecta a todos, va más allá del cine (la imagen), que a él le parece que puebla el mundo de fantasmas, no de personas reales. Incluso puede pasarse a toda obra. Pero por ceñirnos a esa película (que no he visto) es en el montaje, que recorta 90 horas de discurso a un par de horas, donde no se reconoce.

Esto da para mucho. Aunque todo lo que he deicho aquí es de lo más opinable y endeble.

El hecho es que puedes tener razón y el que se equivoca es el propio autor. Entonces, los que "comemos" historias estaríamos apropiándonos de historias de personas que ya no son reconocidas como propias por esas personas. Toda creación se le va de las manos al "autor".

Abrazo, querida Mega.

carmen moreno dijo...

¿Cuántos de nosotros nos veríamos en las miradas ajenas? Yo no estoy tan segura de ser lo que escribimos. Es más, sería imposible. Pero, por otro lado... ¿qué somos si no lo que escribimos?

kika... dijo...

Yo he optado por integrar la contradicción en mi vida... así no me surge el dilema...

... y mientras me quedo esperando a que alguien decida hacer la película de mi vida... para poder decir algo como la cita de Derrida...

besos y magia,
K

Anónimo dijo...

Nadie, creo, se reconocería en su biografía. Excepto Julio César, al que le gustaba que se las leyeran en segunda persona, para ir corrigiéndolas él mismo.

Ocho años atrás. Yo no me reconozco en los sentimientos de dos meses atrás.

Já.

Ni en las grabaciones de mi voz, me reconozco. Sueno como un pato.

Casi todas las fotos que miramos, especialmente si nuestra cara está en ellas, son fotos de fantasmas (Antonio Muñoz Molina: Las apariencias).

Siempre con una cita a mano, ¿ehn? Soy incorregible.

saiz dijo...

Me parece bastante entendible.

Imaginemos que todas las personas que nos conocen dieran su opinión sobre nosotros (quiero decir: sobre ti o sobre mí). Imaginemos que todas esas opiniones se colocaran una detrás de otra.

Pues bien, aparte de que habría versiones discrepantes y contradictorias, creo que quien viera esa sucesión de opiniones no por eso nos conocería.

En primer lugar, porque todos cambiamos con los años. En segundo lugar, porque incluso dentro del mismo día no nos mostramos igual en cada momento. En tercer lugar, porque no somos iguales delante de otras personas que en nuestra intimidad, en nuestra soledad. En cuarto lugar, porque nuestra conducta depende en gran medida de las pruebas a que lo exterior nos somete: no somos iguales en circunstancias "blandas" que en circunstancias "duras". Nadie sabe qué podría llegar a hacer en algunas situaciones límite.

Pero, sobre todo, debe de ser muy distinto verse desde dentro -desde uno mismo- que desde fuera: desde la mirada de los otros.

(Y aprovecho, Nán, para agradecer tus visitas, así como para decir que no sólo leo tu blog por tus entradas, sino también por los comentarios de tus visitantes. Me llama la atención lo que dice Microalgo: no conocemos nuestra propia voz: sólo podemos conocerla cuando nos oímos en una grabación, y aun así está distorsionada por el reproductor. También me ha gustado mucho la cita de Muñoz Molina: todas las fotos, vídeos, etc exhiben mundos fantasmagóricos y de ultratumba. Miramos una foto nuestra de hace unos años y decimos "soy yo", pero es mentira.

Gemma dijo...

Y ni siquiera es preciso que pasen años, querido Saiz. A mí me ha pasado ver de pronto un gesto mío en una foto que no sabía que tenía, y preguntarme a continuación si ese gesto me define más que los otros conocidos y cotidianos. En fin.

La vida, tan misteriosa ella...

Anónimo dijo...

¿Os gustaría que vuestra vida se resumiera en una simple película? Yo no, qué horror, prefiero casi una serie de televisión, y eso que no me engancha ninguna, jajaja.

NáN dijo...

Tengamos en cuenta que esa película parece que no cuenta su vida, sino su discurso. Incluso entre los novelistas, son bastante parcos cuando se refieren a novelas anteriores, en todo caso solo hablan de algún aspecto de ellas. Leí un artículo de Zadie Smith que decía que ella, al escribir Fin en una novela, vivía 12 horas de gloria, pero que después ya se daba cuenta de que se había equivocado otra vez. En cambio los filósofos, como los científicos, mantienen mucho más su discurso, arduamente elaborado.

Por eso puse ese ejemplo. En este caso, aunque sean sus propias palabras, al aparecer en otro orden reniega de ellas. Es lo que tiene de "ejemplar" la cita: en una sociedad de la imagen como la nuestra, niega la veracidad de las imágenes congeladas.

Pero casi prefiero olvidarme de eso, porque me parecen más interesantes vuestras opiniones sobre nuestra vida cotidiana y la relación con esas imágenes. El cambio constante del yo (y si lo consideramos tan voluble, ¿por que defendemos con tanta fuerza el "yo" de cada momento?). Desde cada imagen nos contempla un fantasma.

Micro, qué buena cita. Pero ahora sabemos de dónde la sacó el autor.
Magapola: sería una buena serie. Historias de una gata (de engatusar).
Carmen: queda en el aire tu pregunta final.
Kika: no te librarás, aunque todos somos contradictorios, cuando la contradicción parece apaciguada, es una "paz trampa".
Sáiz: lo que más te agradezco es el elogio a los visitantes, sin duda (y no es retórica) lo mejor.
Mega: esa vida misteriosa. Y el mayor misterio es que algunos dedicáis tanto esfuerzo a revelar sus esquinas y otros acudimos ansiosos a ver un nuevo aspecto de lo que había en ellas.

kika... dijo...

Tienes razón, como siempre. Integrar contradicciones me da paz, pero es transitoria. Siempre vuelven.

besos y más magia,
K

Anónimo dijo...

iba yo a preguntar que dónde estaba el problema... pero ya lo ha hecho mega, la primera...

Yo me sorprendo cuando me veo en fotos o en vídeo, no encajo con la idea que tengo de mi misma... y mi madre siempre que ve una foto mía o de mi hermana cree que es ella. Porque se sigue viendo en su cabeza como cuando tenía 30.
Somos todos así, supongo.

Y si a eso le unimos reducir días de grabación a horas, elegir, cortar con la tijera... decidir que algo es accesorio... pues la frase resulta de una lógica sorprendente. Lúcida quizá sin pretenderlo.
No sé ni lo que digo...
Así que besos a todos

Anónimo dijo...

Pues Usted no lo sabrá, pero creo que nosotros lo entendemos, Vega.

Mil besos.