lunes, 10 de marzo de 2008

Del cuaderno de Venecia

[En todos los viajes vengo a hacer esta foto]

(1)

He cogido para el viaje un reloj que desde hace más de un año, quieto en una mesa, marca las 3:35 y seis segundos. Igual de detenida parece la vida en la tierra de casi nadie del aeropuerto, en la franja situada entre las fatigosas (ridículas) barreras de seguridad y los pasillos-puerta que te llevan al estrecho avión que te lleva a otro sitio real. Siempre otro sitio. En el no-sitio de esa sala de nadie la vida se estancó en una esperanza de juego que parece siempre a punto de comenzar. ¿A quién le preguntamos cuándo empieza? Casi todos llevamos un carrito donde acumulamos las exorbitantes pertenencias en que se ha transformado el minúsculo equipaje de mano permitido, que empujamos por todas las partes de la enorme sala. Quizás es a eso a lo que jugamos: sin perder la dignidad, imitamos a los homeless que se mueven por la ciudad con un carrito de supermercado llevando lo único que son. No podemos comprar una pila para el reloj porque está prohibido venderlas por razones de seguridad. Consuela saber que eso nos salva de los terroristas desmemoriados que consiguieron entrar con el explosivo pero se olvidaron la pila de botón para el detonador. A cambio, compramos JW para los seis grados de máxima que nos esperan en Venecia y un brandy aceptable para un colaborador de L que, al enterarse que íbamos, se empeñó en ir al aeropuerto a recogernos, para acercarnos lo más que pueda a la ciudad del agua, donde ya se había ocupado de que hubiera una lancha para acercarnos lo más que pueda al hotel. En esta ciudad todo se hace hasta el punto en el que más se puede. Un centímetro más lejos está la Laguna y ya no se puede. También compré el último libro de Roth, del que me habló muy bien Elena, encantado de que el personaje sea Nathan Zuckerman. No hacer ni un año que leí las cuatro novelas de Zuckerman, el sosias de Philip. Al carrito le va saliendo una joroba. Hubiera sido más honesto acarrear la maleta y facturar los pequeños varios. Entro en un baño para limpiarme las gafas y empezar a leer. Al verme sin gafas las manos con que las limpio, me parece ver una piel velada, monstruosa, envejecida hasta el olvido. Una mirada de futuro. Con las gafas limpias y la mirada harta de ver a los niños grandes que juegan a empujar su carrito, me doy por vencido y me siento. Me reencuentro con el bueno y querido Nathan, el que como Roth renunció a ser judío, se hizo hombre y habitó entre nosotros como uno más, entre los que no hemos sido elegidos por ningún Dios y, a cambio, nos hemos convertido en expertos en ser rechazados. Pero Nathan tiene ya 71 años y ha vivido 11 a solas en una granja, sin nada que le comunique con el mundo, dedicado a leer y escribir. 11 años de casi soledad con un intermedio para que le quitaran la próstata y, con ella, la capacidad de decidir cuándo orina. ¡Pues sí que empezamos bien! Escribo esto tomando botellitas de whisky a 30.000 pies de altura sobre el mar y con turbulencias, no dejando a L que se apoye en mí para dormir, porque si luego me muevo se la llevan los diablos. “Bebes mucho”, me dice. “Estos días abusaremos del alcohol y de la literatura”, le respondo. Voy sentado junto a la puerta de emergencia, donde están las instrucciones para abrirla. Dejo de leer a Roth y las palabras “71 años”, no vaya a ser que con tanta mirada de futuro me entren ganas de abrirla.


[La ciudad vuelve a ser nuestra cuando atardece]

(3)

En muy pocos años la ciudad ha terminado su huida a un parque temático. También en este mes de finales de invierno en el que hasta hace no mucho estaba adormecida. Los hoteles de Mestre y cercanías vomitan numerosos grupos que entorpecen la callejas, desatentos a todo lo que no sea el pequeño comercio de quincallas que cubre el centro. Pero esta mañana hemos encontrado la paz en lo recóndito de Canareggio, por las fondamentas que no conducían a sitios turísticos, azotados por un aire gélido que encontraba aquí el primer obstáculo desde los Alpes, cubiertos por la nieve caída en los últimos días. Conducido por este desánimo de saber que soy yo el equivocado, paseando entre hermosas obras que no me dicen nada porque ni me detengo a mirarlas. Hasta que tengo tres sobresaltos, tres aceleraciones del corazón, tres ocasiones en las que la antigua rendición a la ciudad parecía que iba a reiniciarse. El Via Crucis de Tiepolo el hijo, Giandomenica, el que miraba amargamente. La perfección del Tríptico de Bellini. La Presentación en el templo de Tintoretto, impresionante lienzo situado a menos de 10 metros de su humilde tumba de la Madonna del Orto, con la que los señores venecianos se vengaron de que, por ejemplo en ese cuadro, las autoridades quedaran en una zona de oscuridad, mientras toda la luz cae sobre las hermosas mujeres que presentan a sus bellas hijas en el templo.Venganza que se vuelve contra los señores, pues somos muchos los que vamos a ver la lápida humilde de la más destartalada capilla de una de las más excéntricas iglesias venecianas, donde apenas si llegan los grupos desatentos que invaden Venecia hasta las cinco de la tarde, que la abandonan con bolsas de comercios con objetos seguramente feos, dejándola al frío de esos días en el que un desanimado como yo encuentra difícil dar los primeros pasos para pasear por una fondamente y reencontrar a la amada.



[pillado a tración por donde le gustaba pasear a Ezra Pound, cuando creía estar solo]

(7)
Los Zattere, 8 del 3 de 2008


Todo es literatura


¿no es cierto amor mío?


nosotros no tenemos esas sensaciones.


Quizá despertemos confusos de siestas diminutas


creyendo que Pound nos acompaña


que existió Eliot


que tú estabas.




Japoneses perdidos.




Nos miramos


enamorados de los fantasmas


y sonreímos porque estamos hambrientos.


Esa señal que te diferencia como criatura literaria


Porque nosotros, mi amor,


no necesitamos ya de las sensaciones.

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Bienhallado, bienvenido, bienquerido...

Estaba deseosa de que comenzaras tus palabras venecianas. Precioso poema, para unos días, me imagino, inolvidables....

Poeta!

carmen moreno dijo...

Me llevas de la mano por Venecia, Primo. Una Venecia que no conozco, como desconozco también cualquier otro rincón italiano. Y tengo ganas de salir corriendo, de dejar todo lo que aquí nos ata a ese carrito desvencijado que tú nos dices.

Después el poema... ¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso!

Si puedo pedir un deseo por mi cumpleaños (mira, cruzando los dedos para doblar la suerte): Viajar con mi primo.

Gemma dijo...

Venecia estuvo de suerte si te tuvo a ti paseando entre sus ahítos canales, qué duda cabe.

¡Y qué bello poema, Nán!

Lara dijo...

Oh! Intuyo que entre el 1 y el 3 hay un dos, y que entre el 3 y el 7 hay muchísimas cosas que me hubiera gustado leer. Nano en Venecia es la primera intimidad de Nano que conocí realmente, donde pude hacerme una idea de él-tú antes siquiera de verte la cara. Y una foto donde también escribías, de espaldas, al fondo el agua. Qué hermosa esta que ahí nos cuelgas. Precioso perfil. A mí me dan ganas de leer todo lo que hay entre medias, de saber qué más sensaciones tuvisteis (ay, tú sin sensaciones, y ella... no no), qué paradas detuvieron tus ojos en algún remanso de la parte de la ciudad que no se atasca. Yo he ido dos veces en los dos últimos años, pero nunca en invierno, nunca así, parándome a escribir, y tendré que hacerlo un día, copiándote los pasos. Un beso enorme. Y el poema.

Anónimo dijo...

Me gustan tanto tus alusiones...


P.

Anónimo dijo...

nán, qué bonitos regalos nos traes siempre de Venecia!
Un verdadero placer leerte.
¡Poeta!

Anónimo dijo...

Qué curioso!
Mientras tú leías a Roth, yo revisionaba La mancha humana.
Dejé en mi página un vídeo de youtube -la escena que más me gusta de la película-, pero está en alemán y la visión es algo oscura.
No iba a decir nada, pero es que me resulta tan sorprendente.
Qué cosas!
:)

NáN dijo...

¡Qué bárbaras! ¡Qué rápidas! Cómo hacéis que me sienta acompañado. Con un texto así de largo yo lo habría tenido que dejar para el fin de semana (todavía no he podido ni hacer lo que más me apetece, que es pasarme detenidamente por vuestros escritos).

El poema lo estaba escribiendo cuando L vino por otro lado y sacó la foto sin que yo me enterara. Es la fondamenta de los Zattere, el paseo preferido de Ezra Pound, pero no solo por eso es uno de mis lugares favoritos: transmite un ritmo especial, con el ancho canal de la Giudecca y la pequeña isla al fondo, la que se interpone a la gran laguna, que es casi como decir al mar abierto (un mar, en este caso, humanizado como paisaje).

De verdad que me emociona esta presencia vuestra, tan veloz.

(Venecia en invierno y con tiempo; sí, es un buen momento para ir: con un cuaderno).

(Prima, ya ves que dejo solo constantemente a quien me acompaña, no soy tan buen compañero de viaje; pero tienes que abandonar el carrito alguna vez y hacer un largo recorrido por Italia).

(Winsta, ya me pasé a ver el vídeo: incluso sin saber alemán llega muy dentro).

(María, Mega y Anónimo, algo más que simplemente: ¡gracias!).

manolotel dijo...

Precioso el poema. Bellas las fotos de lugares comunes en la belleza de la nostalgia. Hermosas las palabras y las referencias. Leerte es sentir de nuevo donde nos pasó la vida.

Un abrazo.

kika... dijo...

Mmmm... me encanta eso de abusar de la literatura...

besos y magia,
K

Flavia Company dijo...

Nán, estas entradas tuyas llegan hasta lo más profundo. Tiene una ganas de sumarse a todo, a cada una de las cosas, y en cierto modo al leerte nos sumas, nos transportas y eso que nos llevamos, un sosiego, una caricia. Gracias.

Anónimo dijo...

¿En qué Venecia estuve yo con veinte años, Dios mío?

Y si pasara ahora por esa ciudad condenada por su propia estructura y por el (lo niegue quien lo niegue) cambio de nivel del mar, ¿podría zafarme de la mirada de turista y ver lo que ve Nán, o seré un caso perdido ya para siempre?

¿El probelma estará en los ojos, o en lo que hay detrás?

No me contesten, déjenme solo. Está mejor así.

Anónimo dijo...

me cuesta creer que ya no necesitéis de las sensaciones.
Creo que todo tú estas hecho de ellas.
me gusta visitarte

ETDN dijo...

Hola, Nan:

Me complace inaugurar mis comentarios en tu blog con esta entrada.

Después de ese diario de viaje veneciano y de ese poema una se queda sin palabras, la verdad.

Venecia es uno de mis destinos pendientes, de Italia sólo conozco Sicilia.

Nos leemos.

bss

ETDN

NáN dijo...

Un abrazo, Manolotel, unidos por el "donde nos pasó"; pero sin soltar la presa, porque los dos hemos dado prueba suficiente de que "nos está pasando".

Kika, es un reducto casi indestructible, la literatura; que permite esos abusos, además, cuando otros cuestan ya demasiado. Besos.

Gracias aumentadas a ti, Flavia. Que una escritora como tú que clavetea con tanta fuerza las realidades que menos se quieren ver diga eso de mi escrito lo pongo en la cuenta de tu bondad. (Lo de que os llevéis "un sosiego, una caricia" me deja turulato).

Microalgo, hemos pasado juntos el fin de semana y el truco está en la mirada, que compartimos. Con veinte años solo se mira para dentro y para los que nos rodean más de cerca (es lo suyo). Y no eres turista: así que ya sabes que Venecia, si vuelves a ir, te toca.

Anónimo, gracias por dejar ese comentario. Te refieres sobre todo a los últimos versos, que son ciertos y reales, así que te reenvío al primero, igual de cierto y de real: "todo es literatura".

Nos leemos y leeremos, ETDN, aunque en lo de escribirnos empecemos así de despacito. Sicilia, en cambio, es uno de mis "pendientes" más deseados, pero creo que requiere tiempo ancho, así que lo voy dejando. A Venecia, si puedes, es mejor ir en invierno y "abrigada" (de ropa y de personas). Besos.

saiz dijo...

Un saludo para el Sr. Nán, cuyo blog visito periódicamente, y sólo desearle que disfrute de su estancia veneciana. Y asimismo decirle que aguardo, anhelante, que inicie su lectura de Montaigne para deleitarnos, como espero, con la más jugosa quintaesencia de sus Ensayos.

Saludos a todos.

Caperucito Lorca dijo...

Ouffff, cosa linda. Yo he estado por Holanda y Bélgica, y hay calles rodeadas de canales que recuerdan sin duda a esta Venecia.

A mí Italia es que me echa para atrás. No sé qué será, pero como a todo el mundo le encanta, mis ojos tienden a escapar hacia otros lares.

No sé si alguna vez había escrito aquí, pero lo conocía hace tiempo y entro de cuando en cuando.

Un saludo.

NáN dijo...

Querido Sáiz, sin duda pasará eso; pero soy lento. Primero meto; después, cuando algo de lo leído se mezcla con algo diferente, de mi vida cotidiana, de un suceso o de otra cosa leída, sale el texto mestizo. Es más que probable que escriba primero una entrada de Shakespeare, que leo a medias con los Ensayos. Casi seguro que sí. Te agradezco sin embargo tu deseo, que me anima más de lo que puedes imaginar.

CL, alguna vez cruzamos comentarios, hace algún tiempo, en el sitio de Jose; y más recientemente en el de Miguel. Pero creo que es la primera vez que escribes aquí. No creas que todo lo que gusta a todo el mundo no es válido. Italia fue una potencia cultural y artística que la ha dejado marcada de belleza por todas partes. Desgraciadamente, es ya carne de los tour operators masivos, por lo que cada vez es más difícil ver las cosas con la tranquilidad necesaria: ¡no retrases mucho tu viaje!

AROAMD dijo...

he venido a buscar esto que recordaba porque en breve volveremos a venecia

NáN dijo...

¡Qué bien, qué viaje tan insensato! ¡De los buenos!

Por cierto, me ha permitido releer mi poema y me ha parecido bueno. Como no lo tengo en ningún otro sitio, si me quitan ste blog desaparecerá para siempre. ¡Eso lo mejora!

Cualquier cosa que necesites (guías, etc.), ya sabes. Un silbidito.