martes, 19 de julio de 2011

Taller sobre metamorfosis

Antes del segundo incidente, el miércoles, fui muy contento al Taller y leí este texto. Otro texto de taller más (tema: metamorfosis)

Un cerebro es un escenario suficiente


Estamos todos en la casa, con la luz de una tarde de primavera avanzada. Mis padres, la tía soltera que vivía con nosotros, mis tres hermanos mayores y yo. Las conversaciones son banales, de tarde larga de domingo en la que nadie sale. (Nadie puede salir). Las sonrisas y las bromas inocentes son la atmósfera; tan agradable que quizás por eso nadie vaya a salir, (nadie puede salir).

***

La última vez que dormí en esa casa fue un verano que volví a la ciudad con más heridas de las que quería mostrar. Mi madre, que vivía ya en Madrid, la seguía pagando, lo mismo que la luz y el agua; supongo que sería una miseria y decidió no decidir. Solo dio de baja el teléfono. Rechacé todas las ofertas familiares y me fui a vivir allí. Previamente, mi Madrina había enviado a una mujer que limpió el suelo y luego, a fondo, mi dormitorio, el baño y la cocina.

Salía al anochecer, dejando abiertos los balcones para recoger el frescor de la noche, y regresaba después de haber visto amanecer en la playa, comprando pan caliente y chocolatinas que comía en el camino. Al llegar a casa cerraba las persianas, por las que entraban láminas de luz en las que el polvo que producía yo al moverme desparecía de una de ellas para reaparecer en la siguiente. Todos los muebles de la casa estaban tapados con sábanas viejas y con paños.

Fumaba un Bisonte tras otro y me parecía ver pasar las sombras de mi padre y de mi tía Piti; los primeros muertos de la familia. Monologaba con ellos en voz alta; imagino que les decía que les echábamos de menos. Después me acostaba en mi antigua cama, que había abandonado años atrás, y dormía casi el día entero.

***

Estamos todos en la casa, en la luz y el silencio de una tarde larga, y el número de los muertos supera ya al de los vivos. Hace ya casi treinta años que derribaron la casa para construir otra nueva, con pisos de techos más bajos. Pero para nosotros el espacio y la altura de los techos son los de antes: nos reunimos, como ocupas, en una vivienda que ya no existe en el Registro catastral. Hace falta voluntad para crear esas tardes, porque por la boda del primer hermano yo tendría nueve años la última vez que estuvimos todos; y a veces aparezco así entre las sombras; otras veces soy como ahora y miro a mi padre, más joven que yo, con extrañeza. Las sombras, además, tienden a aparecer como en las fotos: como si alguien moviera imágenes bidimensionales recortadas. Los colores cambian según el tono amarillo o sepia de las fotografías. El conjunto parece raro; de un grafismo poco profesional.

Y nadie, ninguno de los vivos o de los muertos, hace nunca una pregunta esencial, reveladora de algún sentido. Hay que conformarse con esa representación falsa, totalmente cambiada, de lo que existió. Un cerebro en buen funcionamiento es el escenario perfecto para denotar esos cambios.

15 comentarios:

Araceli Esteves dijo...

Es un relato muy bueno, Nán. Me ha gustado mucho, casi parece que hables de una casa que yo también habité, que a veces sigo habitando.
Todos nos encontramos en los mismos recodos de la memoria.

Araceli Esteves dijo...

Ah, y me has hecho reir con ese comentario en mi blog de que parezco tan buenecita. Si yo te contara...

Josep Vilaplana dijo...

Mi querido amigo, mi bus y un servidor hemos andado últimamente como sandalia de romano. No he tenido tiempo de visitar estas casas que, a falta de bares y tertulias, cultivamos, por lo que nada sabía de tu ingreso. Espero que todo evolucione como sin duda lo hará: cielo despejado y el viento a favor.

¿tu texto? pienso, Nán, que eres un relojero que ama los relojes. Observas y no les impones tu hora. De ahí deriva el enorme placer de leerte.

Un abrazo y recrimínale al trombo, de mi parte, su fea actitud.

Patito dijo...

¡Qué buen relato! Me gustó mucho y también me estremeció. La soledad juega pasadas ¿verdad? la soledad y el silencio son muy traviesos.

Zayi Hernández dijo...

Excelente!!!!

Me recordó la película "Los otros".

Muy bueno Nán.

Un beso.

Isabel dijo...

Este escribir pausado y pausando, como decidir no decidir es una manera de que las cosas evoluciones con calma, sin alterarse. Como no se alteran los muertos, pero sí un cerebro vivo como el tuyo que siente, que cambia, que evoluciona para dar ese sentido magistral a las palabras.
Un fuerte abrazo de recuperación.

NáN dijo...

Haberte hecho reír, ARACELI, me anima y hace sonreír. ¿De qué se puede escribir, sino de lo que tenemos todos en alguna esquina de la mente, cerebro o lo que sea? Por eso me alegra cuando alguien lee un texto, da el salto y lo hace suyo.

(recuerda que decía "pareces").

Un abrazo


Mi también querido amigo JOSEP, me escribes unas cosas que me hacen recordar el "yo no soy digno" de mi infancia y primera juventud eclesiásticas. En tu trabajo, son tiempos de locos. Cuando me "reingresaron", Lola ya se había escapado y tuvo que volver desde Frankfurt.

Un abrazo. (Y al trombo, le he echado una filípica de tu parte... aunque más bien debería echársela a la ineficiencia de los hospitales públicos de gestión privada, por inmovilizarme sin ponerme eparina).

Querida PATITO, suelo pasar mucho tiempo solo, pero hay soledades de todo tipo, incluso las que se parecen a una "indefensión". Gracias por apreciar el texto y por estar "ahí".

¡Gracias por tus "pareceres", ZAYI! Fíjate que tardé mucho en ver esa película, porque me dan miedo las de "fantasmas". Pero con los fantasmas propios, los de casa, uno se las arregla estupendamente.

Besos

A por esa recuperación total voy, ISABEL. Me has "pillado" en el proceso: a partir de una idea, y a lo largo de unos días, todo va saliendo como "si saliera solo". Y al menos a mí, los resultados me valen.

Gran abrazo de esos y, por Júpiter tronante, que se alejen mucho tiempo de todos las "incidencias".

Anónimo dijo...

Hola a todos.
La parte última de tu relato me ha recordado algo.
¿Lo cuento? Vale.
Cuando era pequeña y vi un coche de esos llenos de flores por los lados, le pregunté a mi abuela si habría sido feliz el que iba dentro.
Me miró alucinada, por mi poca edad.
Ahora que soy un poquito mayor, me hago la misma pregunta cuando veo ese tipo de coches.
Es posible que esa sea la única pregunta al final
¿ Habrá merecido la pena la vida?

Cuídate y no seas gruñón ¿Vale?

Besos

Luna

No dijo...

La yuxtaposición de un recuerdo con otro recién creado, en un mismo lugar, en un cuerpo más envejecido, en una madurez luchada. Momentos repetidos y distintos...soledades.

Los recuerdos...las interpretaciones de nuestro cerebro a lo acontecido.
Qué afortunados somos...

Besi Nán ;)

NáN dijo...

Gruño poco últimamente, querida LUNA. Veo que planteas dos preguntas que no son la misma: si ha sido feliz y si la vida habrá merecido la pena.

Me esfuerzo para que la respuesta a la segunda pregunta, en mi caso, sea afirmativa. Creo que eso conllevaría, ya, la dosis necesaria de felicidad (sin atender a si ha sido mucha o poca).

Un abrazo

Cierto, NO: somos creadores de mundos y de vidas. Gracias a eso, muchos sometidos a la peor vida no se han vuelto locos.

Abrazo ligero de verano y y un buen vino (que salgo ahora mismo a tomarlo).

LA ZARZAMORA dijo...

El cerebro es el único escenario que nos queda para recrear, aunque renqueantes, las viejas atmósferas que arrastran el olvido y los recuerdos.
Muy bueno, Nano.

Besos.

Esilleviana dijo...

Me ha tradio Zarzamora y realmente, puedo llegar a entender la simpatía y cariño del que hace mención en su último post al hablar de usted/de ti.

Son historias muy bien hiladas, donde las descripciones atesoran hermosas fotografías y escenas, muy accesibles y capaz de enriquecer la sensaciones que transmiten.
Está claro que me gustó mucho.

un saludo

NáN dijo...

Querida ZARZAMORA, todo el día llevo intentando dejar un comentario en tu sitio, pero no he podido (ahora lo reintento). En el cerebro está todo. Tanto, que a veces da miedo pensar que estemos viviendo una vida mientras dormimos en otra dimensión.

Besos.

De buen sitio vienes, ESILLEVIANA. Y me alegro de que el relato te haya resultado accesible, lo que quiere decir que te ha permitido re-hacer tu propia casa de origen.

De ti, nada de usted, besos

Gemma dijo...

"Hay que conformarse con esa representación falsa, totalmente cambiada, de lo que existió. Un cerebro en buen funcionamiento es el escenario perfecto para denotar esos cambios". (Bello)

Hay un tema recurrente que siempre aparece con una frescura nueva en todos tus relatos de temática familiar: el motivo de la nostalgia por el paraíso perdido de la infancia (y primera juventud, añadiría en tu caso).

Que sepas que me declaro fan absoluta de tu nostalgia y de tu forma de mirar, pues -como bien señala Josep-, "eres un relojero que ama los relojes. Observas y no les impones tu hora. De ahí deriva el enorme placer de leerte.".

Beso y abrazo esta vez

NáN dijo...

Gracias, GEMMA, por ser fan de mi "nostalgia": lo curioso es que no fueron tiempos idílicos; sin embargo, me sentía fuerte y libre. Quizá sea eso lo que hecho de menos y lo que reaparece (espero que sea de modos renovados) en esos personajes.

Pues besos y abrazos