La nuca
Veo en tu nuca el espigón que corta el horizonte de tu infancia.
Del texto de Lara Moreno en el
libro Mujeres que sueñan
Lo veo dormir; tan pausado, le oigo cómo duerme. Le miro la nuca. Me gusta tanto mirar la nuca de un cuello potente de un hombre, su piel recia, morena. La suavidad de la nuca de las mujeres de cuello largo y muy blanco, con el pelo recogido arriba, me produce una rara excitación; porque no tiene ningún componente sexual. La de mi hombre dormido, luego inocente e indefenso, me da paz. Entiendo aquí por paz la ausencia absoluta de tensión. Su sueño se ha hecho profundo, mientras yo encendía y apagaba varias veces la luz de la mesilla, retomando y abandonando otras tantas el libro de la noche; o iba a la cocina para beber agua y dos veces para hacerme y tomarme una infusión, fumando un cigarrillo; otras dos veces a hacer pis, fumando otra vez. Es tan placentero ir a hacer pis, encender un cigarrillo y quedarte sentada en un silencio tan absoluto que a veces escuchas el crepitar de una hebra de tabaco al quemarse. Regresar a la cama, tras lavarte la boca para que él no tosa y se despierte; y retomar el libro porque sabes que no es la hora de dormirte. Todavía no. Los mil nudos del cuerpo se han ido aflojando pero todavía es imposible tirar de ese cordel que los deshace todos y caer en el sueño.
Porque la cuestión, una de las muchas cuestiones que no son más que facetas distintas de la única, cada una con su brillo y su tono, es que él duerme fácilmente. Le es tan fácil como cenar en la sala, llevar luego los platos a la cocina y fregarlos. Cada espacio para su acción. Así de fácil. Yo, en cambio, esa es la otra cara de la cuestión, la mía, no puedo dormirme hasta que me haya perdonado el día, se lo haya perdonado a él y al mundo. Y el proceso no es fácil. No duermo, aunque mañana me caiga de sueño y use la irritabilidad para mantenerme en pie.
Eso sucederá mañana. Ahora he vuelto a refugiarme en el baño, sentada en el váter pero sin hacer pis, apenas iluminada por el foco lejano del pasillo. Alejarme de esa nuca en paz por la que me siento inclinada a perdonarle todo. A este mi tercer hombre de verdad, el mejor de todos, el que está dispuesto a cualquier cosa para hacerme feliz pero puede dormir tranquilamente sin entregarme a mí el don del sueño tranquilo. Pienso en una historia que me contaron, de una poeta rusa, creo que Anna Ajmátova. Desdichada en el sentido raíz de la palabra, cuando te han quitado la dicha que llegaste a conocer. Lo he recordado ahora porque su marido, también poeta, estaba en un penal soviético en el que a veces el soldado que iba detrás de ti te pegaba un tiro en la nuca y morías sin el miedo de que ibas a morir, casi como si la pistola fuera una madre. Y Anna estaba haciendo cola para poder ver a su marido, cuando la mujer de atrás en la cola le preguntó que si ella era la poeta Ajmátova, y al responderla que sí le dijo: “tienes que contar todo esto”. Me emociona ese pacto entre mujeres tan perdidas que se dormían con el hambre y se despertaban con el dolor. Mientras que yo, aquí, estoy sola en el váter y no tengo a quién contarlo. No sé cómo contarlo. Ni tengo valor para acostarme y dejar que el sueño me venza mirando su nuca, que adoro.
¿Qué mujer me ha preguntado nada? ¿A quién le digo que para mí el tiempo es una continuidad, pero para él son cajas que se abren y se cierran: ahora el momento de divertirnos, ahora el de comer, ahora el de besarnos, ahora no es el momento de saber por qué la factura del gas se come una parte cada vez mayor de nuestros sueldos? No puedo vivir esperando que sea el tiempo designado a los besos, haciendo mal en preocuparme, durante la noche, de cómo solucionar los pequeños problemas, abriendo la caja adecuada al momento. Por eso no duermo, porque tengo mil vías de conversación abiertas y de actos iniciados que nunca se clausuran, nunca es el momento. No puedo abrir y cerrar de nuevo las cajas sin que se me abran mil vías por las que me vierto hacia fuera y me pierdo.
No sé si tengo la obligación de contarlo. Si debo mirarle la nuca en paz y abrazarme a él, sin que él lo note, hasta quedarme dormida. O si debe ser como una madre piadosa y dispararle en la nuca el tiro de un adiós sin explicaciones.

28 comentarios:
Fantástico....
Muy bueno, NáN. Te superas constantemente.
Un abrazo
NO y ELVIRA. A vuestros comentarios solo puedo decir que ¡gracias! por vuestro aprecio.
Y abrazos.
Es muy bueno, Nano.
Pensaba que es así, tal y como lo narras. Ese desencuentro total entre un hombre y una mujer, entre dos sentires y maneras de concebir el mundo, el espacio, el tiempo.
Siempre me ha causado esa misma impresión el hecho de que los hombres puedan cerrar los ojos y ya, dormir a pierna suelta. Qué goce y al mismo tiempo que envidia...sí como para besar o pegarle un tiro a esa nuca.
Besos.
La verdad es que es buenísimo .
Deberías estar en lista de lecturas obligatorias de alguno de eso sitios donde enseñan a escribir.
Pero creo q esto ya te lo he dicho antes.
Abrazos.
NAN, me ha gustado mucho que era tu voz, la de NAN, y a la vez era la de una mujer. No me gusta cuando la gente habla de la "literatura de mujeres" (escrita por mujeres) como género.
Demasiado despierta está, qué duda cabe. Es muy real lo que cuentas, o esa impresión me ha quedado tras leer tu relato. No sé si este reparto de papeles que estableces se cumple con bastante fidelidad en la mayoría de las parejas, pero al margen de ello, sí creo que estos desajustes son muy habituales, comunes y cotidianos, de ahí que tu cuento tenga hoy una fuerza inusual. (Me gustan mucho estos relatos tuyos tan llenos de pensamiento imposible de acallar...)
Besos
PS: Yo soy, en cambio, el tronco que duerme a pierna suelta.
El mayor miedo que me daba este cuento, ZARZAMORA, es que pareciera un cliché de lo que los hombres pensamos que piensan las mujeres. Tu comentario me dice que, al menos parcialmente, superé el reto.
Muchísimas gracias y abrazos.
Pues mira tú por dónde, REYES, que donde estoy es en uno de esos sitios en el que unos a otros nos enseñamos a escribir, gratuitamente porque no hay "maestros". Me obliga a un relato cada 14 días y me da la ayuda de los comentarios de mis compañeros, sobre todo cuando ponen a parir alguna parte. Además, en septiembre empiezo un curso de 8 meses que me dará Lara Morenos.
Pero ya verás, ya, dentro de unos años, cuando pase del grado de aprendiz, qué cosas tan chulas escribiré.
Un gran abrazo.
Que precisamente tú, DI, que tanto te metes con eso, digas que mi voz "a la vez era la de una mujer.", me llena de alegría.
Gran abrazo
Es una suerte, GEMMA, que esos sentimientos no sea generales. Pero me alegra que estés conmigo en que "suceden" (y por tanto en que lo he transmitido bien). Fíjate que pensaba que eres una "bendita" de esas que duermen a pierna suelta.
Petons
Me ha gustado mucho. Me has recordado ese poema "todos matamos lo que amamos".
Me ha gustado muchísimo este ejercicio de introspección con la voz, con el sentimiento de una mujer. La noche, la soledad, el amor, de nuevo el silencio...
Precioso.
...una de las armas más mortíferas es la de un dedo que te señala la nuca...
Pero dispararle por qué mujer? No, no me parece eso de disparar. No me gustan las historias en las que alguien imagina que mata a otro, menos aún en las que le mata "realmente".
Prefiero que siga pensando en esas cuestiones que son una. Que siga mirando su nuca. Que siga fumando.
Siempre me he imaginado a mi misma fumando, siendo fumadura digo. Una chica alta, morena con cierta planta y aire de intelectual, o de violinista (que conste que estó me lo han dicho, eh, no me lo he inventado yo para quedar bien). Sin embargo, no soporto el tabaco, mi cuerpo no lo tolera vaya, así que me quedo con esa imagen de glamour en el aire.
Eso de escribir bajo los signos del sexo contrario me gusta. Yo antes casi siempre escribía como chico.
Un ejercicio notable, NáN.
NAN, es que es la voz de una persona inteligente. Ya está.
Lo de como nos han visto ellos en la literatura es otro tema.
Muxu mezcaloso
di
Lo que más me ha gustado es como describes ese momento de anochecida con la luz tenue del pasillo y el repirar fuerte del otro durmiendo que se escucha a lo lejos. En ese momento los fantasmas se hacen sombras y las ideas peregrinas se aparecen en forma de duermevela silenciosa y peligrosa.
No lo conocía, DRA. ANCHOA, pero gracias a gugle ya lo he leído y me ha parecido magnífico. (También el hecho de que el cuento te haya recordado un poema así).
En esta generación de bibliotecas a la que nos dedicamos, estas sinapsis son lo mejor que podemos hacer.
Un abrazo
Y yo, BEATRIZ, te agradezco muchísimo que lo digas y se noten los ecos de haberlo leído.
Otro abrazo
Cierto, CAUNEDO, porque esas muertes sin derramamiento de sangre ni certificados de defunción nos van cargando las espaldas.
Abrazo para ti, que espero que pronto sea físico.
Que no, que no, que no, SUE, que en el cuento nadie mata a nadie. Amaga con el deseo de dispararle un adiós en esa nuca amada, que también es cruel cuando es innecesario. Así que eres una violinista intelectual que fuma de ful. Cuando nos conozcamos, por lo menos en esa presentación, si aún no he dejado de fumar tendré que imponerme un mandato de distanciamiento de por lo menos 3 metros. Así hablaremos a voces.
Apago el cigarrillo, me lavo los dientes y un abrazo.
Guau, DI. "la voz de una persona inteligente". Me los voy a apuntar para decírmelo las 127 veces al día que me demuestro que soy estúpido.
Mmmm, cuando tomemos ese mezcal. Los 3 o los 300.
Gracias, TXELO'S. Es que siempre me ha parecido un momento peligroso, casi temible si te quedas atrapado en un debate con los fantasmas. Lo único coherente es saltar de la cama y pasar a otra habitación, activo.
Un abrazón
He tenido que leer varias veces. Tenía que encontrar, debajo del texto, otro texto que me parece he encontrado.
Nunca le mataría. Si le matase, en el fondo, se estaría matando a ella misma.
Creo, segura no estoy del todo.
Es un texto muy hondo.
Beso
Pues a mi no me gusta gritar.
Una lectura excelente, entre las posibles, AQUÍ ME QUEDARÉ, La doy por buena. Muchas veces, uno se mata a sí mismo por abandonar innecesariamente; otras, por seguir cuando todo está acabado. En el relato, la protagonista le sigue mirando la nuca; cada lector puede terminarlo como crea. Y tu final es bueno.
Besos
Pues tenemos un problema, SUE. A ver si consigo dejar tan elegante imagen antes de la presentación.
Me pongo un burka y besos.
Estaba esperando tener un momento de paz y silencio, solo roto por el ruido del ventilador del ordenador, para leer y disfrutar de tu texto, intimista, como a mí me gustan.
Y me ha encantado, NáN, y lo curioso es que no por haberte puesto en la piel de una mujer, qué más da para el que escribe bien como tú lo haces.
Me gusta esa cadencia que tiene, ese ir de lo más elemental hasta lo más elevado y como colofón ese buen final que cierra perfecto el relato.
Enhorabuena y gracias por tus bellas palabras.
Jo, ISABEL, me dejas que no sé que contestar, de verdad. Que alguien valore así algo que has escrito, te azora. Solo se me ocurre mandarte
un abrazo
Nán:
entrada directa al chakra más vulnerable...
y el libro es espléndido, una rara avis en el panorama, veo que te gustan las delicatëssen...
un abrazo
Un relato fantástico, Nán. Una prueba fehaciente de que el sentimiento es género masculino pero que la pasión que lleva impreso, tiene muchísima feminidad. Me encanta cuando un hombre se pone en los tacones de una dama y como tú, logran hacer un relato veraz en sentimiento. En ocasiones creí verme dibujada allí.
Un besito.
Ya sabes, STALKER, si vas cruzando el río saltando de una a otra de las piedras más cercanas, acabas mojándote igual, pero por un acto de voluntad. De Chantal (que por cierto debo a tu blog miu segunda inmersión, creo que ya para siempre) a Jesús Aguado era un salto cantado.
¡Y cómo son los libros de esa colección! No solo su interés, enorme, sino cómo están hechos, como siempre, con un papel que sostienes a gusto entre los dedos, con todos los blancos necesarios y con linotipia antigua, midiendo los cíceros, de manera que la distancia entre las palabras se siempre igual (sin justificados automáticos). Eso hace que al leerlos no se fatigue la vista: esto es un hecho.
Por cierto, ¿sabías que el linotipista es Paco Cumpián, otro grandísimo poeta?
Tener libros de esa editorial malagueña es una delicatessen, por cierto nada cara. El preio que pagan por ello son unos libros antiguos por su tamaño que "quedan mal" en las estanterías de las librerías. En Madrid es dificilísimo encontrarlos. ¿Es más fácil en Barna?
Un abrazo
Me encanta lo que me dices, ZAYI. Últimamente tengo un poco abandonado tu blog, en realidad todos. Una fractura vertebral, ya bastante curada, me ha impedido permanecer sentado mucho tiempo ante el ordenador.
Besos
Es cierto...la irritabilidad cómo nos mantiene en pie.
Me gusta tu pensamiento dentro de otra piel, Nano.
Y se me queda clavada la frase 'No puedo vivir esperando que sea el tiempo designado a los besos'.
Gracias por este relato y un abrazote.
¡Qué bien describes, qué bien dibujas, las enormes multitudes de un solo ser, los inabarcables espacios de la soledad compartida!
¿Dormir? Sólo duerme quien seduce y se acuesta con la risa que uno da; con la risa que todo provoca.
Un abrazo insomne.
Querida VERÓNICA, qué raro es todo. La frase que resaltas ha hecho que me pregunte, ¿escribí yo eso? Y la he buscado en el texto y la he encontrado. Tenía esa frase dentro de una frase más larga, pero suelta no la recordaba. Me ha gustado mucho "reconocerla".
Un gran abrazo por ayudarme a reconocer-¿me?
"Con la risa que uno da". ¡Qué bueno, JOSEP! Resaltas que la risa que damos nos hace menos pequeños. Y simultáneamente, que la damos. Que es un don.
Abrazo de gracias, también.
Vengo a desearte una pronta recuperación (leí lo que comentaste en el blog de Giovanni).
Un abrazo
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