A Molinos, como regalo de Reyes
Por sugerencia de Molinos, me bebí La caja negra, de Amos Oz. Después, empecé Una historia de amor y oscuridad. Pero he tardado meses en terminarla. Bien por sus brillantes percepciones, que obligaban a detenerse y pensar, o porque su historia resonaba en la mía: cogía el libro y lo dejaba continuamente. Cualquier historia suya me hacía escribir una mía. O bien leía sin darme cuenta de que en segundo plano estaba escribiendo mentalmente. Cuando escribo así, no recuerdo: escribo. Constantemente vuelvo a atrás para tachar y decir de otra manera. De esta manera, un libro dura meses. Pero esta mañana de Reyes he leído la última línea y me he sentido lleno. “Apaga la luz y luego apaga la luz”, dice Otelo poco antes de matar a Desdémona. Y para mí, que he escrito sobre “cómo matar a la muerte con un lápiz”, la frase tiene un sentido pleno. Lo que voy a contar ahora creo que en parte ya lo he contado, pero “cuéntalo y luego vuelve a contarlo”. Es como sacar brillo a la plata. Además, la lectura de ese libro ha coincidido con que me han llegado decenas de fotos de mi madre que no conocía. Todo se junta cuando debe. Por eso me ha costado terminar las últimas páginas: porque por debajo estaba escribiendo estas dos historias.
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Apaga la luz y luego apaga la luz
Poco antes de nacer yo, mi madre había tenido unas fiebres tifoideas graves. En el año 50, cuando cumplí dos años, tuvo un cáncer de mama y le quitaron un pecho. En aquel tiempo, un cáncer así en alguien que había pasado por lo otro era la muerte casi segura. Pero dijo: “No os preocupéis que no voy a morirme hasta que tenga un nieto varón en mis brazos”. Y no hubo metástasis y soportó el tratamiento.
Veintiséis años después, tras haber tenido varias nietas, nació mi hijo. Mi madre fue la primera en cogerlo en brazos; la recién parida me contó que se le iluminaron los ojos e inmediatamente se entristeció. Se había cumplido el tiempo. Ese verano alquiló un apartamento en la playa y lo pasamos los cuatro juntos: fue feliz con el nieto. En otoño empezó a sentirse mal y en Navidades le diagnosticaron un cáncer de hígado que la mataría en dos meses, con mucho dolor; o en dos semanas, con morfina y sin dolor. Dejamos al niño con sus abuelos de León, volvimos a Madrid y nos instalamos en casa de mi hermana, que es donde vivía nuestra madre.
La habían trasladado a lo que podría llamarse el cuarto del servicio, de haber habido servicio, al lado de la cocina. Todas las mañanas, me tomaba el café con ella y le preguntaba si quería que vinieran los dos hijos que tenía en la ciudad mediterránea. Me decía que todavía no. El 10 de enero me dijo que los llamase y que vinieran rápido. Al mediodía llegaron, le pusimos la morfina y pasamos una de las tardes más agradables que recuerdo. Estaba contenta, contaba historias; todos las contábamos. A las 8 de la tarde, nos pidió que la dejáramos sola y apagáramos la luz, que le molestaba. Cada rato tocaba el timbre para decirnos que la luz le hacía daño, así que sucesivamente fuimos apagando la luz de la cocina, de la antecocina, del pasillo que daba a la cocina, a los dormitorios y al salón. Hacia las dos de la madrugada, alguien que fue a verla dijo que estaba mal. Fuimos, encendimos la luz. Yo uní su pulgar derecho al mío izquierdo, y el izquierdo suyo con el mío derecho, le hablé suavemente, pidiéndole que estuviera tranquila, hasta que dejó de respirar. Se apagó la luz y luego se apagó la luz.
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La vida bulle
Siempre pensé que mi padre había muerto con 56 años, pero el otro día me enteré de que lo hizo con 53. Cuando yo me muera, si existiera un sitio al que se va y te quedas con la edad que tienes al morir, mi padre sería más joven que yo: ¿tendría que hablarle como hijo o desde la experiencia del más viejo? Dentro de dos años, tendré 65; y mi padre habrá estado 53 años vivo y 53 años muerto en falso. Digo esto porque uno no se muere de verdad mientras quedan quienes lo recuerden.
Hace unos días, en una cena con L y mi hijo, a propósito de la película Biutiful hablamos de las perspectivas de otra vida. Ellos dos aman tanto la vida que prefieren pensar que sigue existiendo algo, irracionalmente. Les pregunté: “¿Sabéis que pensáis eso para consolaros?”, y me respondieron que sí. Yo no necesito consuelo, ni falsas ampliaciones. La vida que me llega por los sentidos me basta para que se justifique a sí misma. La vida bulle y eso es tremendamente bueno.
30 comentarios:
Cuando empecé ese libro apenas nos conocíamos. Cuando lo terminé ya sabía más de ti. Sabí que el final te iba a llegar muy dentro. Has tardado siglos en terminarlo pero ha merecido la pena la espera si te ha sugerido escribir todo esto.
Gracias de corazon. Ha sido un regalo de Reyes muy especial y te aseguro que pasará ami lista de " recuerdos de reyes".
Abrazos viriles.
Yo lo pedí ayer en la FNAC de Zaragoza pero estaba agotado. Lo intentaré vía internet.
Nán, lo que has escrito me ha emocionado (hasta el infinito, que diría Molinos), sobre todo el que escribes sobre tu madre. Me ha emocionado mucho. Gracias, un abrazo y cuídate mucho.
Tremendamente
tremendamente
tremendamente.
Querido NaN,
Estoy con un nudo en la garganta. Pero un nudo-regalo, no sé si me entiendes.
Un par de noches, quizás tres, en la vida pensé que me iba a morir. En la eternidad sin luces de aquel hospital pensé "pues es verdad que nos morimos solos". Ese pensamiento es el sitio más frío y solitario en el q haya soñado estar en mi vida, y el nudo es tan grande que esto es lo primero que escribo sobre ello. Pienso en tu madre y, aquel apagar y encender luces, y juegos de pulgares, las antípodas de aquella sensación mía.
Y sí, la vida ya bullía antes, pero ahora aún más!
Un abrazo
di
Uff.
Como que vuelvo luego, porque me ha gustado y me volverá a gustar.
En realidad es un relato que te hace desear la vida, aunque hable de la muerte.
Eso de que no nos morimos totalmente porque hay gente que nos recuerda se lo dije a una amiga que perdió a su hermana en un accidente de coche, dos años después a su madre y tres meses después a su padre.
Le dije que ellos se fueron pero el amor que dejaron sigue entre los vivos.
En fin que vuelvo luego.
Nán, paso a saludarte, y a leerte.
Un abrazo
Dos bellas historias, escribes con mucho sentimiento.
Besos!!
curiosa genialidad textual
Me ha encantado leer esto.
Cuando salí de ver Buitiful, me gustó más la vida, le encontré otro sabor tal vez porque el tiempo que dura te aferras más a ella y al desamor y al amor a pesar de toda sus miserias.
Me gustaron personalmente los dos relatos Nano el de tu padre y el de tu madre.
Yo también creo que no muere aquel que pervive en el recuerdo de alguien.
Besos.
Me ha gustado mucho. Tienes la capacidad de hacer sentir a la gente con lo que escribes.
Me obligo a creer que ese lugar existe y que allí estarán mi madre con 57, mi padre con 86, mi hermana con 50 y mi hija con apenas cuatro meses.
Me obligo a creerlo.
Gracias por tu relato, ha sido un regalo para Moli y para todos los demás.
De verdad que me ilusiona que te haya ilusionado, MOLINOS. Muchas escrituras (físicas o mentales) han salido de ese libro. Que me presentaras a Oz ha sido un verdadero regalo.
De palmetazos en la espalda (pero por la parte de arriba, por favor; la zona lumbar, ni rozarla).
La escritura tiene algo de lo que carece la conversación, JESÚS. Estoy seguro de que cuando nos encontremos y hablemos, delante de un whisky, será fantástico. Pero hay cosas que solo encuentran la medida exacta en lo escrito.
Un abrazo de espera de esa conversación.
LARA BARRIGONA, ya he visto que has vuelto con fuerza; al menos a Internet, porque físicamente a lo mejor estáis allí.
Abrazos
Abrazos
Besos
Mi querida DI VAGANDO. ¡Ostris, lo que nos has contado! Qué bien que lo hayas hecho (si he conseguido que por primera vez empieces a deshacer ese nudo públicamente, me caigo de culo). Esas dos o tres noches pensando que te morías y lo hacías sola, me ha producido una conmoción rara. Más todavía, sabiendo que llevas una vida bullente y entregada.
La revelación de ese secreto entra a formar parte de los momentos mejores o más intensos de los blogs.
Un abrazo suave de cuidarte.
Eso es, SUE. Es que no se puede vivir plenamente la vida si escondemos la muerte detrás de un biombo chino. Forma parte. Pero mientras tanto, vivir a rabiar. Amortiguar los golpes de la rutina. Estar muy atentos.
Abrazote
Un abrazo, JOSE LUIS. Es tan cercano, lo de saludarse.
Besos, ISAMONALISA, espero que sonrías de esa manera. Pretendo escribir con los sentimientos de todos: que nos reconozcamos aunque estemos lejos.
Jo, J.G., me dejas perplejo (y agradecido).
AROUELA, vivimos en encantamientos... tan reales.
Por fin un alma gemela (bueno, van unas cuantas, pero pocas), ZARZAMORA que quedó prendada de Biutiful y salió de allí con ganas locas de vivir. Reconozco que es difícil de ver, porque no da tregua, pero me resultó impresionante.
Gracias, DOCTORA ANCHOA, creo que el truco está en escribir de lo básico que me interesa a mí, no de propuestas fantásticas, y la cosa funciona porque estamos hechos del mismo barro.
Lo de tu hija, BEATRIZ, me deja tocado. Tienes que creerlo, sí, obligatoriamente y razonadamente. Permíteme que en tu caso lo crea contigo.
Un abrazo
Pues para mí también ha sido un regalo aunque la destinataria principal fuera otra.
Qué bonito, NáN. Y los comentarios, casi me da vergüenza.
No, ANNIE, un libro, relato o poema se puede dedicar a una persona, pero los destinatarios son todos los que lo leen. El decir lo que dices es más que suficiente, sin necesidad de vergüenza.
Un abrazo
La primera narración no me era extraña. Algo me contó Vd. delante de un café (o un Manhattan, no recuerdo) y yo le hablé de la envidia que me dio, pues la mía sufrió de lo lindo en los dos últimos días. La segunda la desconocía.
Me han enamorado los dos textos. Como casi todo lo que sale de su pluma. El casi solo me produce "fascinación amorosa", que es distinto. ;-PP
Un abrazo suave y de costado, mi querido escribidor.
Bueno, Nan, así leído un día después queda un poco efectista (cómo somos los aprendices a escritor, te culparé ya q me emocionaste). Igual debería haber añadido las razones, ya q un hospital británico no tiene nada q ver con respecto a dejar a los que te quieren q estén físicamnete allí con los españoles. ESta política tan estricta se agradece casi siempre, pq si estás enfermo no quieres tener a los tíos del pueblo de la cama de enfrente cortando longaniza a medianoche a tu lado (y recordemos q hablamos de habitaciones de 5-6 personas, así q multiplica). Pero también se pasa mucho miedo. Aunque tengas a tanta gente al otro lado del teléfono.
Pasé tanto q croniqueé todos los preliminares, q fueron angustiosos, pero nunca el post-. Si me atreví ayer aquí es, sin duda, pq es tu blog, y pq quería explicarte cuánto apreciaba, lo importante q me parecía q tu madre tuviera la suerte q tuvo.
HUgs gordos
Muy hermoso, NáN, escrito desde lo profundo y llega a lo profundo, a las entretelas.
Un abrazo
IMPRESIONANTEMENTE BELLO.
Me he emocionado con el primer relato y he respirado hondo con el segundo. Magníficos.
Un abrazo.
Te voy a precisar, FREIA: tú estabas con un Manhattan; yo me había tomado un Ruso Blanco y tenía delante un Acuérdate de Mi Nombre, a base de absenta (de ahí mi expansividad desbocada).
Acepto y devuelvo el abrazo suave.
Ay, DI VAGANDO, no podemos confundir la falsa grandilocuencia con los sentimientos que dejan una huella profunda. Tanto, que cuesta hablar de ellos. Nada de efectismo: sentiste que te rondaba la muerte y te sentías sola (el hecho de que mencionaras las noches, no los días, ya me señaló que estabas en un hospital y que durante el día te visitaban). Hay cosas que es mejor no guardarse dentro.
Con respecto a mi madre,entendió que ese era el día, por lo que convocó a sus cuatro hijos, con los que pasó una tarde estupenda. Pero a las 8 de la tarde percibió que la cosa empezaba y quiso, por su propia voluntad, encararlo sola: por eso nos echó de la habitación y ya no tuvo más contacto que al final, los últimos minutos, cuando ya no era consciente de que estaba allí.
Cuando la muerte en soledad es algo que se busca y se pide, es hermoso. Pero cuando es impuesta, debe aterrar.
Claro que la diferencia está en considerar que se ha vivido lo justo y preciso. En tu caso, tan joven, con una pareja excelente y una niña pequeña, era algo aterrador.
Abraçet
Gracias, ELVIRA, aunque en este proceso el valor está de los dos lados, del que escribe y del que lee.
Otro abrazo suave
LAST CHILD, chiquilla, ¿dónde te habías metido el último mes? Hay que dejar las conchas de tortuga para los grandes momentos de sabiduría.
Otro abrazo suave
He llorado largo y tendido Nán... La historia de mi padre es como la de tu madre y es que la despedida es igual cuando se quiere de igual modo. También pude despedirme de mi viejo y murió con 54 años...si me muero mañana, ya no lo veré como el anciano que era cuando murió y yo tenía 14...pero lo sigo recordando y sigue vivo...
Ha sido un regalo que has hecho para todos...yo lo he disfrutado mucho.
Un besito, Nán.
Magnífico, ZAYI, llorar un rato es muy bueno.
Y lo que me dices me gusta: haber sabido escribir la historia de otros.
Un gran abrazo.
A mí lo que me fascina ver, es cómo bulle en ti.
Tantos besos...
Y sin embargo, ese tipo de convulsión, viniendo de tí, me asusta.
Tontadas mías
Tantos besos para ti, NIKÉ. En mi bulle como en todos, pero se nota más porque soy fan de la vida y de la amistad.
Pero LUNA, si soy un pedazo de pan. ¿Cómo voy a asustar a nadie?
Muchos besos.
Te leí hace días, pero no pude ponerte nada. Ahora te digo que me impresionó tu sinceridad y lo bien escrito que estaba.
Hay un libro de mi adorado Javier Marias que da vueltas constantemente a esa frase de Otelo. Tu aqui la explicas mucho mejor.
Comparto tu adoración por los libros de Javier Marías, GONZALO. Junto con Vila-Matas y Bolaño son las tres patas de la literatura española (no es necesario que gusten todos, pero sí ser conscientes de las 3 vías que han abierto).
Un abrazo
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