
(ustedes me perdonen pero la invitación pone las 8:00, no las 8:30. Clicad la imagen para verla en grande).
Presentación de Lola Dinamita, libro de relatos de Rebeca Le Rumeur, de El Desvelo Ediciones, el jueves 20 de mayo, a las 8:00, en Tres Rosas Amarillas, calle San Vicente Ferrer.

Me confieso. He de confesarlo. En aquellos lejanos tiempos en que conocí, por Miguel, a toda la gente maravillosa que ahora conozco, enseguida me hacía una idea de lo que era cada uno como persona y sobre cómo estaba en el mundo. Ideas que el tiempo ha confirmado. Veía a Lara y me decía: por ahí camina una escritoraza recorriendo el camino que le falta para que se reconozca (ella a sí misma y los demás a ella). Hablo de Lara, hablando de Rebeca, porque entonces vivían las dos juntas en un pueblo lejano en la sierra. Eran dos personas diferentes y una atmósfera común.
Cuando miraba a Rebeca no sabía lo que veía. Cuando oía sus relatos en el Taller sí sabía que oía a una escritora de un aroma muy especial. Lo que no estaba claro era que llegara a serlo, porque tiene la capacidad de estar y dejar de estar sin solución de continuidad. Era un "ella" muy compleja que unía la máxima fragilidad a un grado enorme de fuerza.
En un paseo por un bosque, se agachó de repente y cogió una ramita para explicarnos que eran como esa las ramitas que pegaba en los cuadros. En mi memoria quedó una foto, cuadrada, en la que se ve su mano alzando la ramita: ha desaparecido el resto de su cuerpo y la presencia de los otros. Lo sorprendente. Tuve la sensación de que en general Rebeca no estaba en el mundo, sino en el bosque, en la naturaleza. De que cuando fuera escribiendo más nos daría la entrada a un mundo vegetal y geológico. Luego, fui hablando con ella. Luego, me fui habituando a lo sorprendente. A que sus relatos no me hablaran de lo vegetal y de lo geológico, sino de ese centro del ser humano que tenemos oculto, casi cerrado a voluntad, y que Rebeca nos permite mirar. A que su conversación me hablara del mundo real. Dulce y doloroso.
Quedaba pendiente una cosa: entre su voluntad clara de escribir y su modo de estar en el aire, ¿cómo recorrería ese camino hasta el punto del reconocimiento? Porque de Rebeca te despedías y no sabías si la verías en tres días, tres semanas, tres meses o tres años. Aunque al volverla a ver la conversación proseguía más o menos donde había quedado la última vez: sorprendentemente, la distancia se había volatilizado.
Ya no está pendiente; la duda, digo. Han pasado tres años y reaparece con un pequeño libro con 10 relatos. Unos gramos de peso físico para toneladas de revelación. No son distraídos, los relatos, ni divertidos; ni para pasar un rato o para disfrazar un trayecto en metro. Son artefactos ligeros de explosión asegurada. Dinamita es decir poco. Exigen un lector vaca que lea uno, se detenga y rumie mirando hacia dentro. Para mí es una felicidad ser una de sus vacas. Y ahora sé, o al menos estoy casi seguro de ello, que Rebeca no podrá evitar seguir este camino de escribir y publicar. A su manera, claro, como apareciendo desde el aire.
12 comentarios:
una delicia explosiva, sí, sí, sí.
Hay escritores/as que tienen esos increíbles poderes para transportarlo a uno con sus actos o sus palabras fuera del pensamiento.
Y estén ellos/as fuera o dentro de este mundo, siempre los/as sentimos cerca.
Qué suerte, qué lujo.
Un abrazo; y un abrazo y mi enhorabuena a Rebeca.
Qué reseña tan especial. Me gusta. Aprovecharé la Feria del libro de Madrid para comprar este libro de relatos. Espero que el nombre de la autora no haya volado de la cubierta... Saludos cordiales.
Vaya, qué descubrimiento de Blog.
Me encanta el título del post, así que puede que también me pasea la presentación del libro (voy a ver si no es muy tarde..)
Un saludo.
Esta claro que Rebeca es una artista: pinta, escribe...
Le has hecho una buena reseña, y que suerte de grupo.
Que pena estar lejos y no poder asistir.
Que bonito lo que has escrito de ella, que bonito lo que es capaz de sentir una persona cuando ve a otra. Eres un cielo.
Un beso.
Que ha producido, LARA, una explosión deliciosa. Sí, sí, sí, nos vemos en Madrí (quien pueda).
Solucionada el hambre de pan, VERÓNICA, no veo qué otros alimentos podamos necesitar, fuera de la creación artística, que va más allá de los escritores. Tú ya me entiendes.
Hale, PORTOROSA, por provinciano te quedas sin postre. A cambio, ves el mar todos los días, jodío. No lo ibas a tener todo.
ISABEL ROMANA, la que se merece un ser tan especial como Rebeca. Alguna vez la conocerás y verás que tengo razón. El libro, desde luego, no te lo pierdas.
Es a las 8, SUE. Qué casualidad, porque antesdeayer entré en tu blog, aunque no dejé la huella de mi zarpa. Anda, no te lo pierdas y silba al entrar.
Bueno, ISABEL, te digo lo de los prvincianos. No se puede estar tomando aperitivos en una terraza bajo unos naranjos y al mismo tiempo estar en el Reino de la Contaminación (del aire, de las ideas, del dinero, de la política...).
¿Verdad que sí, ZAYI? A todo menos a lo de cielo. Aspiro a la angelitud sobre la ciudad, pero por cascarrabias no creo que lo consiga.
Besos a todas y también a mi gallego favorito.
Fichado...ya tengo ganas de tocarlo...la reseña es seductora y personal como el blog, así que no puede ser más atractivo.
No estoy en Madrid....
así que me lo pierdo.
Qué bien que pases por aquí, MBI. Lo importante es que leas el libro y te dejes contaminar por él.
Jamás he visto una descripción tan vagamente precisa (o tan precisamente vaga) de Reb.
O tan ampliamente certera.
O no sé.
En todo caso, me apunto a ser vaca pero ya.
Al menos, MICRO, estamos seguros de que la hierba es de una calidad excelente.
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