sábado, 13 de marzo de 2010

Tema de Taller: deporte

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Cuando a principio de noviembre me cité por primera vez con L, fui a dormir a su casa. Durante dos meses, todo era muy natural. Volvíamos a quedar cada tarde como por casualidad; al cabo de un mes ni siquiera había que quedar, porque simplemente no salía de allí. Cuando a los dos meses, por circunstancias que me aburriría contar, pero no porque ella estuviera embarazada, me preguntó si nos casábamos, le dije que de acuerdo. Cuando ya íbamos a casarnos y me dijo que sería más barato ir a vivir a un barrio, le dije que de acuerdo. No es que tuviera, ni tenga, confianza en ella. Desconozco lo que es confiar y lo que es desconfiar. Todo lo más, a veces siento algo parecido a ser prevenido. Lo que sucede es que no tengo ideas para la vida cotidiana. Acepto sin más lo que me proponen. Si estoy a gusto con alguien, me da lo mismo estar casado o no; vivir en el centro o en un barrio; tener un sofá, o dos, o ninguno.
L me encontró en un estado de locura continua y me fue cambiando sin agobiarme. No había que dar explicaciones para nada, pero todos los días me llevaba a un restaurante a comer y a otro a cenar. Comer dos veces todos los días, en lugar de beber sin comer tres días seguidos, serena el alma. Dormir con un cuerpo suave, también ayuda. No estaba tan loco como para perder todo eso.

Nos fuimos a Carabanchel Bajo. Seguíamos saliendo todas las noches hasta el amanecer; algunas tardes. No decía nada de mis encuentros con los infiernos y a veces hasta me acompañaba, pero hasta yo mismo me daba cuenta de que abordaba los problemas con más sensatez. Aquella primavera íbamos mucho por la tarde a la chabola de Tetuán donde se había semiocultado un amigo suyo que ahora era más amigo mío. Una chabola pared con pared con una cuadra ilegal. El amigo ocultaba a otro amigo huido de Galicia y los sacábamos a pasear llegando casi hasta Bravo Murillo. El amigo gallego desapareció un día. Ese verano vimos su foto en todos los periódicos y lo fusilaron ese mes de septiembre. Las apuestas eran fuertes, además de tontas.
Como he dicho, comiendo y durmiendo me volví más sensato y después de aquello me propuse rehuir un tiempo según qué infiernos. Me centré en el barrio. Todos los vecinos eran trabajadores. Llevaba años hablando de la clase obrera, en su nombre. Pero no sabía cómo hablar con los trabajadores de uno en uno. Sentíamos unos por otros cierta prevención. Qué difícil una conversación más allá de lo que se habla con un vecino en la escalera.
De pronto, Franco se murió y el miedo se hizo mayor durante un tiempo, pero llegó la Democracia y las primera elecciones locales libres. Los mítines en la plaza de toros de Vistalegre. Te cruzabas por la escalera con vecinos con gorras con la hoz y el martillo, con banderas republicanas. Empezamos a hablar, a tomar cañas en el bar de abajo. Enseguida, los hombres de la casa me propusieron unirme al grupo que tenían: hacían una quiniela múltiple. Desde luego, me hice de corazón del equipo del barrio, el Atlético Madrid. De fútbol no sabía nada, pero asistía a las reuniones de los martes en casa del señor Pepe, donde se hablaba de posibilidades de cada partido. También a las de los jueves, en las que el señor Pepe, siguiendo escrupulosamente los dictámenes de la Sibilas de los martes nos presentaba una plantilla trabajada de unas múltiples muy baratas. Después de cada reunión, unas cañas en el bar de abajo, en la que hablábamos de nuestras pobres y desnortadas vidas. Aprendimos a conocernos y tomarnos cariño. No conseguí aprender de fútbol; tampoco conseguimos acertar la quiniela que nos permitiría comprarnos una parcela cerca de Madrid. Pero aprendí a hablar de lo que hablaba la clase obrera: de fútbol y de la vida cotidiana.

El hijo mayor del señor Pepe había tenido un problema al nacer, por culpa de unos fórceps mal aplicados, y aunque trabajaba en las cuadrillas que arreglan las vías del Metro, su coeficiente de inteligencia era escaso. No se le admitía en las reuniones de los martes y los jueves, pero llevaba el atlético-madrileñismo hasta sus últimas consecuencias. Tenían un perro, León, que me producía bastante prevención. Grande y barriobajero, si se puede decir esto de un perro. Todas las noches lo sacaba a pasear. La de los domingos, si el Atlético había ganado, daba gusto verlos. Cada tres escalones se paraba a acariciarlo y se dejaba guiar por él. Pero si su equipo había perdido, pagaba con el animal su mala leche. Sobre todo cuando lo había visto con sus propios ojos, porque era socio desde niño. Y el AM entró en ese período en barrena y le dio por perder casi siempre. Se hablaba del tema de los malos tratos hasta en los bares. Desde luego, también en las cañas posteriores a las reuniones. Era un problema de la casa y como tal lo abordábamos. Acuciábamos al señor Pepe a que encontrara una solución. Tanto por su hijo como por León, que nos daba pena. Un día de verano, antes de comenzar la liga, el señor Pepe nos comunicó su decisión. Hay que decir que fue un movimiento pensado y audaz. Le había dado de baja del Atlético y hecho socio del Real Madrid. León no pudo saber nunca que gracias a la Democracia, que permitió que los hombres de la casa hablaran libremente de los problemas del grupo y presionaran para encontrar soluciones, vivió sus últimos años en un estado casi beatífico.

19 comentarios:

Elvira dijo...

Buenísimo, NáN. Enhorabuena.

Dol dijo...

Bueno, ya tenemos aquí otra joya.
Me lo leo varias veces , aprendo y asisto a cómo casas datos historicos y personales con ese magnífico final de un perro , simplemente .
....
Al tonto de los fórceps habría que haberle guanteado por maltratar animales , pa que aprendiera.
Que a mí también me sacaron con fórceps y no por eso voy pegando a mis perras cuando pierde mi equipo.
......
Claro que yo no soy de ningún equipo.
Y la deficiencia se me nota por otro lado.
En fin, que me ha encantao, que el texto es un tesoro y eso es lo que cuenta.

BB dijo...

Hermosísimo relato, querido Nano, tan humano, con la emoción de las cosas vividas, que se quedan siempre en ese sitio especial que reservamos para ellas. Pobre perro...
Si me gusta el fútbol, pero mis simpatías están con el Barsa...
Un beso
BB

Anónimo dijo...

plats, plats.
Tendré que leerlo muchas veces.
Pero puedo decirte que, a primera vista, ha sido flechazo total (y ya es difícil conmigo, que soy como una piedra).
Peazo textículo, Sr.mío!

Hoy leía una sentencia en que un hombre era castigado a prisión, nueve meses, por haber matado a patadas un perro.

it

NáN dijo...

Muchas gracias, ELVIRA, levantas la moral a cualquiera.


Te digo como a Elvira, REYES. Me costó intentar unir los dos períodos de tiempo, para que se supiera quién era el que se habído a vivir allí. Al pobre Jose, habrá que perdonarle porque la extracción había sido una chapuza. León, por otra parte, quedó más que compensado. Y él también, porque su vida fue un trabajo duro y pocas relaciones.

La mejor manera de que no pierda tu equipo es no tenerlo: es evidente. Pero haces muy bien decirlo, porque las evidencias es bueno expresarlas.

Gracias también a ti, BB. Te advierto que el personaje, lo mismo que yo, se hizo de ese equipo "de corazón", para ser uno más, pero no de cerebro: jamás vio un partido ni llegó a aprenderse la alineación. Esa fue la parte más dura, tirar para adelante con los pocos datos que oía los lunes por la mañana en la radio mientras se duchaba.

Hay piedras, señora IT, que son todo corazón. Ya querrían muchos bípedos sin plumas. Agradecidísimo me deja, casi servil. Y la sentencia me parece estupenda. Creo que si el relato dice algo es eso: que la Democracia no nos sirve para lo grandioso (demasiados intereses cruzados) sino para las pequeñas cosas de la vida. No hay ironía, sino estima profunda, en el último párafo del texto.

Elvira dijo...

A cualquiera no. :-)

kika... dijo...

Ayer lo leí cuando sólo habían comentado Elvira y Reyes Uve. Sólo se me ocurría decirte que bravo, bravoooooo. Y hoy vuelvo y digo lo mismo.

besos
K

momo dijo...

Hola apessoado...
he seguido tu lectura con cariño y esa mezcla de envidia por como cuentas las cosas..también me he enterado de la exposición de Rebeca, así que pasré por la calle Barco esta semana que libro 4 dias.
un besote.

Gemma dijo...

Mi abuela, cuando yo todavía era una niña regordeta con gafas y coletas, solía encararse con el vecino cada vez que lo veía maltratando al perro. El pobre animal se mostró siempre agresivo con todo el mundo, salvo con el dueño, más animal -sin duda- que él mismo, y con mi abuela. A mí me tenía maravillada que ese perro desquiciado de tantos golpes se amansara cada vez que la veía. Sólo ella podía acariciarlo sin temor a que le mordiera. Fue la suya toda una lección de vida. (Como la de L.)
Muchos besos

Zayi Hernández dijo...

Muy bueno mi Nán... no sé como has hecho para meter tantas cosas juntas y no liarla...en esto yo soy fatal, cuando me voy del centro me vuelvo un ocho y me cuesta entrar en vereda, claro, yo no tendo tu maestría... ojalá con el tiempo llegue a poder hacerlo y que me quede tan bien.
Un besito.

Isabel dijo...

Me he quedado pensando en el juego que tiene la palabra "partido".

Muy sutil ese final después de asistir al interesante cambio de un chico, quizás quemado por el sol, pero, de pronto, acariciado por el viento, como dejándose llevar, alimentado y cuidado.

Básicamente preparado para afrontar esas charlas de los martes y los jueves, adaptándose a esas ideas para la vida cotidiana...

Sigo pensando en ese movimiento audaz del señor Pepe y, me pregunto, si consultó a las Sibilas, también para esto.

Agudo, NáN, muy agudo.
Creo que este relato da para más.
¿Continuará?

Noite de luNa dijo...

Es un texto estupendo.
Emerger en la distacia emocional.

Felicidades y un beso

saiz dijo...

Me gustó, Nán. Me quedo pensando en esa frase del protagonista de tu relato, que llevaba mucho tiempo hablando de la clase obrera (en nombre de la clase obrera), pero no sabía hablar a los trabajadores uno a uno. Me da qué pensar. Ahora que acaba de morir Miguel Delibes, me viene a la memoria el Mario de "5 horas con Mario", quien era firme partidario de la emancipación de la mujer (de las mujeres) pero en cambio no hizo lo más mínimo por la emancipación de SU mujer.

Librería de Mujeres Canarias dijo...

Joya de la corona. De verdad, NàN, tienes una capacidad para describir los ambientes haciendo sentir que uno está allí, que conoce a León, que entiende...
Es bellísimo el relato y tremendo el tema de la utilidad de la democracia. Es todo magnífico y yo estoy espesita así que mejor te felicito y me marcho.
Un beso.
Grandote.

NáN dijo...

(Pues doble gracias, ELVIRA).


Dos días de "bravo" me parece excesivo, KIKA... pero no te cortes que resulta agradable.

Mmmm, MOMO, creo que nunca nadie me había envidiado nada. Con respecto a los segundo, todo está ya arreglado.

Tu abuela, GEMMA, debía ser (o es) una mujer buena, además de tener un corazón valiente. A mí nunca me han dado miedo los perros si no entro "sin permiso" en su territorio. Por ejemplo, en una casa con jardín, si hay un perraco suelto, no entro sin llamar. Pero una vez, tendría 16 años, iba por la acera y había un grupo de perros vagabundos con una perra en celo. Estaba tan sobrado de mí que no me pareció oportuno desviarme (me metí "en su territorio"). Un minuto después tenía seis mordiscos en las piernas y los pantalones destrozados. Después de eso, pasé unos meses cambiandome de acera por un caniche. Menos mal que se me pasó.

Ay, ZAYI, no es "maestría". Si vivieras en Madrid y pudieras asistir al Taller, un miércoles de cada dos, verías como esas cosas son de oficio fácil. De todas maneras, me resultaba necesario meter todo eso, para que se entendiera al chico que se fue al barrio, y no creas que las tenía todas conmigo de haberlo conseguido. Ya veo que sí, o que sois todos muy bondadosos. Cuídate mucho. Sigo tus Delirios.

Enormes gracias, ISABEL. Sin duda dará para más. Siempre acabo "intertextualizando" mis historias, tanto las verdaderas, bien recordadas o mal recodadas, como las inventadas (y las mixtas).

NáN dijo...

AQUÍ, creemos haber dejado lo emocional en la distancia. Pero no es cierto, tienes razón.


Es que SAIZ, los libros son un terreno en el que se cultiva la mente, pero sin el abono de la vida cotidiana, sin la pulsión de las tripas, ese cultivo es estéril. Y no es fácil, nada fácil, tramar bien vida y pensamiento.

IZASKUN, gracias por decirme lo de la descripción. Con respecto a lo otro, ¡bingo!: has dado en el clavo del sentido de esta historia. Lucho contra la tendencia de sentirnos derrotados democráticamente por el formalismo político (partidos y todo eso), cuando la grandeza de la Democracia, y los que conocimos la Dictadura lo sabemos, es la posibilidad de halar libremente de nuestras cosas. Es cierto que, con el miedo de la Dictadura, no pude mantener con mis vecinos una relación sin miedo. Que con la Democracia, nos conocimos y hablamos. Y que sirvió para muchas cosas, pero he elegido la anécdota, mínima, del bienestar de un perro.

Bueno, para el perro, no fue mínima.

LA ZARZAMORA dijo...

Que bueno Nano.
De una sencillez exquisita y un ritmo pausado que nos conduce desde tiempos remotos a cambios trascendentes, culminando en algo beatífico.


Me gustó, vaya que sí, y te lo digo.

Besos Nán.

VERONICA LEONETTI dijo...

¿Cómo conseguir dejar de hablar de la vida cotidiana? Que difícil es que no haya nadie en el mundo que te quiera cambiar y convertir en una persona "normal".
Un perfecto e increíble recorrido por lo que nos pasa sin más, Nán.

NáN dijo...

Vaya, dos valencianas entran en fallas a comentar. Aunque una vive en París (no revelo nada que ella no diga en su blog) y la otra no sé si nació en Valencia.

Y a mí me gusta que lo digas, EVA. Me estoy repitiendo, pero no estaba tranquilo con esta historia, porque había experimentado algo nuevo en ella (cosas mías) y no sabía si el resultado llegaría.

Me gusta mucho, VERÓNICA, lo de "nos pasa sin más". Más que gustar, me encanta cuando alguien lee algo y perfila un rasgo que está ahí, pero del que no fui consciente al escribir.

Un abrazo a las dos.