domingo, 30 de agosto de 2009

Parvulario de verano 9. La kerkaporta y el imbécil

Este texto es una puntualización, no una retractación. Por pura necesidad más que por vocación o capacidad, tuve que formar a dos o tres personas, parcial o totalmente, sobre la vida. A lo mejor exagero y no fueron tantas; quizá me quede corto. Tuve que hacerlo, como dije, sin estar preparado. Un amigo me decía el otro día que, a partir de los 50 años, al leer a Marco Aurelio te das cuenta de que tú mismo ya has pensado eso. Esa es la edad en la que empiezas a tener capacidad; pero sigues sin vocación y, desde luego, ya no hay necesidad. Así que para qué.

El caso es que como educador insistía mucho en que no hay que pensar nunca que tu enemigo, social o personal, es imbécil. Para ser tu enemigo y cabrearte tiene que tener algo importante, que le permite ocupar el espacio desde donde te cabrea. Si piensas que es imbécil, eres tú el que acabas siéndolo, mientras él se aferra todavía más a su posición de ventaja. Para derrotar a un enemigo hay que estudiarlo, buscar puntos débiles, pero sobre todo conocer sus puntos fuertes. Ese era, en resumen, la teoría que transmitía.

Ahora, como libro para el metro, leo Momentos estelares de la humanidad, de Stefan Sweig. El segundo capítulo está dedicado a la caída de Bizancio, donde el Imperio Romano de Oriente resiste mil años después de que hubiera caído el de Occidente. Políticamente, las condiciones están maduras para que las potencias occidentales no le ayuden a resistir. Personalmente, Mehmet, que pasa a ser Sultán a la muerte de su padre Murat, llevaba años dedicado al estudio de cómo podría tomar Bizancio. Estratégicamente, solo la murallas ciclópeas que construyó Teodosio y que mantuvieron y mejoraron los emperadores posteriores defiende la ciudad.

Mehmet contrata al mejor constructor de cañones, que fabrica un prototipo del cañón más grande que se había hecho nunca. Demostrada su eficacia, hace del mismo molde 20 o 30 más. Miles de trabajadores y centenares de bueyes dedican dos meses a arrastrarlos sobre rodillos de madera hasta ponerlos en posición.

Necesita después llevar su flota hasta la garganta profunda del Cuerno de Oro. Llevarla por mar es imposible, porque a la entrada está la ciudad genovesa de Galata, a la que debe neutralidad y no puede romperla en ese momento. Manda construir cilindros de madera y los barcos salen del mar, cruzan la lengua de tierra montañosa y llegan a donde él quería. Los bizantinos ven horrorizados cómo de la nada surge una flota que amenaza la parte que creían protegida.

Para no alargarme, llega el momento de los preparativos del ataque. Mehmet recorre los campamentos montado a caballo y prometiendo 3 días de saqueo libre a los que tomen la ciudad. Su botín es la ciudad. Que los guerreros que sobrevivan se enriquezcan, para que sus deseos de luchar aumenten.

A la una de la madrugada, el Sultán da la orden de asalto. En su plan de ataque, primero se abalanzan los bashi-bazuks. Semidesnudos e inexpertos, son sacrificados en el plan de ataque con el único fin de fatigar al enemigo sitiado. Tras ellos están las tropas principales, que les obligan a volver una y otra vez a sacrificar su vida para fatigar al enemigo, vestido con cotas de malla y armas pesadas que hunden en la carne de los atacantes desnudos.

Dos horas después, al clarear, atacan los anatolios y el combate ya es peligroso. Pero a pesar de que están descansados, de que van con cota de malla y buenas armas, y de que son más numerosos, son rechazados.

El Sultán tiene que utilizar a los jenízaros, la tropa de élite formada por 12.000 jóvenes entusiastas y bien formados, a la cabeza de los cuáles se pone él mismo. Pero los sitiados resisten en las murallas golpeadas, pero no derribadas, por los grandes cañones.

Y ahora sucede lo no esperado. Dos atacantes, que deambulan entre la segunda y la tercera muralla, se apoyan fatigados en la kerkaporta. Una puerta pequeña para el paso de vendedores antes de que se hayan abierto las grandes. La pequeña puerta cede, porque no estaba cerrada. Temen que sea una trampa, pero la cruzan con cuidado y descubren que no. Salen a llamar a sus compañeros y, en un grupo grande, la cruzan y comienzan a disparar a los defensores por detrás. Inmediatamente, un grito recorre las murallas: la ciudad ha sido tomada. Los defensores abandonan la lucha y la ciudad es tomada de verdad.

Bizancio estuvo a punto de mantenerse. La historia del mundo habría cambiado. Pero a pesar del trabajo de todos durante tantos siglos, de la defensa que diezmó a los defensores, un imbécil no cumplió su cometido: cerrar una pequeña puerta. Y se produjo su caída. A lo mejor había muerto, pero el imbécil de su jefe inmediato no se aseguró de que hubiera alguien que la cerrara.

Por tanto, no me retracto de mi teoría. El enemigo es poderoso e inteligente. No puedes enfrentarte a él creyendo otra cosa. Pero entre el enemigo, hay imbéciles. En lo peor del enfrentamiento, hay que vigilar siempre los posibles actos de un imbécil para convertirlos en una ventaja para ti. Te pueden facilitar la victoria. Y por supuesto, vigilar siempre a tus imbéciles.

22 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

Ese libro es una delicia, NáN, una verdadera joya. A mí me emocionó especialmente el capítulo dedicado a la composición del Mesías de Haendel. Me has dado ganas de volver a leerlo, ahora mismo voy a buscarlo.

NáN dijo...

Sí que lo es, Jesús. Y a mí me pasó lo mismo con ese capítulo, me emocionó.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Gedeón se lo montó mejor, sin tanto hierro ni tanto armatoste. Agarró a cuatro compis, les dio una vela y una trompeta a cada uno y armaron semejante farra hasta las seis de la mañana que los madianitas no tuvieron más cojones que entregar el campamento, hartos de soportar la escandalera. Como el botellón, pero en bíblico. El imbécil se sumó a la juerga.


Sirwood

NáN dijo...

Es lo que tiene la gente civilizada, Sirwood. Les falta aguante.

Elvira dijo...

Me lo acabo de comprar, me ha tentado mucho. Sólo he leído dos obras de Stefan Zweig, ésta será la tercera. ¡Gracias!

Y para mayor recomendación, sólo me ha faltado que hable del Mesías de Haendel, una de mis piezas favoritas de música clásica.

Gemma dijo...

Me lo apunto. El relato es verdaderamente espeluznante. No existe, en efecto, mayor daño que el infringido por esta clase de idiotas inocentes.

(Lo peor es la conciencia de nuestra derrota segura; sabernos derrotados de antemano...)

Beso

BB dijo...

Tu post nos obliga a recordar a
Troya, que, aunque su caída es
de origen mitológico, ha
permanecido como el monumento
a la ingenuidad.
La historia de Bizancio es apasionante. Yo estuve en
Istambul y pude empaparme de
ella y a la vez maravillarme
ante la presencia de tantas
culturas: los celtas, macedonios,
(Alejandro Magno) luego los
griegos, romanos y al final,
los turcos con Mehmet.
Lo que narras sobre esa famosa puerta, tan pequeña y tan
vulnerable, que se convierte
en la pieza clave de la caída
del Imperio Romano de Oriente,
por el descuido o la idiotez
de alguno, es interesantísimo.
Siempre, pequeños errores, han
sido causantes de grandes calamidades.
El libro de Zweig, no lo he
leído, aunque creo haber leído
muchísimos. Le gustaba escribir
biografías. A mí, me fascinaron
sus novelas, enredándome en ellas
desde los dieciocho años.
Lamenté tantísimo su suicidio,
a pesar de haberse refugiado en
Brasil, huyéndole al acoso de
Hitler y el nazismo, contra los
judíos. Siempre temió el ser
capturado por la Gestapo.
Pero me he apartado de tu idea:
no, no hay enemigo débil, ni
imbécil, porque, si así lo consideras, podrías ser tú,
ese imbécil.
Y los que no hayan ido a Istambul,
ojalá pudieran hacerlo alguna vez.
Difícil sustraerse a su magia.
Un beso, Nano

NáN dijo...

Elvira, esta vez no recomendaba el libro (para no ser el repelente niño Vicente), pero como escribía Jesús, es una delicia. Después de leer el capítulo sobre El Mesías, lo oirás todavía mejor. Qué hombre, este Stefan Sweig.

Desde luego, Gemma, el que se sabe derrotado está perdido. Siempre he sido más de la filosofía de los samurai, los de "ahora que todo está perdido ya no hay nada que perder". Me deprimo un día ante la derrota y a la mañana siguiente ya estoy maquinando para poner en marcha la recuperación. Eso no asegura la victoria, pero tampoco se da por hecha la derrota. Dos besos

¡Ay, BB! En lo de viajar ya sabes que me has pillado. Los libros, el cine y las conversaciones suplen mi falta de energía viajera. Veo que eres una entusiasta de Sweig. También yo, pero me gustan más sus biografías: la pasión que pone en la vida y la obra de los demás. Si pudieras conseguir este libro por Internet te fascinaría. En cuanto a su suicidio, no lo llevó a cabo hasta terminar su ensayito sobre Montaigne, hecho de retazos de memoria porque no tenía las fuentes consigo. Dos colosos, uno al lado del otro, que se habían apartado del mundo. La foto en la que está suicidado junto a su mujer, como dos amantes dormidos y tranquilos, es impresionante. Se la enseñé a L y me dijo: "Están muy guapos, pero conmigo no cuentes".
Si no puedes conseguir este libro, veremos la forma de que te hagas con un ejemplar.
Besos para ti.

MentesSueltas dijo...

Hola, creo que te visito por primera vez... muy a gusto.

Te abrazo
MentesSueltas

A filla do mar dijo...

Este parvulario está resultando fantástico. Qué pena que ya llegue a su fin...

Los contrincantes más difíciles a los que me he enfrentado han sido siempre, aquellos que me han resultado más desconocidos.

A su fuerza se suma mi miedo, que tengo para dar y tomar...

Librería de Mujeres Canarias dijo...

Pufffffffff... el enemigo, sus imbéciles y los "nuestros"... Esta lección voy a tener que repasarla varias veces bien despacito. Si por lo menos se tiene claro quién-quiénes son los enemigos, ya hay un paso importantísimo.
Abrazo.
(Todavía no tengo los libros.Ya te contaré).

BB dijo...

Nano: No sé si leiste El Mundo
de Ayer, autobiografía, escrita
poco antes de su suicidio. Me
gustaría que lo leyeras, aunque
no menciona su vida amorosa. Es
fascinante.
Ese libro le dejé en casa, cuando
levé anclas para iniciar mi vida
en pareja. Nunca lo recuperé...
En ese entonces, yo tenía solo veinte años, pero todo lo que
escribía él, me apasionaba,
comenzando por Amok.
Un beso
BB

La donna è mobile dijo...

(...) tuve que formar a dos o tres personas, parcial o totalmente, sobre la vida.

Y después añade: A lo mejor exagero y no fueron tantas; quizá me quede corto.

¿Y dónde dice que hay que buscar la exageración? ¿En el número de personas que formó?

:-)

LA ZARZAMORA dijo...

Siempre he seguido el refrán y he pensado que si no le puedes al enemigo, por muy imbécil que sea, mejor unirte a él (que no a su imbecilidad...)

Este libro de Zweig no lo leí, pero leí no hace mucho "Le voyage dans le passé".. Es uno de esos autores que me gustan por su tratamiento de la psicología y el abismo del inconsciente.
Este del que hablas a ver si me lo pillo y lo leo como tú en el metro.

P.S Recibi tu librito y tú mi postal? Gracias, eres un cielete.

Besos, Nano.

NáN dijo...

MentesSueltas, querido, qué bien que hayas pasado por aquí, abrazando desde el primer día y mostrándote a gusto. Un abrazo para ti.

Filla do mar, todavía queda mucho verano (y calor, ni te cuento desde Madrid). Un contrincante (me encanta esta palabra porque me suena a artista de circo: "¡Domadores, payasos, funambulistas y contrincantes!) desconocido asegura la propia derrota. Contra el enemigo hay que dejar fuera las emociones para pensarlo, como si fuera un problema matemático. Y los miedos, ay, no son exclusivos tuyos. Pero con ellos hago como con las penas: procuro matarlos de chiquitos.

Hay un método, Izaskun, los que te enfurecen. Es el momento de aparcar el furor y empezar el análisis. No son fáciles, de conseguir, estos libros, a ver si con lo de Babelia se anima la cosa.

Qué pena, BB, no lo leí. El Mundo, desde que se dedicó a fomentar las conspiraciones derechistas, no lo leo. Pero si tienes el artículo en digital, me encantaría que me mandaras el link. Un abrazo para allá a lo lejos.

Efectivamente, donna, formar a una persona fuera de uno mismo es ya una exageración y una petulancia. Después dudo y esa indefinición, además de resaltar mi incapacidad, creo que me salva.

¡Eva, reapareces! Me había encontrado frente al muro de "este blog es por invitación". Ya te he vuelto a pillar. Para el metro es excelente y tiene la ventaja de que dura más. El tratamiento que da este autor a los hechos y a las historias de otros es emocionante. Y sí, todo recibido. (Te envié un mail, pero no contestaste; a lo mejor lo hice a una dirección que no miras). Un abrazote.

A filla do mar dijo...

(...) como si fuera un problema matemático.

Oído cocina!! ;-)

Seguiré tu consejo inmediatamente, que tengo uno por aquí que me está enseñando las orejas. Lo voy a reducir a una ecuación, despejaré la X y listo!

(Si fuese usted tan amable de hacernos llegar unos cuantos graditos, de esos que les sobran, hasta estas latitudes, le estaría eternamente (más) agradecida.)

NáN dijo...

Como matemática de pro, lo ha entendido perfectamente.

Con respecto a lo segundo, creo que sería un alivio para todos. Ahora mismo pido cita con el Alcalde y la Presidenta de la Comunidad, a ver si se puede hacer una transferencia térmica. También yo quedaría agradecido.

Portarosa dijo...

Leí el libro hace tantos años (seguramente antes de tiempo) que ni recuerdo esa parte. La verdad es que es para cortarles los co...

Un abrazo.

Maravillosamente agradable en este verano, tu parvulario, NáN.

NáN dijo...

De eso se trata, Portorrosa, de pasar agradablemente el calor (y algunos días, incluso la caló), aunque no soy de los que se quejan de que en verano haga calor y en invierno frío.
Me alegra que entre tus sesudos estudios, te haya distraído algún rato.

Un abrazo

Microalgo dijo...

Tomo nota de nuevo y agradezco la reseña. Hay demasiado por leer, eso sí.

Y, desde luego, no hay que desestimar el poder destructivo de los imbéciles. Además, como decía Carlo María Cipolla (qué mala rima si no se pronuncia en italiano), éstos últimos son completamente imprevisibles, así que de poco sirve su vigilancia.

Abrazos, Nán.

ana dijo...

Y....es cuestión de cansarse y tratar de reclinarse en algo ,pués aquello que tanto costò y que no creìamos alcanzar se abre aunque pensemos que la apertura es insignificante.

NáN dijo...

Bueno, Microalgo: si no podemos vigilar a nuestros imbéciles, al menos sí podemos estar atenos a los imbéciles del enemigo.

Ja, ja, já, Ana, muy bien dada la vuelta al asunto. Cansarse y reclinarse.

Aunque lo que dices es bastante serio. En la realidad, se necesita demasiada suerte para sentarnos en la roca que abre la cueva del tesoro; pero también es cierto que, hechos los deberes, el sueño nos puede dar la solución buscada.