jueves, 6 de agosto de 2009

Parvulario de verano 3. ¡Nos ha escrito Sirwood!

[Como en un campamento de verdad, hemos tenido correo. Sirwood ha cumplido su palabra y nos ha enviado un relato. Yo tenía preparado un texto para ponerlo mañana e irme una semana por ahí, pero eso será a la vuelta. Que un alumno, por muy párvulo que sea, haga un trabajo de curso voluntariamente, es suficiente para que se dé a conocer. Pero además el tal Sirwood es un jodido mentiroso cuando dice que ya no escribe, pues escribe que me ha dejado tocado. (¡Soberbio, Genial!), decía él que tenía que poner como comentario a su texto. Yo, más sobrio, digo que me ha gustado, interesado y emocionado].


Fersi
Un relato de Sirwood


Tengo yo un conocido de esos que ahora dicen subsajarianos. No sé quién enderezó este mundo y lo puso de cabeza a esa cosa que llaman Norte, las brújulas no me han enseñado nunca un camino más cierto que otro. Abdellatif se llama. Yo le llamo Fersi. Que nadie me pregunte por qué. A él no le molesta, y yo soy un vago para los nombres largos. Nos vemos los jueves; algún viernes, si viene mal terciada la ocasión. No sabe palabra de español. Yo, muy correspondiente, ignoró la lengua que reza.
Los jueves -digo- nos juntamos. El lugar no es relevante. Señalemos uno de esos bares de más Ducados que Winston, más Mahou que Heineken y más tortilla que volovans; muy de faria y carajillo-Veterano entre semana y DYC con Fanta los domingos. Algún raído mono azul nos presta a diario despreocupada compañía.
Fersi toma café, montañas de café, y habla por los codos. Yo, por mi parte, estoy apegado a un blanco Requena que no lo hay de mayor bondad que uno que tomé en Cariñena cuando el bautizo de mi sobrino, no sé los años.
Lo mío es hablar hasta desecarme las meninges. De cómo nos conocimos no tiene importancia. Es más, yo mismo lo he olvidado con todo propósito. Tomamos asiento y charlamos. Fersi agarra la taza humeante y me empieza a contar. Yo escucho. No sé qué dice, y sin embargo entiendo. Me habla de una llanura caliente y lejana; de padre a la puerta de casa con árbol y sol; de madre a por agua; de hermano sin pierna; de animal peligroso. Piedra, ruido y tormenta. Un primer vestido. De un murmullo que amedrenta la noche larga y espesa. Y también de algún desalmado que ayer regateaba el miserable precio de una de sus baratas alfombras de colores.
Lo comprendo todo. En los decires contentos, sus manos se abren, suben y vuelan alegres a la altura de la barbilla, como las de mi tía Ignacia cuando cribaba centeno en el tiempo de mies recogida. Me acude la música. Hay sinfonía. Cuando argumenta, vuelve las palmas, sus manos descienden y sus dedos hurgan removedores el vacío. Me llega entonces mi hermana amasando panes sobre el suave tablero del horno del pueblo (mis recuerdos de infancia se limitan a mujeres y cereales). Si por el contrario se enfada, golpea la mesa con fuerza. El enojo llega entonces vibrante a mi brazo, apoyado en el canto de melamina malquemado por los cigarros de tantas partidas. El blanco Requena tiembla en el vaso y su dorado ondular lee contra el cristal la intensidad del enfado, como un sismógrafo de almas. Si veo que acaba, apuro el trago y pido más vino y café. Es mi turno.
Le hablo yo entonces de lo que me agobia, de las cosas que entiendo o creo entender, de las que me asombran y de las que me angustian: de la visita al médico, del puto trabajo... algo de fútbol entre medias para que los hombres azules sigan de espaldas y pidan más Veterano. Le cuento lo que me crecen los chicos, de lo apurado del sueldo y de la maldita suerte que me tuvo que traer al mundo en un año de tan poco arreglo. Todas esas cosas de por aquí. Fersi me mira y atiende en silencio. Otro Requena mientras me voy vaciando. En el parloteo, me hago música. Yo sé que sueno. Fersi es mi público.
Sé que me entiende, aunque no sepa de qué le estoy hablando. En mis énfasis, enarca las cejas y abre su frente a dos arcoiris luminosos. A veces sonríe; otras lo veo entristecerse. Cuando no, enfila al techo una sonora carcajada. Si me advierte en desánimo, adelanta sus labios y dibuja un cero. Entonces disparo mi puño, que golpea leve su pecho, y él me aparta la mano con una palmadita cariñosa. A lo más, si le hablo con saña, suelta un taco.
—¡Joder, Sirwood. Mal! —exclama.
Es por ahora todo su castellano.
En casa, los hijos me gritan; yo les ladro. Mi mujer calla; yo le devuelvo el silencio. En el trabajo, el jefe chilla; yo bramo. Los compañeros farfullan. En el fútbol, la peña vocifera; yo vocifero y me hago jauría. En la iglesia, el cura sermonea; yo me sermoneo a mí mismo sin necesidad de sotana. En los conciertos coreo sin ganas y en los entierros no hago más que apretar manos falsamente condolecidas.
Fersi es mi mejor amigo.

[Sirwood, también conocido como "Anónimo S." y algunos otros anonimatos firmados, tiene como blogo el nombre oficial de Quia Sint y un blog, La sombra se desliza, que podéis encontrar en http://lasombrasedesliza.blogspot.com/]

24 comentarios:

NáN dijo...

¡Ah, puedo hacer un comentario porque el texto no es mío!

Primero, Sirwood, darte las gracias por dejar que me luzca poniendo tu texto.

Es un gran relato de supervivientes, con la atmósfera bien creada. Pero sobre todo, es una tierna e hiriente conversación de las que pueden darse, y se dan, entre dos personas que desconocen el idioma de otro. Me ha recordado el amor fou de Miles Davies y Juliette Greco durante varios meses en París. Ninguno sabía el idioma del otro, rompieron sin saber decir más que algunas palabras, pero Miles quedó tan tocado por la ruptura que se lanzó a la heroína.

Esas conversaciones son posibles, aunque infrecuentes, y nos has contado muy bien la tuya.

Elvira dijo...

Se escuchan, y de qué manera lo hacen estos amigos. A veces entendemos perfectamente las palabras pero no escuchamos, nos importa un pito el otro.

Sí que se ha lucido usted como prometió, Sirwood! Visitaré su blog recién presentado en esta casa.

Gracias a Nán por traer el texto.

ese dijo...

¡Soberbio, Genial!

BB dijo...

Nano: Repetiré lo de genial,
soberbio, porque, a veces, el
lenguaje se nos queda corto para
expresar admiración por algo.
Esos hombres, que conversan, sin
escucharse, es casi igual, a la
que sostienen un psiquiatra y su
paciente. Éste habla y el siquiatra
piensa en lo suyo...
Estos hombres, que se conversan,
sin entenderse, han encontrado
la forma de aligerar presiones,
soltar angustias reprimidas.
Son amigos.
Un saludo a Sirwood y gracias por
acercárnoslo.
Ya visité su blog.

Desconocía lo que cuentas sobre
ese loco amor entre Juliette
Greco y Miles Davies.
Un beso
BB

Anónimo dijo...

Me gusta.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Yo tengo una anécdota de infancia: recuerdo que durante un verano, me pasé siete días jugando con un niño alemán en la playa. Creo que tenía seis años, y creo que la playa era Punta Umbría...
...Cuando pusieron las maletas en el coche y él se fue, los dos nos pusimos a llorar desconsolados...
...Recuerdo que hablábamos, que no parábamos de hablar, él en alemán y yo en español, mientras hacíamos castillos de arena y que ninguno de los dos entendía una sola palabra del otro...
...Mis padres y los suyos se reían de nuestras conversaciones, aunque sólo usaban gestos...
...Un beso...

Luna dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gemma dijo...

"El blanco Requena tiembla en el vaso y su dorado ondular lee contra el cristal la intensidad del enfado, como un sismógrafo de almas." (Tan bello).

Felicidades, Sirwood, por un relato sencillamente magistral.
Y gracias a ti, Nán, por invitarnos a que nos sentemos a la mesa de Fersi.
(Sendos abrazos)

Gemma dijo...

(PD: Soy de la opinión de que a los relatos magistrales hay que llamarlos por su nombre).

Librería de Mujeres Canarias dijo...

Vaya... Hice comentario y no aparece. Lo rehago. Magistral, me uno a Mega en el calificativo, relato. Bello de fondo y forma de esos que tocan en lo hondo. Se ve el bar, se oyen sonidos ambientes y de las palabras, se siente... Muy, muy bello.
Felicidades y abrazos.

Microalgo dijo...

Es curioso. Hay relatos que tienen y relatos que no.

Éste tiene.

Un abrazo.

María Rogel (Lapor) dijo...

hola Nán, después de alguna coversacón cruzada en Sindrogámico me subo a tu barco. Veo que el taller está dando mucho fruto, me alegro. Pues ya estaré atenta de leer nuevas cosechas. éste me gusta. Yo tmb le doy a esos palos. chao!!!

Luna dijo...

A sus pies y a los de Fersi.

Un abrazo

June Fernández dijo...

Me ha encantado, como para ponerlo en la web de SOS Racismo. Me parece un buen alegato a favor de la interculturalidad sin ningún tipo de edulcorante, sin las caras bonitas de Benetton, por decirlo de alguna manera. Se me hace mucho más real que todas esas cursiladas de lo buenos que somos y lo guay que es mezclarnos. Lo que dices: tierna e hiriente. No somos tan diferentes, podemos entendernos, pero no son sólo los buenos sentimientos los que nos acercan; también nos acercan esos momentos de soledad en el bar, whisky en mano, la amargura, la apatía...

Zayi Hernández dijo...

que bello el relato!!!!...me ha encantado muchísimo, creo que el idioma del amor es universal y todos lo entendemos...
Besos.

Anónimo dijo...

Como reflexión no tiene precio .
Muy bueno.
Beso al Nán de la siesta de 3 horas , que lo he leído por ahí en alguna despedida vacacional.
Jeje.
Que usté lo disfrute, y sepa que le debo un libro.
No lo olvido.

NáN dijo...

¡Ya estoy aquí! (cómo me gusta volver).

Sirwood, le va a costar explicar por qué no ha salido al escenario a saludar después de los merecidísimos aplausos. El éxito acojona, ¿eh? Y no soy de los que van llamando cobarde a la gente, como otros, pero me están dando ganas...

Tu texto es rebueno y, por si no estás, le doy permiso a June para que te use en su web.

(Lapor, nos iremos viendo aquí y allá).

A todos: ¡el maestro de pueblo ha vuelto, besando el asfalto y la aceras, además de lamiento los cierres metálicos de los bares! Se terminaron las vacaciones.

Anónimo dijo...

Sí, ya, ya... No me he ido, no. Estoy preparando unas camisetas de regalo para la basca. Había pensado en una de Megan Fox en bolas para nosotros y una de Punset meando en Marte para ellas.

Sirwood

Anónimo dijo...

No sé... con los gustos es difícil acertar.

S.

NáN dijo...

Tienes toda la razón. Pero a lo mejor, si pones "regalo promocional" les gusta seguro. La gente compra un jamón si regalan una plantilla de punto de cruz. Pero no he visto que regalen un jamón por comprar una plantilla. Eso no funciona, ¡Qué raros somos!

Luna dijo...

S. el comentario es muy desagradable. Empezando por Punset que si no me gusta al natural, fíjate de esas guisas.
No quiero la camiseta y no te invito a jamón.

Saludos a todos

NáN dijo...

Tenía usted razón, Sirwood, no sabe uno cómo acertar a pesar del cariño que se ponga en elegir los regalos.

A mí Punset siempre me ha caído estupendamente. Sobre todo por un restaurante que abrió su mujer al final de la calle Hortaleza, Nabuco se llama, que es muy bonito y tiene una buena relación calidad precio. No sé si sigue siendo de ella porque ya no veo a Punset almorzando o cenando gratis, como buen hijo de su tierra.

Sus programas nunca los vi, porque en casa tengo un par de gallinas y en cuanto ellas se duermen es la señal de que me tengo que ir yo a dormir. Eso sí, ellas en su gallinero del baño auxiliar y yo en mi cuarto, que lo de "acostarse con las gallinas" tiene un doble sentido al que no me estaba refiriendo.

En fin, que se ha quedado sin jamón. Una pena. Aunque para que no se aflija demasiado, le diré que este año el jamón virtual está saliendo peor que el de 2007, que fue Excelente.

Y usted, doña Luna, no se enfade. Me acuerdo que un verano las monjas me trajeron una camiseta que ponía "Apoya Radio María", y yo la llevé tres días por el pueblo pensando, mira qué enrolladas, fumando en el convento y tienen hasta su radio para consejos del cultivo, secado, etc. Y resulta que no, que era una emisora de rezar el rosario. Pero les agradecí igual la intención.

Los dobles sentidos del lenguaje un día de estos me matan.

Luna dijo...

Si no estoy enfadada.
S, sabe que si hay algo que no me gusta, se lo digo y si hay algo que me gusta, también lo digo.

No pasa nada.

Besos alpujarreños-
Laplayaestabadesierta

Portarosa dijo...

Me ha gustado mucho, a mí también. Sí.

Felicidades, S. Un abrazo, S., NáN y compañía.