Estoy oyendo a María Callas en Rigoletto, en el CD que regalan con Público, mientras voy a escribir sobre las dos fotos que he comprado en Frente a Frente (Verticales y Ausencias), la exposición de María y de Rfa. en Manuela. La de María la elegí yo de inmediato: esa mesa con cubiertos que habían quedado encima. Cuando los habitantes de una casa desaparecen, quedan tantas huellas vivas. A veces, quien se queda con la casa no quiere tocar nada y deja que las marcas del tiempo redondeen las aristas. María, años después, solo necesitó la valentía de quitar cuidadosamente los cubiertos, dejando su huella no recubierta por el polvo, y tomar la foto con las condiciones técnicas precisas. Solo tuvo que ver aquella foto antes de que estuviera a la vista. Y el resultado, emocionante, casi me describe; a veces he pensado que eso es lo que va quedando de mí: unos objetos y personas que impiden que el polvo me recubra por completo. La de Rfa. le tocaba elegirla a L y también lo hizo de inmediato. No me descontenta su elección porque esa fue una de las primeras fotos que vi de Rfa., en su otra exposición, por lo que estoy emocionalmente unido a esa foto: casi, casi, para mí es, más que un autorretrato, una foto de grupo (ya sabéis cuál).
Las dos fotos las tendré pronto en casa, sumadas a la pequeña colección que he ido haciendo con los años, comprando a amigos, en los bares, en los talleres de los artistas y hasta en galerías, y que es, después de las relaciones personales y de la literatura, la tercera gran pasión de mi vida: las tres patas que sostienen este banco que os escribe. Leí a Félix de Azúa (creo) que la magia de la obra original es que cuando tú la miras ella te mira. Es cierto. Muchas veces paseo descalzo por la casa dialogando con esas obras (nunca hice tal cosa con un póster, cartel o reproducción no original): nos decimos cosas, cambia la forma en que las miro. En casos extremos, hasta las he cambiado de lugar cuando se han puesto “pesadas”. La magia de la obra original, que se puede comprar y llevar a casa para crear una relación viva.
Pero no fue siempre así. En esta entrada pretendo contar lo que no fui y ahora soy. En esta entrada que ya veo que será larga y muchos no leeréis o dejaréis para otros momentos. Quizá por eso, ahora que ya muchos os habréis cansado, me atreva a este “desnudarme” con historias que ya ni sé si fueron reales o me inventé con el tiempo.
La historia de mi coleccionismo
Cuando conocí a L hace muchísimos años estuvimos bastante tiempo sin más proyecto concreto que preguntarnos por la mañana si nos veríamos esa noche: y siempre quedamos (lo tengo contado por aquí en un poema, pero no digo dónde). Desde la primera noche, en la que fui a su casa. Meses más tarde vendría el proyecto: hacernos mayores e irnos a vivir una vida “responsable” a un barrio, que era más barato. El aburrimiento de siempre (¿¡de verdad es necesario!?) que ahora les toca a otros: decía Gil de Biedma en una entrevista que solo hay tres épocas interesantes en la vida, la infancia, la juventud y la vejez (¡de verdad no creo que sea necesario que todos caigan en eso, como caí yo, durante la fase intermedia!).
Días después, quiso conocer “mi casa” y ahí tuvimos nuestra primera crisis, debida a lo que “no” tenía colgado en las paredes. Mi casa de entonces fue la última comuna urbana que fundé junto con F, el mejor amigote con faldas que he tenido en la vida. Le dediqué una entrada que encontraréis AQUÍ. Era una casa enorme en la que además de los 7 inquilinos “oficiales” se iban acoplando diversos “personajes”, sin que muchas veces supiéramos muy bien quién les había dado una copia de las llaves. Había una bailarina a la que le gustaba montar desnuda en una bicicleta por el pasillo, con peligrosos derrapajes en el ángulo de 90 grados, había en el salón una comisión casi permanente de un Frente de Liberación gallego, que luego nos enteramos que se habían colado y ninguno de los inquilinos conocíamos, por lo que tuvimos que echarlos a la calle. Había un perro que un bancario sacó a pasear una noche (le dijo a su mujer) y se vino con él a vivir con F. Luego el bancario se fue a comprar tabaco y el perro se quedó: ese perro tenía la virtud de saber “mágicamente” quiénes pagábamos el alquiler, por lo que nos daba lametazos; soportaba a los invitados oficiales; y gruñía a los que venían con un amigo de un amigo y “se quedaban por ahí”. Un verdadero detector de gorrones. Había... mejor lo dejo.
El caso es que L pensaba que estaba saliendo con un “tipo sensible”. El “ambiente” de la casa ni le preocupó ni le interesó. Ya había compartido okupa en Londres con Joaquín Sabina y pasaba de progres españoles politizados (no de Joaquí, que era el único que le cayó estupendamente). Pero esperaba encontrar una habitación tan decorada y bonita como la suya. Mi habitación era un desastre. Limpia (porque sabía que ella iba a venir), pero un desastre de libros y cuadernos amontonados en el suelo. Lo único que tenía en la pared era la bandera de cierto país, recortada de una revista, y unos centímetros abajo 3 cerillas pegadas con celo.
Resultó que yo no era un “tipo sensible”. Pero aguantó esa decepción, la primera de una larga cadena. Meses más tarde, nos hicimos mayores y responsables, como dije, y ella fue llenando nuestra casa con las reproducciones de Modigliani y de los impresionistas, que tenía en la acogedora habitación en que la conocí; después, como viajaba mucho, estupendos carteles de prerrafaelitas, venecianos, más impresionistas...
Un día, alguien nos regaló un “cuadrito”, fuimos teniendo amigos artistas, les compramos algo... ¡Y la casa “responsable” se nos fue haciendo cada vez más viva!
Más tarde, algo más viejos y por tanto más irresponsables, nos vinimos otra vez al centro de Madrid aunque fuera mucho más caro. Las paredes de la casa se han ido llenando, la mayoría de las veces por muy poco dinero, de obras que nos son cercanas. Un amigo mío, pintor, me dijo que la escala del aprecio es “me gusta”, “me interesa”, “me emociona”. Hemos encontrado cerca obras que han cumplido los tres grados; otras que han cumplido los dos primeros. Nunca hemos comprado solamente por el primero.
Huellas y Autorretrato, como muchas de las fotos que están colgadas en la exposición, a L y a mí nos gustan, nos interesan y nos emocionan. La ocasión de mirar y ser mirado desde una pared de vuestra casa la tenéis ahora, a vuestro alcance. Si os entra después el vicio del coleccionismo, echadme la culpa. A mí ese vicio, por el que estoy dispuesto a privarme de muchas cosas, me gusta, me interesa y me emociona. Incluso me sirve de soporte en los momentos malos: tener algo que mirar de verdad quita muchas malas ideas.
23 comentarios:
OOOOHHHH!!!
QUÉ POST!!!!!
Sigue coleccionando, Nán. Hazlo por nosotros. ;-)
(Bonita historia: ésta y la de F.)
(L. no estaba equivocada: eres un tipo sensible).
Besos.
Qué post tan jugoso para un sábado por la mañana, desempolvándome el insomnio y la resaca!
Yo coleccionaba de pequeño con un ansia desconocida por finalizar una colección: por eso me gustaban las monedas y los billetes, pero no los sellos (que eran prácticamente infinitos: cientos de series y ediciones especiales por cada país). Ese ánimo totalizador de esperar ver una obra completa se me fue relajando y, a día de hoy, no colecciono nada (porque tener muchos libros, por ejemplo, no es coleccionar libros).
La obra original es otra cosa, claro, te habla y además se queda esperando respuesta (en los museos, hablan a voces, pero parece que escuchen poco y flojito). Y en tu casa, hablan hasta a los invitados (los cuadros del pasillo de tu queli casi husmean con cariño a los colegas, como el perro del bancario).
Sí, sí, qué post! Y sigue juntando originales!
nán, si la escala del aprecio es “me gusta”, “me interesa”, “me emociona”, a mí me emociona leerte.
Y después de leerte me fui a buscar el poema que te copio porque tú eres así, tan necesario.
Un beso.
GENTE
Hay gente que con solo decir una palabra
Enciende la ilusión y los rosales;
Que con solo sonreír entre los ojos
Nos invita a viajar por otras zonas,
Nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente que con solo dar la mano
Rompe la soledad, pone la mesa,
Sirve el puchero, coloca las guirnaldas,
Que con solo empuñar una guitarra
Hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca
Llega a todos los límites del alma,
Alimenta una flor, inventa sueños,
Hace cantar el vino en las tinajas
Y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
Desterrando una muerte solitaria
Pues sabe que a la vuelta de la esquina
Hay gente que es así, tan necesaria.
Hamlet Lima Quintana
Tuve suerte y no dejé el post a la mitad. De hecho, observé las fotos con detenimiento y luego empecé a leer por el final, por la historia de tu coleccionismo. Yo aún no he visto esa maravilla de papeles pero ya tenía tantas ganas de que contaras esas historias tuyas que te inventas o que recuerdas que me ha sabido a gloria. Luego, claro, he empezado por el principio. Y aquí estoy, imaginando. Os vi ayer juntos, además, y todo me resulta más fácil. Por cierto, la explicación del porqué del cuadro de MZarazúa y tú mismo y... qué bueno. Un beso fuerte.
Nán, yo creo que en esta historia del coleccionismo hay una novela. Tienes muchas historias que contar(nos). Queremos saber más: las casas, los okupas, los amigos, los cuadros...
Me ha encantado este post.
OPS!!
Gracias, Winsta, por plantar aquí ese poema. Con su permiso, me lo quedo.
Esa bailarina desnuda derrapando en bibicleta, ese perro lamedor y sabio, esas siluetas que quedan cuando, después de haber ocupado su lugar mucho tiemppo, ya no están. Todo emocionante.
Se queda una pensando, Nán, es todas esas ideas y sentimientos que dejas al alcance.
Y sí, sí son distintas las obras originales, es verdad. (A veces, sin embargo, hay que conformarse con una reproducción: ¿cómo podría comprarme un Chagall?)
En las paredes de casa están también las obras que compré a mis amigos, otras que me regalaron, y guardo algunos huecos para las que vendrán.
emociona
y da ganas de leer más
De abajo-arriba:
Dices, Aroa que emociona, y me alegra, porque la emoción es un grado y la foto de María produce eso (me alegra porque significa que algo he escrito bien; o he vivido bien, que viene a ser lo mismo).
Flavia, mujer, aparte de que aciertas al decir que "quiero" dejar cosas al alcance (y que me las dejéis también vosotros, para que el polvo no sea lo último que caiga sobre mí)... ¿¡tiene que ser un Chagall!? Bueno, está bien que escritoras como tú tengan grandes ambiciones. Por eso, en caso de que necesites que sea un Chagall, ¡estás autorizada a la reproducción!
Microalgo, está usted (doblemente) exclamativo, ¿está preparándose para este martes por la tarde decir "¡OPS! ¡¡Ya tengo plaza funcionarial de por vida!!"? (El poema de Winsta le corresponde como un zapato izquierdo a uno derecho del mismo número y modelo).
Conde-duque, mis posibilidades de una novela de iniciación las negué, por motivos particulares (una debilidad para dañar a quienes quería, de la que no me arrepiento) hace decenas de años. Pero compartimos, con otras heroínas y héroes del “deshabillé”, varios de los cuales andan por aquí, el privilegio de contarnos historias cada dos miércoles. Irán saliendo las historias de todos, o sus espejos.
Lara, está por ver que dejes algo a la mitad. El incalificable apoyo que siento procedente de ti no termina de impulsarme.
Winsta, ¿por qué no decir que ese poema de Hamlet (¿qué locos pusieron ese njombre a un hijo?) lo he sentido como una caricia? Pero tengo que compartirla con Microalgo, que se lo ha apropiado, con los que ocupan el Sitio de Mi Recreo, con aquellos que, como tú, por razones que sabemos no lo ocupan, y con la lista secreta de Favoritos.
Belcan, coleccionista ahora de experiencias, me encanta lo que dices, tan real, de mi casa y de las obras que, desde el primer tramo del pasillo, “husmean” a quienes entráis en ella. “Well spot”.
Mega, siempre estás diciendo un “sigue”. ¿Quién me lo iba a decir cuando, hace años, te leía, que te iba a tener tan cercana? Mucho mejor que "cerca".
Nán:
No, la verdad es que no hace falta que sean obras de Chagall. En realidad, de nadie tengo reproducciones en casa.
¿Podríamos comparar, de todos modos, la obra original con la actuación musical, teatral, operística en directo?
La literatura es siempre directa, se trate de una primera edicón o de la décima. Leer el original seria a veces misión imposible: por ejemplo en mi caso, que escribo a mano y tengo una letra infernalmente difícil de descifrar.
ja, já, Flavia: de la reproducción mecánica de las palabras me fío bastante: al fin y al cabo, el sonido se produce en el cerebro, no en el libro.
Es más, prefiero leer tus libros ya impresos, como seguro que tú preferirías leer una traducción mía en libro y no en una hoja llena de tachones e inserciones a mano (con una letra que seguramente es tan diabólica como la tuya).
Me gusta esa escala que dice “me gusta”, “me interesa”, “me emociona”.
Nuna lo había visto de esta forma tan... analítica. ;-)
Gracias.
¡Qué hermosa historia y qué bien contada! Creo que jamás te dije que me fascina tu forma de narrar. A mí me consuela que me mires tú y que me dejes mirarte, Primo.
Una pena dejar este post a medias, sinceramente.
Querido Nán:
Prueba superada. La próxima lo-que-sea, invito yo.
Buen año para la Ciencia... por su casa y por la mía.
Un abrazo enorme, casi lo suficientemente grande como para poder abarcar a alguien de su talla (no me refiero a la física, no se me subleve).
Julián, que tú participes es ¡premio! para mí. Esa escala, que como escribí no es mía sino de un amigo (pero lo de mis amigos es mío y lo mío es de mis amigos: ¡salgo ganando!) ha sido para mí de una utilidad extrema. No solo para hacer mi pequeña colección (¡espero que muchos empecéis la vuestra!), sino para todas mis decisiones, mejor o peor tomadas, sobre el aprecio a las obras de arte, textos literarios...
Carmen, ¿es verdad eso que dices? No sabes lo que me anima. Más todavía viniendo de ti, buena conocedora del oficio y nada proclive a mezclar valoraciones textuales y amistad. La verdad es que muchos hemos aprendido a mejorar la escritura en los blogs. A veces leo textos de otros de hace un año y la subida del valor es impresionante.
Don Micro, el mayor de los abrazos también para usted. El de mi casa, que fue contratado el lunes, dejó ayer ese trabajo porque ayer mismo por la tarde lo han contratado en una universidad de Madrid. Así que se va de casa en una semana. Y usted dirá que he ganado un cuarto de baño. ¡No es cierto! Lo compartíamos. En cambio usted ha ganado una habitación digna cuando venga a Madrid (usted y todos los amigos, pero de uno en uno o de dos en dos). ¿Ve como es cierto que si hay un terremoto en Japón una mariposa aletea en Albacete? (O a lo mejor era al revés).
Algún día te voy a invitar a trescientos cafés, NáN, para que me cuentes tu vida. Estoy seguro de que me vas a dejar boquiabierto.
Aunque esta historia del coleccionismo de fotos me pilla bastante de cerca, tengo que confesar que yo soy muy fan de las reproducciones. Y no sólo a la hora de coleccionar, sino también cuando voy a un museo. Siempre que surge este debate suelo contar dos historias. La primera es la historia de cuando visité la Capilla Sixtina. En aquel lugar sacralizado me divirtió mucho más contemplar las fotos de la bóveda que salían en mi guía que destrozarme el cuello mirando hacia arriba. La segunda historia no es mía, pero me he apropiado de ella. Cuentan los cronistas que cuando Warhol visitó El Prado por primera vez dedicó mucho más tiempo a mirar las postales que a mirar los cuadros. Y claro, todos los representantes de la cultura oficial se quedaron escandalizadísimos. Es genial, ¿verdad?
una afición noble... Leer tu entrada ha sido un auténtico placer, (es verdad que dan ganas de saber más y más de tu vida) Siempre hay una gran dosis de reflexión e inteligencia en todo lo que cuentas
Rfa. y Reb: con respecto a las historias (creo Reb que contigo esto ya lo hablé), estoy convencido de que la vida de cada persona es una historia fantástica que apetece escuchar o leer (puede ser humorística, terrible, trágica, maravillosa..., eso no importa).
Lo que marca la diferencia es el deseo de oír historias y, por tanto, de contarlas. Mi secreto es que cuando era pequeñín (¿desde los 7 o los 8 años?), como era la época gloriosa sin TV, y se hablaba después de la cena, y mi habitación daba a la sala donde estaban todos, si estaba despierto me levantaba, me envolvía en una manta y me quedaba en el suelo, pegado a la puerta, escuchando las historias "interesantes" de la familia: aquellas de las que no se hablaba cuando estaba yo presente. Quizá de ahí; no, seguro que de ahí, sale el gusto por las historias personales (mías y de los demás).
En cuanto a lo de las reproducciones, Rfa., lo que hacen esos artistas son "provocaciones" (arte sobre el arte). Si fuera verdad que a Warhol le interesaban más las postales, lo lógico es verlas en casa, en lugar ir hasta Roma para entrar a la Capilla Sixtina y no mirarla. Las reproducciones son siempre "distintas" del original.
Aunque hay casos en los que son mejores: a mí me encantaba Dalí hasta que tuve oportunidad de ver cuadros suyos. Desde entonces, prefiero verlo en reproducciones en libros.
Queridos, gracias por intervenir y hacerlo como lo habéis hecho.
Pues enhorabuenaa su vástago. Secundando su idea, ahí va una cita (yo soy mucho de citas, ya los saben):
Cada desconocido con quien nos cruzamos en la calle se encuentra inmerso en su personal epopeya, a mitad de una gesta de la que sólo somos figurantes (Félix J. Palma: Métodos de Supervivencia. Métodos de Supervivencia).
Me voy de vacancias. No sé si tendré acceso a intenné. Si sí, ya me asomo por aquí. Abrazos polícromos para toda la peña.
Hay ventanas por las que se ve el cielo, o la lluvia, o también, historias como ésta, de colecciones que te hablan (te hablan?).
Por cierto, yo solo tengo dos categorías: o me entusiasma o me es invisible. Mi sensibilidad artística, no dá para más, qué se le va a hacer, pero eso sí, cuando entusiasma...
Magnífica ventana. Enhorabuena.
Eres genial.
Yo también estoy acompañada de la Callas, un abrazo desde el agua....bueno dos otro del irlandés del puente.
Hasta pronto.
¡A disfrutar, Don Micro! El dinero no será mucho, pero llegará puntualmente hasta que se jubile a los 70 años. ¡Ah, no, calle, calle! Que cuando se jubile usted será ya a los 73 como poco. La cita que pone es oportuna y refuerza mi tesis de que todos tenemos una historia fantástica que contar, a poco que escarbemos.
Colega Virginia, gracias por venir. Me alegro que te gustara. En cuanto a lo que dices del arte, lo esencial es ser capaz de entusiasmo, tener la base dionisiaca. Luego ya vendrá Apolo haciendo medidas, valorando tonalidades. Vendrá, claro, si tiene que venir.
Anónimo que compra Público, que sepas que ese dato, el mar y el irlandés te identifican. Vuelve pronto y vemos juntos las fotos de María y Rfa., ¿vale?
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