Es como un gas azul maloliente, que se filtra y destruye la imagen creada por los medios de comunicación, tan interesados ellos siempre por nuestra felicidad. Me refiero a la pobreza. Suele ser vergonzante, pero la vemos pasar; la conocemos, o intuimos, en nuestra propia escalera. Tiene su “clase alta”, la marginalidad, que es la que se muestra: menos que la puntita pequeña de un iceberg grande: como un iceberg que se hubiera vuelto loco y solamente enseñara menos del 1% de su masa.
La crea el Sistema, pero no como un daño colateral, sino como una necesidad. Debe haber libros ocultos de economía que fijen un porcentaje voluminoso de ésta como señal de que el Sistema funciona perfectamente. Luego, el Sistema se subdivide, teóricamente, en dos subgrupos: el de los que lo aplican a rajatabla porque están cerca de los Señores; y caiga quien caiga que yo no lo veo porque viajo en haiga; y los que procuran que ese porcentaje no aumente demasiado y legislan pensando en “aliviar” en lo posible ciertos sufrimientos. Después, mucho después, vienen los datos estadísticos, que muy pocos leemos o queremos entender, pero ponen las cosas en su sitio. Por ejemplo, a pesar del crecimiento económico, Espe cogió el porcentaje de pobres con un 8% y ya lo ha subido al 12% (la mitad, no está nada mal, apuntarán admirativamente los redactores de esos libros ocultos). Si los ocupantes de un vagón de metro fueran una representación exacta de lo que somos (no lo son, pero vale para hacernos una idea de espacio y ocupación), cuando ella llegó 8 de los 100 viajeros que viajan en él cuando va llenito comían mal, vivían en casas con deficiencias, se les cuidaba mal la salud, tenían pocas oportunidades de salir de ahí por razones, entre otras muchas, educativas. Ahora hay cuatro viajeros más en esas condiciones. Esto se puede entender viendo esos presupuestos anuales. O desde 1997, a pesar del crecimiento económico, a los trabajadores solamente nos han subido exactamente el IPC (los que han tenido suerte). En 2006, hemos ganado 4 décimas (algo es algo). Con Clinton se crearon 22 millones de puestos de trabajo, con Bush y su programa de rebajar impuestos a los ricos para dinamizar la economía, 5 millones. Podría seguir, pero yo mismo llevo aburrido un buen rato.
«Hay esos dos grupos, vale, pero, como en el viejo chiste ... “¿Hay alguien más?”». De momento, que yo sepa, no. Así que hay que elegir. Y el que quiera tener las manos demasiado limpias y el corazón tan blanco como la túnica de la Virgen del Desconsuelo, y no elija, que apunte en su libretita su “placet” a esos 4 viajeros más del metro (y los que vayan llegando). En realidad, no pasa nada.
Hay en mi barrio un grupo de acción artística (por la dificultad de subirse para colocar esa foto ahora sé que tiene que ser un grupo), que nos recuerda que esa pobreza existe, que está entre nosotros, a pesar de la fiesta. Ya saqué en abril una entrada con la foto de la prostituta vieja. La podéis ver “si hacéis clic aquí”. La había hecho Cristina, amiga de Lupita. Cuando vi que habían colocado esta sobre la marquesina del abandonado hospital ICE, la llamé y al poco tenía varias fotos. He elegido dos, una porque se ve la “mugre” en que dejó el edificio la “propiedad”, hasta con su cartelito de “Bisbal”, la otra porque en el reflejo superior queda huella de la belleza del edificio de enfrente, justo encima de la negra marginal que dormita en un banco de la Gran Vía, a 4 minutos andando de donde vivo. Quién sabe dónde estará ya: estos miembros de la clase alta de la pobreza, los marginales, tienen una existencia dudosa.
Está entre nosotros, este sufrimiento. Y en los planes y teorías del desarrollo económico no hay ninguno que pretenda eliminarlo. Gracias por resaltarlo a Cristina, mi hermosa fotógrafa de emergencia, a Lupita, que la intermedia, y a este grupo que se empeña en recordarnos que existe.
sábado, 20 de octubre de 2007
Las vergüenzas al aire, en mi barrio
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10 comentarios:
Están ahí y además somos nosotros, Nán. Nosotros si subimos al vagón que nos convierte en uno de esos cuatro. Y eso es lo que habría que entender para cambiar algo, para desear al menos cambiar algo. Se entra en el túnel porque no queda otro camino, no hay otra ruta, y además tampoco hay carteles afuera que adviertan de lo que vendrá o de que no hay salida. Pasar a la acción, desde la denuncia, que tal vez debería ser un puente, y no un destino. Habría que organizarse, otra vez, siempre.
"Habría que", Flavia: toda la razón. Con los nuevos medios y los nuevos conceptos. Decir que no vamos a aceptar sin más lo inaceptable.
Lo de que esos 4 nuevos, más los 8 antiguos, somos nosotros, sabía que tú lo entenderías, pues has escrito La mitad sombría explicando precisamente eso. Entenderlo es crucial. No se trata de llevar una "vida de militante", una vida de renuncia a la vida. Se trata precisamente de lo contrario, de no renunciar a entender la dimensión colectiva, pública, de nuestra vida. El "hombre renacentista", por fin en pie de igualdad con la mujer, con su deseo de entender y de hacer, está siendo batido.
Todo es cosa de todos. Nada de lo humano nos es ajeno. Quien vive en su "cuevita" acabará dormitando, atufado. Por suerte, está todo por inventar y, ahora que ya dan la partida por perdida para nosotros, no tenemos nada que perder.
La pobreza, a mí, me da verdadero pavor. Es una sombra que a todos puede amenazar...
Nos intentan despistar con los números. Los números son fácilmente utilizables para maquillar desastres y borrar caras y nombres… Despersonalizan porque pasas sobre ellos de puntillas, pero son ALARMANTES!!!
Me alegro que en tu post quites números y pongas caras.
Los números sirven para que el celebro los aloje, los calcule y los olvide. Los números no son emocionales.
Cualquier libro sin emoción te dirá que cualquier sistema genera residuos. Esa es la razón de su "libro oculto de economía"
¿Quieres un número?
Cincuenta y nueve mil millones de dólares.
Fortuna personal de Carlos Slim, mejicano.
Algo va mal en el sistema si hay tan poca puntita y tanta masa de iceberg debajo.
¡Peter, cuánto tiempo! No te quepa duda de que si los pobres del mundo controlaran el porcentaje de medios de comunicación que por su número les correspondería, la puntita del iceberg sería enorme.
Pero así están las cosas precisamente porque andan mal. Con toda la tecnología que tenemos, hay un plan para reducir el hambre ¡a la mitad! ¡para el años 2015! Y ya se sabe que no se va a poder cumplir.
¡Y hay quienes confían en que esa tecnología nos salvará del cambio climático! Cuando sabemos que la tecnología es usada por quienes causan el hambre, por quienes causan el cambio climático. (No al 100%, esa es nuestra esperanza).
Sonia, hacemos bien en alarmarnos, porque no somos ignorantes. Pero nunca debemos paralizarnos, ni en combatirla ni en vivir.
Mega, tienes razón. Pero a ti no sé qué decirte, no hay respuesta para eso. Salvo quizá la anterior. La fuerza, el coraje, no desanimarse. Esto no es un problema religioso o ideológico, sino real. Podemos tratar esto y después cenar con una botella de vino y mirar a los ojos que queremos mirar: porque aquí no existe el pecado. Pero ser fuertes sí, parece conveniente.
Un abrazo (de los fuertes)
Ya no tenemos sensibilidad o qué? ¿No recordáis que a la "pobre" Espe no le llega el sueldo a final de mes?
Y se quedó tan tranquila diciendo esto. Y tú, al otro lado de la tele, con unas ganas de partirle la cara... Creen que si despersonalizan nos deshumanizan y se equivocan: cuanto más desperzonalizan ellos, más nos humanizamos los humanos. Claro, que para eso, hay que tener sangre en las venas.
Estremecedor.
Muchas veces me he declarado un occidental convencido. Eso no quiere decir que no vea las cosas malas que tiene esta civilización.
El trato a los pobres es una de las peores. Te hacen creer, desde pequeño, que quien es pobre es porque quiere serlo. "Pues ve y trabaja", dicen los occidentales.
Aunque no soy un seguidor (ni de lejos) de las culturas islámicas, el trato (teórico, no lo he comprobado en la práctica) a los desfavorecidos es muy distinto.
"Observad buena conducta respecto a de vuestros padres y madres, respecto de vuestros allegados, respecto de los huérfanos y los pobres; no tengáis más que palabras de bondad para todos los hombres, haced puntualmente las oraciones, dad limosna"
y
"La piedad no consiste en volver vuestras caras hacia levante o poniente. Piadoso es el que cree en Dios y en el día final, en los ángeles y en el libro, en los profetas; el que, por el amor de Dios, da de su haber a sus semejantes, a los huérfanos, a los pobres, a los viajeros y a los que piden"
(todo eso es del Corán, claro).
Hace mucho, un amigo y yo teníamos una discusión sobre la caridad.
"¿Tú has visto alguna vez, Microalgo, que un tigre le dé parte de su presa a otro tigre que se haya quedado cojo?
"Claro que no, Alberto. De ahí, precisamente, viene el que los tigres se estén extinguiendo, y los humanos no".
El estremecimiento, Winsta, forma una estupenda combinación con una posición firme.
Microalgo, ¡genial lo del tigre!
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